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ateo poeta

las poesías de otros/as

Otro clásico: soneto del sanatorio

Otro clásico: soneto del sanatorio

 

 

Bajo la sensación del cloroformo
me hacen temblar con alarido interno,
la luz de acuario de un jardín moderno
y el amarillo olor del yodoformo.

 

Cubista, futurista y estridente,
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación, que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente.

 

Pasa mis nervios, con gozoso frío,
el arco de lunático violín;
de un si bemol el transparente pío

 

tiembla en la luz acuaria del jardín,
y va mi barca por el ancho río
que divide un confín de otro confín.

 

Ramón María del Valle-Inclán, Rosa de Sanatorio

 

 

JRJ: extractos esenciales

JRJ: extractos esenciales

 

Te deshojé, como una rosa,

para verte tu alma,

y no la vi.

Mas todo en torno

-horizontes de tierras y de mares-,

todo, hasta el infinito,

se colmó de una esencia

inmensa y viva.

 

**

 

Tú me has dado tu alma

con tus ojos abiertos

-¡oh jardín estrellado!-

a tu cuerpo.

 

**

 

¡Qué dulce esta tierna trama!

Tu cuerpo con mi alma, amor,

y mi cuerpo con tu alma.

 

**

 

¡Qué débil el latido

de tu corazón leve

y qué hondo y qué fuerte su secreto!

¡Qué breve el cuerpo delicado

que lo envuelve de rosas,

y qué lejos, desde cualquiera parte tuya

-y qué no hecho-

el centro de tu alma!

 

 

Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta casado

 

 

 

Delirios de Arrabal

Delirios de Arrabal

 

 

Estábamos los dos en el cine. En vez de mirar la película la miraba a ella. Le tocaba los cabellos y le alisaba las pestañas. Luego le besé las rodillas y le puse sobre el pubis una pajarita de papel que había hecho con las entradas.

 

Ella miraba la película y reía. Entonces le acaricié los pechos y cada vez que apretaba su seno salía un pez azul.

 

***

 

-Te quiero.

Ella rió.

-Te quiero.

Ella rió.

-Te quiero.

Ella rió a carcajadas.

El tiempo de las muchachas en flor revelaba las 1.000 camas infinitamente mediums.

 

-Te quiero.

Ella lloró.

-Te quiero.

Ella lloró.

-Te quiero.

Ella lloró y sollozó.

El tiempo de las muchachas en flor revelaba las 1.000 camas infinitamente mediums. Sí.

 

***

 

Lunes:

 

Me duele mucho la cabeza -la nuca-. He observado que la gente, por la calle, habla una lengua que no comprendo. Todas las emisoras de radio que he podido sintonizar hablan en esta lengua desconocida.

 

Martes:

 

Un niño de unos diez años, con un molinillo de papel en la mano, me ha hablado en la lengua desconocida y yo le he respondido en la misma lengua. A pesar de que no comprendía sus preguntas, hemos estado conversando unos minutos.

 

Miércoles:

 

En cuanto puse los pies en la calle me puse a hablar la lengua incomprensible.

 

Jueves:

 

La cabeza -la nuca- me duele más que nunca y me he dado cuenta de que, a lo largo del día, he recitado frases (?) en esa lengua, incluso ya en casa.

 

Molkerte’’

 

Vadonserve ent llica mossoreglas teiner milu artem tersijilomen gualen sarpe sy yo on prencomder.’’

 

***

 

Carta a los sabios del mundo entero.

 

Muy señores míos:

 

Antes de morir quiero a hacerles a Vds. una revelación importante para que tomen las medidas que se imponen.

 

Durante los fortísimos dolores que he padecido por causa de la operación que he sufrido, he logrado identificar en los momentos de “sublimación del dolor” a unos “seres espirituales”. Estos seres, pude darme cuenta de que se “alimentan de mi dolor”.

 

He llegado pues, tras múltiples experimentos, a esta conclusión: en nuestro ambiente viven unos seres que, por simple instinto de conservación, tienden a fomentar el dolor entre los humanos. Para ello intentan incrementar tanto las desgracias llamadas espirituales como los sufrimientos físicos.

 

A veces, cuando, encerrado en mi habitación, logro ver mi miedo (es una masa de agua que flota), mi esperanza (es una mano cortada) y mi imaginación (es una caja pequeña de cuero de la que sale humo) también veo a estos seres espirituales que son como unos pañuelos de papel que vuelan.

 

Espero que, gracias a mis datos, puedan luchar contra esta terrible plaga de la humanidad.

