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ateo poeta

De amor ha sido la falta

De amor ha sido la falta

 

Aquí ya está el milagro,

aquí, a medio camino

entre la bendición, entre el silencio,

y la fecundación y la lujuria

y la luz sin fatiga.

¿Y la semilla de la profecía,

la levadura del placer que amasa

sexo y canto?

Esta noche de julio, en quietud y en piedad,

sereno el viento del oeste y muy

querido me alza

hasta tu cuerpo claro,

hasta el cielo maldito que está entrando

junto a tu amor y el mío.

 

Claudio Rodríguez, Casi una leyenda

 

llueve sobre mojado

llueve sobre mojado

 

Prefiero los veranos templados, verdosos y

húmedos como el inquietante deseo que

traslucen tus iris. El paso de ciclistas con

sus axiomas metódicos y antiguos tranvías azules

a una velocidad media, sin mayores estridencias.

Prefiero el coro de todas las brisas que mecen

a los solos y a los soleados. Desde cualquier punto

de vista, inclusive el del tiránico corazón. Demasiada

calma contradice la clarividencia del espíritu,

la floración de sus invenciones, de sus humores

y finos desacuerdos. Prefiero a los cánidos que pasean a

sus omnívoros dueños, pero eso ocurre en todas

las estaciones y el principito no tiene quien le escriba.

Prefiero un poco de lluvia que alegre lo seco y

dar un poco sin pedir a cambio porque también

se llega peleando a la plata o al bronce. Soy

caprichoso, tengo apetitos, puedo, incluso, amarte

a lo lejos sin un plan preconcebido para resistir

al invierno. Pero también soy proclive al ascetismo,

a veces torpe, y a la incrédula contemplación. Por eso

me confieso: ¡vivan las aves migratorias y las bayas

silvestres! ¡calcúlense las áureas proporciones de las

onomatopeyas! ¡cuelguen sus hábitos los carceleros

del desierto! ¡que nos reciban abundantes las fuentes

de nuestros destinos!

 

Amanecida

Amanecida

 

Dentro de poco saldrá el sol. El viento,

aún con su fresca suavidad nocturna,

lava y aclara el sueño y da viveza,

incertidumbre a los sentidos. Nubes

de pardo ceniciento, azul turquesa,

por un momento traen quietud, levantan

la vida y engrandecen su pequeña

luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero

venturosa, porque ama. Casi a medio

camino entre la noche y la mañana,

cuando todo me acoge, cuando hasta

mi corazón me es muy amigo, ¿cómo

puedo dudar, no bendecir el alba

si aún en mi cuerpo hay juventud y hay

en mis labios amor?

 

Claudio Rodríguez, Alianza y condena

cabalgan a sus anchas

cabalgan a sus anchas

 

Lucho contra esas huestes de ruido y

oropeles en su resecar y olvido. Lucho sin

luchar como se respira y se embalsa el vacío,

esperando paciente su acoso en consigna, alerta

a su rúbrica de seducción inane. Se agazapan y se

disfrazan, se embridan a la jalea de la soledad

con su doble rostro al azar. Cuando llega el recaudador

huyo campo a través y oficio mi lavativa ante la

claridad de la luna y el aullido del miedo. Febril

y taciturno sé que demora su triunfo el corcel dorado

con el que me incitas a residir en el delirio,

ausente del rocío rapaz. Te reivindico, sólo eso.

No cejaré en el empeño de encontrar la voz aunque

haya que perderse en un lánguido horizonte azul

turquesa. Esperaré atento a que me inunde el instinto.

No hay animal más audaz que el que simula

seguir la corriente. De presa en presa bebe y se

dulcifica. Desconfía de quirománticos y mendigos.

Como un impulso a sortear las hierbas venenosas,

también las que medran en mis sienes. ¿Podremos

conferirnos el júbilo de desgranar, capítulo a capítulo,

las premisas de la buenaventura? ¿Nos daremos el

banquete de los montaraces cuando contemplemos

el refulgir de nuestro sosiego victorioso? Hebras de

armonía como la resurrección de la primavera, socorro

mutuo ante el enigma de la desbordante belleza por

doquier. Sólo hay que dejarse tallar por su diligencia,

volverse memorable, punto cardinal, espacialidad en

ascenso, trabajar menos, hincarse en la tierra.

Sólo lucho, primero, contra mis propios ciclones.

