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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

El Rey es un fantoche.

Mayúsculo.

 

Practicar el regicidio

como una de las bellas

artes.

 

Parecen cosas

del pasado. Pero no.

¿Larga vida?

 

Y si nos amenazan

por la vía legal:

digamos

que la hipérbole

es un recurso

de la ficción, y allá

cada cual

con sus actos.

 

Que, por lo menos,

él también

se siente

en el banquillo

de los acusados.

 

 

Ilustración: Debbie Millman

 

 

 

¿Y quedarán huecos

que rellenar

entre el bando

de la conciencia

y el de la existencia?

 

¿Y en qué margen ubicarán

a quienes les traen

sin cuidado tamañas

y espurias

distinciones?

 

¿O nos mandarán

al resto

a freír espárragos

en Siberia?

 

 

 

No vale decir:

es que no me sale nada

desde hace meses;

sólo escribo

por necesidad.

 

Pensando que está dentro,

que llama

y se le recibe

con entusiasmo.

 

El poema.

El látigo.

La palabra hiriente.

 

Acopio de materiales,

constancia.

Entrega obsesiva.

Borrón

y cuenta nueva.

 

Con el amor,

por el contrario,

es más fácil tomarse

unas largas

vacaciones.

 

 

 

 

Sustancia

altamente

inflamable.

 

Esa advertencia

que logra alejar

a más de uno

para siempre.

 

 

Fotografía: Masao Yamamoto

 

 

 

 

Tan pocas verdades.

Y, encima,

tan quebradizas.

 

 

Fotografía: Todd Hido

 

 

 

 

De ese par de semanas

en el solaz

del Mediterráneo,

echo de menos

el amor

y aquellos tomates

que sabían

a paraíso

-en idéntica medida.

 

(Momentos pasajeros

en los que claudicar

a la nostalgia.)

 

 

Ilustración: Paula Bonet

 

 

 

 

Ya se me ha pasado el arroz.

De todas esas jovencitas

me separa un abismo

infranqueable,

por mucho que tonteemos.

 

Habrá llegado la hora, supongo,

de deleitarse a distancia

-sin menoscabo

de la ternura.

 

Aprender de ellas,

no hay otro sentido:

de su afán

por romper moldes.

 

 

 

Y cuando dejas de estar ahí

y eres sólo el ausente,

emergen toda clase

de malentendidos.

 

La descomposición.

Los recuerdos parciales,

más parciales aún

que de costumbre.

 

Cuerpo con la cabeza

cortada.

 

Y no hay modo

de expresar

que en el silencio

y en lo oscuro

también se cultiva.

 

 

Ilustración: Debbie Millmnan

 

 

 

Lo contrario del amor

no es el silencio.

 

¿Dónde, si no,

cultivar

la llama

de lo posible?

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

En las despedidas

y en los reencuentros

pueden estallar

las pasiones

desaforadas.

 

Y todavía hay

quien insiste

en querer compartir

las cenizas

un día tras otro.

 

 

Fotografía: Miguel A.Martínez

 

 

Casi prefiero

no ponerle nombre.

 

Después de tropezar

tantas veces

con la misma piedra,

lo peor es

que no escarmiento.

 

¿Cómo serían

los caminos despejados,

además de una mera

ilusión?

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Todos los poemas

son poemas de amor.

 

Tal vez.

 

Pero en los poemas

de desamor

hay que escarbar

muy a fondo

para hallar

alguna raíz

viva.

 

 

Fotografía: Masao Yamamoto

 

 

 

El joven y maduro poeta

yankee

se presentó en la fiesta

con aire campechano

y una amabilidad exquisita,

con inusitado interés

en todas las conversaciones

y zigzagueando

como pez en el agua

entre los trotamundos

que residimos

en este apéndice

oriental.

