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ateo poeta

 

Me sumerjo en tu poema

y escucho cómo se grana el fruto.

 

No esperaba este equilibrio.

La dulzura. La avalancha del tiempo

sobre la piel encendida.

 

Leer lo que proyectas al exterior

después de elegir.

 

 

Fotografía: Sofía Santaclara

 

 

 

 

 

 

Estás tocando el violín, la noche cae lenta

sobre los edificios. El crepúsculo arde.

Sobre la mesa blanca hay una copa de vino

en las últimas. Buscas. Respiras. Me besas

y me ciñes a tu torso. Un tigre asciende

la cumbre nevada. Los almendros ya

florecen. Pienso en una luz cálida.

La existencia inesperada. La futilidad

de los planes. Desnudarnos y posponer

la cena. Lo inevitable, amar sin concesiones,

árbol, resina, aire, sobre la madera, un día

entero de escritura aún bullendo ahí.

Menos gente, menos tráfico. Nadie oye

nada pero un carguero mercante amarra

cada diez minutos. Mientras estás.

Y no esos correos, esas imágenes poco

precisas, la voz metálica, las carpas,

los tiburones en plena reproducción.

Probetas. Cálculos. Necesitas volver

para esos trámites con abogados.

Decidir, nadar, la mejor arena, dices.

Hoy no. Gemimos. Es imposible

la fotografía, por eso. El estuche abierto

del violín. Podríamos cocinar algo.

 

 

Fotografía: Sanghyeok Bang

 

 

 

 

 

 

Dejar que salgan a flote, a otra luz.

Especies híbridas.

Proyectos del corazón y su sangre.

Bocanadas

que aspiran al sentido preñado

de formas.

 

Lo que ha nacido en silencio o en murmullo,

lo que desciende, se aletarga

y cultiva con los mimbres dados.

 

Vienes a mí

con idénticos poderes.

 

 

Ilustración: Amy Judd

 

 

 

 

 

 

Ser una raya delgada,

firme y continua en la medida

que puede.

 

Suma de puntos

invisibles por separado.

Divergentes. En su intrínseca

posibilidad.

 

Hasta cuándo en flotación.

Su permanencia.

Su incógnita.

 

El sol calcinándome.

El hielo de muerte

e imagen.

 

Ser una arista.

Contenedor.

 

Si me acerco a ti

no seremos

tan distintos.

 

 

Fotografía: Sanghyeok Bang

 

 

 

Círculos inacabados.

Grieta como de boca

y pausa.

 

La traducción no nos hace

justicia -sangre más bien.

 

Sustraerme

del filo insensible,

de la navaja azul

y escamas.

 

Con tenacidad

de donde vienes.

 

Grúas y cables de acero.

 

Lo nuevo en tu corazón

y lo que ya nunca

vacío.

 

Aguardo la hora

del transporte.

 

 

 

 

 

Que ames como si no hubiera mañana.

Con ternura, con dolor. Voraz o, acaso,

sin las agujetas del pensamiento.

Que no descanse tu sed ni la caridad

de tus manos de nieve. Nada significa nada

excepto este huir de la monotonía. Que soy

tu cuerpo, que me entierras y me resucitas.

Escribir sobre lo interrumpido, antes de,

lo que se estanca y engendra. Soy tu imagen

rota. Que ames tu finitud y tu imposible.

Sabes a café. Entras en la ducha. Que las

malas hierbas de la tristeza no se apoderen

de nuevo de lo fértil, de los nombres.

 

 

Fotografía: Henry Leutwyler

 

 

 

 

El mundo se concentra en las yemas de tus dedos

sobre mí, en las líneas sin propósito que trazan,

suturando la ausencia y la melancolía.

 

Vértices del cuerpo que asisten al amor por mucho

que todo transcurra detrás de los ojos inmortales,

en la claridad que instigas, confines, desnudez,

articulación.

 

 

Fotografía: Sofía Santaclara

 

 

 

 

 

Fragilidad es un concepto poderoso y carne

y huella y circunstancia siempre preñada

de ser. No suprime, no constituye. Pone a

resguardo. Es de la intemperie, endurece

y vuelve a buscar quietud.

 

Cuando hemos recompuesto lo quebrado

con el mejor arte posible y todas las cicatrices

hablan de esas líneas irregulares, de esa unión

hasta ahí. Mientras no azote de nuevo

lo irremediable.

 

Frágil el vacío. El umbral próximo. Quienes

me atraviesan y habitan, sus voces y su

ausencia. Cómo cambian de estado. ¿Es acaso

el amor más robusto? Lo que se desvanece,

¿adónde fluirá?

 

 

Fotografía: Sanghyeok Bang

 

 

 

 

De alguna manera

siempre estoy preparado

a que encuentres a alguien

con menos defectos.

 

A partir de ahí

no tengo más planes.

Será doloroso, es lo habitual,

me las apañaré,

es la única ley de vida.

