
“La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable.
Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas con las manos, tocándome. Dibujas tu nombre en mi vientre, como un tatuaje, con letras por ti inventadas, que son caricias. Voy hacia ti, con infinita paciencia, como si un inmenso mar entero fuera la medida de este viaje. Voy de la orilla de mi cuerpo al tuyo. Tu sonrisa es mi viento favorable.
La noche en el hueco de tus manos canta como el mar, con furia. Llenas mi espalda con las huellas de un oleaje que entra suave y arañando se retira.”
Alberto Ruy Sánchez, En los labios del agua
Así comienza esta evocadora novela que da vueltas, una y otra vez, sobre el lenguaje del deseo. Con un estilo poético y erótico. Con unos personajes a los que sólo los sueños y la ficción dan sentido. Más allá del viaje apasionado de su narrador, el relato interroga al lector: ¿podrías tú también pertenecer a la casta de Los Sonámbulos, a esa estirpe secreta de quienes se reconocen en la fuerza de su mirada, en su pasión vital? Inténtalo, explora a tus semejantes, ama con delicadeza las complicidades. Confía en las historias amorosas de quienes cultivan la caligrafía árabe. Sumérgete en los oasis que sólo albergan a los animales pacientes. “El amor es un pájaro rebelde.”
“Soñé que me acercaba lentamente a tu boca, venía probándote desde la nuca. Mis labios iban rozando apenas tu piel, los vellos más delgados del cuello, los lóbulos, las mejillas. Y cuando girabas de golpe para atrapar mi boca con la tuya, mordías sólo mi labio de arriba mientras el otro llegaba hasta tu mandíbula. Me ofrecías todos los ángulos pronunciados de tu cara. Me dabas a comer tus pómulos, luego tu barbilla. Entonces decidías mojarme la cara, poco a poco, con la lengua. Mojabas y secabas con la piel de tus mejillas; una y otra vez hacías lo mismo. Luego te apoderaste también de los párpados. Me hacías mirar la humedad de tu boca sobre mis ojos cerrados. Cuando menos me daba cuenta habías pasado de acariciar con tu lengua en círculos mis ojos a hacer lo mismo con mis testículos. Dibujabas de nuevo con la punta de la lengua, a través de la piel, todos mis círculos. Y otra vez me hacías mirar y admirar de placer la humedad sin verla. Todo mi cuerpo era un eco de círculos concéntricos alrededor de tu boca. Yo era una espiral movida por tu lengua.”
Aziz Al Gazali, El sueño de los cuatro círculos

La 6ª Muestra de Cine de Lavapiés, completamente autogestionada por gentes muy voluntariosas y que ofrece interesantes proyecciones gratis para cualquiera que se acerque por El Solar okupado o por algunos de los otros locales colaboradores del barrio, nos ha regalado este año, entre otras, una cinta que a mí me había pasado desapercibida: Linha de Passe (Walter Salles y Daniela Thomas, 2008). Por un lado, me maravilló todo el lirismo de las imágenes de una ciudad al alba o al crepúsculo, o planeando por las indefinidas favelas acumuladas en las colinas de São Paulo (por cierto, en este pasado curso una alumna brasileña nos mostró en clase una imagen de uno de esos barrios y nos solicitó nuestro análisis crítico... nadie observó nada raro hasta que ella nos señaló que la imagen estaba al revés...). Por otro lado, la interpretación de los cinco personajes centrales es verídica, realista y dramática desde el primer segundo. Cada uno de los cuatro hijos de una madre soltera y pobre que limpia en casa de una familia adinerada, va trazando sus complicadas vicisitudes por sobrevivir en una ciudad donde parten de cero o, como en el caso del dotado aspirante a futbolista, donde la competencia es feroz y siempre hay mediadores aprovechados de las miserias ajenas. El más pequeño de los chavales emprenderá la temeridad de conducir un autobús, quizás buscando la quimera de su padre desconocido. Uno de los hermanos estará tentado de pasar la línea entre su trabajo como mensajero en una moto que nunca acaba de pagar, y el robo de bolsos en los coches aparcados en los semáforos. Y otro se debate continuamente entre las parábolas evangélicas siempre fallidas y su diletante conciencia y tentaciones. Lo mejor de la película es que no es un simple retrato de la pobreza ni un discurso moralista con un final preconcebido: se trata, más bien, de una minuciosa indagación sobre los terribles momentos de bifurcación a los que se enfrentan personas que viven en la pobreza urbana, sumergidos en la invisibilidad y en una violencia económica que les trufa de obstáculos todas sus acciones. El final queda muy abierto, pero no impide sumirte en una angustiosa tristeza y en la rabia indignada. Lo peor de todo ello es la convicción que te arroba desde el primer momento: millones de personas más en decenas de megalópolis se hallan en esas tesituras cada día. Una auténtica patada en el estómago.

