Monosílabos,
palabras compuestas
o frases enigma
en el éxtasis
de la omisión.
Así eran sus
lacónicos
mensajes.
Debía pensar
que mi inglés
no se hallaba a la altura
de las circunstancias.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Monosílabos,
palabras compuestas
o frases enigma
en el éxtasis
de la omisión.
Así eran sus
lacónicos
mensajes.
Debía pensar
que mi inglés
no se hallaba a la altura
de las circunstancias.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Cicatrices de la batalla,
nostalgia del futuro inclemente,
flores pereciendo en la espuma
del océano.
La resonancia del temblor
más poderosa que toda
materia.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Rechazo el amor congelado y precocinado.
El amor de incienso, templos y sacristías.
El sujeto a sanción autorizada.
El vaso vacío. La cumbre inasible.
La mascarada sin cuerpo
ni especias.
Las extremidades mutiladas.
Acepto el breve designio de los amores
manjar. Los que iluminan las sombras
desde su ángulo vulnerable.
Los amores con uñas y dientes.
Los febriles en sus párpados aerostáticos.
Los que abrazan una verdad absoluta
en la inmanencia que se disipa.
La luz destello y traducción.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Celebración de la música en las manos
de pan y del silencio latente.
Beso la eternidad en las mujeres casadas
que sueñan con el desplazamiento
luminoso girando a la médula.
Pacto de una corriente limpiadora
y de los animales volitivos que se
sostienen en los lapsos.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Veo a los niños jugar.
El tiempo no es dinero.
La vida puede ser dulce.
¿Por qué las malditas
interferencias?
Fotografía: Miguel A. Martínez
Salía de la ducha, fin de la tarde,
una brisa otoñal, algunas flores
ya mustias, apenas una toalla
invitando a su cuerpo glorioso,
joven, ebrio de fantásticas
proyecciones, impugnación
de todo escepticismo, el pelo
húmedo y la boca ardiente.
Una luz naranja y el crepúsculo
escribían el guión de lo sublime
mejor que nosotros mismos.
Fotografia: Miguel A. Martínez
Está dentro de mí la mujer
que me ama,
a la que podría amar
y la que nunca.
De este modo puedo ser
ella,
comprenderla,
y yo.
Fotografía: Miguel A. Martínez
A mi alrededor no hay dunas de nieve
enfurecida helándome la palabra,
ni saca a relucir sus mil lenguas de
muerte y fuego un volcán al que
la superstición creía
benévolo.
El clima es suave, sí,
aunque las pasiones continúan
oscilando como siempre.
Fotografía: Miguel A. Martínez
En el restaurante observo un mapamundi.
Varsovia se halla en una latitud a la par
de Londres y Berlín.
Más al norte está Moscú del que solo
conozco su aeropuerto de un cierto
domingo en tránsito.
Si deslizo el índice de mi mirada
un poco más al sur, me inundan
la memoria las ciudades acuáticas
de Praga y Viena.
Yo ahora mismo echo mis raíces
a bastante distancia de Varsovia y de
Madrid y de Estocolmo.
Y me prodigo más con los países
emergentes, así los llaman,
del sureste asiático.
Sin embargo, no pierdo detalle
de la precisa geografía donde resulta
probable, e incluso deseable,
que nos encontremos.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Y si te expulsan de una realidad
sangrante o acartonada porque tu
obsesión en lo posible es lo único
que nutre.
Empuña la recompensa cómplice
del abrazo que le otorgará el naranja
al día para que prolifere.
Ve al seno.
Desde la certeza que cobra vida
al participar en el tumulto.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Id a la encrucijada, al nudo
áspero que nos constituye.
Que nadie os arrebate el difícil
equilibrio de las aguas vertidas
por fuentes contrarias,
porque ahí subyacen el crudo amor
y la soberanía.
Es una materialidad disipándose
y en contracción
la que pergeña un verso
que une.
Fotografía: Miguel A. Martínez
A un palmo del abismo de claridad
y exultante.
La adherencia del cuerpo
al alma de por sí enigmática.
Me invitas a pasar.
Como un análisis del balance
de la semana: donde expire
la violencia del pasado.
Luego, el mutismo.
Sustracciones calculadas
del ejército vacío.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Nunca se agotan
las maneras
de estar en ti.
Permanecer.
Confundirme
con tu interior.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Devorabas con fruición la ensalada
llena de colores.
Crujían los alimentos en tu mandíbula
sonriente y los pechos se asomaban
cálidos a la circulación del aire.
Olvidé en qué mes del año
tuvo lugar la abundancia.
Fotografía: Miguel A. Martínez
La germinación no es únicamente
una posibilidad entre otras.
Es la posibilidad de ser, la fuerza
de lo minúsculo que pide a gritos
abrirse camino.
Nadie le exige un programa político
a la semilla. O despierta o permanece
enterrada, y descansa en paz
para siempre.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Si me preguntas por qué busco
el límite y la incómoda experiencia
de los contrarios aunados
en la misma nuez.
Solo te preguntaré qué sabes
del dolor esparcido en forma
de archipiélago. Cómo rodearlo
y ablandarlo. Qué silencio vence.
Qué furias se incuban
ahora.
La inercia de la mortalidad
siempre remachando
sus clavos.
Fotografía: Miguel A. Martínez
En mi planeta claman “viva, viva”
por cada hazaña sorprendente
de la astronáutica.
A los científicos se les saltan
las lágrimas de emoción
cuando culmina un viaje
espacial sobre alguna roca
de la galaxia.
¡Cuántos misterios sobre
nuestro origen será
posible descifrar!
No seamos aguafiestas, no.
No es momento para
cálculos burdos y odiosas
comparaciones.
¡Viva, viva y que corra
el champán!
Fotografía: Miguel A. Martínez
Escéptica mi costumbre
delgada.
Hace noche allí
donde las fresas en vilo
y las hijas de la torsión.
La supremacía paciente
de las capas geológicas, de la
enramada, el olor tostado del té
verde, anidarán
en los amados
por la luz.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Mi noche de algas y soldaduras
te reclutó para las expediciones.
Una lectura inteligente
indicará que tu amor es resistencia
y memoria, nunca escuálida
ni petrificada. Más mañana
al desplegarse.
Hace pie e insta a lo ingrávido.
Fotografía: Miguel A. Martínez
Secreto lo que se viste
y anhela discernir
las apariencias.
Secreto lo que me azora
y tu exacta latitud.
El rebosante don.
Dicha de la carne sin
paliativos. Milagrosa sed
de más.
Realidad disconforme con
el dolor de sus alas.
Bajas del transporte público
con todo el amor atesorado.
Han descendido las temperaturas.
Fotografía: Miguel A. Martínez