Clarividencia. Cumbre. Bifurcación.
Ojalá. Reconstruir la deriva
del ahora.
Tejidos. Cómo cicatriza y se relega
su primacía. Marca del daño.
A sopesar. Frutos.
Fotografía: Chema Madoz
Clarividencia. Cumbre. Bifurcación.
Ojalá. Reconstruir la deriva
del ahora.
Tejidos. Cómo cicatriza y se relega
su primacía. Marca del daño.
A sopesar. Frutos.
Fotografía: Chema Madoz
Porque la ficción puede adormecer.
Y la cruda realidad duele hasta
lo inimaginable.
Escribir. Solo escribir. Solo dialéctica.
Apelo a lo que deviene
y se recrea.
Fotografía: Chema Madoz
Mis musas
son de carne y hueso.
Me visitan si cocino para ellas
hasta la saciedad.
Son golosas. Van a su aire.
Desnudan mis artificios
y torpezas. Aletean. Cumplen
su misión.
El amor, insisten, es perecedero.
Debería acostumbrarme
a la intemperie.
Fotografía: Chema Madoz
Desagües de la luz. Filtración.
Apenas transito a una nueva
incertidumbre.
Auspiciar los módulos, las escalas.
Prevenir lo que fragmenta
la levedad.
Volumen de contradicciones.
Asir tu mano. Torso. Aire.
Fotografía: Chema Madoz
Desde el subsuelo al infinito.
Nuestras alas ceden a la tentación
de aplacar las heridas.
Lentitud. Huesos. Articulaciones. A favor
de las corrientes.
Fotografía: Chema Madoz
El deshielo. La rehidratación.
Volvernos a encontrar. Como dos
auténticos extraños.
¿Cuántos siglos por delante
para el lazo, el sosiego? Salvar
la distancia de esa plétora
de lugares comunes.
Fotografía: Chema Madoz
Me concierne. Redundancia.
El ojo que nada.
El imposible mecanismo desprovisto
de eternidad.
Acercarme a ti.
Fotografía: Chema Madoz
Por muchas capas de cebolla
que lo cubran,
permanece su sensibilidad al frío,
su núcleo vulnerable.
Exposición. Baños de luz solar. Erotismo.
Mi poesía subterránea apenas
le ayuda a recordar.
Fotografía: Chema Madoz
El avión se sumerge en la nube. Perdemos visibilidad. Las turbulencias golpean el casco exterior y se perciben dentro del fuselaje. (El límite del aislamiento de esta cápsula.) Estoy tranquilo. Solo un leve mareo. ¿Para qué tantas molestias? Aquí, a tantos miles de pies de elevación. Hacer y deshacer la mochila, comprar billetes, confirmar la identidad, el control policial. La vida puede ser más sencilla, seguro.
¿Cuál es el motivo cada vez? ¿Es posible disfrutar del trayecto si te ataca el sueño, la inquietud, las distracciones? Hay dos niñas gemelas celebrando su fiesta. Conocer el mundo. Esa imposible ambición.
La mecánica de las alas. (Soberbias alas siempre desplegadas.) Los motores poderosos. El tren de aterrizaje. Los neumáticos. Pueden fallar, sí, pero ocurre en pocas ocasiones. Ya no me causan aquel pavor infantil. Miro con insistencia cómo se flexionan los alerones y pienso también en cuáles serían las últimas palabras de quienes sufrieron accidentes aéreos y en el enorme salto histórico de estos ingenios que nos suspenden en la atmósfera, que nos precipitan al vacío. (Obras de arte, por qué no. El futuro ya está aquí. Y no es la felicidad, precisamente.) ¿Qué pensarán ahora mismo los pilotos y cada miembro del cuerpo de azafatas? ¿En qué idioma?
