Blogia
ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Salía de la ducha, fin de la tarde,

una brisa otoñal, algunas flores

ya mustias, apenas una toalla

invitando a su cuerpo glorioso,

joven, ebrio de fantásticas

proyecciones, impugnación

de todo escepticismo, el pelo

húmedo y la boca ardiente.

 

Una luz naranja y el crepúsculo

escribían el guión de lo sublime

mejor que nosotros mismos.

 

 

Fotografia: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

 

Está dentro de mí la mujer

que me ama,

a la que podría amar

y la que nunca.

 

De este modo puedo ser

ella,

comprenderla,

y yo.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

A mi alrededor no hay dunas de nieve

enfurecida helándome la palabra,

ni saca a relucir sus mil lenguas de

muerte y fuego un volcán al que

la superstición creía

benévolo.

 

El clima es suave, sí,

aunque las pasiones continúan

oscilando como siempre.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

En el restaurante observo un mapamundi.

 

Varsovia se halla en una latitud a la par

de Londres y Berlín.

 

Más al norte está Moscú del que solo

conozco su aeropuerto de un cierto

domingo en tránsito.

 

Si deslizo el índice de mi mirada

un poco más al sur, me inundan

la memoria las ciudades acuáticas

de Praga y Viena.

 

Yo ahora mismo echo mis raíces

a bastante distancia de Varsovia y de

Madrid y de Estocolmo.

 

Y me prodigo más con los países

emergentes, así los llaman,

del sureste asiático.

 

Sin embargo, no pierdo detalle

de la precisa geografía donde resulta

probable, e incluso deseable,

que nos encontremos.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

 

Y si te expulsan de una realidad

sangrante o acartonada porque tu

obsesión en lo posible es lo único

que nutre.

 

Empuña la recompensa cómplice

del abrazo que le otorgará el naranja

al día para que prolifere.

 

Ve al seno.

 

Desde la certeza que cobra vida

al participar en el tumulto.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Id a la encrucijada, al nudo

áspero que nos constituye.

 

Que nadie os arrebate el difícil

equilibrio de las aguas vertidas

por fuentes contrarias,

porque ahí subyacen el crudo amor

y la soberanía.

 

Es una materialidad disipándose

y en contracción

la que pergeña un verso

que une.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

A un palmo del abismo de claridad

y exultante.

 

La adherencia del cuerpo

al alma de por sí enigmática.

 

Me invitas a pasar.

 

Como un análisis del balance

de la semana: donde expire

la violencia del pasado.

 

Luego, el mutismo.

 

Sustracciones calculadas

del ejército vacío.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Nunca se agotan

las maneras

de estar en ti.

 

Permanecer.

Confundirme

con tu interior.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

Devorabas con fruición la ensalada

llena de colores.

 

Crujían los alimentos en tu mandíbula

sonriente y los pechos se asomaban

cálidos a la circulación del aire.

 

Olvidé en qué mes del año

tuvo lugar la abundancia.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 


 

La germinación no es únicamente

una posibilidad entre otras.

 

Es la posibilidad de ser, la fuerza

de lo minúsculo que pide a gritos

abrirse camino.

 

Nadie le exige un programa político

a la semilla. O despierta o permanece

enterrada, y descansa en paz

para siempre.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Si me preguntas por qué busco

el límite y la incómoda experiencia

de los contrarios aunados

en la misma nuez.

 

Solo te preguntaré qué sabes

del dolor esparcido en forma

de archipiélago. Cómo rodearlo

y ablandarlo. Qué silencio vence.

Qué furias se incuban

ahora.

 

La inercia de la mortalidad

siempre remachando

sus clavos.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

 

En mi planeta claman “viva, viva”

por cada hazaña sorprendente

de la astronáutica.

 

A los científicos se les saltan

las lágrimas de emoción

cuando culmina un viaje

espacial sobre alguna roca

de la galaxia.

 

¡Cuántos misterios sobre

nuestro origen será

posible descifrar!

 

No seamos aguafiestas, no.

No es momento para

cálculos burdos y odiosas

comparaciones.

 

¡Viva, viva y que corra

el champán!

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Escéptica mi costumbre

delgada.

 

Hace noche allí

donde las fresas en vilo

y las hijas de la torsión.

 

La supremacía paciente

de las capas geológicas, de la

enramada, el olor tostado del té

verde, anidarán

en los amados

por la luz.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Mi noche de algas y soldaduras

te reclutó para las expediciones.

 

Una lectura inteligente

indicará que tu amor es resistencia

y memoria, nunca escuálida

ni petrificada. Más mañana

al desplegarse.

 

Hace pie e insta a lo ingrávido.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Secreto lo que se viste

y anhela discernir

las apariencias.

 

Secreto lo que me azora

y tu exacta latitud.

El rebosante don.

 

Dicha de la carne sin

paliativos. Milagrosa sed

de más.

 

Realidad disconforme con

el dolor de sus alas.

 

Bajas del transporte público

con todo el amor atesorado.

Han descendido las temperaturas.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Aunque el tren circula rápido

no es el paisaje lo que más se altera.

 

Aceleración y metamorfosis

dadas por el gesto de tu mano

en busca de la mía.

 

 

Fotografía:  Miguel A. Martínez

 

 

 

Viene esta lluvia en auxilio.

Remonta. Hace cumbre.

Se agrega a la virtud

de un suelo fermentando.

 

Lo distante continúa su

incendio en mi corazón.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Nunca te arrinconé

en mi memoria.

 

Cuando cerraba los ojos

seguías ahí, deteniendo el tráfico

en el centro

de la avenida.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Dejar paso

a lo que viene.

A lo que se anuncia

sin algarabía.

 

Aclara.

Pacifica a mi

modo.

Remueve

los ingredientes

principales.

 

Solo contribuye.

 

Más que novedad,

gratificación.

Sedimento.

Continuo latir.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

También la mano del artista se entumece

y pide limosna y se arruga debido a las

inclemencias y a las políticas públicas

y al cuerno del rinoceronte en extinción.

 

Que su efímero gesto convoque a la lluvia

del cuerpo no contradice el apetito

en general.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez