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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Cada vez que gira la manivela

de una caja fuerte

o se anuda la corbata

una transacción internacional,

 

muere una lágrima

en un océano implacable.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

Esta inercia. Los huesos

rotos.

 

La memoria no perdona.

Piel. Crepúsculo. Intimidad.

 

Todos vamos cayendo

tarde o temprano.

 

Y esa convicción apenas

edifica.

 

Eres aún, ahí, incandescente.

Eterno viaje.

 

 

Fotografïa: Sofía Santaclara

 

 

 

 

Se acabó el verano

y todo vuelve a la normalidad.

 

Herpes en la comisura de la boca

hambrienta de luz.

La agonía de lo lejano y doloroso

como polvo de estrellas.

 

Arrancarme la piel a tiras

por no saber, no decir, clausurar.

 

Hacen falta cereales, amor, leche.

Que las sirenas, el humo grueso,

la noticia, el cuadrilátero de esparto

no obstruyan.

 

Concentración. El silbido púrpura

de la brizna.

 

El mérito de persistir. La conciencia.

 

Vapulear a la sombra de la sombra

de la derrota porque no

eres tú -aunque llame dos veces.

 

Extrudir las astillas metálicas.

 

Dejo que lo ordinario

siga su curso y apunto ahí

donde interfiere.

 

 

Ilustración: Gustavo Vega

 

 

 

 

 

¿Qué necesidad de definir

este espacio híbrido,

informe, plagado

de ambivalencias?

 

 

Ilustración: Gustavo Vega

 

 

 

Este silencio

que se contradice

a sí mismo.

 

 

Ilustración: Gustavo Vega

 

 

 

 

La voluntad de las cosas

es aparecer

y esconderse.

 

Me dicen: vuelva usted mañana.

O: con la música

a otra parte.

 

Los pájaros se burlan

de mi ingenuidad.

 

Desde el equilibrio.

 

 

Ilustración: Joan Brossa

 

 

 

 

Luminoso reverdecer del cuerpo.

 

Convocar la sed de ti. Sangre

en mis manos, boca que anuncia.

 

Necesito que me edifiquen

tus palabras germinales. Celestes.

Enraizarme.

 

No regresa del vacío esa pluma.

 

La identidad fruto

de la navegación en un espacio

de ambivalencias.

 

Escindir. Reconocer. Madeja.

Soberanía, lentitud.

 

 

Fotografía: Francisco Vila

 

 

 

 

Es tan extenso

el mundo del error

 

que solo esta gozosa

singularidad,

 

el afán incipiente

del germen,

 

brinda la luz.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

Quizá una buena píldora

contra la resaca amorosa

sea la ascesis:

 

dejar de desear,

la abstracción

de las necesidades

superfluas,

el recogimiento.

 

Preferiría otro

presente

pero con este,

al menos, llego

a fin de mes.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

Aupar, encomiar, distinguir

y prestar atención

a esas estrellas fugaces

 

que iluminan modos de ser,

prácticas, materia ígnea

y nos sustraen

de este infierno.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

Siempre me digo

que esa ebriedad,

tanta dicha,

lo íntimo

y perturbador,

extemporáneo,

al margen de,

que atraviesa

cuerpo y alma,

lo que tú conoces

e inspiras,

es lo más

venerable

y no merecen pena

ni austeridad

que valgan.

 

Y si lo efímero,

la pérdida,

esta ruin ausencia,

vuelven a amargarme

el día,

solo invocaré

a la suerte,

nadar en tu memoria,

instigación

del ahí

y lo universal.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

Hoy he contemplado ese milagro:

una yegua dando a luz.

 

(En virtual, en diferido, poco altera

la sustancia. Lo recuerdo también

en toda su crudeza con seis o siete

años. Aquellos partos con ayuda

humana. Las cuadras. El pueblo.

El estío desurbanizado, la suculenta

libertad.)