Y a veces toca ir al teatro. En este caso gracias a Diagonal y a la sala Cuarta Pared, por su generosa invitación y complicidad. La obra: Siempre fiesta (Javier Yagüe, 2009). Como dice el prospecto de presentación, “Siempre fiesta habla de cosas engorrosas, inconvenientes, antipáticas e incorrectas”. Y su mejor aliciente es que no te deja indiferente, te provoca y, además, te hace reír con ganas y motivo. La representación arranca con un narrador que narra con gracia y que se va metiendo continuamente en las escenas, como quien no quiere la cosa. El resto de actores lo van integrando con naturalidad en sus diatribas, como si no estuviera allí, o como si estuviera y les fuera útil en ciertas ocasiones. De hecho, el narrador se presenta como actor en potencia, es decir, como actor en los ratos libres que le deja su ocupación habitual de camarero, esa que desearía únicamente transitoria, como tantos otros dedicados a la farándula. Las escenas son una permutación con ligeras variaciones en torno a una cena de navidad en familia. Lo curioso es que después de la segunda o tercera repetición todavía siguen sorprendiéndote las caricaturas que hace cada personaje de sí mismo, las pintaditas que van haciendo en los muros o la desidia de fondo que la propia redundancia acentúa. La familia es, para más añadidura, una pintoresca empresa familiar de fabricación de puertas que cena tras cena va asistiendo a los repartos de dividendos, a los despidos de sus trabajadores, a la conversión en empresa comercializadora de puertas chinas y a un continuo murmullo de revueltas en la calle. Pero no la voy a destripar más pues tan sólo pretendo recomendar esta esta estupenda y ácida comedia, por si aún está vigente en Madrid o en algún otro lugar.

Estábamos los dos en el cine. En vez de mirar la película la miraba a ella. Le tocaba los cabellos y le alisaba las pestañas. Luego le besé las rodillas y le puse sobre el pubis una pajarita de papel que había hecho con las entradas.
Ella miraba la película y reía. Entonces le acaricié los pechos y cada vez que apretaba su seno salía un pez azul.
***
-Te quiero.
Ella rió.
-Te quiero.
Ella rió.
-Te quiero.
Ella rió a carcajadas.
El tiempo de las muchachas en flor revelaba las 1.000 camas infinitamente mediums.
-Te quiero.
Ella lloró.
-Te quiero.
Ella lloró.
-Te quiero.
Ella lloró y sollozó.
El tiempo de las muchachas en flor revelaba las 1.000 camas infinitamente mediums. Sí.
***
Lunes:
Me duele mucho la cabeza -la nuca-. He observado que la gente, por la calle, habla una lengua que no comprendo. Todas las emisoras de radio que he podido sintonizar hablan en esta lengua desconocida.
Martes:
Un niño de unos diez años, con un molinillo de papel en la mano, me ha hablado en la lengua desconocida y yo le he respondido en la misma lengua. A pesar de que no comprendía sus preguntas, hemos estado conversando unos minutos.
Miércoles:
En cuanto puse los pies en la calle me puse a hablar la lengua incomprensible.
