Blogia

ateo poeta

 

A este ritmo

el gran colapso

acaecerá

más pronto

que tarde.

 

Las lamentaciones

y llamadas

a la sensatez

se hundirán

en el légamo.

Nada nuevo,

es lo habitual,

para qué

escuchar

a un árbol.

 

Los gorriones

petrificados

y envueltos

en una tóxica

nubosidad

como egregios

representantes

de la memoria

del canto.

 

Se habrán vertido

ríos de sangre

inocente

y unas gotas

escasas

de la culpable.

Aunque ya

no será tiempo

para distingos

morales.

 

Hasta los números

irracionales

y transcendentes

perecerán

devorados

por el mismo

magma.

Y quién calculará

los días dulces

del verano

cuando todo

el pálpito apenas

exprese

su agonía.

 

Hoy sólo

deseo

un suicidio

purgador

de quienes

tienen la sartén

por el mango.

Al resto

de criaturas

no nos queda

más remedio

que ir

preparándonos

para lo peor.

 

Y que no

esperen

que compartamos

los milagrosos

instantes

de felicidad

que se nos crucen

en el camino.

Como no sea

con el propósito

de amargarles

la vida.

 

 

 

 

 

También los fines de semana sirven

para que el terror sin piedad campe

a sus anchas como una rutina.

 

Hay noches en las que me inunda

la claustrofobia al cerrar los ojos,

aunque abrace a un cuerpo de seda.

 

En las fronteras disparan a matar

con mucha frecuencia. El humo

que se respira extermina a todas

las clases sociales.

 

He echado de menos algunas veces.

Hay imágenes tuyas que laceran

y no rectifico al estar tan solo.

 

Por recolectar escaramujos,

por la impunidad que rodea

a la esclavitud. ¿Es que sólo

podremos poner tiritas?

 

La masajista ciega se aplicaba

con el mismo tesón y siempre

me pregunto a dónde va a parar

mi dinero.

 

Las revueltas pueden cambiar

de bando. Las palabras pierden

su lustre. Nada surge de los rescoldos

y debemos tomar partido.

 

Perdóname, sé que me desearías

más presente, que no mezclase

ese mundo descompuesto

con lo frágil por construir.

 

 

 

Mi cuerpo

lleno de cicatrices.

 

No es una condición

imprescindible,

pero ahí están.

 

Dicen que teníamos

una capacidad

primigenia,

en teoría.

 

Hablo de querer, amar

o como prefieras

enunciarlo.

 

A fin de cuentas,

incluye, en su centro,

las palabras.

 

 

Fotografía: Guillermo Asián

 

 

 

Y que conste:

que los poemas más

furibundos

aún no han visto la luz.

 

 

Fotografía: Alicia Eggert

 

 

 

Los placeres de ahora

no son ninguna justa recompensa,

el mundo no es justo,

que se lo vayan a decir

a quienes agonizan y sólo conocen

el camino que lleva al día siguiente.

 

Los placeres de ahora

son los restos, el descarte, lo que queda

por omisión cuando has renunciado

al absurdo, a las obsesiones malnacidas

que sólo buscan mecanizar tu cuerpo

y adocenar tu alma.

 

Los placeres de ahora

carecerían de todo sentido

sin las fauces del dolor, sin haberlas

probado antes, sin haberte asomado

al abismo y al riesgo de congelación,

sin la claustrofobia ni la rabia

ante tanta violencia gratuita.

 

Los placeres de ahora

son apenas una contraseña

de acceso, un espejismo tan efímero

como el aire que aprietas al cerrar

las manos y al abrazar ese amor,

de nuevo, tan imposible.

 

 

Fotografía: Anastasia Chernyavsky

 

 

 

 

El amor

es un trabajo

a jornada completa

y con muchas horas

extraordinarias.

 

No me sorprende, pues,

el elevado número

de jubilaciones

anticipadas.

 

 

Fotografía: Bill Brandt

 

 

 

 

 

No solo

la desnudez

alimenta

al deseo.

 

Los momentos

anteriores

son también

deliciosos.

 

 

Fotografía: Zigor Aldama

 

 

Luz presente

que no cesas

de inundar.

 

Escamparás

pronto y volveré

a aceptar

el designio.

 

 

Fotografía: Frederique Bangerter

 

 

 

No te quiero

para llenar mis espacios

vacíos,

ni para aplacar mis tristezas

de una vez por todas.

 

Aquel viejo cuento

de la media naranja,

ya sabes.

 

La tendencia más rabiosa

en la actualidad

es sumar peras y limones,

exprimirles el zumo

y beberlo de un trago,

que el tiempo

vuela.

 

Lo mire como lo mire

siempre acabo enredado

en el mismo

embrollo.