 

incitación a la persistencia

incitación a la persistencia

 

A la sombra del rayo, el reposo íntimo

y la humilde paz del verso aéreo.

 

En la llegada fermenta la vida mejor y cuido

de las raíces al raso. Sólo saber estar concede

la próspera delicadeza de la brisa.

 

¿Para qué, si no, mudar sin hacer surco, sin

despejar el ramaje del tránsito con la conciencia

de la amanecida?

 

aleaciones

aleaciones

 

¿Qué podemos aprender del dolor esparcido?

¿Qué podemos aprender de los instantes de euforia?

¿Acaso brota en ese suelo la belleza?

 

¿Es todo una fruta amarga, una errática confusión de

atmósferas y veleidades?

 

Si me dices que amas el discurrir lento del agua en

deshielo, me lo creeré.

Si me pides una mística de lo pretérito para enarbolar

un concepto natural, te la proporcionaré con mil cantos.

No habrá sitio para otras deudas.

 

Los animales sólo necesitan la caverna para guarecerse

de los temporales y para conciliar el sueño.

 

 

blanco sobre negro

blanco sobre negro

 

 

Brotarán hiedras verdes y vigorosas, mansos pétalos

suscitando la atracción de la vida, trinos afinados.

Entre las ruinas brotarán opúsculos hedonistas o la

ciencia de quienes abrazaron al tiempo. Brotarán

los murmullos del silencio, frutos suculentos, pupilas

húmedas con la armonía de los gatos.

 

El epílogo de una época de quimeras tiránicas es

exactamente idéntico al preludio de una humanidad

clemente y lúcida. Austera y cósmica, abundante de

dicha y de alimentos infantiles.

 

Enterradas unas quimeras, ¿tendremos derecho a la

arquitectura de vínculos blancos? ¿Nos saciaremos con

versos añejos y dulces licores? ¿Sabré regalarte rosas sin

espinas?

 

 

 

 

Esta noche soldados israelíes han matado a unas quince

personas que navegaban con víveres rumbo a Gaza.

 

Nadie puede negar el valor poético de la redundancia, así que

insisto: Esta noche soldados israelíes han matado a unas quince

personas que navegaban con víveres rumbo a Gaza.

 

No deja de dar vueltas en mi cabeza. Quiere anular todo mi

éxtasis. Nuestro esplendor sexual en el corazón de la tarde. El anís,

la luz a chorros inundando la alcoba, nuestros cuerpos ligeros como

gacelas deslizándose entre enjambres floridos.

 

Y no puede. No puedo dejar que pueda. Cada cual tiene su poder,

bien lo sabían quienes embarcaban rumbo a esa cortina de

silencio y formol que nos adormece y nos fulmina entre los

algodones de nuestra comodidad.

 

¿Debo estar triste o sólo ser realista? La política tiene sus muertos,

entra dentro de los cálculos. Son carne de una estructura contable parecida a

los hurtos en los grandes almacenes. Cada cuerpo enamorado o

triste, deudor de facturas o acreedor de esperanza, en tierra firme o

con un rayo de dignidad en su cerebro flotante,

vale menos de lo que vale su soplo de vida. No hay más atmósfera

que ésta.

 

Ese silencio. Esa mordaza. Nuestras noches locas, la poesía entre

bambalinas y recitales asépticos para jóvenes consumistas. Matar

sí que es un acto ilocutorio. Una muerte de toda palabra con las

palabras más falsas, las artimañas del terror, la doble lengua

de quien empuña la piedra y multiplica el dolor. Más silencio.

 

Me imagino la brisa fría de la noche y el tronar de los helicópteros

en aguas internacionales. No puedo quitármelos de la cabeza.

 

 

¿Qué nos hace seres complejos sino la mirada

clara, el cuidadoso cincelado desde lo subjetivo?

 

 

direcciones del alma

direcciones del alma

 

Direcciones del alma fuera de este lugar. Me gusta viajar
a una aldea que no ha colgado en sus cipreses
mi última tarde. Me gustan los árboles
sobre la azotea de una casa que nos ha visto atormentar a dos pájaros y nos ha visto cultivar los guijarros.
¿Por qué no pudimos cultivar nuestros días
para que crecieran despacio hacia las plantas? Me gusta la lluvia que cae
sobre las damas de las lejanas praderas. Un agua que ilumina y un olor compacto cual piedra.
¿Por qué no pudimos descuidar nuestras edades
y contemplar más el último cielo, antes de que se ocultara la luna?
Direcciones del alma fuera de este lugar. Me gusta viajar
a donde me lleve el viento. Pero no me gusta llegar.

 

Mahmud Darwish, Menos rosas

 

 

 

lo demás es silencio

lo demás es silencio

 

Todo está aquí; todo, lejos. Todo brilla por su ausencia,

se ilumina en su contrario y, uno con él, es la llama,

o, anónimo, se esparrama y es la distancia que canta.

Hay figuras, quizá dioses, que con su instante se acaban,

dejan sólo, trascendente, cierta brisa que se alarga,

y hay mareas que nivelan poco a poco los asaltos

desmedidos de unos seres que, orgullosos, se creen centros.

Todo es único. No es nada. Visto y no visto sucede;

y es lo menos formulable, y es lo más indispensable,

lo más o menos que humano, lo no objetable que existe,

lo amargo y seco que aprietan las semillas tumultuosas.

Si se repliega es conciencia; si se despliega, existencia.

Si se repliega es la entraña con sus músicas más turbias.

Si se despliega es el agua con su dulce palma oscura.

Si se repliega es convulso sobresalto ante el abismo

donde una rueda pensante gira en cero o cielo, y calla.

Si se despliega es la noche con sus vívidas estrellas

como dolores cuajados de imparciales solitarios.

Si se repliega es el hambre del loco de amor: la medusa

succionante y sonrosada de un anhelo silencioso

y esas cavernas sexuales o mentales que los machos

abren, piensan, dejan luego como un inhóspito hiato.

Si se despliega es la tierra cereal, mansa, nutricia,

la abundancia trepidante que cubre cualquier pregunta,

las olas que alisan, lentas, las arrugas del cansancio,

la pleamar revelada; lo perpetuo y lo continuo.

Si se repliega, es conciencia; si se despliega, existencia.

Si se repliega es el hombre con sus eternas cuestiones

que a sus pequeños dolores pone nombres trascendentes.

Si se despliega es el mundo con sus pardas presencias,

tan estúpidas, tan bellas, tan sin razones completas

que el ser consciente se aturde vertiginoso de ausencia.

 

Gabriel Celaya, Lo demás es silencio

 

 

 

 

Si vivir fuese un milagro (porque lo hacemos,

porque lo agradecemos, por nuestra devoción)

 

los sueños dejarían de ser un delirio (vano,

evanescente, incapaz de restañar).

 

 

 

mi cerebro es una rosa

mi cerebro es una rosa

 

 

“Todo hombre es en sí un continente, no una isla. El deseo del hombre es deseo del otro. Por ello, cuando alguien cae, caemos todos con él. Por ello ninguna tragedia es concebible en solitario, llovida del cielo. Es más, la soledad es imposible: está poblada de fantasmas. Y viceversa, de mi tragedia tu oscuridad emana. No eres un hombre, estás marcado por la oscuridad. Por no haberte arriesgado a perder el sentido, he aquí que careces de él. Lo dijo Derrida: “Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo.”

 

(…)

 

El cuerpo es un hacerse, un cuerpo subjetivo o fenomenológico, y tras de la gestualidad amanerada del sujeto está la payasada del loco, inventora de la única posible identidad. Ésta es aquella en la que el hombre ríe de sí mismo, y baila fuera de lugar y de espacio, en ese terreno de la locura que fuera hasta hoy terreno de nadie.

 

(…)

 

El hombre se crea (…) por la apropiación de nuestro cuerpo por un ’intercambio de miradas’, la soledad es siempre mítica y anterior al hombre. Que la incomunicación vuelve loco, lo sabe cualquier carcelero. Sin embargo, hasta en la celda más sola no dejo de pensar en ti. Y al decir en ti me refiero a un otro que no es el prójimo cristiano, más parecido éste a lo Lacan llamara l’autre imaginaire que a una auténtica proximidad. Sólo si me suicido pierdo de vista al otro, y ni aun así, por cuanto el suicida, que no quiere morir, piensa siempre en lo que se dirá de él después de muerto. Sólo si me emborracho pierdo de vista al otro, y ni aun así, por cuanto sólo el borracho piensa en términos de amistad. Por el contrario, el que se casa, buscando al otro, celebra sus bodas consigo mismo, con su película particular. No hay que olvidar que el odio es una manera particular de no estar solo.

