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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)



 

¿Serán golondrinas estas aves

que merodean frente a mi ventana

en el piso vigésimo tercero

de esta torre anoréxica

de Hong Kong?

 

¿Qué sustento poseen

las categorías y clasificaciones

que creímos universales

antes de experimentar

la deriva?

 

¿Y qué vigor

ante un horizonte

de melancolía?

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

¿Por qué nos hipnotiza

lo artificial y lo abstracto,

por qué esa ausencia deplora

el relámpago hábil de la mano,

la voz que sonríe con su ámbar?

 

Cadenas de la noche, hermetismo.

¿Dónde se aloja la dulzura?

 

Inconsistencia.

Hasta el orden pestañea y los seres

acuáticos reúnen un pequeño tesoro

de un valor incalculable.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Una manada de nubes grises,

como elefantes,

se acerca a paso firme.

La temperatura es alta, superior

a los treinta grados, un bochornoso

calor húmedo.

Apenas arrecia la descarga

de lluvia por unos minutos

y se disipa la turba, guareciéndose

bajo las cornisas.

Empujada por un aire invisible,

la masa algodonada del monzón

se dirige hacia las cumbres protectoras,

permitiendo un clarear

hasta que las autoridades avisen

al turno siguiente.

 

No he visto los élitros de las mariposas

por ningún lado.

 

 

Fotografía: Miguel Martínez

 


 

Filosofía del rascacielos.

 

Ya estaba todo el pescado vendido.

No quedaban solares, ni hortalizas,

ni vetas sinuosas y rebeldes

de agua que cementar.

Todo abocaba a habitar el aire

y acariciar las nubes.

Querían vivir juntos.

Nadie tenía vértigo

o se domesticó en tiempos

inmemoriales.

Abigarradas edificaciones,

rozamiento de los cuerpos

en el transporte público,

miradas ausentes

y fondos sin tu luz.

Atisbar un gesto

de amor exclusivo

en el crisol de tanta humanidad

concentrada.

Bajaré al parque municipal

a contemplar las armonías.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

El idioma se bifurca.

La luz, una inundación

que puede cegar.

 

Desde las nubes alguien

intuyó otro desierto allí abajo.

Y nadie reparaba en el tiempo

implacable.

 

Amamos una declinación

tan breve.

 

 

 

¿Quién puede contradecir a un beso?

 

 

 

La belleza del ciclista

cuando maniobra

para conservar el equilibrio

hasta que el semáforo

se pone en verde.

 

Su danza

en la primera línea.

 

 

 

Fotografía: Stanko Abadic

 

 

Tengo un sueño.

Bebo vino.

Siempre hay música en mi cabeza.

Juego con unas niñas

y nos reímos mucho.

La brisa del crepúsculo

me refresca.

Deseo.

De una manera ambigua, indefinida,

pero sé que deseo.

Veo un jardín de flores

lilas y azuladas, parecen olas.

El carmín en los labios me atrae

por más que lo niegue.

Pienso en un mar en calma,

en tiempo para escribir.

Un tiempo precioso.

Ya no me duele nada y me alegro.

Tal vez es la ebriedad.

O el placebo de las palabras

clandestinas.

Deposito unas monedas

en la hucha de los secretos.

Me fijo en la ranura

tan simbólica.

Pero el contenido es muy

transparente, sin hablar apenas.

Ella me observa,

de todos modos.

El viaje onírico remite.

Me incorporo mas el rumor

de lo imaginado sigue conmigo,

no quiere perecer.

La vida continúa

con sus objetos sin voluntad

y con todos los demás seres

aleatorios.

 

 

Fotografía: Jean Loup Sieff

 

 

No era una mentiroso,

sólo incurría en contradicciones.