Jueves:
La cabeza -la nuca- me duele más que nunca y me he dado cuenta de que, a lo largo del día, he recitado frases (?) en esa lengua, incluso ya en casa.
Molkerte’’
Vadonserve ent llica mossoreglas teiner milu artem tersijilomen gualen sarpe sy yo on prencomder.’’
***
Carta a los sabios del mundo entero.
Muy señores míos:
Antes de morir quiero a hacerles a Vds. una revelación importante para que tomen las medidas que se imponen.
Durante los fortísimos dolores que he padecido por causa de la operación que he sufrido, he logrado identificar en los momentos de “sublimación del dolor” a unos “seres espirituales”. Estos seres, pude darme cuenta de que se “alimentan de mi dolor”.
He llegado pues, tras múltiples experimentos, a esta conclusión: en nuestro ambiente viven unos seres que, por simple instinto de conservación, tienden a fomentar el dolor entre los humanos. Para ello intentan incrementar tanto las desgracias llamadas espirituales como los sufrimientos físicos.
A veces, cuando, encerrado en mi habitación, logro ver mi miedo (es una masa de agua que flota), mi esperanza (es una mano cortada) y mi imaginación (es una caja pequeña de cuero de la que sale humo) también veo a estos seres espirituales que son como unos pañuelos de papel que vuelan.
Espero que, gracias a mis datos, puedan luchar contra esta terrible plaga de la humanidad.
Les saluda muy cordialmente...
Fernando Arrabal, La piedra de la locura

Estamos al borde del solsticio vernal, quedan muy pocos días para la noche más corta en nuestro hemisferio. La Ría de Vigo te golpea las pupilas con una placidez anaranjada brutalmente hermosa, con esas grúas y torres perfilándose en primer plano sobre el horizonte. Son casi las once de la noche pero el crepúsculo se demora tan lánguidamente que hipnotiza, dan ganas de quedarse ahí petrificado. Me imagino cómo deben ser esos días eternos en el ártico boreal. Pero me apresuro a la Fábrica de Chocolate porque esta noche tienen vez Vindaloo Rockets (www.myspace.com/vindaloorockets) y The Soul Jacket (www.myspace.com/thesouljacket). El crisol local de gentes inquietas con la música sigue dando frutos sorprendentes. Los primeros no dieron ni un segundo de respiro entre canción y canción. Temas de una intensidad acelerada que arrobaba el pasmo. Letras melancólicas en inglés que se sumergían desapercibidas en esos acordes punk-rock que no dejaban títere con cabeza. Suele ocurrir que al primer grupo, al supuesto telonero, el público lo observa con afán de entomólogo, sin atreverse a declarar su amor por el baile y el trance. Suele ser para calentar los huesos, la noche es larga, cuesta ir sacándose la camisa de fuerza de una semana de costumbres. Cuando subieron a escena los protagonistas, The Soul Jacket, ya tenían a su disposición una audiencia feliz y entregada. Toño, el cantante, regalaba el portento de su voz negra y todo su cuerpo vibrando en cada estrofa. Sus letras, también en inglés, proclamaban un optimismo amoroso y un ardor emocional que combinaba armoniosamente con la fuerza prodigiosa de los instrumentos. Saltos desde evocaciones de Led Zeppelin y Janis Joplin al funk de James Brown, todo sonaba deliciosamente. En el descanso me preguntaba qué habría sido de otras decenas de grupos vigueses cuya vida fue tan efímera (Canon, entre los que recuerdo de este estilo) y cómo es posible que siga floreciendo esta cantera tan prolífica año tras año. Quizás porque en esta ciudad ocurren cosas insólitas como esas recientes nueve jornadas de huelga del sector del metal tomando las calles, sublevando el inconformismo, cercando a la policía. O porque este mar apresado y su puerto a resguardo proporcionan un espacio vitelino de proximidad y universalidad donde no es difícil tejer las complicidades. En todo caso, unas buenas dosis de rock’n’roll como éstas acercan tu cuerpo a tu espíritu y viajas dulcemente por el tiempo y por la noche que apenas te inunda.

