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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

 

Lanzar una moneda al aire

y perderla de vista:

no saber el designio

de la suerte,

 

jugar porque la razón

apenas puede

predecir.

 

El número antes del número

y antes de la conciencia.

 

Carnal. Rasgas mis vestiduras

y te expresas en el idioma

de la noche.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

Granulación.

 

Perspectiva, sombra, que los labios

ocupen el foco radiante.

 

Maternidad.

 

Un texto a puntadas. Qué amarás

si no el imposible acontecer

en la cadencia.

 

Subsisto con unos bocados

de luz.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

Me imagino nuclear, escarpado,

en trance de resistir.

 

Procrear a contra corriente y un nicho

apacible, que los músculos reciban

la oxigenación merecida.

 

Ante las infectas prácticas banales

y los cuerpos en saldo:

cómo ralentizo y otra perspectiva

congruente.

 

¿Dónde proyectas las aspiraciones?

No perder, en su lugar. Hay una mínima

y oportuna fase.

Verbalizas.

Contraer.

 

Es longeva la capacidad del silencio.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

Un día gris y lluvioso, de esos que piden

más y aire y ternura dentro

de lo posible.

 

En el comedor y no sorteando nubes

porque los arquitectos apenas permitieron

atisbar metros cuadrados

del afuera,

 

oigo a los pájaros astutos

e invencibles,

una música que mitiga y añoro.

 

El hechizo expira en cuanto asoman

los porteadores de la cocina en pie

desde las seis

de la mañana,

 

trasladando enseres y alimentos

en sus carritos

oxidados.

 

Regreso a la oficina y calculo

el balance que arrojan los verbos

satisfacer, planear, dar a luz

 

un instante de evasión.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

 

 

Pesimismo astronómico

 

porque esta luz, galaxia, elipses

desaparecerán tarde o temprano.

 

Pesimismo de la razón

 

porque esta especie depredadora,

taimada y patética

erige sus obras donde entierra

a sus víctimas.

 

A las pequeñas islas

 

que se sustraen a las leyes anteriores

y demarcan lapsos de plenitud,

que consignan los deseos

de navegación

y mecen los despropósitos de la nada

con sus instrumentos musicales,

 

que dan solaz y contienen con mesura

los cultivos justos,

a esas prefiero no llamarlas de esperanza

o futuro o ciego optimismo

 

porque su secreto es urgente, de ahora

a poco que les permitamos

revelarse entre lo oscuro.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

Los papeles amarillentos donde residen

mis viejas notas a mano.

 

Ruinas, fósiles, cómo despertarán.

 

Es imprescindible derrochar imaginación,

válvulas de escape, lo que se piensa súbito

desde el confín

y una desabrida constancia.

 

Proletarios. En qué mundos vivimos.

 

Hacer fuego y operaciones manuales.

Que tiemblen los cimientos,

órganos, bucles.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

 

Viene un charlatán y se despacha a gusto:

disparando banalidades y fantasiosos

juegos de palabras

a discreción.

 

Y todos son vítores, genuflexiones,

doctor honoris causa.

 

La pléyade de admiradores

de tan tortuoso altavoz y suprema pedantería

no deja de maravillarme

y romperme el corazón.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

Descarnada, la falsedad

en todos sus planos.

 

Esculpo un artilugio.

 

Que ames a rienda suelta.

Cordial

munición.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

 

 

Construyo un relato que me avisa:

enlazar noche y claridad, poner a seguro

latidos, la superficie que irradia.

 

Permitir las condiciones.

 

No sucumbas a la desolación porque vamos

a oírte como flor a tiempo y presumirás

de la sabiduría sencilla.

 

El rango entre dos vacíos: eso es todo, lo único,

lo sujeto a las ímprobas hazañas por decir

que fue óptimo, dichoso,

presencia y amalgama, tu mundo.

 

Y todavía no.

 

A golpes con las máquinas, la disciplina,

lo brutalmente exterminador. Solo mitigo,

acupuntura.

 

No es hora de ceder ni declinar.

 

Que tú ilumines, está cuajándose.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

 

 

 

 

Igual que hace un siglo.

Cuando solo éramos un improbable

accidente.

 

Echar la caña a ver si pican.

Levantar esos andamios de bambú

hasta el infinito.

Los pudientes celebrando

su botín.

 

Un tozudo mecanismo mental

nos aferra a la nostalgia

antes del avión.

Antes del desplazamiento.

 

Imágenes inestables.

Leve marejadilla.

 

Ya no albergo muchas esperanzas

en el futuro, en volver

a encontrarte.

Los edificios continuarán en pie

mucho más tiempo.

 

Hospitalidad. Memoria.

Resistir.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

 

 

 

¿Por qué quieres estudiar

cantonés?

 

Me gustaría ser parte del secreto,

no desvelarlo.

 

Se fijaba en los sonidos de los semáforos,

su cadencia ostentosa, un secador averiado,

una mujer perdida.

 

Las niñas ensayando los saltos

desde el trampolín de la piscina.

 

Probar todas las lenguas

y el sabor

de la libertad.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

 

 

 

 

En los fines de semana

voy a las cumbres: Needle Hill, Lantau Peak,

Tai Mo Shan, Sai Kung.

 

Excursiones. Guarecerse.

 

O a las playas donde se avistan criaturas

prodigiosas sorteando

los residuos plásticos, las balsas de aceite

y la materia desgajada

 

capaz de flotar

más de siete vidas.

 

¿Qué construimos al decir en silencio:

puntualidad, predicción meteorológica,

cómo pasan los años,

qué pensarás en el instante justo,

cuando el olvido

no se negocia?

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

De la torre del reloj de Tsim Sha Tsui

partía una línea de tren.

 

El perfil de la costa es imaginario.

 

Tierra sobre tierra, asfaltando el mar,

ganancias de llanura donde pudieran construir

de forma menos onerosa

 

los avispados promotores.

 

Apenas hay vegetación que obstruya

el paseo de las estrellas. Bruce Lee.

Neones, espectáculo de luces

 

a la hora convenida.

 

Echar el anzuelo. Transitar

hasta Hung Hom.

 

La vieja estación de ferrocarril

no se libró de la piqueta

aunque los peatones ya vuelven

 

a disfrutar el permiso

de cruzar a ras de calle.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

Eres una espiga, el horno, la luz

en alimento.

 

Solo busco ternura, perspicacia, que no

desfallezcas y continúes

auspiciando el clima benigno,

la euforia justa, la rebeldía si acaso

necesaria.

 

Nos reíamos de los osos de peluche

y los muñecos de trapo

que adhieren con ingenuidad

a los estudiantes dóciles,

a los empleados eficientes,

a la sangrienta circulación

del dinero.

 

Desvelar.

 

Los flamencos del parque. Tenues rayos

de sol que alcanzan la superficie.

Religiones, trabajo asalariado, alcoholismo,

vías de escape

para la insatisfacción.

 

Tus labios dicen hoy, claridad,

lo posible.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

 

 

 

 

 

Un ejército de hormigas ascendía con paso firme

hasta los últimos pisos del rascacielos.

Se dispersaban por el apartamento, la despensa,

los desagües, la tierra de las plantas

como base de operaciones.

 

Dispuesto a entrar en casa ya adivinaba sus negros

itinerarios. ¿Serían capaces de colonizar

mi cama? Descubrí su madriguera y esparcí

el veneno pero no cesaron de habitar

el mismo espacio, menos numerosas aunque

puntos móviles, fugaces, que solo existen

en el mecanismo del miedo, la alerta

ante el enemigo.

 

Los hombres y mujeres solitarios

en sus cubículos. Sin manada.

 

Especulares.

 

El dinero circula limpio por las cuentas

corrientes y mancha las neuronas

como una invasión de insectos.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

Ahora las cosas han cambiado.

 

Los sampan navegan a motor

como taxis, llenos de trastos

e imaginería budista.

La cornucopia del marisco local

se ha esfumado entre plásticos,

balsas de aceite, gigantes vientres

de contenedores.

 

Las olas me marean.

 

Voy a nadar a la piscina de Mei Foo

descubierta, en pleno febrero, cincuenta

metros de longitud, una masa

caliente de agua, el arco iris del graderío,

los cuerpos frágiles y fuertes,

deformes, mutantes. No hay cuerpo

ideal, solo rozamiento.

 

Los primeros planes masivos

para las periferias obreras.

Entresijos históricos, permanencias

que la clase global

ignora.

 

Humedad en cualquier estación.

 

Nadie pronuncia la palabra sexo.

Tangencial.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

 

 

¿Qué puede detener el avance inexorable

de la degradación, la caducidad de lo bello,

los vínculos fracturados?

 

Todos lo buscan.

 

Las almas palpitando en los estertores

de la noche. La iluminación ostentosa

y superpuesta, cables de acero.

 

Madrugar para otra dura jornada.

El metro, atestado.

 

¿Cómo caerán de sus pedestales

quienes solo extraen valor de otros maquillando

sus muecas y prótesis?

 

Los agentes infiltrados han detenido

a los editores de libros. Las rotativas imprimen

pensamiento débil, domesticación.

 

Mi pecho temblaba al abrazarte. Salíamos

tarde del cine y en el mercado de frutas

y verduras, Reclamation Street,

ya trajinaban para ordenar el reparto.

 

Besaba tus sueños. Y no me hacía más

ilusiones.

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

 

Crudeza, estupor

 

puestos ambulantes, la claridad

tamizada

 

los callejones como trasteros,

peluquerías, despojos,

maullidos, reuniones

en taburetes

 

fogón, enjuague rápido

de la plástica cubertería,

movilizar cargamentos y cacharros

sobre cualquier estructura

rodante

 

en el Yau Ma Tei del karaoke

y de los adivinadores con sombrilla

en Wan Chai

en Tai Kok Tsui donde me despertaban

los soldadores

 

y los camiones recogiendo

herrumbre para la construcción.

 

Donde no hay crimen ni corbatas.

 

Respiración artificial

de las paredes muertas.

 

Tregua de la luz.

 

 

 Fotografía: Fan Ho

 

 

 

Ciudad vertical

como una gráfica de inversiones.

 

¿Quién pierde el resuello?

 

Moderar la velocidad del paso.

Que no se empape

el uniforme

 

esperar al ascensor

con paciencia

 

subir a un cielo que se aleja

de los pináculos

sin ventilación.

 

¿En qué peldaño o cumbre

aguarda una pizca

de verdad o de amor,

 

una mano de pan?

 

 

Fotografía: Fan Ho

 

 

 

 

 

 

 

El precio del billete para el tranvía

es barato, un anacronismo.

 

¡Suban rápido, no se pierdan esta pieza de museo!

 

Les transportará al estómago insaciable

de las finanzas. Contemplarán sin vacilación

 

los mensajes luminosos

en las catedrales de oficinas.

 

No paguen más por menos.

 

Irán a paso de tortuga pero enseguida

darán alcance

 

a los artículos más apetecibles,

los chefs y gourmets de talla internacional

 

una vida en colmenas

y abigarrada

con aire acondicionado.

 

Y si giran la cabeza en el momento justo,

con un poco de suerte la perspectiva

les brindará

 

la fragancia caducada

de la bahía Victoria.

 

 

Fotografía: Fan Ho