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ateo poeta

las poesías de otros/as

ardiente (I)

ardiente (I)

 

EL BESO DE SAFO

 

Más pálidos que el mármol transparente,

más blancos que los blancos vellocinos,

se anudan los dos cuerpos femeninos

en un grupo escultórico y ardiente.

 

Antes de cebra, escorzos de serpiente,

combas rotundas, senos colombinos,

una lumbre los labios purpurinos

y las dos cabelleras un torrente.

 

En el vivo combate, los pezones

que se embisten, parecen dos pitones

trabados en eróticas pendencias,

 

y en medio de los muslos enlazados,

dos rosas de capullos inviolados

destilan y confunden sus esencias.

 

 

Efrén Rebolledo, Caro Victrix

 


canción del camino abierto

canción del camino abierto

 

A foot and light-hearted I take to the open road,

Healthy, free, the world before me,

The long brown path before me leading wherever I choose.

Henceforth I ask no good-fortune, I myself am good-fortune,

Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,

 

Done with indoor complaints, libraries, querulous criticisms,

Strong and content I travel the open road.

 

The earth, that is sufficient,

I do not want the constellations any nearer,

I know they are very well where they are,

I know they suffice for those who belong to them.

 

(Still here I carry my old delicious burdens,

I carry them, men and women, I carry them with me wherever I go,

I swear it is impossible for me to get rid of them,

I am fill'd with them, and I will fill them in return.)

 

 

Walt Whitman, Song of the open road

 

 

tiembla el ser

tiembla el ser

 

La Humanidad a lo largo de los siglos

nunca se ha planteado la pregunta

¿qué es el dolor? Y ello por cuanto

el enigma del dolor reenvía al acuciante

problema del otro, del prójimo

que está ahí mudamente ante nosotros,

y es probable que exista.

 

**

 

Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero

hijo de padre borracho

y hermano de un suicida

perseguido por los pájaros y los recuerdos

que me acechan cada mañana

escondidos en matorrales

gritando por que termine la memoria

y el recuerdo se vuelva azul, y gima

rezándole a la nada por que muera.

 

**

 

Tiembla el ser adonde ya no hay nada

sino una flor contra el ser

un silencio contra el mundo

y un ser contra la nada.

 

**

 

La vida es una sombra que se enreda contra otra sombra

como un corazón se tuerce ante un corazón.

Una pistola llamea en la sombra

y alude al fuego de ningún corazón.

 

 

Leopoldo María Panero, Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul

 

 

El término disperso

El término disperso

 

Si gritas, el mundo se calla: se aleja con tu propio mundo.

 

Da siempre más de lo que puedes tomar. Y olvida. Tal es la vía sagrada.

 

 

René Char, El desnudo perdido

 

 

más sobre la fragilidad del tiempo

más sobre la fragilidad del tiempo

 

La mañana

 

El vendedor de flores sin aroma, recogiendo los pétalos que caen al suelo como quien recoge mariposas agonizantes.

La ciega que pregona la fortuna.

El cocinero que acuchilla cadáveres de peces mientras canta.

El lector cuidadoso del periódico, ante un café humeante, testigo de unos mundos fugitivos, partícipe a distancia de tragedias y triunfos que duran un segundo en la conciencia.

El criador de pájaros, allá en su azotea sonora, alimentando con minuciosidad de alquimista a sus cautivos, mientras ellos aletean con precisión de ingenio mecánico tras la tela metálica; los trapecistas melódicos.

El vendedor de especias, envuelto en una bruma que huele a bosque umbrío, a buhardilla de duende, removiendo los sacos para avivar los colores violentos, los olores violentos.

El pescadero ambulante, con su carro de plata, con su mercaduría de plata agónica, con su plata palpitante, con su aterrada plata casi viva.

El mendigo que arpegia su guitarra con una lentitud sedada y fatigosa.

El funcionario que ha soñado con dragones de tinta.

El peluquero que ha soñado con unas tijeras de metal líquido.

El heladero que ha soñado con una Antártida infinita de caramelo.

El estanquero que ha tenido pesadillas en las que parecían seres de humo.

El tenderete del vendedor de bisutería asiática: pendientes largos como el vibrato de un sitar.

El kiosquero, sepultado entre fascículos y noticias candentes.