 

 

Ilustración: Maria Mjöllnir

 

 

En aquellas ocasiones en que hablaban conmigo tan sólo con interrogaciones, me sentía incómodo, como un falso protagonista. ¿Quién definía los propósitos de las preguntas? ¿Por qué se exigía mi participación? A menudo podía pasar desapercibido, observando lo justo, degustando el fluir del tiempo y los detalles nimios del entorno. No sé si era una especie de regalo o casi una necesidad fisiológica, pero esos momentos de vida social, al menos, rompían con la rutina y el ensimismamiento. Lo peor sucedía con motivo de celebraciones, despedidas y otros eventos en los que arreciaban todas esas cuestiones convencionales sobre el trabajo, la familia, la hipoteca o las noticias de actualidad. Si no eran muy impertinentes, tendía a escabullirme detrás de una sonrisa o de respuestas cortas y esperables. ¿Para qué ir de extravagante? ¿Es que deberíamos ponernos a jugar a otra cosa en vez de representar la misma farsa de siempre? ¿Por eso descuidaba las amistades y apenas llamaba durante meses, por temor a ese espejo reiterativo y absurdo? Otras veces las conversaciones se cruzaban e interrumpían mutuamente, como si nadie tuviera interés en que alcanzasen alguna meta con sentido. Era desesperante pero, incluso ahí, lograba alejarme un poco del ruido gracias a algunas interjecciones de asentimiento o al mutismo que, probablemente, daba una imagen de mí bastante deplorable. Sólo el baile y la risa tonta me permitían evadirme de la cacofonía reinante. Es como cuando te quitas las gafas y todo alrededor continúa a su ritmo sin que nadie se percate de tu carencia de dioptrías.

 

 

Fotografía: Stanko Abadic

 


 

Los objetos no nos pertenecen.

El alma está hecha de objetos

de todo tipo, por muy intangibles,

perecederos o voladores y no

identificados que nos parezcan.

 

El alma no nos pertenece.

Hacemos mudanza de alma

y los sentimientos siguen ahí,

simbióticos, parásitos, esperando

su turno en un nuevo paisaje

sin temor a la indigencia.

 

Somos, sin duda, una materia

muy frágil.

 

 

Ilustración: Maria Mjöllnir

 

 

 

Ahí se queda,

te ofrezco su lectura,

una línea de fuga, algo

con lo que entretener

las yemas de tus dedos,

para que hilvanes

en los márgenes,

para que respires

con alevosía,

por si buscas un nombre

propio con el que indicar

lo clandestino,

tu particular manera

de recuperar el tiempo,

de crearlo, de cabalgarlo

a expensas

de los placebos y simulacros

de felicidad.

 

Puedes ahorrarte

los comentarios, me conformo

con tu placer en secreto.

 

 

Ilustración: Andre Dahmer

 

 

 

El silencio

que antecede

y asedia después

a cada palabra

pronunciada.

 

El silencio sin el cual

la palabra vive ajena

al significado.

 

 

 

Es muy útil elaborar

una lista de tareas pendientes.

 

Una vez que vuelcas en ella

lo que te ronda por la cabeza,

adiós a las preocupaciones.

 

Lo perverso del asunto

es que no sueles acordarte

de consultar lo registrado.

 

 

 

Ir por la calle

y dejarse acariciar

por las miradas de deseo.

 

O imaginar que te desean,

que es exactamente igual.

 

Estas altas temperaturas

estivales es lo que tienen.

Se te suben a la cabeza

y te crees que la felicidad

es abundante.

 

 

 

Lo están privatizando todo.

 

Las escuelas y las bibliotecas.

Los hospitales donde se refugia el dolor

y, no obstante, tan necesarios

y paliativos.

Los servicios de extinción

de incendios. Los muy pirómanos.

El suministro de agua

a tanta gente sedienta y alejada,

no por voluntad propia,

de los manantiales.

Las exiguas moradas de quienes aún

se resisten a los líricos techos

de estrellas.

Las flores.

 

¿Las flores?

¿Pero qué interés pueden tener

en unas simples flores?

 

 

Ilustración: Agata Walny

 

 

Cuando alguien tiene en su haber

varios cientos de millones de dólares

y abre la boca no precisamente

para estornudar,

 

su discurso huele a chamusquina.

 

 

Colocarme ahí,

junto a esas flores

perfumándolo todo

alrededor.

 

Dejándome contagiar.

 

 

Un poema

como una ventana

por donde se airean

los pensamientos.

 

De cualquier

catadura moral.

 

 

Fotografía: Einuhr

 

 

 

Encontrar

las mismas preguntas

en el reflejo

de tus ojos.

 

 

Fotografía: Vivian Maier