 

(…)

 

Lo que nos pierde no son las drogas, sino la soledad.”

 

Leopoldo María Panero, Mi cerebro es una rosa

 

 

Hay hombres como Panero que refulgen y destellan, pero también deprimen. Sus creaciones nos muestran una dialéctica primordial entre el deseo y el sufrimiento. Sus reflexiones abstractas nos devuelven constantemente a las miserias del hombre que huye de sí mismo para no dejar de encontrarse, una y otra vez, siempre distinto. Exprime lucidez extasiante, desvela gránulos de belleza, pero todo lo envuelve en un abismo de cábalas narcisistas, generalizaciones como meteoritos sin escrúpulos. Lo que nos fascina y embelesa nos hace dudar de nuestro vacío, de nuestra banalidad. No cejamos de hacernos, de rehacernos, de intentar ser hasta que dejamos de existir. De lo contrario, ya estamos muertos en vida, enterrados en nuestra soledad autista, encerrados en la ilusión de la compañía, de la amistad, del amor. Panero es valiente y voraz, un diseccionador misterioso de nuestras circunvoluciones neuronales, pero sospecho que también es desdichado y consciente de las fuentes de su vagar. Por eso es loable su lucha, y un viaje incierto, preñado de esclarecimientos, aunque a veces extenuante, el internarse en su literatura.

 

 

 

ejercicios de estilo

ejercicios de estilo

 

 

Y tu vida, tú, ¿qué conoces de tu vida?

Y él, allí, ¿qué conoce él de su vida?

Allí, todos los que se la imaginan

Todos los que en este vasto combinado

 

Actúan como quisieran

Como si supieran lo que quisieran

Como si quisieran lo que quisieran

Como si quisieran lo que saben

Como si supieran lo que saben

 

Raymond Queneau, Chêne et chien, II, 45

 

 

 

Es verdad que hay que decir que nieva cuando nieva

es así como nos hacemos comprender

es diciendo que nieva cuando nieva que se

vuelve agradable conversar con personas

que dicen que

el tiempo lo quiso así que nieve cuando nieva

y es así que vivimos en sociedad sin dificultad

alguna y

es así como nos hacemos amigos y

es tan fácil decir que nieva cuando nieva

mucho más que decir que llueve

en efecto

es pretencioso decir que llueve cuando nieva

pero ¿dónde puede anidar la poesía en todo esto?

 

Raymond Queneau, La chien à la mandoline, 108

 

 

 

 

Un plano de realidad estriado:

 

exhausto, el recorrerlo punto a punto;

a vista de pájaro, la sospecha, el desasosiego.

 

 

 

 

Propugnamos la bonanza simpatética

y pluscuamperfecta para salvar los escollos.

 

 

 

 

 

¿Cómo puede volverse sólido lo que fluye,

ondula y se disipa?

 

¿Nos sacia su constancia, empero oscilante,

o instaura el mito y el enigma?

 

 

 

una flor

una flor

 

 

Hay vidas que duran un instante:
su nacimiento.

Hay vidas que duran dos instantes:
su nacimiento y su muerte

Hay vidas que duran tres instantes:
su nacimiento, su muerte y una flor.

 

Roberto Juarroz, Poesía Vertical V

 

 

 

poema 12

poema 12

 

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.

 

Oliverio Girondo, Poema 12 (Espantapájaros)

 

 

 

Los muslos de la mujer eran largos y húmedos. El fino vello brillaba dorado al sol. Interminable profundidad sin fondo de la piel. Cuando reía, parecía su risa estremecerle el sexo y desatar bandadas por el aire de indeclinables pájaros. Brotaba allí, me dije, como otras tantas cosas de la naturaleza.

 

                                                                                                                       (Jardín botánico)

 

Bebí de ti, bebí, te succioné,

animal sumergido entre los pliegues

de tu anegada claridad.

 

                                      Bajaban

incesantes las aguas

a las gargantas trémulas de luz.

Entrañas, aves, palpitantes

burbujas de entrar

tu cuerpo en mí.

 

 

                          De ti bebí

hasta nacer el día de mi boca,

como ventosa oscura en la frontera

donde gorjea el despertar.

 

José Ángel Valente, Material Memoria