Porque ya resides
en mis poemas
escucho
tu música
por toda la casa.
Fotografía: Sára Saudkova
Porque ya resides
en mis poemas
escucho
tu música
por toda la casa.
Fotografía: Sára Saudkova
Si me pongo a escribir
se me pasará
la mañana
volando.
Debo ser conciso
y decirte,
con pocas florituras,
cuánto te echo
de menos.
Fotografía: Sára Saudkova
A las siete de la mañana
un viento ligero y fresco
me acaricia
el rostro.
Domesticar septiembre.
Una infusión de manzanilla
para que no se diluyan
las ensoñaciones.
Aunque estés lejos, al oeste,
en unas pocas horas
te unirás a este mismo
amanecer.
Fotografía: Sára Saudkova
Sigo recapitulando -injustos balances,
trazo grueso, mi debilidad.
¿Por qué vine, por qué me voy?
¿Qué extremos me atravesaron?
¿Es acaso la luz cenital más esclarecedora
aquí?
Todos arrastramos los cuerpos heridos
y la piel desgajada como fuentes
que no cesan.
Subir las montañas imposibles,
elevación.
Repoblaron esos nidos de tarántulas
y penetra el cemento.
Esta ciudad que aspira y tritura,
solidaria con la vegetación lasciva
que nos reúne.
¿En qué más somos diferentes al llegar
aquí: carne de transcurrir, moléculas?
Pensaba en la ruta: ¿de cuántas maneras
se mella e instala el dolor en la infancia rota?
¿es el único signo
que me alía?
Esta ciudad irreal, lejana, precipitándose.
Como tantas. A pesar de los obstáculos
y las infiltraciones, también útil
para reconstruir.
Vínculos. Dimensiones de lo humano.
Figuras ajenas al sometimiento.
Fotografía: Sára Saudkova
Decir unas frases que amortigüen.
Acertijos.
Conclusiones.
Cuidar de las vías y del tacto
que nos mantienen a la escucha.
Atardecer.
Brisa.
Que la música te acompañe.
Es hora de recapitular.
Andar ligero.
Llevarme a otro lado los resquicios
para la duda.
Fotografía: Sára Saudkova
Cuanta mayor es la intensidad
del trabajo, menos ganas me quedan
para moverme, estirar los músculos, discernir
la luz y lo sublime.
Llego a casa hecho un trapo. Perplejo.
¿Quién soy? ¿A qué hora oscureció?
¿Qué significan el amor, la fantasía, los derechos
humanos, la jornada laboral? ¿Cuándo
escribiré ese libro?
Mañana madrugaré para correr donde el lago
de los locos y los jabalíes. O haré yoga
en la clase vespertina, al final del día,
esa comunión y los límites. ¿Qué sentido
tenían las dosis de sufrimiento diligentes,
administradas con aquel placer infantil,
con la evasión de hace tanto?
¿Lo recuerdo hoy? ¿Es ya solo inercia,
mecanismo, acto reflejo? Poco
importa. El mundo se desangra por muchos
frentes. Lo que me ocurre y mis elecciones
tienen un radio de acción limitado.
Mis anhelos se sumergen aquí y ahora
en las mismas aguas turbias de quienes
me rodean. La vida es y no es.
También debo cocinar, cuidarme, no hacer
nada, mirar lejos, distribuir, tomar una onza
de chocolate, no hacer nada de nuevo,
no dar tregua, darla, poner en cuarentena
unos cuantos axiomas, incluso los más
íntimos. Es cansado estar siempre a la
gresca. Y es cansado meditar de brazos
caídos.
No moralizar. No faltan los héroes y heroínas
dándolo todo en sus radios de acción
limitado. La malla invisible que nos sostiene.
Voces anónimas que no firman sus
tesis ni memorias. ¿Quién suplanta a quién?
¿Cuándo se rompió la vajilla nueva?
Circulación. Lapsos.
Incorporar.
Fotografía: Sára Saudkova
Ver con claridad
y en tránsito. Porque un exceso
inmóvil impide mi adhesión preferida.
Huir del tiempo pautado -subterfugios,
hipocondrías,
órdenes que arañan.