Abrir el corazón
es una operación de alto riesgo
pero, también, con benignas propiedades.
La palabra sincera,
la que vincula y entrega,
es suficiente para exponer el pálpito.
(No hay prisas
ni una rutina.)
Ese músculo milagroso, esa vida única
vale todo por sí misma.
Sabrá cuándo ha llegado el momento justo.
Nos abriremos el corazón
y una mano exquisita recogerá
las verdades
en su cuenco.
Escuchará
la corriente fluvial
de la alteración de la conciencia.
Se trata de una comprensión
filosófica.
La séptima maravilla de la sanación.
Operemos, pues, con discreta delicadeza
como si estuviese en juego
el mecanismo rotatorio de la tierra.
Meditando
desde la baliza donde equidistan
nuestra vejez y nuestra infancia.
Abrir
nuestra carta de navegación
y nuestras ilusiones necesarias.
(Ese tesoro.)
Y sentirnos unidos y enraizados,
ligeros y floridos
(materia transcendente).
Una estirpe híbrida
fruto de tantas transfusiones.
Esperando pacientes
el momento justo.
La palabra fiel
como la sangre que mueve
nuestras fuerzas prodigiosas.
En cualquier espacio
donde nos dispongamos
al edén.

Barnízate
te quiero
genio del can-can
docena de flores.
Eres toda la tierra
docena de flores
música ciega,
eres todos los templos
todos los tigres
todos los días,
eres el número de teléfono de Dios.
Tus ojos azules azor de los ojos
tus manos cerradas y el campo abierto y amarillo,
sólo te echo de menos
cuando estás conmigo
cuando estás conmigo
cuando buscas agua en el desierto de mi boca
sólo te echo de menos
cuando estás conmigo,
entonces trago más humo
tengo más miedo
veo más luces.
Van Gogh quiere pintarte los labios antes de morir.
Eres un bosque de un solo árbol,
cuando me miras
estoy quieto y soy quietud
pero cuando no me miras
bailo tan salvajemente
clavo tantas navajas
pienso tan poco en ti
te echo de menos cuando estás conmigo
no existo cuando no estás,
te vas y me convierto en baile
te vas y me convierto en ala.
Si quemas mi tristeza con tu risa
te enamorarás de mí
y dejaré de subir
tantos montes de amargura.
Te escribo para decirte
que eres un almendro de fuego
te escribo para decirte
que no quiero decirte nada
que sólo quiero abrazarte
buscar el calor de tu vida.
Pedro Casariego

INTERVIEW
No es ninguna molestia
explicarle qué pienso
del infinito
el infinito es
sencillamente
un agrio viento frío
que eriza las mucosas
la piel
y las metáforas
le pone a uno en los ojos
lágrimas de rutina
y en la garganta un nudo
de sortilegio
seguramente usted ya se dio cuenta
en el fondo no creo
que exista el infinito.
Bueno sobre política
jesús
sobre política
mi bisabuelo era liberal
espiaba a las criadas en el baño
mi abuelo el reaccionario
extraviaba las llaves de sus deudas
mi padre el comunista
compraba hectáreas con un gesto de asco
yo soy poeta
señor
y usted debe saber que los poetas
vivimos a la vuelta de este mundo
claro que usted quizá no tenga tiempo
para tener paciencia
pero debe conocer que en el fondo
yo no creo en la política.
Por supuesto el estilo
qué pienso del estilo
una cosa espontánea que se va haciendo sola
siempre escribí en la cama
mucho mejor que en los ferrocarriles
qué más puedo agregar
ah domino el sinónimo
módico exiguo corto insuficiente
siempre escribo pensando en el futuro
pero el futuro
se quedó sin magia
me olvidaba que usted
ya sabe que en el fondo
yo no creo en el estilo.
El amor el amor
ah caramba
el amor
por lo pronto me gusta
la mujer
bueno fuera
el alma
el corazón
sobre todo las piernas
poder alzar la mano
y encontrarla a la izquierda
tranquila
o intranquila
sonriendo desde el pozo
de su última modorra
o mirando mirando
como a veces se mira
un rato antes del beso
después de todo
usted y yo sabemos
que en el fondo
el amor
el amor
es una cosa seria.
Por favor
esto último
no vaya a publicarlo.
(De Poemas del hoyporhoy 1958-1961)
SUBURBIA
En el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
hay una fuente luminosa un surtidor
que alza convicciones de colores
y es lindo contemplarlas y seguirlas
en el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
hay un dolor que palmo a palmo
va ganando su tiempo
y es útil aprender su huella firme
en el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
la muerte queda lejos
la calma tiene olor a lluvia
la lluvia tiene olor a tierra
esto me lo contaron porque yo
nunca estoy en el centro de mi vida.
(De Cotidianas 1978-1979)
DE ÁRBOL A ÁRBOL
Los árboles
¿serán acaso solidarios?
¿digamos el castaño de los campos elíseos
con el quebracho de entre ríos
o los olivos de jaén
con los sauces de tacuarembó?
¿le avisará la encina de westfalia
al flaco arce del tirol
que administre mejor su trementina?
y el caucho de pará
o el baobab en las márgenes del cuanza
¿provocarán al fin la verde angustia
de aquel ciprés de la mission dolores
que cabeceaba en frisco
california?
¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío
casi un hermano de la ceiba antillana?
los de este parque o aquella floresta
¿se dirán copa a copa que el muérdago
otrora tan sagrado entre los galos
ahora es apenas un parásito
con chupadores corticales?
¿sabrán los cedros del líbano
y los caobos de corinto
que sus voraces enemigos
no son la palma de camagüey
ni el eucalipto de tasmania
sino el hacha tenza del leñador
las sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?
(De Cotidianas 1978-1979)
DEFENSA DE LA ALEGRÍA
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría
(De Cotidianas 1978-1979)
TODAVÍA
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
(De Poemas de otros 1973-1974)

Entre las películas pequeñas, modestas y ocultas en la maraña de cientos de producciones millonarias, a veces se encuentran perlas cultivadas como Una cierta verdad (Abel García Roure, 2008). Es el primer largometraje de un director que fue parte del equipo de En construcción, otro documental sobre personajes invisibles y situaciones cotidianas que asombra de tanto realismo que plasma en la pantalla. En esta ocasión, el objeto del retrato son las vidas de varios enfermos de esquizofrenia y el hospital psiquiátrico en torno al cual gravitan. Tanto pacientes como médicos exponen sus fragilidades y dudas, pero son los primeros los que conmueven con sus angustias repentinas, con los terribles y paliativos efectos de sus medicaciones, con sus sombras e “inmovilizaciones” a la fuerza, amarrados a una cama mecánica. El personaje principal sufre una esquizofrenia especialmente lúcida, consciente de que es una “evolución mental” más entre todas las posibles y que enriquece con fantásticas elaboraciones técnicas tomadas -cual Quijote- de los múltiples libros que lee. Su ternura, simpatía y ética, sin embargo, no están reñidas con esos brotes, crisis o momentos de especial desequilibrio que les arrebatan a él y al resto de idos; ora con frecuencia, ora ocasionalmente. A muchos sólo los observamos de lado o de espaldas, relatando la tristeza inexplicable de su padecer. Las reuniones de los psiquiatras y sus discursos evidencian cuán difícil les resulta componerse mapas fiables de todos esos mundos mentales a los que pretenden aplacar. En cualquier momento el espectador llega a sentir que a todos nos acecha ese abismo, que no es tan difícil deslizarse por él, perder el sentido. Y la soledad de estos congéneres y la frialdad de esa institución médica casi “total” bien podrían categorizar la grabación dentro del cine de terror, aunque su autor se ha cuidado mucho de no incurrir en las típicas denuncias de la “antipsiquiatría” ni en la exaltación artística del sufrimiento mental. Es una invitación a comprender y es de agradecer que dos programas de Radio 3 (El séptimo vicio y Tres en la carretera) y el Pequeño Cine Estudio de Madrid, le hayan hecho un merecido hueco en sus agendas.