El camarero que abrillanta con el codo una bandeja.

El vendedor de caracoles, ante su ejército de prófugos imposibles.

El vendedor a domicilio, con su maletín enigmático y amenazador.

El pedigüeño que estudia posiciones estratégicas.

El joyero que entorna los ojos y que imagina ser, por un instante, Alí Babá, atónito en la cueva de los ladrones, rodeado de piedras que titilan, de racimos de oro.

El niño que llega tarde al colegio.

El perrillo que olisquea las cestas de las mujeres que salen del mercado.

Las mujeres enlutadas que arrastran sus babuchas hasta la panadería, donde el aire parece una harina volátil, una congregación de ángeles invisibles.

 

A todos les une, en fin, algo muy frágil: la reconstrucción del mundo en este día, la despreocupada configuración de la realidad tras la vuelta de las regiones fingidas del sueño, la tarea de mantener de un modo mágico la continuidad del tiempo en esta calle.

 

 

Oráculo matinal

 

El espejo formula

la pregunta que nunca te respondes:

 

¿De qué ficción de tiempo vienes tú,

que me miras ahora

como un desvelo náufrago en qué lágrima?

 

 

Infancia

 

Igual que el leve espectro de vapor

que cruza en espiral un alambique,

 

como el agua filtrada por la piedra,

exacta y cristalina;

como el viento

de gótico aullido helado tras la lluvia,

 

como el pájaro blanco que se eleva

sobre un pájaro muerto,

 

tu pensamiento se alza cada día,

indeciso en la luz, puro en la bruma,

para tomar posesión de un nuevo espacio

en la nieve sin huellas de tu tiempo.

 

 

Saldo

 

El tiempo nunca se va.

El tiempo es siempre el ahora.

 

El futuro es un quizá.

¿Y la memoria? Se muere.

 

La vida corre detrás

del tiempo que se le roba.

 

El presente será ya

esa memoria que viene

para entregarnos sus horas.

 

 

Felipe Benítez Reyes, La misma luna

 

 

no tengo

no tengo

 

II

 

tengo

precisamente sólo esa quinta

esa sexta dimensión

y también las ansío

pero no el sol ni el grito

 

tengo

justo el deseo que enfoca

hacia el origen de lo que ya se tiene

 

y se retorcerán sobre lo áspero

distintos tonos travesuras óseas

levantando parece un monumento

a quienes muerden hasta la cordura

 

tengo

exactamente más pero está lejos

 

 

III

 

cero por aquí no limpies lo que amas

quiero todo mañana entre

los dientes y el luto ajeno

por lo que no seré ni el gong

ni la montaña

 

quién viene al frío al estanque

con ellas la boca bien cerrada que

no entren las palabras inmundas

germen de la fosa común

 

dónde están o estáis

 

ni el tinte ni la tela

adherente pero de todas

las palabras del día

sólo una es voz

 

 

VI

 

la definición baile alrededor de la

belleza cercándola cosechando baile

dentro de la belleza

baile hasta delimitar el nódulo

el discretamente punto de fuga

 

desde esta posición baile es un

documento de identidad trampa

como toda estrategia

espacio de descanso

 

por ejemplo soy el árbol

y trepo

hasta romper la rama

 

el río pasa por la boca

alza la sed

 

 

Mariano Peyrou, No tengo

 

 



minimal love poems

minimal love poems

 

 

Con antorchas de frutas trajiste la mañana.

 

(…)

 

Tu cuerpo desnuda la belleza del fruto.

 

 

Ángel Guinda. Toda la luz del mundo. Minimal love poems

 

 

 

De amor ha sido la falta

De amor ha sido la falta

 

Aquí ya está el milagro,

aquí, a medio camino

entre la bendición, entre el silencio,

y la fecundación y la lujuria

y la luz sin fatiga.

¿Y la semilla de la profecía,

la levadura del placer que amasa

sexo y canto?

Esta noche de julio, en quietud y en piedad,

sereno el viento del oeste y muy

querido me alza

hasta tu cuerpo claro,

hasta el cielo maldito que está entrando

junto a tu amor y el mío.

 

Claudio Rodríguez, Casi una leyenda

 

Amanecida

Amanecida

 

Dentro de poco saldrá el sol. El viento,

aún con su fresca suavidad nocturna,

lava y aclara el sueño y da viveza,

incertidumbre a los sentidos. Nubes

de pardo ceniciento, azul turquesa,

por un momento traen quietud, levantan

la vida y engrandecen su pequeña

luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero

venturosa, porque ama. Casi a medio

camino entre la noche y la mañana,

cuando todo me acoge, cuando hasta

mi corazón me es muy amigo, ¿cómo

puedo dudar, no bendecir el alba

si aún en mi cuerpo hay juventud y hay

en mis labios amor?

 

Claudio Rodríguez, Alianza y condena

direcciones del alma

direcciones del alma

 

Direcciones del alma fuera de este lugar. Me gusta viajar
a una aldea que no ha colgado en sus cipreses
mi última tarde. Me gustan los árboles
sobre la azotea de una casa que nos ha visto atormentar a dos pájaros y nos ha visto cultivar los guijarros.
¿Por qué no pudimos cultivar nuestros días
para que crecieran despacio hacia las plantas? Me gusta la lluvia que cae
sobre las damas de las lejanas praderas. Un agua que ilumina y un olor compacto cual piedra.
¿Por qué no pudimos descuidar nuestras edades
y contemplar más el último cielo, antes de que se ocultara la luna?
Direcciones del alma fuera de este lugar. Me gusta viajar
a donde me lleve el viento. Pero no me gusta llegar.

 

Mahmud Darwish, Menos rosas

 

 

 

lo demás es silencio

lo demás es silencio

 

Todo está aquí; todo, lejos. Todo brilla por su ausencia,

se ilumina en su contrario y, uno con él, es la llama,

o, anónimo, se esparrama y es la distancia que canta.

Hay figuras, quizá dioses, que con su instante se acaban,

dejan sólo, trascendente, cierta brisa que se alarga,

y hay mareas que nivelan poco a poco los asaltos

desmedidos de unos seres que, orgullosos, se creen centros.

Todo es único. No es nada. Visto y no visto sucede;

y es lo menos formulable, y es lo más indispensable,

lo más o menos que humano, lo no objetable que existe,

lo amargo y seco que aprietan las semillas tumultuosas.

Si se repliega es conciencia; si se despliega, existencia.

Si se repliega es la entraña con sus músicas más turbias.

Si se despliega es el agua con su dulce palma oscura.

Si se repliega es convulso sobresalto ante el abismo

donde una rueda pensante gira en cero o cielo, y calla.

Si se despliega es la noche con sus vívidas estrellas

como dolores cuajados de imparciales solitarios.

Si se repliega es el hambre del loco de amor: la medusa

succionante y sonrosada de un anhelo silencioso

y esas cavernas sexuales o mentales que los machos

abren, piensan, dejan luego como un inhóspito hiato.

Si se despliega es la tierra cereal, mansa, nutricia,

la abundancia trepidante que cubre cualquier pregunta,

las olas que alisan, lentas, las arrugas del cansancio,

la pleamar revelada; lo perpetuo y lo continuo.

Si se repliega, es conciencia; si se despliega, existencia.

Si se repliega es el hombre con sus eternas cuestiones

que a sus pequeños dolores pone nombres trascendentes.

Si se despliega es el mundo con sus pardas presencias,

tan estúpidas, tan bellas, tan sin razones completas

que el ser consciente se aturde vertiginoso de ausencia.

 

Gabriel Celaya, Lo demás es silencio

 

 

 

mi cerebro es una rosa

mi cerebro es una rosa

 

 

“Todo hombre es en sí un continente, no una isla. El deseo del hombre es deseo del otro. Por ello, cuando alguien cae, caemos todos con él. Por ello ninguna tragedia es concebible en solitario, llovida del cielo. Es más, la soledad es imposible: está poblada de fantasmas. Y viceversa, de mi tragedia tu oscuridad emana. No eres un hombre, estás marcado por la oscuridad. Por no haberte arriesgado a perder el sentido, he aquí que careces de él. Lo dijo Derrida: “Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo.”

 

(…)

 

El cuerpo es un hacerse, un cuerpo subjetivo o fenomenológico, y tras de la gestualidad amanerada del sujeto está la payasada del loco, inventora de la única posible identidad. Ésta es aquella en la que el hombre ríe de sí mismo, y baila fuera de lugar y de espacio, en ese terreno de la locura que fuera hasta hoy terreno de nadie.

