Nombrar la cicatriz
en la noche.
¿Qué destierras?
La memoria en equilibrio
y disputa
con este diáfano acontecer.
Recojo una a una las letras
que has pronunciado.
Fotografía: Eduard Barnieh
Nombrar la cicatriz
en la noche.
¿Qué destierras?
La memoria en equilibrio
y disputa
con este diáfano acontecer.
Recojo una a una las letras
que has pronunciado.
Fotografía: Eduard Barnieh
Lo inmenso apenas se anuncia
y deja ver por un instante.
Coagulación.
Hojas caídas.
Confío en el sabor a verdad,
en lo que millones de años
nos han legado.
A la hora de lo súbito.
En la gratitud.
Fotografía: Eduard Barnieh
La mente clara, las ideas cortantes
como cuchillos. Percibir el mundo
al revés, a contracorriente, deshecho,
en gestación, los hilos que lo manejan,
observarlo todo con sorpresa si no
con repugnancia. Necesito entonces
mis dosis de fábula, hacer algo,
poner voz. Apuntar hacia dónde
se atisba una escapatoria, cómo,
qué armas para la resistencia interior.
Desalienarme. Encontrar grietas,
saturaciones, consuelo.
Eso los días que me reencuentro
con ese individuo reflejándose
incrédulo, que lleva mi nombre
adherido y cuyas facciones
indican una estirpe familiar
que calla los peores episodios
de su reproducción.
Eso cuando las garras del placer,
la rutina coagulada, los cristales
en las manos, la obsesión
con la muerte y sus acólitos
en disfraz de respetables mensajeros,
la narcótica conformidad
y las manzanas podridas
me conceden
una tregua.
Fotografía: Eduard Barnieh
A Foucault, como a tantos otros
que adquieren notoriedad,
se le tergiversa
mucho.
Siendo benévolos podríamos argüir
que, al menos, es una fuente
nutritiva de provocaciones
y otros animales
del pensamiento.
De sus tres principios
-rechazo, curiosidad, innovación-
yo interpreto:
entablar estrategias,
navegar en la coyuntura,
dar una luz radical.
Que el mundo roto y sangrante
no fertilice en mí.
Desenredar la madeja,
sustraerme a las artimañas
de los opresores, excavar
bajo sus pies.
Que lo múltiple y mutual
germinen en mi crecer.
Retruécanos.
Estados líquido y gaseoso.
Tejer verdades
a ras de tierra.
Que los sueños y el deseo
inunden la materia
colectiva
a distribuir.
Finitud.
Reorganizar lo excesivo
de realidad y milagros.
Que prevalezca
lo habitable.
Fotografía: Eduard Barnieh
Escribir poemas en horario de oficina.
Se trata de una jornada a tiempo
muy parcial:
desde la suma de un conjunto de instantes
no remunerados
hasta la lánguida dispersión
a la espera de las musas
que a veces no llegan a tomar el último
tren.
Al igual que el resto de empleados
me arreglo y acicalo
cada mañana
me exijo puntualidad
y calculo los balances
a fin de mes.
Mis jefes apenas se percatan
de la anomalía.
Y, sin embargo, son tantas y tan serias
las cuestiones a verbalizar
que a menudo convoco huelgas
de brazos caídos
en las que me manifiesto
con un gran entusiasmo.
Fotografía: Eduard Barnieh
El uso (político)
y el abuso (político)
del adjetivo “político”
y de su femenino
("política").
¿No albergarán una sospechosa (política)
elusión de lo sustantivo y propio
de la política?
¿Es que no van a dejar de perseguirme
hasta aquí
en lo más íntimo (y político)
lo más esquivo, lo más sublime
(doblemente políticos)
y en el silencio (sin duda,
muy político y superlativo)?
Fotografía: Eduard Barnieh
Seamos más precisos:
las legítimas aspiraciones
a la autonomía personal y al amor propio
con una pizca de instantes sublimes
y una alta probabilidad de no sucumbir
al cinismo ni a la vacuidad
requieren dormir ocho horas diarias
y soñar despierto un número
no menos desdeñable
imitar las mariposas del alma
en vez de las calaveras maquilladas
que inundan las primeras páginas
de la tiranía
una drástica distensión
de las disputas territoriales
y expulsar el campo de batalla
hasta el primer agujero negro
de la enésima galaxia
todo ello de la mano
o en tácita complicidad
con los inciertos, atareados y variantes
sujetos que nos acompañan
a uno y otro lado
de la norma
sin olvidar la ventaja estética
que proporcionan
los globos aerostáticos
en los días
claros y luminosos
Fotografía: Eduard Barnieh
Y cuanta más miseria y desolación
percibo
solo me caben dos alternativas:
discernir y atacar a quienes las causan
o refugiarme
en los perecederos territorios
de la belleza
yuxtaponer
simbiosis
insólitas formas
de existencia.
Fotografía: Edward Barnieh
Llevar esta disidencia
del corazón
en el equipaje: cepillo de dientes,
pasaporte, cortaúñas.