Aún estoy insomne. Desconozco el poema que advenirá hoy. (Devenir, invocar, insinuarse.) Se han secado las gotas de agua en la ventanilla y sobrevolamos islotes. Islas unidas por lo que las separa o por erupciones naturales, lenguas de tierra, o mediante puentes y barcos. El sudeste asiático. La lentitud desde aquí arriba. Una pura ilusión óptica. Un exceso de movilidad consigue que desparezca el suelo bajo tus pies. Ahora. ¿Quién soy sin suelo? ¿Cómo he llegado tan lejos? ¿Qué haré en el lugar de destino? ¿Es esta una buena forma de envejecer o, simplemente, de seguir viviendo? ¿Marca el amor un precio demasiado alto?
Continúo con la lectura en inglés. Es sobre espacios y políticas. Me la aplico como una crema de manos: ¿Qué puede excitar mi reflexión y la rebeldía? ¿Dónde? Huir de los desiertos. Pero buscar refugios. También. Apacibles. Bellos y desbordantes de belleza, trance, tensiones. La permanencia no es menos agotadora.
Los cuestionarios de inmigración, el visado, que el pasaporte no expire antes de seis meses. De un azul intenso, estival. Abajo. Punteado por manchas blancas. Condensación. Metáfora. El océano.
Fotografía: Chema Madoz
¿Y si no consiste más que
en tejer, poco a poco, nociones
significativas?
O, con más modestia, en abonar
el terreno donde el amor pueda
ser fértil.
Fotografía: Chema Madoz
Aún no he embarcado y ya percibo
la inestabilidad. Fluidez. Turbulencias.
Llamas a mi cubículo. Qué mecanismos
obligan a mis órganos. Emprendo
el ejercicio de traducción.
Extraer de mí. Descentrar.
Brazadas rítmicas.
Fotografía: Chema Madoz
El vigor del mundo más que permanecer
afuera: su intersección consumando
la llama, la inercia, el desequilibrio
que no cesa de germinar.
No soy ajeno. Núcleo. Observador
cónico. Dos tercios me atraviesan,
otro se queda en mí.
Fotografía: Chema Madoz
Me sostienes. Catapultas. Amor es predecir.
Brecha. Fronteras de la identidad. Que el cuerpo
se desprenda de sus palabras, lastres.
Hendir, curar.
Fotografía: Chema Madoz
Mastico la luz que emite tu piel
elocuente y rosada. Colofón ebrio
del domingo.
Debemos dar y desprendernos. Dar lo valioso,
arrojar lo que petrifica. O así o el confinamiento
me asfixiará con su almohada.
¿Cómo resiste lo frágil sino con el cuerpo tenaz,
desvelando, en giro?
Fotografía: Chema Madoz
A ti, ya ajado y caído de todos los cielos:
mi líquido no te levantará.
La doctrina incubada en el dolor de la sombra
apenas se vierte.
Polinización, espesura, quiénes empuñarán
el mástil.
Anuncio un pretérito de vendajes
y operaciones para mantener a flote
los huérfanos.
Sé mi complicidad. Barrunto
que un arder de esencias se desvive.
Habla tu número en carne, huella.
En el presente laberinto se alza
el humo del pasado.
Fotografía: Chema Madoz
El desconcierto produce esta música.
Formas de amanecer, trayectos por el aire,
soledad.
No armonía. Solo templanza, vericuetos,
dispersión.
Fotografía: Chema Madoz
Has dado la batalla. El mundo ahí fuera
no es un jardín de rosas o por qué
primero, siempre, las espinas.
Si te admiro es porque no has malgastado
ni una bala de ternura.
Fotografía: Chema Madoz
Me faltan, sobre todo, tus palabras.
De imágenes ya hay una gran
saturación.
Cuando no estás.
Fotografía: Chema Madoz
¿A que tú también has sido atravesado
por el extrañamiento, el vacío, la rabia
y la perplejidad?
Y no puedes decir lucidez, futuro, amor.
Los peces anaranjados nadan
en tu garganta y braceas y te sumerges
tanto como sea necesario.
¿Cuántas veces querrás volver a morir?
Y saborear la minúscula sustancia
de lo efímero y alimenticio.
Antes.
Fotografía: Chema Madoz
La hora del alambique y la nuez.
Rastrear el diccionario. Adherirme
a tu cuello.
Fotografía: Chema Madoz