 

(…)

 

El hombre se crea (…) por la apropiación de nuestro cuerpo por un ’intercambio de miradas’, la soledad es siempre mítica y anterior al hombre. Que la incomunicación vuelve loco, lo sabe cualquier carcelero. Sin embargo, hasta en la celda más sola no dejo de pensar en ti. Y al decir en ti me refiero a un otro que no es el prójimo cristiano, más parecido éste a lo Lacan llamara l’autre imaginaire que a una auténtica proximidad. Sólo si me suicido pierdo de vista al otro, y ni aun así, por cuanto el suicida, que no quiere morir, piensa siempre en lo que se dirá de él después de muerto. Sólo si me emborracho pierdo de vista al otro, y ni aun así, por cuanto sólo el borracho piensa en términos de amistad. Por el contrario, el que se casa, buscando al otro, celebra sus bodas consigo mismo, con su película particular. No hay que olvidar que el odio es una manera particular de no estar solo.

 

(…)

 

Lo que nos pierde no son las drogas, sino la soledad.”

 

Leopoldo María Panero, Mi cerebro es una rosa

 

 

Hay hombres como Panero que refulgen y destellan, pero también deprimen. Sus creaciones nos muestran una dialéctica primordial entre el deseo y el sufrimiento. Sus reflexiones abstractas nos devuelven constantemente a las miserias del hombre que huye de sí mismo para no dejar de encontrarse, una y otra vez, siempre distinto. Exprime lucidez extasiante, desvela gránulos de belleza, pero todo lo envuelve en un abismo de cábalas narcisistas, generalizaciones como meteoritos sin escrúpulos. Lo que nos fascina y embelesa nos hace dudar de nuestro vacío, de nuestra banalidad. No cejamos de hacernos, de rehacernos, de intentar ser hasta que dejamos de existir. De lo contrario, ya estamos muertos en vida, enterrados en nuestra soledad autista, encerrados en la ilusión de la compañía, de la amistad, del amor. Panero es valiente y voraz, un diseccionador misterioso de nuestras circunvoluciones neuronales, pero sospecho que también es desdichado y consciente de las fuentes de su vagar. Por eso es loable su lucha, y un viaje incierto, preñado de esclarecimientos, aunque a veces extenuante, el internarse en su literatura.

 

 

 

ejercicios de estilo

ejercicios de estilo

 

 

Y tu vida, tú, ¿qué conoces de tu vida?

Y él, allí, ¿qué conoce él de su vida?

Allí, todos los que se la imaginan

Todos los que en este vasto combinado

 

Actúan como quisieran

Como si supieran lo que quisieran

Como si quisieran lo que quisieran

Como si quisieran lo que saben

Como si supieran lo que saben

 

Raymond Queneau, Chêne et chien, II, 45

 

 

 

Es verdad que hay que decir que nieva cuando nieva

es así como nos hacemos comprender

es diciendo que nieva cuando nieva que se

vuelve agradable conversar con personas

que dicen que

el tiempo lo quiso así que nieve cuando nieva

y es así que vivimos en sociedad sin dificultad

alguna y

es así como nos hacemos amigos y

es tan fácil decir que nieva cuando nieva

mucho más que decir que llueve

en efecto

es pretencioso decir que llueve cuando nieva

pero ¿dónde puede anidar la poesía en todo esto?

 

Raymond Queneau, La chien à la mandoline, 108

 

 

 

una flor

una flor

 

 

Hay vidas que duran un instante:
su nacimiento.

Hay vidas que duran dos instantes:
su nacimiento y su muerte

Hay vidas que duran tres instantes:
su nacimiento, su muerte y una flor.

 

Roberto Juarroz, Poesía Vertical V

 

 

 

poema 12

poema 12

 

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.

 

Oliverio Girondo, Poema 12 (Espantapájaros)

 

 

 

Los muslos de la mujer eran largos y húmedos. El fino vello brillaba dorado al sol. Interminable profundidad sin fondo de la piel. Cuando reía, parecía su risa estremecerle el sexo y desatar bandadas por el aire de indeclinables pájaros. Brotaba allí, me dije, como otras tantas cosas de la naturaleza.

 

                                                                                                                       (Jardín botánico)

 

Bebí de ti, bebí, te succioné,

animal sumergido entre los pliegues

de tu anegada claridad.

 

                                      Bajaban

incesantes las aguas

a las gargantas trémulas de luz.

Entrañas, aves, palpitantes

burbujas de entrar

tu cuerpo en mí.

 

 

                          De ti bebí

hasta nacer el día de mi boca,

como ventosa oscura en la frontera

donde gorjea el despertar.

 

José Ángel Valente, Material Memoria

 

 

 

Alas

Alas

Una lluvia de almendras,
dos trenzas diminutas,
tres parapentes blancos,
cuatro cestas de frutas.

Cinco copas de hierro,
seis recuerdos heridos,
siete caminos largos,
ocho lirios partidos.

Nueve mareas altas,
diez sorbos de cerveza,
once alquimistas ciegos,
doce encinas que rezan.

Un día nos regala
como yo a ti te regalo ahora
alas, alas.


Trece viernes de dicha,
catorce desconocidos,
quince perfumes limpios,
dieciséis horas de olvido.

Diecisiete reyes de oro,
dieciocho decisiones,
diecinueve caballeros
con veinte preocupaciones.

Veintiuna albercas de agua
con veintidós pensamientos,
veintitrés pasos perdidos,
veinticuatro sentimientos.

 

Pablo Guerrero, Alas

 

 

en octubre: "I am all mouth"

en octubre: "I am all mouth"

 

 

The mouth of flowering’s finished. The fruit’s in,

Eaten or rotten. I am all mouth.

October’s the mouth for storage.

 

This shed’s fusty as a mummy’s stomach:

Old tools, handles and rusty tusks.

I am at home here among the dead heads.

 

Let me sit in a flowerpot,

The spiders won’t notice.

My heart is a stopped geranium.

 

If only the wind would leave my lungs alone.

Dogbody noses the petals. They bloom upside down.

They ruttle like hydrangea bushes.

 

Mouldering heads console me,

Nailed to the rafters yesterday:

Inmates who don’t hibernate.

 

Cabbageheads: wormy purple, silver-glaze,

A dressing of mule ears, mothy pelts, but green hearted,

Their veins white as porkfat.

 

O the beauty of usage!

The orange pumpkins have no eyes.

These halls are full of women who think they are birds.

 

This is a dull school.

I am a root, a stone, an owl pellet,

Without dreams of any sort.

 

Mother, you are the one mouth

I would be a tongue to. Mother of otherness

Eat me. Wastebasket gaper, shadow of doorways.

 

I said: I must remember this, being small.

There were such enormous flowers,

Purple and red mouths, utterly lovely.

 

The hoops of blackberry stems made me cry.

Now they light me up like an electric bulb.

For weeks I can remember nothing at all.

 

Silvia Plath, From ’Poem for a Birthday’

 

 

(Traducción de Jesús Pardo:

 

Floreal término. Cayó la fruta,

pudrióse o fue comida. Sólo boca

soy. En octubre, mes de almacenaje.

 

El cobertizo huele a tripa rancia

de momia: herramientas, colmillos, moho.

En casa estoy, entre cabezas muertas.

 

Dejadme que me siente en este tiesto,

ninguna araña lo verá, paróse

mi corazón como un geranio.

 

Ojalá el viento deje mis pulmones.

Los pétalos nasales. Boca abajo

las flores, sonoras como hortensias.

 

Cabezas putrescentes me consuelan,

ayer clavadas a las vigas: de estos

pupilos no será el invierno.

 

Repollos: plata mate, agusanada

púrpura, piel comida, oreja aguda,

corazón verde. Venas de tocino.

 

¡Oh, belleza del hábito! No tiene

ojos la calabaza. Estas estancias

hierven de chicas que se piensan pájaros.

 

Monótono colegio. Soy raíz,

piedra, plumón de búho,

vivo sin sueños de ninguna clase.

 

Madre, tú eres el mes único

de quien yo fuera lengua. Madre de aire,

cómeme. Sombra de dinteles vanos.

 

Dije: me acordaré, pues soy pequeña.

Había flores tan enormes,

bocas rojas y púrpura, bellísimas.

 

Los tallos de las moras me hacen daño.

Ahora me encienden como una bombilla.

Desde hace días no recuerdo nada.)

 

 

 

Pandoras

Pandoras

Ahora esconde las manos.

 

Esas manos buenas de mi abuela

con las que me acariciaba el pelo

y me llamaba rosa

vida, ángel rubio y guapo.

Esas manos.

 

Esas manos sabias de mi abuela

que hicieron cálido el invierno tejiendo

mantas mejores que las de cualquier

Penélope, que convertían la tristeza en risa

sólo con dejarme la caja de botones

para jugar.

Esas manos.

 

Hoy se apuntó a un curso de internet

y no quiere

que nadie vea esas manos,

dice que están viejas, feas, oscuras

de tanto trabajar en el campo.

 

Ahora, mi abuela, esconde las manos

y no se atreve a tocar el teclado del ordenador.

Y yo, tan lejos como sigo estando de mí misma,

no le digo que esa manos

me hicieron creer en la vida tantas veces,

no le digo que son las manos

más hermosas que jamás tocaron

la tierra.

 

Sofía Castañón, 23 Pandoras

 

 

 

Abandona el cuarto y se abandona a la ducha,

prendiendo a conciencia su olor en las baldosas.

Se asoma silenciosa antes de marcharse del todo.

Él duerme.

Ya descubrirá de día que las princesas madrugan.

 

Carmen Ruiz Fleta, 23 Pandoras

 

 

...Todo lo demás está comprobado.

Todo menos los pequeños trozos de papel

Rasgado en el cenicero.

Cosa tuya, supongo. Tenemos suerte

esa suerte del principiante,

todavía

hay abundancia de alimentos en el frigorífico

Como si conmemorásemos el nacimiento del placer

abrimos y cerramos las puertas blancas, la piel en la nuca

de pronto tensa, nos miramos riendo

y no habitamos en el horror ni en el adversario,

 

Tenemos el resuello de los héroes,

no nos molesta ya

la flaca verbigracia de las niñas y sus paréntesis

ni ese aire tremendo de agotamiento en las cortinas

Autoritarias y voraces, levantando en sus lenguas

Solicitando

Por defecto.

 

También los libros educados por colores

El ritmo de los lo en la cocina por la tarde

Y la lógica dialéctica de un enfermo

Muy

Enfermo.

Y la porción de un abismo apagado en la bola

Del mundo.

 

La contienda del azar, las puertas con sus candados

Los pasatiempos del periódico el orgullo de un pájaro

El ojo como un hueso clavado en la garganta.

 

Este vínculo de articulaciones por la noche y en la

Cama.

Los mensajes morse de unos párpados que tiemblan.

 

Safrika, 23 Pandoras

 

 

Me sorprende que todos os empeñéis

en ser mis madrastras,

mis enanitos,

mis espejitos mágicos,

mis manzanas venenosas.

 

Soy la Blancanieves negra

inmune a vuestro cianuro,

que escupe

a esos príncipes perfectos

plastificados y púberes.

 

Soy la Blancanieves

menstruante,

la princesita preñada,

la impúdica y casquivana

Blancanieves de taberna.

 

La niña despierta,

mientras se hace la dormida.

La Blancanieves

de látigo húngaro,

de katana japonesa

y de puño americano.

La Blancanieves con metralleta.

 

La princesa de la voz agria,

la de los gritos duros,

la de la cerveza amarga.

 

Blancanieves sin madrastra,

sin príncipe,

sin enanos.

 

Sonia San Román, 23 Pandoras

 

 

No soy dueña de nada

mucho menos podría serlo de alguien.

No deberías temer

cuando estrangulo tu sexo,

no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

 

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.

Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,

no necesito más paredes y adentro tengo

mucho espacio:

ese desierto negro que tanto te asusta.