Dejo que el cuerpo
se reajuste. Enunciar
el deseo, la intermitencia, la oscuridad
insípida.
Porque doy vueltas en la cama,
te hago partícipe, ausculto la temperatura
de tus sueños
y la realidad es tozuda.
Retomar la línea
de las navegaciones cromáticas
que tan buenos resultados
había dado hasta ahora.
Fotografía: Sára Saudkova
Hoy tocan misteriosas sinfonías orquestales
de Górecki y Arvo Pärt en mi programa de radio
favorito. Deberían calmarme, elevar mi
espíritu a un estado de gracia e introspección
ajeno al mundanal ruido. El arte posee dichas
pócimas mágicas, según la opinión al uso.
Y, sin embargo, estoy que me subo por las
paredes. Apenas han pasado dos semanas y
me parecen siglos. Lo normal no es lo normal.
Me asaltan a cada poco las memorias de tu
cuerpo festivo y lujurioso eliminando todo
centímetro de distancia con el mío. Esbozo
un relato breve en el que sufro un accidente
y no puedo volver a follar. Te pediría que
nos quitásemos la ropa cuando hablamos
a través del ordenador si no fuera por todos
esos piratas de las redes al acecho.
En el tercer párrafo o estrofa se acentúa la
disyuntiva: volver al tono existencial y
transcendente (que si habitamos una serie
de quimeras y sucedáneos de la única
verdad que es morir, que si la virtud se
halla en un cráter tan remoto a juzgar por
la empírica humanidad que nos circunda
y los ocasionales atisbos de belleza)
o continuar por la senda del poema de amor
con luces de bohemia.
Fotografía: Sára Saudkova
¿Qué tranquilidad y armonía
comunican las agujas de hielo?
¿Existe alguna especie
más depredadora
e insaciable?
¿Lees tu propio magma
cuando yo confieso
mi angustia
o mis aspiraciones?
Ante la ausencia de una puerta obvia
de salida y ante los recurrentes escapismos,
¿cómo y hacia dónde
se avanza
entre las esclusas del laberinto?
¿Son el halcón de nubes
y los delfines a coro
simples productos
de mi fantasía?
Fotografía: Sára Saudkova
Que vuelva la sangre caliente
de lo sólido y huérfano.
Caduca la concesión de los yacimientos.
¿Cómo irrumpirá
el perfume del sexo? Hacía mucho
que no hablaba del sexo.
¿Son las aves del paraíso
una señal premonitoria?
Fósiles arrebujados. Orillas silabeando
un clamor crudo que me repara.
No se detiene la cuenta atrás.
Fotografía: Sára Saudkova
En la frontera
se me cierran los párpados.
¿Cuándo comprenderán?
Otra era geológica
aplastante.
Estertores.
Aquí, solo los fogonazos
de ternura,
la delicada
acumulación de gestos,
improvisar.
Paracaídas,
antídotos. Escucho
los espejismos.
¿Cuándo comprenderé?
Admiro esa levedad
que no se rinde.
Fotografía: Sára Saudkova
Prefiero ser meticuloso
con las palabras: lo que puedan evocar,
darlas con tacañería, que se ajusten
como un guante
al acontecer.
Esa prudencia que apenas irriga
otras zonas nucleares de mi perplejidad
ni los barrios más periféricos.
Luego
no puedo eludir la administración
de una dieta opípara
y a vuelapluma: dialectos que mudan de piel
al leerlos, el rumor.
Al final de la jornada
todo lo sólido se disipa en el aire
salvo que nos entreguemos
unas cuantas
certezas.
Fotografía: Sára Saudkova
Prefiero ser meticuloso
con las palabras: lo que puedan evocar,
darlas con tacañería, que se ajusten
como un guante
al acontecer.
Esa prudencia que apenas irriga
otras zonas nucleares de mi perplejidad
ni los barrios más periféricos.
Luego
no puedo eludir la administración
de una dieta opípara
y a vuelapluma: dialectos que mudan de piel
al leerlos, el rumor.
Al final de la jornada
todo lo sólido se disipa en el aire
salvo que nos entregemos
unas cuantas
certezas.
Despejar de astillas, pulir.