 

Les saluda muy cordialmente...

 

 

Fernando Arrabal, La piedra de la locura

 

 

 

Barnízate

Barnízate

 

 

 

Barnízate

te quiero

genio del can-can

docena de flores.

 

Eres toda la tierra

docena de flores

música ciega,

eres todos los templos

todos los tigres

todos los días,

eres el número de teléfono de Dios.

 

Tus ojos azules azor de los ojos

tus manos cerradas y el campo abierto y amarillo,

sólo te echo de menos

cuando estás conmigo

 

cuando estás conmigo

cuando buscas agua en el desierto de mi boca

 

sólo te echo de menos

cuando estás conmigo,

entonces trago más humo

tengo más miedo

veo más luces.

 

Van Gogh quiere pintarte los labios antes de morir.

 

Eres un bosque de un solo árbol,

cuando me miras

estoy quieto y soy quietud

pero cuando no me miras

bailo tan salvajemente

clavo tantas navajas

pienso tan poco en ti

 

te echo de menos cuando estás conmigo

no existo cuando no estás,

te vas y me convierto en baile

te vas y me convierto en ala.

 

Si quemas mi tristeza con tu risa

te enamorarás de mí

y dejaré de subir

tantos montes de amargura.

 

 

Te escribo para decirte

que eres un almendro de fuego

 

te escribo para decirte

que no quiero decirte nada

que sólo quiero abrazarte

buscar el calor de tu vida.

 

 

Pedro Casariego

 

 

 

A Benedetti, in memoriam (una escueta antología)

A Benedetti, in memoriam (una escueta antología)

 

 

INTERVIEW

 

No es ninguna molestia

explicarle qué pienso

del infinito

el infinito es

sencillamente

un agrio viento frío

que eriza las mucosas

la piel

y las metáforas

le pone a uno en los ojos

lágrimas de rutina

y en la garganta un nudo

de sortilegio

seguramente usted ya se dio cuenta

en el fondo no creo

que exista el infinito.

 

Bueno sobre política

jesús

sobre política

mi bisabuelo era liberal

espiaba a las criadas en el baño

mi abuelo el reaccionario

extraviaba las llaves de sus deudas

mi padre el comunista

compraba hectáreas con un gesto de asco

yo soy poeta

señor

y usted debe saber que los poetas

vivimos a la vuelta de este mundo

claro que usted quizá no tenga tiempo

para tener paciencia

pero debe conocer que en el fondo

yo no creo en la política.

 

Por supuesto el estilo

qué pienso del estilo

una cosa espontánea que se va haciendo sola

siempre escribí en la cama

mucho mejor que en los ferrocarriles

qué más puedo agregar

ah domino el sinónimo

módico exiguo corto insuficiente

siempre escribo pensando en el futuro

pero el futuro

se quedó sin magia

me olvidaba que usted

ya sabe que en el fondo

yo no creo en el estilo.

 

El amor el amor

ah caramba

el amor

por lo pronto me gusta

la mujer

bueno fuera

el alma

el corazón

sobre todo las piernas

poder alzar la mano

y encontrarla a la izquierda

tranquila

o intranquila

sonriendo desde el pozo

de su última modorra

o mirando mirando

como a veces se mira

un rato antes del beso

después de todo

usted y yo sabemos

que en el fondo

el amor

el amor

es una cosa seria.

 

Por favor

esto último

no vaya a publicarlo.

 

(De Poemas del hoyporhoy 1958-1961)

 

 

SUBURBIA

 

En el centro de mi vida

en el núcleo capital de mi vida

hay una fuente luminosa un surtidor

que alza convicciones de colores

y es lindo contemplarlas y seguirlas

 

en el centro de mi vida

en el núcleo capital de mi vida

hay un dolor que palmo a palmo

va ganando su tiempo

y es útil aprender su huella firme

 

en el centro de mi vida

en el núcleo capital de mi vida

la muerte queda lejos

la calma tiene olor a lluvia

la lluvia tiene olor a tierra

 

esto me lo contaron porque yo

nunca estoy en el centro de mi vida.

 

(De Cotidianas 1978-1979)

 

 

DE ÁRBOL A ÁRBOL

 

Los árboles

¿serán acaso solidarios?

 

¿digamos el castaño de los campos elíseos

con el quebracho de entre ríos

o los olivos de jaén

con los sauces de tacuarembó?

 

¿le avisará la encina de westfalia

al flaco arce del tirol

que administre mejor su trementina?