 

La vida cuanto más lejos,

mejor, para merecer

la virtud

de la escritura:

un interminable bullir

de anécdotas

dignas de incorporarse

a la próxima obra

ya en ciernes,

ahora que su primer

y flamante libro

publicado caducaría

en un corto plazo,

dada la penosa

memoria

del mercado editorial.

 

Mientras hacía alarde

de sus reflejos

al vuelo

con el nombre del marido

de Sylvia Plath,

recordó a otros autores

en mi lengua

e incluso afirmó

haber conocido

en cuerpo ajado

y alma generosa

y múltiple,

a ese hombre enigmático,

Raúl Zurita,

declamando

su verdad

aunque se le resista

la comprensión

de cada uno de sus gloriosos

versos.

 

Sin atisbos de inconsciencia

regresamos en el último

ferry

donde unos hombres blancos

nadaban en alcohol

amados por sus chicas

de ojos rasgados,

y los vaivenes de las olas

y las luces artificiales

nos señalaban

que también hay

flotadores y chalecos

salvavidas

para los lunáticos

de toda calaña.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Por enésima vez,

esto del amor

es como repetir

el entretenimiento

de lanzarse

por el tobogán:

 

un descenso acelerado

que culmina

de forma precipitada

en el solar de siempre

o en un nuevo

chapuzón.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Mi fórmula secreta

no tiene ningún

misterio:

 

hasta ahora

tan solo he ido

sustituyendo

unas obsesiones

por otras.

 

 

Fotografia: Miguel A. Martínez

 

 

 

Tus piernas

casi desnudas

y transparentes,

aún grabadas

a fuego

en mis pupilas.

 

 

Fotografía: Bill Brandt

 

 

 

 

Los días en los que pervives

en mi memoria

como una inundación

y yo sólo busco la manera

de salir a flote.

 

 

Fotografía: Lillian Bassman

 

 

 

El mundo no es

de color de rosa.

Qué te voy a contar

que tú no sepas.

 

Pero no hay un pozo

que nos saque

de otro pozo,

ni religiones

ni monsergas

que se han dado

tanto de bruces

contra los mismos

muros.

 

Esclavitudes

más o menos disimuladas.

 

Niños y niñas sometidos

en el fondo

de los más repugnantes

abismos.

 

Criminales de toda casta

y condición

llevando la batuta

de los asuntos públicos.

 

Inversores

sin escrúpulos

ante la sangre

que derraman.

 

Enfermedades curables

aunque no produzcan

rentabilidad

pecuniaria.

 

Torturas oficiales,

asesinatos impunes,

mujeres machacadas

en todas las esferas

de sus vidas.

 

El listado

de los horrores,

por desgracia,

podría extenderse

hasta el infinito.

 

Yo también doy

puñetazos en la mesa

y siento asco

y rabia

y no entiendo

por qué persisten

tantas aberraciones.

 

Ojalá tuviera más

respuestas

y las victorias pírricas

del pasado

me levantaran la moral

cada mañana.

 

Sólo te puedo decir

que en este sinuoso

camino, por lo menos,

siempre he hallado

almas gemelas,

cómplices

y compañeros

en las más variopintas

batallas.

 

A veces amistades,

a veces amores,

a veces personas

anónimas

pero ejemplares

o cuya ambigüedad

me servía

de espejo.

 

No es para tirar

cohetes,

ni se trata ahora

de pasarnos al bando

de un optimismo

psicotrópico

con el que te llevan

al matadero

en cuanto te descuidas.

 

Tú ya sabes

que necesitamos

pan y rosas

y que nadie

nos las va regalar

por nuestra cara

bonita,

aunque es hermoso

recordar

tanto trabajo

para que acontezca,

al fin,

lo extraordinario.

 

 

 

Este activismo

frenético

tan solo para mitigar

la abrumadora

desesperanza.

 

 

Fotografía: Angel García

 

 

 

Ojalá la belleza

pudiera apaciguar

a esa pléyade

de alimañas.

 

 

Fotografía: Peter Beard