Blogia

ateo poeta

 

Los actos protocolarios

son un auténtico paripé.

 

Todos lo saben

y eso es lo que más me divierte.

 

Excepto algunos pedantes

que hasta en las mascaradas

pretenden hacer sus negocios

como si tal cosa.

 

 

Fotografía: Celia Díaz

 

 

 

 

Miraba lejos,

me hacía el remolón.

 

El tiempo discurría

sin importarle

su destino de marismas.

 

El exterior allí,

seguro, tan presente

y a punto de desaparecer

como este verano

moribundo.

 

 

Fotografía: Celia Díaz

 

Enseguida

el sujeto del presente

reconocerá

los vínculos

de todo lo orgánico

con lo material.

 

Ahí nace todo derecho,

la deuda

y la obligación.

 

Y una larga historia

de lamentaciones.

 

 

 

Meticulosa gratitud

hacia los elementos

y dimensiones

que nos surten

incluso en la más aciaga

brevedad.

 

 

Fotografía: Walter Chapell

 

 

Con las piedras hablar

y con las fachadas tristes y caducas

y eludir el parpadeo mecánico

de los semáforos porque, si no,

apenas vería quién los cruza.

 

Sea locura propiamente o llano

desapego de las figuras bélicas

del mundo, hablar con el júbilo

celeste que se disemina

y con la virtud del agua.

 

De estas conversaciones con lo material

dar cuenta en caso de ser interrogado

por las cicatrices.

 

 

Fotografía: Dimitar Variysky

 

 

Fútiles las palabras desgajadas

de la complexión del cuerpo.

 

Acaso ir a otro lugar, deshacer

los ejercicios espirituales y la estridencia

mantenerla a raya.

 

Elogio, en cambio, del acercamiento afín

a las partículas de la brisa.

 

 

Ilustración: María Mjollnir

 

 

Poroso

y extraño el lenguaje

que se ramifica,

se encarna,

borra sus huellas,

da calor

y apenas es útil

para nombrar

este silencio.

 

 

Fotografía: Rebeca Mateos

 

 

Vientos que me regalan los oídos

ahora, ya exhausta

la noche de luces mínimas

y la quietud,

 

nada mejor para revelar

las estribaciones

de un territorio baldío, ese a cuyo

avance le oponemos siempre

barreras perfumadas y mortales

de vegetación.

 

 

Fotografía: Zszislaw Beksinski

 

 

 

Llamar casa a qué espacio

por delimitar.

 

Dónde la conocí afirmativamente

si atravesada por el humo

y el espejismo del regreso

y esa respiración

aludiendo a los días

soberbios

de euforia.

 

 

Fotografía: Lluis Tudela

 

 

 

Aquí un materialista que prefiere la alegría.

 

Aquí, no menos, los fósiles de las ruinas que vendrán,

inevitables, por mucha religión, por mucho amor,

por mucho escepticismo aerostático.

 

Aquí lo ausente y lo bello,

lo tenue,

lo invocado entre líneas,

el esbozo sin concreción de texturas ni pigmentos,

la realidad plegada

como un ajuar,

 

las distintas vías posibles

por las que encontrarte.

 

 

Fotografía: Herbert Matter

 

 


 

Y, de repente, aquí en medio,

aparecen

un teléfono oscuro, unas cifras notables,

los apuntes de una reunión

nada voluptuosa,

anagramas que no recuerdo,

el nombre de una calle en otra ciudad,

fechas congeladas, versos a medias

y una frase ininteligible

que recapitulaba toda nuestra

historia de amor.

 

En el resto de páginas constan

mis evasiones habituales.

 

 

Fotografía: Silja Magg

 

 

Las grúas de la construcción

con su forma de garza

y de nuevas catedrales.

 

Los símbolos de la voracidad

picoteando en la ciénaga.

 

Todo lo que erigen

palidece

ante la mímesis ulterior.

 

Esta revolución permanente,

tan deseada por ideologías

de distinto pelaje.

 

 

Ilustración: Katsumi Hayakawa

 

 

La gran ventaja del poema

es que permite la experimentación

sin jueces malhumorados,

las artes amatorias

sin la obligación de hacer la colada,

la intriga política

sin mancharse las manos.

 

 

Ilustración: Banksy

 

 

Una porción más de esa tarta con propiedades alienantes y vasodilatadoras, por favor.

 

El gobierno ha dado luz verde al programa de construcción de dos nuevos portaaviones sin grandes florituras.

 

Ese reluciente y seductor molar superior izquierdo precisa ser extraído con la máxima urgencia a riesgo de una debacle de sus inversiones a corto plazo.

 

Carguen, apunten, ¡fuego! Esa consigna pasará a la historia. Nuestra larga marcha hacia el progreso nos recomienda ahora la administración de inyecciones letales. Según los resultados de una auditoría con un sabor agridulce.

 

A nadie le golpea un coco en la cabeza en el meollo de sus vacaciones tropicales con el fin de culminar un transplante de órganos que aterrizan en el hospital a bordo de un objeto volante no identificado.

 

Quién puede no amar los colmillos de un perro abandonado o los mágicos artificios que operan en la peluquería.

 

Allí donde izan la bandera de satén descolorido es porque alguien les ha gastado una poesía macabra.

 

El deseo de ostentación aplaca las amarguras del coito con la tarjeta de crédito.

 

¿Cuántos segundos duele en la memoria la imagen de un niño con hambre de todo?

 

 

Ilustración: Miguel Brieva

 

 

 

La confusión

en las portadas de los diarios:

una bala aquí,

una opinión allí.

Ilustres nombres

y números sin nombre.

 

La infamia queda siempre

por esclarecer.

 

 

 

Enajenar las horas

y el gesto servil

troquelados

por la enajenación.

 

Sustraer los alicates

y los utensilios de tejer

el vocabulario

previamente sustraído.

 

Usurpar sólo como forma

de restituir el olvido

de lo intangible y común,

la extracción de lo germinal

que padeció

la violencia primitiva.

 

 

Fotografía: Jack Garrofalo

 


 

Extenuantes

los umbrales y las transiciones

de fase.

 

Buscar no es un verbo, más bien

un estado físico no sólido.

 

Golpes como puños

recibir

en los puños emitiendo golpes.

 

Verdades, las justas.

 

Cuándo la humanidad

y la leve mutación del árbol

en alianza.

 

Sospecho lícito del silencio

que me seduce.

 

 

 

Tu dulzor

se insinúa como

un simulacro.

 

Es la vertiente

más amable.

 

 

 

Yo he perdido la forma lineal,

el hormiguero, las inclemencias

y la pigmentación de la ansiedad.

 

Hay fuerzas terrestres y cactus

dignos de admiración.

 

A quién no le ha traicionado

la memoria por causa de un amor

errante e indefinido.

 

 

Alguien tiene que ponerse manos a la obra:

necesitamos jardines y tierras fértiles y agua

en abundancia y sonrisas a remojo

en cada centímetro de los espacios

que habitamos, para que sean dignos

de tal nombre.