 

y el caucho de pará

o el baobab en las márgenes del cuanza

¿provocarán al fin la verde angustia

de aquel ciprés de la mission dolores

que cabeceaba en frisco

california?

 

¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío

casi un hermano de la ceiba antillana?

 

los de este parque o aquella floresta

¿se dirán copa a copa que el muérdago

otrora tan sagrado entre los galos

ahora es apenas un parásito

con chupadores corticales?

 

¿sabrán los cedros del líbano

y los caobos de corinto

que sus voraces enemigos

no son la palma de camagüey

ni el eucalipto de tasmania

sino el hacha tenza del leñador

las sierra de las grandes madereras

el rayo como látigo en la noche?

 

(De Cotidianas 1978-1979)

 

 

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

 

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

 

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría

 

(De Cotidianas 1978-1979)

 

 

TODAVÍA

 

No lo creo todavía

estás llegando a mi lado

y la noche es un puñado

de estrellas y de alegría

 

palpo gusto escucho y veo

tu rostro tu paso largo

tus manos y sin embargo

todavía no lo creo

 

tu regreso tiene tanto

que ver contigo y conmigo

que por cábala lo digo

y por las dudas lo canto

 

nadie nunca te reemplaza

y las cosas más triviales

se vuelven fundamentales

porque estás llegando a casa

 

sin embargo todavía

dudo de esta buena suerte

porque el cielo de tenerte

me parece fantasía

 

pero venís y es seguro

y venís con tu mirada

y por eso tu llegada

hace mágico el futuro

 

y aunque no siempre he entendido

mis culpas y mis fracasos

en cambio sé que en tus brazos

el mundo tiene sentido

 

y si beso la osadía

y el misterio de tus labios

no habrá dudas ni resabios

te querré más

todavía.

 

(De Poemas de otros 1973-1974)

 

 

 

Deleites

Deleites

 

El jardín de tus delicias

 

Flores, pedazos de tu cuerpo;

me reclamo su savia.

Aprieto entre mis labios

la lacerante verga del gladiolo.

Cosería limones a tu torso,

sus durísimas puntas en mis dedos

como altos pezones de muchacha.

Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja,

y es una caracola.

Ella sabe a tu leche adolescente,

y huele a tus muslos.

En mis muslos contengo los pétalos mojados

de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.

 

 

De los pubis angélicos

 

Divagar

por la doble avenida de tus piernas,

recorrer la ardiente miel pulida,

demorarme, y en el promiscuo borde,

donde el enigma embosca su portento,

contenerme.

El dedo titubea, no se atreve,

la tan frágil censura traspasando

-adherido triángulo que el elástico alisa-

a saber qué le aguarda.

A comprobar, por fin, el sexo de los ángeles.

 

 

Ana Rossetti

 

 

 

Aviso de caminantes

Aviso de caminantes

 

En la suma de días indistintos

que la vida da al hombre, acaso hay uno

en que el destino, trágico y hermoso,

pasa por nuestro lado y el azar manifiesta

una insólita luz, un desusado

fulgor inconfundible.

Pero no has de dudar. Ten el coraje,

cuando llegue el momento,

de abandonar las cosas con que siempre

te engañó la costumbre, y sube pronto

a ese carro de fuego.

                                     Poco dura

el milagro.

                    Después, si te negaras

a partir, sólo noche

merecerás. Y nunca, aunque quisieras,

podrás comprar la luz que despreciaste.

 

 

Eloy Sánchez Rosillo

 

 

Sendas interiores

Sendas interiores

 

Allá en el noroeste,

por la senda interior

 

 

¿Eres jardín que llega desde el mar?

¿Eres la luz del mar que llega hasta el jardín?

¿Quién eres o qué eres?

Acaso ese aroma enfermizo

de eucaliptos

que hierve al sol y la humedad corrompe,

aroma en que el pulmón de la floresta

se inflama, y nos parece que respira

en los colores antes nunca vistos

de las hortensias.

 

Sensación de sentir una llamada

junto a las barcas muertas,

en el granito que en el cementerio

muerde los rostros de los que se fueron.

Zurea una paloma,

nos abre

a la felicidad, la tarde,

cae,

va invadiendo despacio

el musgo

de las escalinatas

de los embarcaderos,

las negruzcas pizarras de los muros,

y se retira el mar en busca de la mar

(como yo de mí mismo).

¡Si contra este ardor llegase ahora

la lluvia verde, el murmullo verde

de la espesura, la hora

del trueno y de la lágrima,

esa que brilla y nunca cae del ojo!