El libro en el que Dominique Simonet entrevista a distintos historiadores y escritores acerca del amor lleva un título algo pretencioso y que puede dar lugar a demasiadas expectativas: La historia más bella del amor (Courtin et al. 2004). Es una lectura ensayística y divulgativa, no obstante, bastante amena. Deleita como ejemplo de cambio social a la vez que ilustra rigurosamente sobre mitos harto repetidos como el amor libre, la universalidad de las instituciones de “pareja” o el sometimiento de la mujer. En realidad, no se cuestiona sólo la existencia del amor, sino su vínculo con la sexualidad, el matrimonio y las relaciones entre hombres y mujeres. En varios capítulos se sugiere, además, que el arte en todas sus expresiones (plástico, literario, cinematográfico, etc.) no habría reflejado tanto los comportamientos corrientes en cada época acerca de dicha materia; más bien los habría desfigurado dando pie a distintas idealizaciones, sublimaciones y convenciones toleradas sólo en ese registro de la realidad simbólica. Las penurias, represiones y miserias al respecto de la vida amorosa han sido más la regla que la excepción. Sólo algunos grupos sociales en circunstancias favorables (campesinos sustraídos al yugo de la Iglesia, cortesanos proclives a las orgías, viudas de guerra y adúlteras, etc.) y, de forma más generalizada, desde mediados del siglo XX, pudieron experimentar formas más libres de compartir y disfrutar.
En todo caso, el conductor de la obra lanza a menudo la siguiente cuestión: ¿son universales, en todo tiempo y lugar, los sentimientos amorosos? La mayoría postulan que sí, pero los detalles y las pruebas son muy escurridizos. Sobre todo, desde el momento en que dichos sentimientos no pueden disociarse de las normas públicas de conducta, de las instituciones dominantes y del control social sobre la procreación biológica. El reciente “conocimiento” (para muchos, sólo invención, discursos e interdictos) sobre la sexualidad y sobre el amor (en su sentido romántico, de apego afectivo duradero) habrían generado un ámbito propio de realidad e interés en constante crecimiento cuya manifestación más destacada fue la llamada “revolución sexual” de la década de 1960. En otro célebre ensayo, Alain Finkielkraut y Pascal Bruckner (El nuevo desorden amoroso, 1977) ya habían diseccionado algunos de los nuevos dogmas de la “dictadura pansexualista” de este último período histórico. El mismo Bruckner y la novelista Alice Ferney, sin embargo, ponen más énfasis ahora en la educación sentimental y en la responsabilidad autónoma (“el amor es eso que existe entre dos individuos capaces de vivir juntos sin matarse”) dentro de un contexto de necesaria incertidumbre y de diversidad de opciones: “no se disfruta del amor sin esfuerzo”, hay que elegir, cuidar, potenciar; “el amor no es una empresa fácil” y “es un error esperarlo todo de él”. Nos han llegado muchos vientos de libertad sexual hasta nuestros días, pero el arte de amar sigue consistiendo en un titánico y complejo reto del que aprendemos torpemente, casi siempre al margen de las escuelas, los progenitores y los modelos mediáticos.
Por último, aunque el libro subraya con acierto múltiples elementos relevantes para la reconstrucción histórica que se propone, lo cierto es que ofrece una visión muy eurocéntrica de estas materias. Se echa en falta una atención, cuando menos puntual y respetuosa, a las sabidurías y prácticas orientales (la filosofía tántrica, sobre todo) y del resto del planeta. Pero esa es otra historia que podrán glosar, seguro, lectores más eruditos que este escribiente.
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