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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Mi hermano, el verso libre.

 

Amebas sagradas, narración, funicular.

 

Porque las espinas de la lógica, de lado,

atrás, viático que me conduce a ti.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

Necesito hidratarme. Para debajo de la superficie.

Expirar el sudor, abrir el paraguas, beber mucho.

 

Qué hacer con el duelo.

Qué preguntas podrían. ¿Por qué todas esas

violaciones?

 

Este calor húmedo, fuera, envés, aplastante.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

Quieres un festín. Salir de la cueva.

Que se pulverice el dinero.

 

Luz para el idioma prohibido.

Percusión.

 

Precede al arte de amar

y digo relámpago, hueso, senda.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

Mi cuerpo en mutación, empapado,

actúa.

 

Cavidad torácica. Retener lo sublime

y efímero.

 

Junto a tu vientre, pulso, labios, dirección.

Deslizarme.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

Después de haberlo intentado varias veces, la única forma de amar es entregándome como si no hubiera fin ni mañana. Olvidarme de la segura discontinuidad. No se trata de una actuación o farsa o melancolía. Es preciso creer, desterrar el pesimismo en cuanto aceche. Tomar las riendas. Todo es un lapso temporal, los afectos no son mucho más excepcionales en eso. Las creencias en el amor, tampoco. Están tan acotadas como el conjunto de una vida. Al conferirles valores absolutos ensombrecemos sus márgenes de acción, sus capacidades dentro de unos límites que, además, están siempre sobreentendidos para cualquiera que se halle vinculado. La gracia del asunto está en dejarlos en segundo plano, que la desmesura sea soportable. Que no molesten. Las idealizaciones de su inexistencia son incluso más perjudiciales, venenosas, tóxicas. No hay un amor donde alguien me conozca plenamente ni a la inversa. Hay intersecciones. Mutualidad. Respaldarse, restaurarse.

 

 

Fotografía: Chema Madoz

 

 

 

La materia como alegoría de la materia.

 

Lo primero que represento:

el ejercicio, la intención de representar.

 

Un péndulo que vuelca las fichas

del dominó. Los afectos

que acotan entre paréntesis.

 

Deshilachar los nudos vacíos.

 

 

Fotografía: Rosa Neutro

 

 

 

 

A estas alturas, ¿quién puede ser

indígena?

 

Atadura con grapas. Un nexo desvaído.

 

Aislamiento, confines. Mi geografía

se constituye por semejantes

orificios y relieves.

 

 

Fotografía: Rosa Neutro

 

 

 

 

He ido a encontrar, a elegir

en la "y" griega que ahorquilla

la naturaleza.

 

Lo desechado no lo es

para siempre. Objeto

al que coser las sombras

excéntricas.

 

 

Fotografía: Rosa Neutro

 

 

 

 

Desarmar la compasión que apunta

al menesteroso

por quedarse en mera

y atribuir al infortunio su falaz

anomalía.

 

Ni indiferencia, ni desprecio. Ni altares

u oraciones a los que escupen

los agónicos, aventajados alumnos

de los palos que da la vida.

 

¿Por qué se celebran la tristeza

y los rostros demacrados? La maldita

bifurcación. Los pilares.

 

En lugar de las brechas

en el encasillamiento. Lo incorrecto

del orden aplastante, el asco.

 

Lo que descentra de este mundo

las nociones de belleza, equidad,

resplandor. Porque no hay tiempo libre,

solo muerto. Espera, asfixia,

intriga.

 

 

Fotografía: Rosa Neutro

 

 

 

 

 

 

 

Entiendo tu angustia. ¿Por qué ya no

vienen las palabras a los dedos,

a la soledad?

 

¿Se han secado las aguas en el fondo

que siempre oíamos?

 

¿Cuánta pasión por la vida, esa métrica

absurda, debe nutrir, trazar su tilde

diacrítica?

 

Entiendo, pero eso no soluciona nada:

hay que hacer, deshacer, descreer.

Que la puntuación no dispare

a los pájaros.

 

Tomarse licencias poéticas.

 

Interrogarse a cambio: ¿dónde duermen

los delfines?

 

¿Por qué el amor a cuentagotas?

 

 

Fotografía: Rosa Neutro

 

 

 

 

Dejar escrito

cómo redoblan

los tambores.

 

La perforación, la inquietud.

Asimilar dentro.

 

Los cerezos en éxtasis, granados,

su pulpa, la sombra.

 

Cómo amarte,

y seguir.

 

Intenciones. Más que

huellas.

 

 

Fotografía: Rosa Neutro

 

 

 

 

Tú y yo sabemos que es necesario

marchar. Y volver. Y quedar siempre

anclados en el corazón

que se abre.

 

También estamos de acuerdo

en las bondades y desventajas

de tener cada cual

su propio credo.

 

Y agilidad, cintura, gafas auxiliares.

Que los eventos azarosos

no dictaminen.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

A las siete de la mañana, antes

de que me achicharre este calor de julio,

salgo al bosque y veo campar a sus anchas

la superpoblación de conejos.

 

Y pienso en su alegría presunta cuando

brincan a placer porque no debe haber

depredadores, zorros, aves rapaces

o hambrientos que les acechen.

 

Si los hubiera pienso en las ventajas

que reportaría la velocidad, el don

del escamoteo o la apariencia poco

apetitosa para sustraerse del banquete

ajeno.

 

En última instancia, al animal cazador

le importan tres cominos

las disquisiciones intelectuales o la

individualidad de sus presas, pienso,

pues se trata de comer una entre

las muchas que se dispersen

en desbandada.

 

El mismo terror. Semejantes axiomas.

Quienes imitan o configuran a su medida

la naturaleza cruel. Así, los dueños

del capital que ni siquiera necesitan

levantarse temprano.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

 

Excepto la que emerge al escribir.

Entre las teorías remanentes.

Después de divagar, planeo, me poso

en la rama.

 

¿Y qué puede contener? Todos

los nombres. Lo único que merecen

es una forma, un cómo.

Mi singular punto de equilibrio

rodeado por el vacío.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

Las flores no sirven

para nada más.

 

Si prende la mecha es

porque todo a lo largo

del corazón

era inflamable.

 

Por eso la lógica

de tu cuerpo y de tu voz

nutriéndome.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

Comimos de las espinas.

De su pecho brotaba un pulpo

sin coraza.

 

Lo inexplicable es la supervivencia.

 

Es mejor que no le haga mucho caso

a la costumbre de añorarte.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

Unos jubilados alemanes piden chinchos

y xouvas a mi lado, y una botella de Albariño.

 

En lugar de deudas y tragedias, su sonrisa feliz

y pensionista, su pelo níveo, el sol del noroeste

generoso hoy.

 

¿Cómo será una vida sin más preocupaciones

que la elección del menú? ¿Qué nos merecemos

por nacer a un lado de la tormenta? De verdad,

¿qué nos merecemos?

 

Hoy no pretendía dedicarme al género

costumbrista. Pero hay tanto jaleo en casa,

un sobrino de cuatro años, si lloverá más tarde,

qué vamos a cocinar, planes, playas,

que es imposible escribir.

 

No estamos en Grecia, pero me siento

en una roca a contemplar lo absoluto

como un dios del Olimpo.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

 

¿Para qué vuelvo a la luz y al agua?

Para reivindicar mi memoria, lo que fui,

cristales, aspiración, arena.

 

Las islas que protegen la bahía nada saben

y su permanencia tamiza.

 

Las vanas raíces. Extrañamiento, entender,

traducir la disolución de las huellas,

surcar a través de los despojos

que se arrastran.

 

Marea muerta, verano, pan,

salobre.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

El dedo indicativo señala su propio gesto.

La luz que ensombrece

uno de sus lados cilíndricos.

 

Yo soy portador de una extremidad

semejante, lo que me equipara

a otros seres animales dotados

con hipótesis.

 

En la niebla que puede acontecer

sobre estas olas encrespadas

instigo tu voz liminar.

 

 

Fotografía: Man Ray

 

 

 

 

 

Más que nómada, el afilador.

 

En bicicleta

a donde no puedo

regresar

por el mismo camino.

 

Hallarte con las arenas, la piel,

lo que se adhiere a causa

del porcentaje de azar.

 

Que distingo

y relamo.

 

 

Fotografía: Man Ray