 

Miriam Reyes, 23 Pandoras

 

 

LA REPONEDORA MURIEL

 

sólo tú haces de un día vacío todo el día

eres el demiurgo sencillo de un universo diminuto

arrastrando en el círculo sexto sección láctea

todo el palé de la tristeza

repones el ansia con el ansia

y el tiempo con el tiempo

sólo tú tienes la contradicción misma

de los dioses

te vanaglorias de un orden

que será siempre destrozado

y al levantarte con el cuerpo tan antiguo

miras los pasillos inexactos

sección deseo llena de realidad

sección verdad llena de historia

a una simple voz tuya todas la bandejas dicen carne

los mostradores revelan la verdad subconsciente de sus 10 grados

se alinean las hileras

surgen anaqueles rebosantes de todo lo que pueda desearse

sólo tú tienes como todas las mañanas

tres horas justas para crear un día

 

María Eloy García, 23 Pandoras

 

 

VIVIENDAS FUNDACIÓN BENÉFICO-SOCIAL

(Sector Sur, Córdoba, 1961-1965). Arquitecto: Rafael de la Hoz

 

Teníamos un tiesto con claveles,

las coplas dedicadas por la radio

y un corazón de periferia

con vistas a la diáspora y al tizne.

 

Yo contaba dos años, tan blanca la memoria

que no recuerdo nada, pero he visto mi barrio

en una exposición de arquitectura

que muestra las vanguardias y el enjambre moderno.

 

La vivienda social era una huida

de los asentamientos marginales.

Así, pensando en los más pobres

y en nuestra natural inclinación

al revoltijo y a la bronca,

nos construyó el franquismo un polígono

de casas protegidas, de refugios al margen,

como nidos aislados de hipoteca.

 

En medio de un solar sin jardineras,

ni césped verde ni inglés ni toboganes,

se edificó una urdimbre de bloques tan idénticos,

con sus cubiertas de teja a dos aguas,

como idénticas jaulas de tristeza

para pájaros torpes o vidas que no logran

alzarse, y a ras de asfalto se mueven

con sus muros de carga paralelos.

 

Viviendas solidarias, dijeron los ministros.

No dijeron más dignas que nosotros,

criaturas sin modales ni costumbre,

casi bestias del campo a la intemperie.

Porque un techo no basta. Porque no hay dignidad

ni en la pobreza ni en el hambre.

 

Teníamos un cielo lapislázuli,

igual que en las películas.

Y un corazón a dos aguas de cauce turbulento,

y un corazón a dos lavas de volcán siciliano,

y un corazón a dos sangres fluyendo por los días.

Teníamos un arte de realismo puro:

fachadas de ladrillo visto,

polvaredas del natural,

secuencias al estilo de Vitorio de Sica.

Y un corazón al revés, a dos aguas.

Pero con una sola muerte.

 

Isabel Pérez Montalbán, 23 Pandoras

 

 

 

Más clásicos: Gerardo Diego

Más clásicos: Gerardo Diego

 

Las campanas en flor no se han hecho para los senos de oficina
ni el tallo esbelto de los lápices remata en cáliz de condescendencia.
La presencia de la muerte
se hace cristal de roca discreta
para no estorbar el intenso olor a envidia joven
que exhalan los impermeables.

 

Y yo quiero romper a hablar a hablar
en palabras de nobles agujeros dominó del destino.
Yo quiero hacer del eterno futuro
un limpio solo de clarinete con opción al aplauso
que salga y entre libremente por mis intersticios de amor y de odio
que se prolongue en el aire y más allá del aire
con intenso reflejo en jaspe de conciencias.

 

Ahora que van a caer oblicuamente
las últimas escamas de los llantos errantes
ahora que puedo descorrer la lluvia
y sorprender el beso tiernísimo de las hojas y el buen tiempo
ahora que las miradas de hembra y macho
chocan sonoramente y se hacen trizas
mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo
dejadme salir en busca de mis guantes
perdidos en un desmayo de cielo acostumbrado a mudar de pechera.

 

La vida es favorable al viento
y el viento propicio al claro ascendiente de los frascos de esencia
y a la iluminación transversal de mis dedos.
Un álbum de palomas rumoroso a efemérides
me persuade al empleo selecto de las uñas bruñidas.
Transparencia o reflejo
el amor diafaniza y viaja sin billete
de alma a alma o de cuerpo a cuerpo
según todas las reglas que la mecánica canta.

 

Ciertamente las campanas maduras no saben que se cierran como los senos de oficina
cuando cae el relente
ni el tallo erguido de los lápices comprende que ha llegado el momento de coronarse de gloria.
Pero yo sí lo sé y porque lo sé lo canto ardientemente.
Los dioses los dioses miradlos han vuelto sin una sola cicatriz en la frente.

 

Gerardo Diego, Continuidad