Que las formas de este espacio sean amables,
sin dañar, con la entereza de lo nativo
y lo único. En frente del impulso
a las predicciones.
Busco una conjugación
que dictamine el éxtasis de los seres
vertebrados sin reino. Mientras tanto.
Surcar, materiales resistentes: en el cuerpo
imaginado que ahora dulcifica los parpadeos
abruptos
de la señal.
Confío
en que iremos atando cabos.
Fotografía: Sára Saudkova
En realidad, el trance al escribir, los saltos acrobáticos
entre frase y frase, el abismo que se anuncia ante uno
cada día, la seducción del caos y de sus órdenes
subyacentes, la luz que emana de los días festivos
y de los cuerpos salados, las alegorías y las cosas
que representan significados y deseos en cualquier
ámbito íntimo, la lectura a sobresaltos de este mundo
injusto,
tan solo constituyen las capas de la cebolla.
Fotografía: Sára Saudkova
Territorio para la fantasía y lo reprimido.
¿Dónde si no aquí?
¿Quién se atreve si no?
Qué miserable vida si careciera de esos
espejos y bucles que desfiguran.
Declaraciones de amor: tomar distancia
con la verdad imposible
de ser dicha. Ni al oído siquiera
porque puede una música aleteando
alcanzarme en la senectud.
Cuatro vientos y flechas que suscitan
un rumor de norte.
Y celebrar la nuez y las huellas:
cristalización.
Fotografía: Sára Saudkova
El programa de radio comienza
con una ingeniosa presentación. El locutor
se acomoda en mi sala de estar, observa
el mundo por la ventana y añade música
a los cereales del desayuno. Como si no
pasara el tiempo: retornos subrepticios
a mi juventud. Escuchar lo que conmueve
e intriga: canciones que se bifurcan,
bandas sonoras para un régimen
de soledad no permanente. Son mis
costumbres. Este método resulta muy
beneficioso para el aire doméstico.
Lo que más añoro es bailar
contigo.
Fotografía: Sára Saudkova
Este agosto no ha cesado de llover,
las semanas anteriores, los días que intentamos
ir a las playas e islas, fugarnos de la rutina, renaciendo
de otros modos, carnales, lúcidos, voluptuosos, como
libélulas y noches encendidas
y una felicidad inexplicable.
También ahora está el cielo gris, preñado de agua,
nada de espejismos, el sol asoma en su ínfima escasez,
estas tierras verdes del norte, la vieja Europa,
y pienso solo, meditabundo,
como si mi voz y lo que no escribí
por los ajetreos del viaje, y el futuro, y todas esas
incógnitas y memorias,
brotaran espontáneas, recurrentes,
como hongos, una definición de la certeza, estar próximo
a ti, qué es lo sustantivo de vivir cuando
necesitamos el vínculo
con el afuera.
Anclajes, moradas, guarecernos y cosechar
la abundancia cuando escampe.
Fotografía: Sára Saudkova
¿Qué clase de poderes subterráneos
desatar con la excavación
en esta tierra obvia,
discursos, sedimentos, impunidad,
tumbas sin nombre?
El símil de la belleza encarnada
en lo monstruoso contra las cuchillas
afiladas y los alambres
que constituyen los conceptos
dominantes, el dolor áspero y real
de apenas un puñado
de narraciones.
¿Qué amor puede calmarme?
Fotografía: Sára Saudkova
La verdad se cultiva bajo las ramas
y las copas nutridas en el techo del bosque,
la luz templada, amortiguación y filtro
del ruido que se desperdicia -sustrato
para germinar, las sombras de la sombras,
dominio húmedo.
El resto del tiempo busco un hogar.
Fotografía: Sára Saukova
Ahora sabes -queman el incienso
para congelar la volátil
esperanza.
Éramos solo una existencia
posible
cuando los remolinos y los peces
regresaron de las banderas
al tacto.
¿Cómo se producirán
los cuerpos cálidos y la emoción ahora?
Definimos una longitud próxima,
la mandíbula del huracán. Rituales.
Ternura: alimentos mínimos.
Sigo preguntándome -si acaso
la cumbre desnuda, zonas más
propicias.
A lo que contribuyes
después de la nieve.
Fotografía: Sára Saudkova