Dirimir adónde conduce
el desequilibrio, la inevitable
expiración de la armonía,
la herida luminosa del deseo.
Cuando en la ciudad se obstruya
el tránsito premeditado
y decidamos hasta qué límite
escarbar en la nada.
Fotografía: Masao Yamamoto
Dirimir adónde conduce
el desequilibrio, la inevitable
expiración de la armonía,
la herida luminosa del deseo.
Cuando en la ciudad se obstruya
el tránsito premeditado
y decidamos hasta qué límite
escarbar en la nada.
Fotografía: Masao Yamamoto
Llamarle pobreza a aquel olvido del mundo
por causa de la catarata vertiginosa
que en lo insólito sucede
y por la fe solidaria en el desierto
de las mutuas aproximaciones
o la omisión de banderas
en esta superficie nocturna pero habitable,
es propio de gramáticas con una imperiosa
necesidad de cuidados extremos.
Fotografía: Masao Yamamoto
Lo extraordinario es lo crudo,
la rugosidad, la amalgama.
La luz del deseo desprovista
de superfluos oropeles.
La fractura que nos une
en el tránsito herrumbroso.
Hallarte cómplice, en asedio
a todos los ángulos
de la finitud.
Fotografía: Masao Yamamoto
Qué otro resplandor más beneficioso
que el del cuchillo clavado en el hielo,
como si el rojo abdicase en el relente
que se coagula en las esperanzas
de los insomnes.
Fotografía: Masao Yamamoto
Su verbo desatado, ciñéndose a la ráfaga,
de austera alimentación.
Acumulaba sabiduría y dignidad: ir al trote
y sostener la flor amarilla como ejemplo
de una luz que enturbia lo caduco.
Las revoluciones y sus ocasos y los estudiantes
que vuelven a sembrar la duda acerca
de la voracidad del tigre.
Fotografía: Masao Yamamoto
Cada palabra que no digo
te cede el turno.
Nadie completa a nadie.
Somos los vástagos de las dunas.
Fotografía: Masao Yamamoto
Degollan. Linchamientos. Ejecuciones
sumarias. Vendar la mirada a la raíz
y al seno donde la canción primera.
Renacen las cuerdas vocales
sin el estigma, pero cómo sostener
su poder curativo.
Fotografía: Masao Yamamoto
Habito en la sombra de los desplazados:
los privados de continuidad.
Los oigo hablar desde lejos,
al acostarme entre sus sábanas.
Un murmullo inconfundible. No es
tráfico ni hedor a muerte. Cada
amanecer es una lucha.
Fotografía: Sarah Moon
¿Somos mejores que la inercia
del péndulo? Guerra y paz
de las verdades mutiladas.
Ojo por diente.
Por eso la hibernación y el delfín.
La diáspora. El sufragio
de los cuerpos con otro tipo de alma.
Fotografía: Maso Yamamoto
En trance de germinar, fiel
al punto de apoyo, encarnación
del movimiento que se opone
a la escasez.
Y dilucidas con maestría
los confines de cada juego.
Fotografía: Masao Yamamoto
En la primera línea, la conclusión.
Qué desaliento. A qué charca irán a beber
los zorzales. Los veranos y las encinas
pertenecen a los niños. Es absurdo determinar
lo único del alba y del horizonte.
Desconocemos las premisas
y los silogismos marcados a hierro.
Fotografía: Masao Yamamoto
Nadar en la superficie
puede ser penoso. La inmersión,
mortal, si excesiva. Los dioses
sólo vuelan hasta que el sol carboniza
sus alas.
Lo que nos es dado: un estrecho margen
de esfuerzos alternativos.
Suceder mientras el amor
toma sus decisiones.
Fotografía: Masao Yamamoto
Nombrar. Con lentitud, como aprendiendo
cada vez el sustrato. Con parsimonia,
incluso, aunque sea exasperante.
Y darle un giro de peonza intencionado
que aúne sus matices. Hasta que se rinda
la velocidad.
Fotografía: Masao Yamamoto
En caliente, en el momento del rasguño
ni siquiera percibes que ha ocurrido.
Eres un vector de la lucha. Saliva
de la estrategia, carne erizada.
Un sacrificio por el bienestar
del océano.
Ya en el silencio, el dolor visible
y qué animal se acercará a lamer
la herida.
Fotografía: Masao Yamamoto
Los cuerpos despiden fuego y nostalgia.
A más de lo primero, más de lo último.
Es la ley de la combustión. Sucinta.
Inapelable.
Memoria o reflejo del abismo celeste.
Al lapso que nos ocupa a menudo
lo acompaña una cierta hipnosis
musical.
Fotografía: Masao Yamamoto
No me escondía por afán de erigir
un monumento a lo clandestino.
Escuchar los axiomas, si los hubiera.
La voz secreta: si mía. Ver el punto
de fractura de la rama.
Menos que un antojo, vocación.
Para dar a luz los residuos
del metabolismo.
Fotografía: Masao Yamamoto
Las ausencias perfilan una sonrisa.
¿Por qué nos obligamos a lo urgente?
¿Qué entrañan? Al cabo de periplos
o meses regresas de esa nada y quién
sabe lo que ha proliferado.
Fotografía: Masao Yamamoto
Está lejos del alcance de la mano
el ave de la comprensión única,
esclarecida, la del ojo que enfoca
sin trastorno. Porque los rizos del vuelo,
la edad a cuentagotas, las ligeras
y esenciales mutaciones.
No debo interferir ni dañar.
Al contrario: alinearme
con quien rejuvenece
la dulzura y la espiga.
Que antes de la próxima lluvia
se reseque el rencor.
Fotografía: Masao Yamamoto
El método de conseguir que lo inolvidable
perdure unos segundos más. Nuestras quimeras
son limitadas, al menos en comparación
con las fuerzas hiperrealistas.
Leer tus labios. Expandiéndose.
Una luminosidad que apaga las vanidades.
Fotografía: Masao Yamamoto
No se precisan soberbios ingredientes
para la dieta espiritual o para expedir
el certificado de salvoconducto.
Basta con dar rienda suelta
a la generosa sedimentación tras
la película de hielo o entumecida
en el revés de las costuras.
Fotografía: Masao Yamamoto