 

No era fácil seguir por el sendero

que el río embriagaba con su música

y que el valle agreste

cegaba en sus umbrías.

Aunque alguien nos dijo que al final

de aquel sendero en llamas

podía haber un monasterio en ruinas

ahogado por zarzales.

(Desde él podríamos ver más inmensa esta mar

y mucho más sembrada de relámpagos.)

Me llamaba el sendero,

pero yo no seguí su llamada

porque acaso podría llevarme a un extravío

doble, interminable.

Me quedé aquí: junto a la piedra muerta,

junto al aroma muerto

que sepultan castaños,

en el límite de las praderas,

donde el jardín difunde

(laberintos de boj, estanques de agua muerta)

la imagen de las almas.

Yo buscaba un camino a lo largo del día

sin saber que el camino no existía,

pues el camino estaba

en mi interior.

Quieto ahora, acallado,

pruebo a seguir (en mí) ese camino

mientras no sé si esta noche muda

desciende temblorosa

o asciende cual marea que respira

la música callada de las piedras,

piedras que ya no son escalinatas

tras de las verjas frías.

 

Del pazo van llegando voces muertas.

Detrás de una ventana se ha encendido

una luz muy morada.

Sentirse suspendido

en aire verdinegro.

Miro a mis manos:

se han tornado cárdenas.

No sé si mi cabeza

es de humo o de mármol.

 

Flotan ojos de oro en aguas negras.

 

Todo tiende a lo negro.

Hasta el aroma de los eucaliptos

se condensa en lo oscuro

como fósforo negro.

 

Sin embargo, parece que el camino

que sigo hacia dentro de mí mismo

va derecho a la luz.

Abismándome en él me iré librando

de cada extravío,

y ese alguien o algo que buscaba

por los montes en llamas

tiernamente me entrega en la quietud

(en el vacío lleno)

cada respuesta, disuelve mis dudas

con sus revelaciones

de silencio.

 

De repente, la noche es un piedra

de luz

que estalla entre mis manos.

 

 

Junto al muro

 

Vuelve tu rostro hacia el muro, cierra

los ojos y los labios: sólo escucha.

¿Es que no oyes la música que sana?

¿Está dentro de ti y no la sientes?

¿No sientes cómo te arrastra y te deshace

ideas y pasiones: tus heridas?

No es ella un palpitar de sangre, no es

la música que tiembla por tus nervios,

la música que suena por las venas,

el son del corazón bajo una mano.

 

Se trata de una música que arde

sin consumirse, que por siempre embriaga;

se trata de una música que suena

para aquel que no escucha, que le habla

a quien no habla y que muy dulcemente

le abre los ojos para siempre a aquel

que los tiene cerrados a la luz

porque se abisma en busca de otra luz.

Recógete, respira, pon las manos

y la frente encima de la piedra

y escucha el silencio, y escúchate.

¿No vas sintiendo suavemente cómo

es música secreta la que suena

fuera de ti, estando tan en ti?

 

Tu música y la música del mundo

son una sola música, pero hay

que arder para encenderla en tu interior,

que ser llama que escucha el vendaval.

Es música que enciende en plenitud

por siempre al que en su noche persevera.

Está dentro de ti: si das con ella

misteriosa resuena, ignota salva,

oscura te ilumina y te transforma

mientras que tú persigues cada día

músicas que jamás serán la música,

que al seguirlas te pierdes, no las oyes

aunque creas que oyes, y no saben,

aunque crean que saben, tus palabras.

 

Vuelve tu rostro hacia el muro, cierra

los ojos y los labios: sólo escucha.

¿Es que no oyes la música que sana?

Se trata de una música que está

dormida en tu interior, mas que despierta

con el silencio y arde muy adentro.

Si la oyeras, al fin conocerías

la alegría: el goce de ser llama.

 

Oirías el sonido de la luz.

 

 

Antonio Colinas, Desiertos de la luz

 

 

 

Óxido

Óxido

 

Fatiga de los materiales

 

 

El alma

es un material elástico.

Si se ejerce una fuerza sobre ella,

para evitar romperse se deforma.

Cuando las condiciones,

que han desencadenado este fenómeno,

ya no actúan, recobra

su estado original.

Este suceso puede repetirse

un limitado número de veces.

Con estas variaciones se producen

roturas microscópicas,

apenas perceptibles,

que cuando se acumulan

la hacen resquebrajarse.

 

Y todo este proceso se acompaña

de una inmensa tristeza.

