¿Cómo temblará tu piel
cuando te bese con estas palabras
que llevan tantas horas
agazapadas?
¿Cómo temblará tu piel
cuando te bese con estas palabras
que llevan tantas horas
agazapadas?
He recorrido célere
los trayectos asignados.
Y no se ha movido ni una coma
de su sitio.
Fotografía: Nina Fräser
Ese niño
que muchas veces se reía,
a pesar de todo.
Perseguir mis sueños
por el precipicio
de los tuyos.
Escalando.
Fotografía: Ricardo Gasparotto
Entre las decenas
de seres anónimos
cada día, lo que tú me das,
-leve, tibio, oblicuo,
jirones de añil-
brilla con luz propia.
Fotografía: Einuhr
Ahora que empezamos una nueva etapa,
conviene prepararse
para lo que pueda suceder, dando por hecho
que partimos con la ventaja
de anteriores entrenamientos.
Habrá que aceptar la presencia
de un vecindario abundante y conocer
la proporción estimada de quien sonríe
sin grandes sacrificios.
Aún no me imagino qué reacción
nos suscitará la compañía
de los tiburones rondando y el acecho
de las serpientes tropicales.
La humedad relativa del aire, tal vez,
impulse la libido hasta límites
insospechados.
Por muy lejos que nos hallemos, es
obvio, persistirán los mismos desafíos
que conocemos de primera mano:
domar las tormentas eventuales, mantener
incólumes los minerales preciosos y lograr
que ninguna rutina despierte las alarmas.
Estos cambios de perspectiva no van
a detener el paso del tiempo de igual manera
que la lozana juventud continuará
ejerciendo su resistencia.
La belleza, a buen seguro, aprovechará
la oportunidad para manifestarse
en las apariencias más inverosímiles:
tan sólo dependeremos de nuestros apetitos
para seguir descorriendo velos.
Como siempre, el futuro contigo se presenta
apasionante a juzgar por el excedente
de cosechas anteriores.
Nada indica la necesidad, pues,
de consignar desmedidas proyecciones.
Ilustración: Armelle Caron
¿En qué puedes confiar
sino en el universo
vacío y hambriento
que contienes
y llevas contigo?
Es solo levedad,
verbo en tránsito.
Ausencia
de proyectos lejanos.
Carpe diem ahora
que no temes.
Nadar
en esta inundación
de luz.
Fotografía: Ana Nieto
Las parejas
que más me sorprenden
son esas en las que brillan
la alegría y la tristeza
al unísono.
¿Será ese el amor verdadero?
Fotografía: Anders Petersen
Hay parejas
que parecen tal para cual,
como un traje a medida.
Lo inquietante
es que nunca se intercambien
los papeles.
Fotografía: Robert Mapplethorpe
Esto sí, esto no.
Tácticas.
Guerrilla.
Ubicuidad del poder.
Como si fuera tan fácil
tomar partido.
¿Cómo eres
cuando no estás
aquí?
¿Qué bulle
en tu silencio?
¿Andarás
bajo la influencia
de un viento
cálido
y benigno?
¿Con qué pequeños
placeres
te deleitarás?
¿Qué anhelas?
Quiero decir:
¿qué nombres,
qué materia,
qué perfumes
constituyen
tus anhelos?
¿Qué pensarás
del amor
y de la situación
política
en estos convulsos
momentos?
¿Qué te conmueve
del libro
que lees?
¿Te sigue preocupando
el futuro justo ahora
que aceptamos
la evanescencia
del tiempo
presente?
En fin:
¿hacia dónde
miran
tus ojos?
Quiero vivir en un mundo
donde las mujeres
sean libres
y diferentes.
No me conformo
con que sean deseables.
No quisiera ser agorero
pero nadie está libre
de que le ocurra una desgracia.
Sería mejor girar como una peonza
y olvidarse de las irremediables
contingencias.
Ahora que podemos.
Los momentos sin preocupaciones
pasan como un suspiro.
En cualquier país del mundo
la vida sigue unas mismas
coordenadas:
estás solo, tienes frío, necesitas
dormir más horas
de las que permite
la legislación vigente.
Tomo distancia, ya lo sé,
pero es mi sangre
la que hierve, son mis heridas
nunca cerradas:
¿acaso difieren tanto
de esos niños correteando
y en busca de un asidero?
¿Y qué puede llenar
la ausencia de equilibrio
sino este existir
sin alegrías a precio de saldo?