No aceptar esos métodos sistemáticos
de infligir violencia infinita.
De qué nos sirven
estos accesorios si no: lecturas,
sensibilidad, países.
Y cómo se reparan los vínculos.
O qué nueva luz.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
Tu cintura de bambú
ilumina
la frialdad y la congestión
entre los edificios.
Reverdeces.
Celebro la copiosa
ternura
con un dulzor moderado.
Inclinaciones asiáticas
y un alma exigente.
Ser todo lo humano
posible.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
La verdad de tu cuerpo:
me intriga.
Reiteración. El pasado
se encarna en múltiples
presencias.
Días grises, llueve a cántaros.
No hay partes mejores.
La totalidad en el límite
de ser forma viva, pálpito:
es lo que me nutre.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
Somos una porción del universo
cruel e inabarcable, exuberante,
cacofonía, luminosidad, mínimas
secciones de orden y comprensión,
tan solo destellos que se buscan
y precipitan.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
Espinoso, curvo, lleno de baches.
Y si lo recorriéramos de la mano.
Caerán chuzos de punta.
Desviación
obligatoria.
Quién ordena, circula, atribuye
significado a los mojones.
A la sombra.
En polvo, piedra, asfalto
te convertirás.
La promesa de la dicha
que se bifurca.
Área de descanso, hospedaje,
restaurar la fe.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
Vamos a hacer cosas, vamos.
Ordenar, limpiar, enviar, escribir.
Un hueco, un respiro: qué palabras
me atosigan hoy, qué muertos, qué situación
intolerable, asco, ruinas, masacres.
Vamos a hacer la compra de la semana,
llenar la nevera, cerrar los ojos,
abrazar aquel insomnio.
Solo la llama de aquel cuerpo
extinguiéndose, sin pausa.
Ejercicios de escasez: ayer detuviste
la inercia absurda que nos arrastra.
Un sorbo de felicidad
de un solo trago. Vamos, vamos
a suprimir toda sombra de duda
ante los crímenes de lesa humanidad
a la hora del almuerzo.
Ya no tengo apetito. Aclarar mi voz,
tender la colada. Otro artículo
que revisar, releer, remasticar,
su pulso narrativo. Vísceras,
indicaciones prácticas.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
Vine a buscar el imperio de la luz
sin emperadores.
Que la armónica geometría y el saber
no sucumban a los axiomas.
El dolor es un pasajero que disfruta
de rango y categoría, sin apenas admitir
la condensación en lo alto.
En la medida en que el amor
suscita continuidad
y torpeza, batallas frugales
y textos a la deriva
de las horas muertas,
recibo, abrazo, calculo
la resistencia de los puentes
a erigir.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
Regiones fértiles de silencio
que a duras penas se sustraen.
La voluntad de ser, de dicha,
de universo: cercada.
Desde todos los flancos oigo
cómo se quiebran, los despojos, los mecanismos
falibles.
Extiende tu mano
al matiz que revela.
Celebremos
la orquídea y el almíbar, dale permiso
al azul.
Me consta que también la oscuridad
alberga insurrección.
Fotografía: Romain Jacquet-Lagreze
La excepción. Lo radiante y granado
entre la niebla.
¿Cuáles de mis obsesiones,
secretos, dudas debo compartir?
Refrescarme la cabeza en ese arroyo
o manantial, ahora que llevo
ventaja.
Asediar a la muerte, que su frontera
no se desplace y conquiste más.
En la palabra que nutre.
Hallarte en el amanecer
de mi respiración.
Fotografía: Mai Oltra
Hoy en día puedes comer un pomelo
a las ocho de la mañana
e invocar a los dioses laicos
con sus guitarras
en el escenario.
No importa el número de viajes
intercontinentales porque el simple
pájaro y la floración
son capaces de poner en cuarentena
toda inmovilidad.
Después están tu cuerpo y las galaxias.
Disyuntiva y convergencia.
Materia de debate en la primera
entrega de una serie infinita
de especulaciones.
Fotografía: Mai Oltra
Resaca de amor, desdoblarse,
qué memoria necesito si la voz
traiciona.
Bebes de una noche cálida.
Los perfiles suspenden
la luz.
Que el tiempo ajeno transcurra
ya para que fulguren
tus labios.
En la transición.
Poema antes del cuerpo
y después.
Solo desear. Que enraíce,
que desalambre. Próxima.
Verte y no.
Fotografía: Mai Oltra
La división internacional de los afectos
arroja un lamentable balance
de transferencias desiguales.
La carta solemne que estipula
el derecho de asilo
no cuenta con la adhesión de los amantes
con heridas próximas e intangibles.
Absténgase de apelar a los más supremos
tribunales por compensaciones económicas
o restitución de pérdidas
si fue usted, ávido de deseo y romanticismo,
quien puso toda la carne en el asador.
Las cosas son así y al revés no menos
de lo que podrían ser ahora o más adelante
en caso de un mayor arraigo en los territorios
del alma y una más aceptable
justicia social.
Fotografía: Mai Oltra