 

 

Razones geométricas

 

“Esperar tras la línea, por favor”

me advierten unas letras en el suelo.

Ojeo la cartilla

y sumo con las uñas

el saldo que me queda de la última nómina.

De repente la línea me resulta

algo más que habitual,

e igual que hago balance de mis números

rememoro las rectas que acotaron mi vida.

 

Fueron cuadrículas las tardes más felices

de rayuelas sinuosas

y “balón prisionero” en el que mueres

si sales del contorno.

Y vendrían después

las partidas de damas, de billar

o la pista de baile

que era el área de un círculo prohibido.

Conduje en un carril entre continuas

mirando con deseo hacia el arcén

como una vez, confieso,

espié con cierto asombro

la cicatriz que tienes en el vientre.

 

No ha llegado mi turno.

Mientras tanto, acaricio con el pie

la raya fronteriza.

 

Inma Pelegrín, Óxido

 

 

 

¿propósitos para el nuevo año?

¿propósitos para el nuevo año?

 

“La monotonía hace que los días resbalen sobre la vida a una velocidad increíble sin dejar una huella. Los inviernos de la niñez, los veranos de la adolescencia eran largos e intensos porque cada día había sensaciones nuevas y con ellas te abrías camino en la vida cuesta arriba contra el tiempo. En forma de miedo o de aventura estrenabas el mundo cada mañana al levantarte de la cama. No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.”

 

Manuel Vicent (4 de enero de 2009)

 

 

 

Ciudad sin sueño (Nocturno del Brooklyn Bridge)

Ciudad sin sueño (Nocturno del Brooklyn Bridge)

 

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Las criaturas de la luna huelen y rondan las cabañas.

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas

al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

 

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Hay un muerto en el cementerio más lejano

que se queja tres años

porque tiene un paisaje seco en la rodilla

y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto

que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

 

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda

o subimos al filo de la nieve con el coro de dalias muertas.

Pero no hay olvido ni sueño:

carne viva. Los besos atan las bocas

en una maraña de venas recientes

y al que le duelo su dolor le dolerá sin descanso

y el que teme la muerte la llevará sobre los hombros.

 

Un día

los caballos vivirán en las tabernas

y las hormigas furiosas

atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día

veremos la resurrección de las mariposas disecadas

y aun andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

 

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!

A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,

a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente

o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,

hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,

donde espera la dentadura del oso,

donde espera la mano momificada del niño

y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

 

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.

No duerme nadie.

Pero si alguien cierra los ojos

¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos

y amargas llamas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.

Ya lo he dicho.

No duerme nadie.

Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,

abrid los escotillones para que vea bajo la luna

las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

 

 

Federico García Lorca, Poeta en Nueva York

 

hundimientos

hundimientos

 

Hay alguien que escucha muy cerca de aquí,

espera, retiene el aliento.

Dice: Es mi voz la que habla.

 

Nunca más, dice él,

va a estar todo tan tranquilo,

tan seco y cálido como ahora.

 

Se escucha a sí mismo

en su cabeza burbujeante.

Dice: No hay nadie más.

 

Aquí. Ésta tiene que ser mi voz.

Espero, retengo el aliento,

escucho. El rumor distante

 

en mis oídos, antena

de carnes suaves, no significa nada.

Es tan sólo el latido

 

de la sangre en las venas.

He esperado mucho tiempo

con el aliento retenido.

 

Rumor blanco en los auriculares

de mi máquina del tiempo.

Sordo zumbido cósmico.

 

Ni un sonido, ninguna llamada de auxilio.

La radio permanece muda.

O éste es el fin,

 

me digo, o es que

ni siquiera hemos comenzado.

¡Aquí sí! ¡Ahora!

 

Se oye un rasguido, un crujir, algo

que se desgarra. Aquí está. Una uña helada

que araña la puerta y se queda quieta.

 

Algo cruje.

Un lienzo largo e interminable,

una inmaculada tela blanca

 

que se desgarra, lentamente al principio

y luego más y más deprisa,

se rasga en dos pedazos con un silbido.

 

Esto es el principio.

¡Escuchad! ¿No lo oís?

¡Agarraos bien!

 

Y regresa el silencio.

Sólo se oye un sutil tintineo

en los aparadores,

 

el temblor del cristal,

más y más tenue

hasta desaparecer.

 

¿Quieres decir que

eso fue todo?

Sí. Todo pasó.

 

Eso fue sólo el principio.

El principio del fin

es siempre discreto.