 

 

Fotografía: Guillermo Asián

 

 

 

Desvelar la cuota

de silencio,

de violencia

y de arbitrariedad

 

que el poder desnudo

nos inflige

impunemente.

 

Y encarnar

ese clamor,

por mucho que dure

la pelea.

 

 

 

Dices que he sido fiel

a mi vocación nómada

y se me disparan las alertas

porque también he conocido

el devenir errático.

 

Eran los libros, el pensamiento,

el amor

quienes ejercían su atracción

gravitatoria

y podían detener los tránsitos

y las derivas.

 

Con las casas y los lugares

he anudado lazos secretos

y memoria

pero me acostumbré pronto

al desapego de la propiedad.

 

La ternura y la lucidez,

además, se hallan esparcidas

por medio mundo.

Y no suelo resistirme

a su convocatoria.

 

Dices que en nuestro origen

hay un avispero y que quiebran

a los inconformes

y te digo que tampoco yo

podré huir

de la necesidad que nos

reclama.

 

 

Fotografía: John Rivers

 

 


 

 

 

No es el beso.

No es sólo el beso.

No es el beso repetido,

hambriento como un náufrago

recién rescatado.

 

Es la alegría que llega con el beso.

Es la apoteosis,

el relámpago,

la única noticia feliz

que sólo el beso transmite.

 

 

Ilustración: Touluse-Lautrec

 

 

 

 

Se organizó una batida

por el monte raso

para dar

con mis huesos.

 

Los más veteranos

de la comunidad

blandieron

sus armas

e hicieron acopio

de pertrechos.

 

Se avecinaba ya

el crepúsculo

y decidí camuflarme.

 

Ni siquiera me tuve

que cubrir

el rostro.

Me uní al grupo

que me buscaba.

 

 

Fotografía: Guillermo Asián

 

 

Sale caro el amor.

 

Te pasa una factura

abultada

y todos los conceptos

vienen sin desglosar.

 

Sin duda,

confiamos

en una publicidad

engañosa.

 

 

Fotografía: Zigor Aldama

 

 


 

No es el sexo

ni el amor.

 

Es la soledad

la que me resulta

adictiva.

 

Es la soledad

la que me provoca

síndromes de

abstinencia.

 

La misma

con la que llego

a acuerdos

amistosos

de separación

que enseguida

se vuelven

papel mojado.

 

La dichosa

y maldita

soledad

que sabe más

que el hambre.

 

La fiel y,

sin embargo,

traicionera.

 

 

Fotografía: Alyona Surikot

 

 

 

 

 

Cuanto más fácil

me lo pones,

peor.

 

No hay nada

como tu paso firme

y los millones de galaxias

que se congelan

en tu mirar

 

para que ansíe

ese segundo

de rozamiento

que ni siquiera sé

si va ocurrir.

 

 

Fotografía: Julia D. Velázquez

 

 

 

 

Los días oscuros

son también días luminosos

que han sufrido la amputación

de alguna extremidad

ocular.

 

En los días oscuros

uno pasa del humor saltimbanqui

al humor ácido

ofreciéndose a sí mismo

como mártir de todos

los escarnios,

a falta de otras víctimas

propiciatorias.

 

Deberían declararse festivos

los días oscuros

porque, se mire como se mire,

las teclas no van a teclear solas,

nadie va a enviar acuse recibo

y tras las ventanillas

hay una huelga de celo

que rechaza toda solicitud

de reclamación.

 

 

Fotografía: Guillermo Asián

 

 

 

 

Imagínese un acuario

sin vegetación

ni distracciones

inoportunas,

 

un portento

de transparencias,

 

los peces nadando

con inquietud

en todos los sentidos

porque las dosis

de comida apenas

alcanzan,

 

los muertos que yacen

inmóviles

en el fondo,

aguardando

 

el dispositivo

que los retire

 

o a que su podredumbre

también sirva

de alimento,

 

una necesidad

de indiferencia,

 

no hay tiempo que perder,

el tiempo apremia,

lo básico escasea.

 

Imagínese,

 

haga un mínimo

esfuerzo,

ya sé que es difícil,

 

que este desagradable

espectáculo

no ha ocurrido

jamás

 

y que, empero,

su posición

a uno u otro lado

de la pecera,

 

podría cambiar

cuando menos

se lo espere.

 

 

Fotografía: Agnes Martin

 

 


 

El día en que me diagnostiquen

un cáncer terminal

 

me dedicaré locamente

a toda clase de placeres,

a la belleza

arrebatadora,

a exprimir la vida

hasta la última gota

de su zumo.

 

Bueno, más o menos igual

que siempre,

pero tomando

muchas menos

precauciones.