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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Estamos en el fondo del mar y una orquesta

de cuerdas ejecuta su recital con el único

aliciente de que cuestionemos nuestro ser.

 

En el fósil de molusco acaracolado que me

entregaste he podido escuchar las ganas

de vivir que llegan del mundo por encima

de la superficie. Apenas entendemos su

significado, pero suenan como el deseo

de nuestras entrañas.

 

El aprendizaje de la respiración continúa

en la etapa onírica de los anfibios.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 



 

El sueño que nos relataron no tiene

sentido, no está en su naturaleza

fragmentada y pueril.

 

La máquina de la felicidad se halla

sujeta a las mismas leyes

inexorables: averías, provocación

de un contraataque.

 

Pobre fe en el calendario.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

Me dejas que te fotografíe

al natural, con tu pensamiento

vas dictando la luz deseada,

tu proyección al espacio abstracto,

incorporas mi mano y agitas

la cámara porque es así el mundo

que tiembla.

 

Modificas la letra de estos

versos antes de sumergirte.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

¿Quién me obligará a elegir

y por qué?

 

¿Disfrutaré también de su menú

selecto de alternativas?

 

En el reino del libre albedrío,

¿limpian las sobras quienes

cortan el bacalao?

 

¿Olvidamos la guerra en cada

práctica del privilegio?

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Con los amores imposibles ganas

elevadas cotas de tristeza

e inspiración.

 

A partes iguales. Para que no cunda

el pánico ni te aniquile

el tedioso murmullo del silencio.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Vuelves de donar sangre, a mis brazos

y te quitas la ropa con lentitud, la jornada

se acabó y tu cuerpo se enrosca con el mío

con ternura, como si la intención y el deseo

fueran unas premisas indiscutibles.

 

Sólo estar, prolongando el tiempo a tu

lado, sin más ataduras.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Salgo a brincos del despacho.

Escalaría dos montañas hoy.

El viento sabe dulce y a frío,

ya tocaba.

 

Ahora veremos qué opinan

los exquisitos paladares.

De esta miel y esta creación

a su suerte.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Entre todas las cicatrices de la memoria

distinguir el error más de una vez

cometido.

 

Bestia indomable. Por mucho dolor

que condensen, no olvides las marcas

grabadas a hierro

en la piel.

 

 

Fotografia: Miguel A. Martínez

 

 

 

Hasta la sima donde descansas

y renace lo inaudito y hay germen

y me acerco a tomar aire.

 

No ocurre muy a menudo

por eso creemos que nuestras

debilidades pasan

desapercibidas.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Con los pies en el cielo.

Que caminar sobre la tierra

sea leve.

 

Así me sustraigo a la amputación

de mis extremidades

ficticias.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Asir la hebra. Continuarla, coser.

 

Empeñarme en que lo imaginario

se despliegue en cada nudo.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Cuando el torbellino se apodera

del lugar: los pies y el cuerpo todo

a rasante.

 

Adherencia inmóvil pero trasnochando.

Remuevo las cenizas: crónica desde

lo que subyace.

 

Disposición a que ningún futuro

arruine este palpitar.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

 

Al abrirnos se anuncia una región próspera,

collados donde el frío es menos.

 

Desarticulamos una inercia de gestos en llamas,

heredados con irreflexivo consentimiento

y hay que tender la ropa al aire.

 

Cada especie se apresta a puntuar

esa larga cadena de dependencias y filtros

de lo líquido. Transferir el conjunto o lo

que sobreviva de él.

 

 

Fotografia: Miguel A. Martínez

 

 

 

Disentir en voz alta y en voz baja.

Con mi bandera manchada de sangre

y de urgencias.

 

El peso de los relatos oficiales,

la bajeza moral, los uniformes

no son más sólidos.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

La matanza está servida en la mesa

de un desierto sin compasión.

 

¿Por qué el sol allí no ha resecado

aún la sangre de milenios y de creyentes

y de escépticos vertida?

 

Maldigo, maldigo y mis armas se tiñen

de impotencia. Aves en fuga, mujeres

aliadas de la tormenta.

 

Lo único que retorna es la crueldad.

Justo donde las moradas y en lo más

inhóspito.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

La matanza está servida en la mesa

de un desierto sin compasión.

 

¿Por qué el sol allí no ha resecado

aún la sangre de milenios y de creyentes

y de escépticos vertida?

 

Maldigo, maldigo y mis armas se tiñen

de impotencia. Aves en fuga, mujeres

aliadas de la tormenta.

 

Lo único que retorna es la crueldad.

Justo donde las moradas y en lo más

inhóspito.

 

 

 

 

En lugar de la espera en el confín

del precipicio. En lugar de la justicia

natural que nos merecemos y ningún

dios va a sentenciar. En esta superficie

estriada, llena de agujeros, la que violenta

y embauca y suscita las anómalas

asociaciones.

 

Construir la palabra construir

como primer balbuceo y consciencia

de la ingente tarea por hacer.

 

 

Foografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Es muy fácil perder el aliento.

Sumirse en el pliegue, desfallecer.

Abatidos por una atmósfera sólida.

 

Cesión de la voluntad. Resignarse

a la marea de silencio que nos abraza.

 

Y un antídoto: adherirme a la figura móvil

de las bandadas de pájaros.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

A poco que investigo: una plétora oceánica,

escondites de las apariencias, mensajes

y cortocircuitos.

 

Desearías el socorro de la interpretación.

La claridad sosegada de la semilla.

 

Y tenemos un universo entre manos.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Donde las hojas caídas y alborotadas

esperan impacientes la nieve y tú

designas la constelación que podría

adquirir el equilibrio.

 

Anidar, sorber, crear los nexos

con la intemperie.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

El amor soluble en agua, petulante

y equívoco como un efecto óptico.

 

Qué no le exigiremos con el afán

de lo unitario y de la raíz.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez