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ateo poeta

 

Después de unos días

dando tumbos por ahí

ya iba siendo hora

de pasar a limpio

todos los esbozos

de poemas.

 

Más bien, debería

completarlos hasta

dejarlos redondos.

O, pensándolo mejor,

quizá me convenga

empezar a escribir

de nuevo.

 

He visto cosas

demasiado graves

como para ponerme ahora

a sacarles el lustre.

 

 

Ilustración: Rosalie Gascoigne

 

 

Volver a casa,

recordar

cada uno de los pasos

irregulares

de las escaleras,

darles de beber

a mis ascéticas

plantas

y sonreír feliz

al contemplar

los brotes nuevos

del rosal,

harto ya

de este invierno

(el rosal, yo

no tanto).

 

 

Fotografía: Edouard Boubat

 

 

 

Es agotador

-es cierto-,

permanecer en una alerta

constante,

por muchos peligros

que nos acechen.

 

El arte reside

en que no se note.

 

Mantener la calma,

respirar con sosiego,

hacer gala

de una paciencia infinita

sin levantar la más mínima

sospecha.

 

 

 

Puedo perder

una disputa tras otra,

una batalla tras otra,

todas las guerras.

 

Lo que nadie

me puede arrebatar

es mi definición

íntima e irrenunciable

de la disputa,

de la batalla

y de las guerras

que merecen la pena

librarse.

 

No es menos frágil

lo que aún permanece

íntegro.

 

No es más frágil

quien ya conoce

el dolor.

 

Los cuerpos de luz,

los hilos ausentes

que los unen:

 

pueden quebrarse

tanto como ser objeto

de reparación

y soldadura.

 

La misma fragilidad

antes y después.

 

La misma sed

consustancial.

 

 

Fotografía: Ake Lange

 

 

Evitar que la máscara

se adueñe

de tu rostro.

 

Reconocer

su presencia

y caducidad.

 

 

Fotografía: Mathew Rolston

 

Sé que el deseo no faltará.

 

Las subidas y bajadas de la marea

ya son otro cantar.

 

 

 

Narramos la historia

asfixiada, la sigilosa,

aquella que dio sus frutos

y pequeñas victorias.

 

Sólo para alentar

los ánimos rebeldes

de sucesivas

generaciones.

 

Por más que nos lean

algunos opresores

o sus intelectuales a sueldo,

nada impedirá

que los volvamos

a pillar por sorpresa.

 

 

 

Llevaba varios días

buscando textos, cifras y mapas,

consultando otros programas,

manuales y libros de referencia

para los profesores

más veteranos,

cavilando qué sentido tiene

hoy

enseñar

y aprender

en este mundo escindido

y saturado.

 

Escogí entonces la lectura

de James C. Scott

para ocupar el trayecto en metro

hasta los juzgados

de lo penal,

esas primeras mazmorras,

esas antesalas del oprobio

y de la farsa

donde unos compañeros

eran acusados de daños

y usurpación,

en realidad, de plantarle cara

a las mafias orquestadas

con sus guantes blancos

y sus sucias manos.

 

Y no hicieron falta

más disquisiciones: toda

aventura de conocimiento

consiste en afilar

los cuchillos,

en poner a prueba

su resistencia.

 

 

Fotografía: David Turnley

 

 

 

 

Si no encuentro

una alternativa

satisfactoria,

 

me largaré

con mis alas

a otra parte.

 

 

Ilustración: Julie de Warroquier

 

 

 

Poner en tela de juicio

a la araña

hambrienta.

 

Ya llegará el día

en que no ofrezca

resistencia.

 

 

Ilustración: Rosalie Gascoigne

 

 

 

La escuchas con atención,

en su idioma

recién estrenado,

decir "mi corazón hace olas".

 

No quería ir a examen,

nada más.

Pero, entonces, te intriga:

¿cómo se dirá en chino

una declaración de amor?

 

 

Fotografía: Hisaji Hara

 

 

Volver al lecho

anegado,

a las huellas del aluvión.

 

Cómo podríamos seguir

sin esas anomalías.

 

Es la hora.

 

 

 

Nuestra alianza, a día de hoy,

ha cosechado altas cotas

de sufragio universal

y un consenso ratificado

por todas las instancias

de compleja personalidad.

 

 

Ilustración: Rosalie Gascoigne

 

 

 

No podemos promulgar

el eclipse, es cierto.

 

Cuando acontezca,

tan sólo recordad

cuánto insistimos

en provocarlo.

 

 

Fotografía: Gloria Rodríguez

 

 

 

Otro día más

que transcurre

entre pitos y flautas:

 

corrigiendo trabajos,

atendiendo tutorías

en cadena,

enviando mensajes

a discreción,

improvisando

cada secuencia

de mi pequeño mundo.

 

Y por los intersticios,

sin responder

al mandato de nadie,

afloran los versos,

las conspiraciones

y el deseo de ti.

 

Todo lo cual también

consume su tiempo

aunque nunca me explico

de dónde lo robo

o lo tomo prestado.

 

 

Fotografía: Ana Nieto

 

 

 

Queda huérfana

la literatura

sin la inminente

confabulación.

 

 

 

Y caían los miembros del gobierno

como las piezas de un dominó

y me besabas con tus labios

ávidos, con aquellos donde persiste

el polvo de la canela y el recuerdo

de la palabra que araña y que expira

mientras sostiene el canto de los mirlos.

 

Y avanzaba la multitud agitando

la bandera del pan y de los cuerpos

vulnerables, clamando por esa hebra

última como un derecho sumario,

y temblaban los edificios de ausencias

y sus pilares sin rastro del sudor

ni de la sangre que los erigieron.

 

Y nosotros tuvimos sed de nieves

perpetuas y sed de cumbres sumergidas

en la justicia de los océanos,

y la luz de la mañana era un vértigo

de unicornios blancos, un sueño

de amapolas con la nuez de la ternura

sin cáscara y la levedad del tiempo

en suspensión.

 

 

Fotografía: Stefan Radev

 

 

 

 

Tú sí que me has trasladado muy lejos,

muy adentro, más allá del amor.

 

 

Ilustración: Tadanori Yokoo

 

 

Los labios,

los de arriba

y los de abajo,

la forma

de los labios,

la forma

triangular

de los labios

de la vulva,

la forma

de los labios

apretados

de la boca,

las aristas,

los ángulos,

el grosor,

iguales

o afines

a ese órgano

cardiovascular

que late

incluso después

de que me lo hayas

arrancado.

 

 

Fotografía: Yulia Gorodinski