 

A bordo son ahora

las once cuarenta. Hay una grieta

de doscientos metros

 

en el caso de acero,

bajo la línea de flotación,

abierta por un cuchillo gigantesco.

 

El agua corre

hacia las escotillas.

Emergiendo treinta metros,

el iceberg pasa silencioso,

se desliza junto al barco resplandeciente,

y se pierde en la oscuridad.

 

 

Hans Magnus Enzensberger. El hundimiento del Titánic

 

 

 

Argumento

Argumento

 

 

El hombre huye de la asfixia.

El hombre, cuyo apetito, que desborda la imaginación, se calafatea sin terminar de aprovisionarse, se liberará por las manos, ríos en súbita crecida.

El hombre que se despunta en la premonición, que tala su silencio interior y lo reparte en teatros, este segundo es el hacedor de pan.

Para unos, la prisión y la muerte. Para los otros, la trashumancia del Verbo.

Desbordar la economía de la creación, acrecentar la sangre de los gestos, deber de toda luz.

Asimos la argolla a que están encadenados, uno al lado del otro, el ruiseñor diabólico, por una parte, y la llave angélica, por otra.

Sobre las crestas de nuestra amargura se adelanta la aurora de la conciencia y deposita su limo.

Sazón. Una dimensión atraviesa el fruto de la otra. Dimensiones adversarias. Desterrado de la yunta y de las bodas, bato el hierro de los cierres invisibles.

 

René Char, Furor y misterio

 

 

 

Canción del despertar

Canción del despertar

 

De mis brazos

pende el aliento,

el solitario humo

de tu vida. Observo

así el fugitivo nacer

de tu edad cada mañana,

el asombro de mi corazón

que teje en sábanas de invierno

la historia de dos

en el cotidiano duelo

de la carne. Te nombro

y abres más tus ojos.

¡Qué savia tu voz

en mi tronco! ¡Qué latido

involuntario te delata!

De mis brazos

brotan espigas y andamios,

dedos que buscan

la columna, la fiebre

entregada a su oficio

en el deseo. Mi voluntad

cruje como nieve

ante la huella callada

que tu mano deja

sobre el azul temor

de la mañana. Y tirito

ante tu aroma, y busco

la arquitectura de tu amor

en mis brazos, el proyecto

de tu sombra

en los límites de mi ciudad

sin forma. Así acojo tu aliento

en mi regazo, pronto,

antes de que el amanecer

sea reino único de las aves,

en la celebración primera del canto,

antes, para que la luz hunda

sus brazos en tu misterio salado.

 

Callada así para siempre

la noche en su triunfo

esculpirá nuestros brazos

como trenzas

sobre la piel de los tejados.

 

 

Alberto Santamaría, Notas de verano sobre ficciones del invierno

 

 

 

contra las máquinas de la impaciencia

contra las máquinas de la impaciencia

 

 

¿Dónde la fuerza para la ignición vertical? ¿Dónde el arrojo más blanco para la desnudez?

 

¿De verdad no soportamos nada? Yo tengo que avanzar hasta aquel tajo, donde las cigarras asierran el vacío con tal denuedo que se pone en marcha el motor de lo imposible.

 

(Atención, existe también la coquetería del vacío y el narcisismo de lo imposible.)

 

¿Entonces? Azotar, quizá, con vara verde las nalgas del sistema simbólico.

 

(Sistemas, empalizadas: convocatoria al salto. Hay puentes para salvar el vacío, y puentes para saltar al vacío.)

 

Amigo, ¿no te está obsesionando demasiado la sequedad vocálica del otro? Mira cómo aquella cigüeña levanta lentamente la pata izquierda. En el instante preciso de comenzar a hablar, ¿dónde nos apoyamos?

 

La poesía, motor de vida. La vida, motor de sí misma.

 

Hilo: el que cose los párpados es, a veces, el mismo que guía fuera del laberinto.

 

(Atención, el tatuador soñaba con los esquemas del exterminio.)

 

Entre el polo del vacío y el de la senda exhausta, una enérgica deflagración libera fresca fuerza para el cambio.

 

Tatuaje u oración de la espesura: vivir con poco para amar con todo.

 

 

Jorge Riechmann, Conversaciones entre alquimistas

 

 

 

microantología (de cuatro) de Valente

microantología (de cuatro) de Valente

 

ACUÉRDATE DEL HOMBRE QUE SUSPIRA...”