 

 

Fotografía: Aaron Nagel

 

 

 

 

 

 

Para desayunar, unos segundos

de tu mirada que recién llega

de lo remoto

y beber de tus pechos claros

y abundantes.

 

El sol, la fruta y los cereales

no son menos necesarios

en la dieta del alma.

 

 

Fotografía: Amilcar Moretti

 

 

 

 

 

 

 

 

El aire está limpio y el cielo despejado.

Ocurre después de la lluvia. Tu mirada

no menos resplandece.

 

 

Fotografía: Ed Ross

 

 

 

 

En tu idioma, en tu silencio, en las grietas

que no hemos elegido.

 

Rescatar lo lúcido que se filtra sin concesiones

en las horas ásperas, rendidas a la belleza.

 

Lo entrañable y corpóreo. Movimiento, aire

tejiéndose en ti, acariciar la nada, que su peso

se distribuya.

 

Lo uniforme cede.

 

 

Fotografía: Ed Ross

 

 

 

 

 

El tiempo sin ti. Necesario.

Recordando tus intentos de hablar

en mi idioma. No voy a

acostumbrarme. Era todo tu cuerpo

el júbilo, el código, la galaxia.

Tampoco hacías promesas.

Si vuelves seguiremos jugando,

impacientes, con el deseo a flor

de piel, sin más ataduras.

Si vuelves.

 

 

Fotografia: Gian Lorenzo Bernini

 

 

 

He visto cómo liquidaba

su matrimonio

de un plumazo.

 

Y no espero más contemplaciones

cuando decida fulminarme

como amante.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

Estoy dispuesto a admitir

una zona de oscuridad,

accidentes,

anomalías.

 

Es el medio

que mejor transito,

en el que me muevo

como pez

en el agua.

 

Por fortuna, no se trata

de mi única

convicción.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

Te propuse volar

y me citaste en el noveno piso

de Júpiter -un hotel

cercano a las estrellas.

 

¿Cuánto de azul e intermitencia

posee el origen desde aquí?

 

En esa atmósfera: ¿cómo

mutarán los cuerpos dulces

y en expansión?

 

Tu piel en el bálsamo

de un mar de gases.

Recién bañada

en la infinitud.

 

Del servicio

de habitaciones:

pétalos cósmicos

en salmuera y oxígeno

a punto de nieve.

 

Al amanecer toca

bajar a tierra. Ascensor,

metro, reuniones.

Las secuelas

de la ebriedad.

El futuro, siempre

en el aire.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Con 20 años leía apasionado, con fruición y desasosiego, los enigmas que Varela y Maturana desgranaban en su biología del conocimiento. Era como excavar en un pozo sin fondo, hasta el magma abrasador, hasta el núcleo de nuestro existir.

 

Hoy, más de 20 años después, Maturana sigue tocando las raíces con sus manos sabias, sin privarlas del sustento, del humus y las fuentes que nos dotan de un mimetismo esencial.

 

“El acto de la reflexión -la ciencia, por ejemplo- requiere amar. Requiere este acto de moverse en las circunstancias, sin prejuicios, expectativas o exigencias. El otro tiene presencia cuando se legitima su presencia, no se tiene que disculpar por ser. Si yo no respeto, nunca lo voy a comprender.”

 

Afinidades electivas. Conjunción del mundo. No desarraigar mis emociones de la luminosidad.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Un hombre desnudo, bailarín, con la piel tostada

y una suave musculatura, posa en el medio

del salón. Medita. Bandadas de pájaros negros

surcan la viscosidad de sus ideas y un mar apacible

al que huye los días de asueto. Dieciséis pares

de ojos observan esa superficie y eluden cualquier

gesto de sexualidad. Carboncillos, acuarelas, tintas

y trazos en el aire. Apenas unos mensajes lacónicos

en los labios del instructor. El modelo se esculpe

a sí mismo. Nadie mira a nadie pues hay que arañar

en la oscuridad propia. Todos se miran mutuamente

pues la soledad de lo nuevo es un huracán que agita

las amapolas de lo absurdo. A mi inquisición

responden: es una atmósfera. Un velo. Rituales.

Llega la hora del fin del contrato. Envainan sus

pinceles. Tiempo de humo y de alcohol y de

satisfacer los instintos del estómago. La espuma

de los violines en la orquesta determina que el

centro de atención se vista con sus ropas y

que el resto del grupo se descubra.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Tus ojos luchan contra el infinito mayúsculo,

la alineación de los planetas depende de otra

edad y luz. Cómo aventará sus élitros

la naturaleza ciega si no hay exceso

de manos tendidas. Incardíname. Deja tu

huella sobre este barro de mañana.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Tanto abuso de los medios,

tanta perversión estratégica

puede acabar

con el sustrato

y la sensibilidad.

 

Que el cinismo no se apodere

de quienes se entregaron

a causas justas.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez