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ateo poeta

 

Echo tanto de menos el aburrimiento. La mente

en blanco marfil, la consolación de la naturaleza.

Mucho más que el descanso, que vacaciones

programadas con sus fechas, horas de comidas, rutinas.

Un regazo, un remanso de paz bajo la piel

de cocodrilo, los lentos crepúsculos estivales.

Y aquellas ilusiones ópticas que salpicaban la noche

en que nos dimos las manos y la juventud a sorbos.

 

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