 

 

En el centro de la ciudad o del mundo,

en su jadeante corazón,

en sus plazas,

en las brillantes avenidas

de Nueva York o París,

pulidos escuadrones

se suceden, discuten, empapelan

el destino del mundo.

 

También hablan de mí;

en ruso o en inglés

hablan de mí,

de mi miseria o de la guerra, dicen

que no quiero morir.

 

Yo muerdo una manzana,

escupo, estoy tranquilo,

allí me representan,

saben que no quiero morir.

 

En las asambleas, en los

congresos,

en las reuniones periódicas,

en la primavera o el otoño

los oradores se levantan.

No son hombres,

son los representantes

de América, el Polo Norte o la ciudad de Saint-Louis.

 

En las plazas,

en el centro de la ciudad o del mundo,

sobre su fragante corazón fatigado,

el reino de la voz que no descansa:

los que hablan en representación

de la tierra,

de la cultura occidental,

del Pacto Atlántico,

de los que tienen un solo ojo

o de los que tienen tres.

 

Allí y aquí me representan.

Todos me representan.

Soy feliz.

Muerdo mi breve fruto

o mi importante vida; ya no sé.

Estoy tranquilo.

Sueño.

Hay que salvar al hombre.

 

Me parcelan. Dividen mis derechos

y los defienden por igual.

Ellos, los poderosos

o los santos

o los profesores

o los poetas

o los arzobispos

o los políticos,

los que suelen hablar

en representación de todo el mundo

o quién sabe de quién.

En representación de mí,

que tengo hambre o como

o lloro (¿en representación de quién?),

de mí tan singular, tan oscuro y diario

que me toco, río y muero a la vez

y en representación de mí mismo solamente

amo la vida así.

 

José Ángel Valente, A modo de esperanza

 

 

 

ENTRADA AL SENTIDO

 

 

La soledad.

El miedo.

Hay un lugar

vacío, hay una estancia

que no tiene salida.

Hay una espera

ciega entre dos oleadas

de vida hay una espera

en que todos los puentes

pueden haber volado.

Entre el ojo y la forma

hay un abismo

en el que puede hundirse la mirada.

Entre la voluntad y el acto caben

océanos de sueño.

Entre mi ser y mi destino, un muro:

la imposibilidad feroz de lo posible.

 

Y en tanta soledad, un brazo armado

que amaga un golpe y no lo inflige nunca.

En un lugar, en una estancia -¿dónde?

¿sitiados por quién?

 

El alma pende de sí misma sólo,

del miedo, del peligro, del presagio.

 

José Ángel Valente, Poemas a Lázaro

 

 

 

LA SEÑAL

 

Porque hermoso es al fin

dejar latir el corazón con ritmo entero

hasta quebrar la máscara del odio.

 

Hermoso, sí, de pronto, sin saberlo,

dejarse ir, caer, ser arrastrado.

 

Tal vez la soledad, la larga espera,

no han sido más que fe en un solo acto

de libertad, de vida.

 

Porque hermoso es caer, tocar el fondo oscuro,

donde aún se debaten las imágenes

y combate el deseo con el torso desnudo

la sordidez de lo vivido.

 

Hermoso, sí.

Arriba rompe el día.

Aguardo sólo la señal del canto.

Ahora no sé, ahora sólo espero

saber más tarde lo que he sido.

 

José Ángel Valente, La memoria y los signos

 

 

 

 

SEGUNDO HOMENAJE A ISIDORE DUCASSE

 

Un poeta debe ser más útil

que ningún ciudadano de su tribu.

 

Un poeta debe conocer

diversas leyes implacables.

 

La ley de la confrontación con lo visible,

el trazado de líneas divisorias,

 

la de colocación de un rompeaguas

y la sumaria ley del círculo.

 

Ignora en cambio el regicidio

como figura del delito

y otras palabras falsas de la historia.

 

La poesía ha de tener por fin la verdad práctica.

 

Su misión es difícil.

