
Y tu vida, tú, ¿qué conoces de tu vida?
Y él, allí, ¿qué conoce él de su vida?
Allí, todos los que se la imaginan
Todos los que en este vasto combinado
Actúan como quisieran
Como si supieran lo que quisieran
Como si quisieran lo que quisieran
Como si quisieran lo que saben
Como si supieran lo que saben
Raymond Queneau, Chêne et chien, II, 45
Es verdad que hay que decir que nieva cuando nieva
es así como nos hacemos comprender
es diciendo que nieva cuando nieva que se
vuelve agradable conversar con personas
que dicen que
el tiempo lo quiso así que nieve cuando nieva
y es así que vivimos en sociedad sin dificultad
alguna y
es así como nos hacemos amigos y
es tan fácil decir que nieva cuando nieva
mucho más que decir que llueve
en efecto
es pretencioso decir que llueve cuando nieva
pero ¿dónde puede anidar la poesía en todo esto?
Raymond Queneau, La chien à la mandoline, 108

Un plano de realidad estriado:
exhausto, el recorrerlo punto a punto;
a vista de pájaro, la sospecha, el desasosiego.

Propugnamos la bonanza simpatética
y pluscuamperfecta para salvar los escollos.

¿Cómo puede volverse sólido lo que fluye,
ondula y se disipa?
¿Nos sacia su constancia, empero oscilante,
o instaura el mito y el enigma?

Hay vidas que duran un instante:
su nacimiento.
Hay vidas que duran dos instantes:
su nacimiento y su muerte
Hay vidas que duran tres instantes:
su nacimiento, su muerte y una flor.
Roberto Juarroz, Poesía Vertical V

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.
Oliverio Girondo, Poema 12 (Espantapájaros)

Los muslos de la mujer eran largos y húmedos. El fino vello brillaba dorado al sol. Interminable profundidad sin fondo de la piel. Cuando reía, parecía su risa estremecerle el sexo y desatar bandadas por el aire de indeclinables pájaros. Brotaba allí, me dije, como otras tantas cosas de la naturaleza.
(Jardín botánico)
Bebí de ti, bebí, te succioné,
animal sumergido entre los pliegues
de tu anegada claridad.
Bajaban
incesantes las aguas
a las gargantas trémulas de luz.
Entrañas, aves, palpitantes
burbujas de entrar
tu cuerpo en mí.
De ti bebí
hasta nacer el día de mi boca,
como ventosa oscura en la frontera
donde gorjea el despertar.
José Ángel Valente, Material Memoria

Las hojas secas. Los pétalos marchitos.
El mundo glacial.
Intrínsecas al devenir, las escalas temporales
y la finitud de ver.

¿De dónde vienen
quienes escrutan la reiteración:
los perplejos, los hipnóticos, los nómadas?

Nueva parábola político-moral de Ken Loach (y su guionista siamés, Paul Laverty) en su última película: Buscando a Eric (2009). Divertida, con sus ditirambos rocambolescos, como acostumbra, y personajes entrañables, en la línea de algunas de sus otras memorables filmaciones. Pero el aspecto épico del “working-class hero” que reaviva la máxima de “la unión hace la fuerza” y la filosofía dialéctica a la búsqueda de terceras vías posibles, no deja lugar a dudas. Es una didáctica parábola más del Loach de “Pan y rosas”, de “Tierra y libertad”, de “Riff Raff” y tantas otras. Y, en esta ocasión, con una madura dosificación del humor y del drama, de lo verosímil y de lo sorprendente. Entre esto último, la aparición del futbolista Eric Cantona en las alucinaciones esquizofrénicas del protagonista son todo un dechado de lucidez y buen humor. No menos reflexivas son las cuestiones que suscitan la maternidad y la paternidad en solitario, en un segundo plano aparentemente relegado por debajo de la sempiterna cuestión: ¿qué podemos hacer autónoma, justa y eficazmente, al margen del Estado y su monopolio de la violencia, contra aquellos (un caricaturizado mafioso, en este caso) que nos aplican su violencia en lo cotidiano? Hace años leí la respuesta de Saúl Alinsky que reproduce fielmente esta película con la ayuda contemporánea de los vídeos divulgados por internet. Pero no la adelanto aquí con ánimo de que vayáis a descubrirla en vivo (si es que esto es posible decirlo acerca de ver cine, aunque sea en una sala pública). La comercialización del fútbol, la adolescencia a la deriva, la amistad de corazón y el amor sincero son otras tantas vetas que descollan en la historia, con un realismo sutil y sin caer en sermones. En fin, una estimulante maravilla para todos los sentidos.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/