Blogia
ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

¿Es que acaso necesito

el magnetismo

de las extremas alocuciones,

el fango de la pérdida,

la mercurial vecindad

de la llama,

el cuerpo huido de su cáscara,

la radiación de las noticias

que deshilacha,

quedar a merced

de los elementos,

la bebida turbia, la torsión,

innúmeras

categorías de encarnar,

inducir un cierto júbilo

de sobremesa,

una perforación

de lo múltiple y obsceno,

una identidad reconocible

de bolsillo,

liquidez,

sábados y domingos

incrustados

con alfileres

en los días rojos,

un verbo animal,

uñas en comandita

con la ternura raíz,

restañar,

cortocircuitos,

prometer,

insólitas tácticas

y descongelar

la nevera?

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 

 

Te dije que escribo cada día y que así es fácil escribir o fantasear acerca

de esto o de aquello que tiene que ver con nosotros y con las circunstancias

meteorológicas o los pájaros que pasan y no se quedan a cenar, por no

hablar de las angustias invisibles que andan a pies juntillas, sin hacer

ruido, por el interior de la casa, aunque también se manifiestan de modos

abruptos e inesperados al calor de una metáfora u holgazaneando con

una cerezas estivales a pedir de boca y mirándonos por encima

del hombro.

 

Te dije que esta no es mi profesión y que, en realidad, no escribo todos

los días aunque sí pienso la mayoría de ellos, pero algunas ideas

es mejor no ponerlas en negro sobre blanco porque el mundo es triste

y yo preferiría que los manantiales prístinos y tus palabras que también

deben proceder de algún deshielo, inundaran mi memoria, que la gente

se emocionara al ver ascender globos aerostáticos sobre campos floridos

y al ver emocionarse a sus semejantes en lugar de hacer la guerra,

la compra y las cosas más banales y crueles que nos hayamos

podido imaginar.

 

Hay muchos días en los que mascullo y mascullo y no arranco a escribir,

la pantalla del ordenador me deslumbra y me paraliza, es un desorden

todo lo que quiero decirte y mostrarte cuando vengas a esta jungla,

los rincones sorprendentes de estas antípodas, mis sospechas de que

algo no va bien en este y en otros sistemas, mis crisis de identidad,

para qué ocultarlas si desdoblarse en personajes de ficción siempre

encierra un grano de sal verdadero, estrategias que pretenden

acorazar lo frágil, y, sin embargo, esos hilos resistentes ahí debajo

que mueven los dedos y mi extraña felicidad.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 


Te dije que escribo cada día y que así es fácil escribir o fantasear acerca
de esto o de aquello que tiene que ver con nosotros y con las circunstancias
meteorológicas o los pájaros que pasan y no se quedan a cenar, por no
hablar de las angustias invisibles que andan a pies juntillas, sin hacer
ruido, por el interior de la casa, aunque también se manifiestan de modos
abruptos e inesperados al calor de una metáfora u holgazaneando con
una cerezas estivales a pedir de boca y mirándonos por encima
del hombro.

Te dije que esta no es mi profesión y que, en realidad, no escribo todos
los días aunque sí pienso la mayoría de ellos, pero algunas ideas
es mejor no ponerlas en negro sobre blanco porque el mundo es triste
y yo preferiría que los manantiales prístinos y tus palabras que también
deben proceder de algún deshielo, inundaran mi memoria, que la gente
se emocionara al ver ascender globos aerostáticos sobre campos floridos
y al ver emocionarse a sus semejantes en lugar de hacer la guerra,
la compra y las cosas más banales y estúpidas que nos hayamos
podido imaginar.

Hay muchos días en los que mascullo y mascullo y no arranco a escribir,
la pantalla del ordenador me deslumbra y me paraliza, es un desorden
todo lo que quiero decirte y mostrarte cuando vengas a esta jungla,
los rincones sorprendentes de estas antípodas, mis sospechas de que
algo no va bien en este y en otros sistemas, mis crisis de identidad,
para qué ocultarlas si desdoblarse en personajes de ficción siempre
encierra un grano de sal verdadero, estrategias que pretenden
acorazar lo frágil, y, sin embargo, esos hilos resistentes ahí debajo
que mueven los dedos y mi extraña felicidad.