 

José Ángel Valente, Breve son

 

 

 

Blades, Manecas y Deluxe

Blades, Manecas y Deluxe

 

 

El verano siempre nos gratifica con música y cine al aire libre. De lo primero, las tres últimas raciones han sido algo variopintas: Rubén Blades, Manecas Costa y Deluxe. Los dos primeros, en Vigo: el panameño en el acogedor y popular anfiteatro de Castrelos, el guineano en el entrañable corazón del casco viejo. Lo de Xoel López y sus acólitos fue casi una improvisación institucional de última hora en Tui para ponerle el broche final a un concurso de bandas jóvenes. Rubén Blades, actualmente ministro de turismo de su país después de años de presentarse como candidato presidencial, sigue trovando con buena voz y caribeña orquestación su Pedro Navaja, su Caminando, su Camaleón y muchas otras historias cotidianas de gentes humildes, esperanzas sencillas e injusticias corrientes. Bailar salsa con estas letras, por fortuna, no te sumerge en la indiferencia ni te escandaliza como tantas otras proclamas machistas del género. Y la sección de vientos y metales, tan bien coordinada con el resto, sonaba sublime. Me alegró también compartirlo con Elías y con esos cientos de personas anónimas que congrega tan maravilloso auditorio... Unos días después, el cartel festivo de Vigo nos regaló con la visita de un genial guineano-portugués que con sólo su guitarra y su hermosa actitud nos acariciaba los oídos y nos mecía todos los sentidos. Ya lo había escuchado antes enlatado gracias a algunas de las emisiones especiales de Cuando los elefantes sueñan con la música (en Radio 3), pero seguro que andaré tras su pista con más atención en el futuro... La descarga pop-rock del grupo coruñés Deluxe era harina de otro costal. Aunque no es uno de mis estilos preferidos, no tengo prejuicios y sí, más bien, mucha curiosidad por grupos como este con tan estupendas referencias del pasado. Las canciones sonaban contundentes, pegadizas y con sus toques de delicadeza oportuna. Desde luego, más originales y con menos aires de superestrellas que otros grupos de la escena pop-rock comercial a los que no soporto ni un minuto. Así que estupendos bailes y melodías para salpimentar la temporada estival.

 

 

 

 

 

 

Agua helada y dura,
luna de enero,
tu madreperla
es el silencio.

 

 

En la noche rasa
y el desamparo
-pizarra limpia-,
yo escribo claro.

 

En el espejo ciego
me paro a ver
el dolor reflejado,
la verdad al revés.

 

Tanto he sufrido y tanto
he ido olvidando,
que cuando escribo
no sé a quién le hablo.

 

Para saber si existo
canto y no sé
si lo que soy ya fui
o si seré.

 

Gabriel Celaya, Canción

 

 

 

 

Implacable desprecio por el arte

de la poesía como vómito inane

del imberbe del alma

que inflama su pasión desconsolada

de vecinal nodriza con eólicas voces.

 

Implacable desdén por el que llena

de rotundas palabras, congeladas y crasas,

el embudo vacío.

 

Por el meditador falaz de la nuez foradada,

 

por el que escribe ¡ay! Y se pone peana,

 

por el decimonónico, el pajizo, el superfluo, el obvio,

 

por el que anda aún entre seres y nadas

flatulentos y obscenos,

 

por el tonto tenaz,

 

por el enano,

 

por el viejo poeta que no sabe

suicidarse a tiempo debajo de su mesa,

 

por el confesional,

 

por el patético,

 

por el llamado, en fin, al gran negocio,

 

y por el arte de la poesía ejercido a deshora

como una compraventa de ruidos usados.

 

 

José Angel Valente, El inocente

 

 

 

Entonces

Entonces

 

 

“Era tal la cantidad de transparencia que las cosas tenían en aquellos tiempos que a todo lo invadía la confusión y la debilidad. Rodaban los sentidos, tomados por un fulgor excesivo que acababa rindiéndolos y los enviaba a la desorientación. Venían así hacia nosotros las mordeduras de las impertinencias.

 

Eran los años de la casa familiar. La casa: Rumores siempre de sumandos. El oscuro murmullo de los decimales en los precios. Sumar y seguir. Coser y cantar. Olores comerciales. Abrir y cerrar todo. Las trapas y las puertas. La música de los tirafondos en los cajones y la sabiduría de los envoltorios para poner a dormir un poco más las cosas sin arañarlas. Los años de la casa, tensa como una fruta recién metida en la boca que sólo se apaciguaba si caía la cáscara sobre los contratos de los sueños. Olores honrados y hoscos. A pez. A cuero quieto. La casa, la casa: escalones forrados de hules flatulentos que pisábamos fuerte, con la gula de quien supone que algún día en vez del aire muerto se levantará la melodía de una redención.

 

Y nos untábamos las manos con aceite para que no parasen en ellas las cosas demasiado. Todo eran transacciones, todo deslizamientos. Entonces era entonces.

 

Y luego salimos de la casa en busca de lo propio.”

 

Tomás Sánchez Santiago, Entonces era entonces

(en la revista literaria leonesa The Children’s Book of American Birds, nº 2, 2006)