Por lo menos, que haya un colchón.
Que no tengamos que lamentar
lo evitable a todas luces.
Después, que cada cual
se haga cargo de sus quimeras
y ambiciones, aunque habrá
que pararle los pies
a la calaña insensible.
Las prisas, sin duda, matan
antes de tiempo, o matan
sin contemplaciones.
El amor tampoco parece
un antídoto que despeje
las incógnitas.
Seamos pragmáticos:
no pidamos nada.
Ilustración: El Roto
Levantamientos populares:
tan revulsivos y
sobrecogedores.
El entusiasmo, nos advierten,
caduca muy temprano.
La belleza no se esconde.
Nos desborda,
está por doquier,
se encarna en los gestos
comunes y en los
extraordinarios.
Si no la ves,
por lo menos,
cierra los ojos.
Fotografía: Olmo Calvo
Para ese público reacio
al noble género
de la tratadística,
conviene la versificación
de las más áridas
y escabrosas materias.
Señalemos, por hablar
de algo que nos compete,
el objeto de escrutinio
de las ciencias sociales.
Por un lado, todo arranca
de disputas con los próceres
de disciplinas adláteres
y primas residentes.
Que si la libertad
del individuo está la pobre
menguada por los influjos
de los semejantes.
Que si la felicidad
y otros elevados ideales
aterrizan siempre
de forma accidentada.
Que si las leyes
y sus transgresiones
deben más a los humanos
arbitrios que a los señuelos
de quien dicta la prosa
o a la ignorante maldad
de quien se ve obligado
a obedecerla.
Demarcado el territorio
de las omisiones,
por muchas grietas
que lustren los muros,
cabe añadir el duelo
existencialista:
¿Quién puede conocer
a quién si cada sujeto
de conocimiento
es a la vez miembro
de pleno derecho
-juez y parte,
palo y zanahoria,
ojo que observa
al ojo que se sabe
observado-?
Esta paradoja fundacional
sigue trayendo de cabeza
a quien no ha cortado
por lo sano: amputando
la controversia
y sembrando hormigón
cual afanado ingeniero.
El siguiente capítulo
consiste en afirmar,
en modo sustantivo,
la declaración de intenciones.
Fieles a este breviario
consignemos: procédase
a identificar relaciones
de lo más variopintas,
con amigos y enemigos,
con parientes próximos
y lejanos, con jefes y con
subordinados, las que buscan
sexo y consiguen amor
y las que operan a la
inversa, las que ejercen
poder y las que lo
cancelan, las que monologan
y las que conversan,
las que definen
los comportamientos
extravagantes y los más
rutinarios y anodinos,
las que nos obligan
a viajar para poner en
cuestión lo universal
de lo humano
y lo particular de nuestro
nicho como animales de
alto voltaje depredador.
Alíñense adecuadamente
con una pizca de sal
y pimienta, al objeto
de apreciar sus matices
y reclamaciones.
Consúltese la receta
a la abuela e indáguese
en las viejas historias
para las que nadie nunca
tiene tiempo.
Descúbranse los ingredientes
que hacen ligar a las partes
y lo eventos de ebullición
en virtud de su capacidad
para trastocar el orden
de los objetos.
Y vayamos terminando
que también el género
lírico posee unos umbrales
de tolerancia.
No se olviden
de la práctica
y de cada minúsculo acto.
Sigan discutiendo
y deconstruyendo
antes de acometer
la ruta de la seda:
sobre todo, sus propios
intereses y ensoñaciones.
Persistan a la vez
en las raíces de los largos
y frondosos procesos.
Distingan estrategias
fallidas y contradicciones
principales.
La realidad seguirá
su cauce, sin duda, y
presentándose harto
escurridiza.
Y toda nuestra comprensión
apenas, ojalá, que prenda
una chispa y encienda
una mecha.
Tu voz
no es tan tuya
a juzgar
por los ecos
de otras voces
que se oyen
participando.
Cuando aprendes
un idioma nuevo
quedas ligado
a su universo
para siempre.
Y si dejas de usarlo
y lo arrinconas,
el muñón
no pasará
desapercibido.
Fotografía: Jason Eskenazi
No me extraña
que apenas haya diferencias
entre emborracharse con alcohol
y hacerlo con palabras
pues, al igual que ocurre
con otros tantos actos fallidos,
se dirigen a un mismo fin:
el de aplacar las pasiones
libidinosas caídas
en desgracia.
Fotografía: Ana Nieto