 

 

Ha escampado ya el tifón

y hoy se respira

una claridad

joven

y prometedora.

 

Aún chispea o me calan

los aguaceros

ocasionales,

pero he salido

feliz

de mi letargo.

 

Resplandecen

los rostros

y las flores en pie:

los gestos

inadvertidos

de la milagrosa

supervivencia.

 

Todo se encamina

a recibirte:

nubosidad moderada,

semillas de sésamo,

extraños

atardeceres.

 

En lo que a mí

respecta,

ultimo los preparativos:

ventilación

de las estancias,

adherir música

y palabras a las paredes,

solicitud en firme

al calendario y a la compañía

aérea

de una exquisita

puntualidad.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 


Ha escampado ya el tifón
y hoy se respira
una claridad
joven
y prometedora.

Aún chispea o me calan
los aguaceros
ocasionales,
pero he salido
feliz
de mi letargo.

Resplandecen
los rostros
y las flores en pie:
los gestos
inadvertidos
de la milagrosa
supervivencia.

Todo se encamina
a recibirte:
nubosidad moderada,
semillas de sésamo,
extraños
atardeceres.

En lo que a mí
respecta,
ultimo los preparativos:
ventilación
de las estancias,
adherir música
y palabras a las paredes,
solicitud en firme
al calendario y a la compañía
aérea
de una exquisita
puntualidad.


 

 

Extraviarme por derecho:

lo que sabe

a miscelánea.

 

Generar reglas

(que me convienen)

en el curso

de la transgresión.

 

Apartar la maleza

de conceptos

fósiles

y rebuscar en el baúl

(a tientas: ojos

en las manos, capilares,

terminaciones

nerviosas).

 

La insolvencia

agudiza

el ingenio:

obras son amores

y es preciso

meditar

tres veces

al día.

 

¿Qué metáfora

será tan

poderosa

que no me ciegue

ni engatuse?

 

Si no fuera

porque me acerco

a tu verdad

y ella sospecha

de mi

escepticismo.

 

Todo aquello

no era más

que un sueño.

Sí, pero qué

sueño.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 

 

En la morada efímera,

el rumor

de tus pulsaciones

llegando.

 

¿Saben los zahoríes

construir,

o saben las extremidades

y cursos

que sacian

algo mejor?

 

¿En qué método

confiar: cómo

nos damos

la lucidez?

 

Hacer de cada palabra

una insinuación.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 


En la morada efímera,
el rumor
de tus pulsaciones
llegando.

¿Saben los zahoríes
construir,
o saben las extremidades
y cursos
que sacian
algo mejor?

¿En qué método
confiar: cómo
nos damos
la lucidez?

Hacer de cada palabra
una insinuación.

 

 

Es tiempo de continuar sin que merme

el espíritu, en la veta blanca, con la claridad

mojando los labios.

 

Que no haya hermanos menores entre

los días de la semana.

 

Que cedamos el paso, las prisas, la ambición

desmedida, la antorcha olímpica.

 

Hay una libertad sin nombre

apenas musitada por las fresas salvajes

y las cigarras del verano y las mimbreras y los cerezos

maduros que me incitan a seguir este

u otro camino.

 

Es leve y persistente.

 

Lo que transportan las aguas del azar

que bebes a diario.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 

 

Has emprendido

las maniobras de alejamiento:

quizá también se estudien

en las autoescuelas,

mi memoria siempre es

selectiva, prefiero

las otras.

 

Enamorarse es rejuvenecer

años, décadas, desafiar

al tiempo y a la evolución

de las especies.

Nada sencillo, claro,

ni previsible.

Lástima de tanta energía

que se disipa.

 

Desiertos dentro de desiertos.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 


Has emprendido
las maniobras de alejamiento:
quizá también se estudien
en las autoescuelas,
mi memoria siempre es
selectiva, prefiero
las otras.

Enamorarse es rejuvenecer
años, décadas, desafiar
al tiempo y a la evolución
de las especies.
Nada sencillo, claro,
ni previsible.
Lástima de tanta energía
que se disipa.

Desiertos dentro de desiertos.


 

Reviso, manipulo, miro fijamente

las historias que contienen

esas fotografías que he acumulado

en los últimos meses.

 

Una rutina o evasión o un simple

ejercicio como inspector de vidas

ajenas, calles desiertas o rebosando

soledades, construcciones,

o nada más que buscarme

a mí mismo dentro de lo

efímero.

 

¿Espacios y gestos que me cautivan

o los ritmos y la cruda autoridad

del capitalismo urbano?

 

Mi dudosa pertenencia.

Tangentes, secantes: tránsitos.

¿Qué desvelar desde ahí?

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

¿Qué será de nuestra túnica aterciopelada

cuando las aves expresen una multitud

de próspera germinación?

 

¿Cómo se conservarán incandescentes

las ascuas y la mirada llena de espuma

y sal y un variable oleaje cuya luz

exacta nadie pudo determinar?

 

¿Acaso la arquitectura del deseo

se plegaría al visado de pasaportes?

 

¿Desandar el camino conduce a qué

lugar de residencia

y metamorfosis?

 

En este plano inmóvil, ¿qué imprevisto

acontecer nos transferirá la soberanía

de la mística cotidiana

y de la alimentación?

 

Con los cuerpos dañados que curan.

En la gramática latente del viaje.

 

¿Es el hueso blanco de la realidad

o el informe caprichoso emitido

por la plenitud?

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 

 

 

Sus labios en llamas

que no eran de este mundo.

 

El trance de sus caderas en fiesta

a punto de caramelo.

 

Hablo en tercera persona

como si aquel oleaje espectral, salado,

eterno huyese a la deriva.

 

Naufragio. Anunciación.

 

Mi piel florece de nuevo

al recordarte.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 


Sus labios en llamas
que no eran de este mundo.

El trance de sus caderas en fiesta
a punto de caramelo.

Hablo en tercera persona
como si aquel oleaje espectral, salado,
eterno huyese a la deriva.

Naufragio. Anunciación.

Mi piel florece de nuevo
al recordarte.

 

Dilema

rodeado de cumbres

y nieves perpetuas:

 

¿poema de amor o

qué categoría

de análisis

y ensimismamiento?

 

Si la verdad

con sus florituras

apenas

alcanza.

 

Si la inspiración

cristalina

es un género

abocado

a la cosecha.

 

Después

de extenuar

los instantes juntos -¿cuál

es la métrica

y la pizca

y el discurrir

adecuado?

 

Lo que es fértil,

la memoria

que nace,

amar

lo único -que

permanezcas

en mí

y revelar

los lugares.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 


Dilema
rodeado de cumbres
y nieves perpetuas:

¿poema de amor o
qué categoría
de análisis
y ensimismamiento?

Si la verdad
con sus florituras
apenas
alcanza.

Si la inspiración
cristalina
es un género
abocado
a la cosecha.

Después
de extenuar
los instantes juntos -¿cuál
es la métrica
y la pizca
y el discurrir
adecuado?

Lo que es fértil,
la memoria
que nace,
amar
lo único -que
permanezcas
en mí
y revelar
los lugares.


 

 

Y los intervalos de euforia y luz caducan,

nadie lo puede predecir.

 

Extrañamientos, oportunidades perecederas:

transito hacia una condición

en la que te desvaneces.

 

Tigre desnudo y bosque de sombras.

¿Cómo volverás a engendrar especies

umbilicales?

 

Lo que fermenta en tu nombre.

 

 

Fotografía: Sára Sadkova

 

 

 

 

 

 

Al cumplir años celebras al unísono lo que debía irse

y el tiempo que inauguras, inminente, rojo, palpitando,

en maduración.

 

Sabes que lo real y lo irreal se aman y se alimentan

mutuamente, se regalan acertijos, exóticas infusiones

y conceptos de sentido común.

 

Cuando te miras en el fondo de los ojos que te miran

descubres que es necesario seguir, que la belleza

reside en la yema de los dedos, en las anomalías

y las acrobacias que nos sostienen

en el aire.

 

Las líneas del horizonte, las incertidumbres, reafirmar

el presente. Una suerte de claridad que te inunda.

 

 

Fotografía: Sára Saudkova

 

 

 

 

 


Al cumplir años celebras al unísono lo que debía irse
y el tiempo que inauguras, inminente, rojo, palpitando,
en maduración.

Sabes que lo real y lo irreal se aman y se alimentan
mutuamente, se regalan acertijos, exóticas infusiones
y conceptos de sentido común.

Cuando te miras en el fondo de los ojos que te miran
descubres que es necesario seguir, que la belleza
reside en la yema de los dedos, en las anomalías
y las acrobacias que nos sostienen
en el aire.

Las líneas del horizonte, las incertidumbres, reafirmar
el presente. Una suerte de claridad que te inunda.

 

 

Hilos sueltos de los que tirar,

ninguna afirmación taxativa: sed

de que continúes

a tu modo.

 

Después de las líneas punteadas

y de los mapas imprecisos.

 

He excavado sin método a pesar

de las apariencias, intentos, avalanchas,

luz de gas.

 

En las estanterías se amontonan

todas esas guías fantásticas

para el laberinto: un simple botón

de muestra.

 

Albergar, tan sólo, la intersección

de mi universo con el tuyo.

 

 

Fotografía: Ash Thayer

 

 

 

 

 


Hilos sueltos de los que tirar,
ninguna afirmación taxativa: sed
de que continúes
a tu modo.

Después de las líneas punteadas
y de los mapas imprecisos.

He excavado sin método a pesar
de las apariencias, intentos, avalanchas,
luz de gas.

En las estanterías se amontonan
todas esas guías fantásticas
para el laberinto: un simple botón
de muestra.

Albergar, tan sólo, la intersección
de mi universo con el tuyo.

 

¿Cómo te voy a escribir “ternura” o “palabras

para dormir” o “escuchar la vibración

de tus labios que repercuten”

 

si este silencio, tardes lánguidas,

huesos y generaciones rotas,

excavando en montañas de libros

que acumulan polvo?

 

Sería sencillo y exacto: a modo de presencia,

tumulto del abrazo, quebrar la cáscara

de la nuez, decir la necesidad desde

su vientre y génesis

con la memoria luminosa del futuro.

 

Ángulos, silbidos frondosos, anidar.

Lo que precede.

 

 

Fotografía: Ash Thayer

 

 

 

 

 

Por ejemplo, como si nadáramos

y en esas brazadas

en el medio acuático,

la misma pregunta:

cuándo y cómo alcanzar la orilla.

 

Tienes razón: el presente,

no menos que el ayer

y lo que podría configurarse

si los astros

se alinearan,

son un experimento.

 

Uno más, bienvenido sea.

Que nos ilumine, por fin,

la ciencia

de las nubes.

 

 

Fotografía: Ash Thayer

 

 

 

Por causa de las limitaciones de espacio

y por otros motivos

bailamos

muy próximos

entre las sábanas

y sobre el plato de ducha.

 

 

Fotografía: Ash Thayer

 

 

 

En medio de todo,

una pausa breve que aprovecho

para aspirar una bocanada

de tu memoria.

 

 

Fotografía: Ash Thayer

 

 

 

Sólo en la canción prohibida oyes rugir

un volcán en tus oídos.

 

Los muslos dóricos aplazan la asamblea

de las aguas. No hay que precipitarse,

escampará.

 

Nido, unión rebelde, crisol de antiguas fuerzas.

 

Secciones de mí desaparecen de la vista.

La noche ámbar como ímprobo silogismo:

lo que el corazón ve.

 

Te aproximas incesante y pectoral y pélvica

y la ley general

proclama

abundancia, vítores, boca de riego.

 

Doy crédito a la muda erupción.

Voluntad, abrazo.

Mamíferos.

 

 

Fotografía: Ash Thayer

 

 

 

 

 

 

Desenmascarar

y no ver un rostro.

 

Donde hay un conjunto difuso

de imprecisiones:

trazar intentos de unir.

 

Extirpamos la noche elástica

de su pesado

equipaje.

 

Una suerte de improbabilidad donde

también nace el sentido.

 

 

Fotografía: Ash Thayer