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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Cuando veo a esos niños de la calle

y de las escombreras,

 

a esos hombres con rifles

y que violan,

 

a las máquinas derribando

casas que eran

hogares y refugios,

 

todos mis principios éticos

se sienten inútiles y pequeños

y solo se preguntan

por qué flanco llegará

el próximo golpe.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Yo me alimento

de las musas.

 

Pero ¿de qué

se alimentan ellas?

 

La experiencia

me indica

que la prueba

concluyente

para su selección

es verlas comer

con entusiasmo,

devorar incluso

y nunca descartar

el postre.

 

En el fondo,

creo que nos

gusta llevarnos

a la boca

cosas semejantes.

 

 

 

Sí, confirmado,

las musas

son imprescindibles.

 

Sobre todo, las de carne

y hueso.

 

 

Fotografía: Attilio Dagostino

 

 

 

Hay un tipo pululando

que se llama como yo,

escribe poemas

y me confunde

cada vez que sé

de su presencia.

 

Llevaba unos días

intentando resolver

los hiatos

entre mi yo real

y el que represento,

y ahora llega este doble

para elevar un grado

las dificultades.

 

 

Fotografía: Roger Mayne

 

 

 

Al deseo no conviene

estrangularlo

ni por defecto

ni por exceso.

 

Ni por el punto

medio.

 

 

Fotografía: Stevenson

 

 

 

 

El deseo es una cuestión

de tiempo.

 

Tiempo para madurar.

Tiempo para el escondite.

Tiempo para resurgir

de las cenizas.

 

 

Fotografía: Hans Wolf

 

 

 

 

Las amantes de verdad

son las que me piden

que llame a la oficina

y diga que estoy enfermo

porque los antojos y el vicio

suelen contradecir

los horarios laborales.

 

Las demás

son flores de otro mundo

para los ratos libres

y los fines de semana.

Y eso con suerte,

si no me marchito

antes.

 

 

Fotografía: Debbie Thijs

 

 

Primero me arrancaste
la ropa,
luego la piel
hasta que se mostró
desnudo
el niño
que no fui.

Habiendo llegado
tan lejos
supongo que no
tardarás mucho
en darte
la vuelta.

 

 

Nos hicimos fotografías
con mucho deseo,
poca ropa
y el tiempo
justo.

Por la ventana no sé
si nos llegaron
a observar
los obreros
de la construcción
adyacente.

Nosotros con un té
de arroz japonés
e invocando
lo sublime.

Ellos con su cerveza
en una mano
y el pitillo en la boca
dándole lustre
a las paredes.

Todos concluimos
la jornada
con plena
satisfacción.

 

Fotografía: Carl Von Vechten

 

 

 

Quiere escribir libros

y guiones de películas eróticas,

concebir coreografías,

cantar y observar

cómo hacen el amor

en las habitaciones

de los hoteles.

 

Todavía tiene tiempo

para no arrepentirse

de nada.

 

 

Fotografía: Penny

 

 

 

Me siento culpable

por no acabar

los trabajos pendientes

cuando me pongo

antes a escribir

poemas.

 

Pero solo los poemas

son responsables

de llenar con su júbilo

la pequeña muerte

que acontece

después de concluir

un trabajo.

 

 

Ilustración: Pedro Peinado

 

 

 

 

Me suele dar

mucha pereza

meterme en la cocina

cuando estoy solo.

 

Pero este guacamole

rico y simple

que preparo

y que evoca

tu cuerpo

en trance,

 

podría conseguir

que nos chupásemos

los dedos

hasta altas horas

de la madrugada.

 

 

Fotografía: Edward Ysais

 

 

 

Aquí, donde las sombras

del totalitarismo

aún se agitan

y desprenden

polvo.

 

Aquí, no menos,

la determinación

cotidiana

frente a cualquier

forma

de disciplina.

 

En ausencia

de una nube

de mosquitos,

repeler

la bruma pegajosa

de indiferencia

desde múltiples

puntos

de fuga.

 

 

 

 

Cuando piensas

que ya todo está

perdido,

 

que las epifanías de ayer

se arrumbarán

sin vuelta

en esas cajas precintadas,

 

que nadie te besará

en plena declamación,

entre verso

y verso,

 

y que, encima, nada

de esto se considerará

una cuestión seria

por más savia

que inyecte

en la médula

espinal,

 

es porque no has picado

en suficientes

anzuelos.

 

 

 

 

Me dijo que en su infancia

hacía el amor con un cocodrilo

que, además, le servía

como almohada en la que ahogar

las penas de un mundo adulto

cruel y tedioso.

 

Después inspeccionaba siempre

las escamas de sus amantes

y sus capacidades

natatorias.

 

 

Fotografía: Benny Horne

 

 

 

 

Me gusta ser

su capricho.

 

Ya sé que así

no vamos

muy lejos.

 

Pero a veces

edificamos

sublimes

quimeras.

 

 

Ilustración: Robert Schultz

 

 

 

 

 

También me hace feliz

emular a los niños,

siempre tan dispuestos

a aprender lo que sea

con tal de disfrutar

un poco más.

 

 

 

 

Pensar en ella

todo el rato.

 

Esas obsesiones

de antes que ahora

me agotan

enseguida.

 

 

Fotografía: Brassai

 

 

 

Si estuvieras conmigo

no trabajaría tanto

o sólo a la vez que tú.

 

Esas distracciones

y lujos sí me los puedo

permitir.

 

 

Ilustración: Pedro Peinado

 

 

 

 

No es que yo sea un inútil

que no sabe poner un parche,

es que los mecánicos

de bicicletas

son simplemente ángeles

de precisión

duchos en los más

endiablados

secretos

de ese prodigio

que me hace volar

cada día.