 

El potrillo tan grande y ágil,

en cuestión de minutos. La madre

lamiéndolo.

 

Me corroen esas imágenes.

Los instantes de un largo ciclo

-cósmico, contingente-

de reproducción de la vida.

Mientras el planeta

aguante.

 

¿Por qué tanto empeño

en mirar para otro lado?

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

Rectifico.

 

Ninguna animadversión.

 

He danzado extenuante.

Cuando los placeres prohibidos

me llaman no suelo poner

objeciones.

 

Toda mi gratitud.

 

La conjugación imposible

de los planos y la belleza.

El infinito guarecido

entre la hojarasca.

 

Vibrar y temblar

en el seno de tus brazos.

 

Nado a favor

de tu corriente.

 

Vértebras.

 

Sintaxis.

 

Tan solo

melancolía.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

¿Escapatoria

o meditación?

 

Recuerdo el día

en el que el tiempo libre

empezó a mermar.

 

¿Y qué persigo?

 

Plenitud, el beso, justicia,

quimeras.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

Uno ya ha visto

mucha tierra quemada,

y cuánta aún por ver.

 

Por eso, al oír el aullido

invitándome a aullar, entro

a regañadientes

en la partida.

 

Lo que ya no me sorprende

es que a mitad del asunto

siempre se modifiquen

las reglas del juego.

 

Poca voluntad.

O resquicios.

 

Quizá solo hay lobos

bajo la tersa piel

de los lobos.

 

Quizá solo somos.

 

Manada. Reflejos

de la luna que nos

averigua.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

 

 

En mi poema

el principal personaje

es el que lee. Y lee

su propia

vida -porque la mía

apenas vale nada,

ahí.

 

Ya sé que no.

Que el instante y la

condensación.

Y el extrañamiento.

Las omisiones.

 

¿Y por qué

fragmentar el relato

que goza de todos los

parabienes?

 

No. No aguardes

respuestas aquí.

Fútiles.

Sólitas.

Que te regalen

los oídos.

 

Ama. Nombra.

Sin concesiones.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

La sala de urgencias del hospital,

esclarecedora.

 

La angustia y agonía de lo roto.

 

Las horas de paciencia bendita

hasta que alguien te brinde,

tal vez, su mano.

 

Pasillos fríos. Acero inoxidable.

Límites. Gasas.

 

Pienso en la muerte. Debo.

Para aferrarme mejor. Luz

leve.

 

Continuidad.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

Arañas de espalda roja

y de cola blanca.

 

Serpientes con mandíbulas

venenosas.

 

El océano oscuro muriendo

en la espuma.

 

Albergo pocas ilusiones.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

 

¿Cuánto pesa el amor?

¿Son sus raíces aéreas o acuáticas?

¿Es una fruta madura o un mecanismo

a lubricar?

 

¿Lo merecen más la flora y ciertos

animales domésticos?

 

¿Qué se ocultan del mismo

el común de los mortales?

¿Es acaso un espíritu de época?

 

¿Sobreviviré a su carencia?

¿Con qué estado de ánimo cerco

su materialidad?

 

¿Reconoceré esa melodía después

de la próxima interrupción?

 

¿Conviene mejor tratarlo a modo

de hipótesis figurativa?

¿Quién lo pronuncia en vano?

 

¿Por qué se enfanga tan a menudo?

 

¿Soy algo más que una isla herida?

¿Qué doy para abatir lo inexpugnable?

 

¿Qué proporción le atribuyo

al cuerpo presente?

 

¿Extraigo consecuencias de cada

derrota?

¿A qué plato agridulce se asemeja

el amor?

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

 

 

Mi lengua habla sola y en sueños.

 

En todos los continentes que he visitado

olfateo un humo insignificante.

 

Cuando se me rompen los nudillos

me pregunto contra qué sigo

golpeando.

 

Vuelta a la posición de arranque. Lunes,

domingo, arenas movedizas.

 

 

Fotografía: Chema Madoz