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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

 

La vegetación tropical,

exuberante.

Telas de araña que resplandecen

en la noche abierta, alunada.

 

Si pudiera asir tus manos.

Esta fiebre, memoria, caducidad.

 

Cuando miro ese suelo informe,

dilatándose, pongo los pies

en polvorosa. Desando.

 

Los bufidos de los cargueros a través

de la bahía. Minúsculos paquetes

en su seno. O millones

repetidos.

 

Nadie tiene la culpa. Circulamos.

Vectores, inercia, olvido.

Ojalá mi resistir y mi amor

imitaran a ese bambú

anciano.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

Amar es cansado. Deberían estipularse

ocho horas diarias como máximo

para prevenir la fatiga

y las sobredosis.

 

Más controvertido se me antoja

un salario mínimo al respecto.

Sería equivalente a la imposición

de trabajos forzados

a las mariposas.

 

En lo que atañe a las vacaciones

pagadas dúdese del romanticismo

de los sindicatos:

que se decida en las asambleas

y camas de negociación.

 

En materia de movilidad

geográfica los amantes suelen andar

al borde del precipicio. Por ello

se recomienda:

una notable deducción fiscal

y servicios solidarios

de cuidados paliativos.

 

Una vez calculada su relevancia

en el índice de felicidad bruta

del país, absténganse

las autoridades

de regular más esta industria.

 

(Los cuerpos ya segregan

abundantes incentivos

naturales.)

 

Para todo lo no contemplado aquí

se remite a las cláusulas libremente

acordadas por quienes ya están

con sus manos en la obra.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

Cómo iba yo a saber

que la fragmentación de las ilusiones

acontece como tirar los dados.

 

Cómo iba yo a predecir que la suerte

es taimada, flexible como un músculo

hasta doler. Desierto.

 

Escarbar. Debajo de cada superficie

y apariencia hay más de lo mismo.

Solo capas superpuestas.

 

Nuevos interrogantes y latitud.

Delfines. Morada.

Celebrar aquí.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

Con sigilo o simple aceptación

devienen días de mayor sosiego.

Sus rostros suavizados

por la tempestad.

 

Bajo tierra, las altivas aspiraciones

de los grandes relatos.

 

¿Qué nueva torsión experimentará

mi deseo ahora?

 

¿Cómo te reflejaré en la purpúrea vigilia

donde se mecen las hipótesis?

 

¿Puede el amor atravesar el túnel

del tiempo?

 

Desvelar. Lucidez.

 

Calendarios.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

 

Lo sublime no se halla lejos,

fortificado, ni podría ser recompensa

post mortem.

 

Apenas soy capaz

de designarlo en toda su amplitud.

 

Los momentos de breve dicha.

Arroyos pedregosos, prístinos,

celebración.

 

Efímera transparencia.

 

¿Cómo llegar? Si no a golpes

de inconformismo. Duda

incansable, sed.

 

Cómo si no perseguir el aroma

y la intemperie, lo que no quiere

dueño. Lo vasto.

 

El placer intelectual. La luz

de los dedos y la tersa mejilla.

 

Recordatorios.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

El magnetismo del beso. Necesidad.

Nutrición. Al borde de otras funciones

alimentarias.

 

Detona ensoñaciones explosivas. Concilia

los paisajes heridos de la temperatura

y del cansancio.

 

Hace mucho tiempo ya que no te beso

y esa devastación es insoportable. Cenizas.

Erial. Escarcha. Un bosque mutilado

y silencioso.

 

Impaciente. Alerta a cualquier indicio

que signifique reverdecer.

 

 

Fotografía: Sebastaio Salgado

 

 

 

 

 

 

Porque la nieve cubre el descender

hacia el espectro de lo que se revela.

 

¿Hay acaso una pregunta que murmure

en tus labios la declinación

del azul?

 

Anhelar. Planicie.

Abrigo.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

A medida que se enturbia mi recuerdo

de lo sublime, ya mustio, levedad.

 

Tampoco la inercia o las vallas

fluorescentes tienen músculo como

para doblegar lo insaciable.

 

A menudo hablo de ti en pasado.

Como un hecho objetivo. Atmósfera.

Nubosidad, chubascos

intermitentes.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

Escarpadas. En el vientre de su secreto

la luz y el pétalo saben que el destino

es morir y dar.

 

Ingenua misericordia. Manantiales.

 

Cómo azota lo gélido en los surcos

y la historia del semblante. Pies,

tránsito.

 

Apenas musitar hacia dónde, con quién.

Me sueña un mundo en niebla,

no solo frenético y árido.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

 


Escarpadas. En el vientre de su secreto
la luz y el pétalo saben que su destino
es morir y dar.

Ingenua misericordia. Manantiales.

Cómo azota lo gélido en los surcos
y la historia del semblante. Pies,
tránsito.

Apenas musitar hacia dónde, con quién.
Me sueña un mundo en niebla,
no solo frenético y árido.


 

 

También el desamor es un terremoto

que altera las dunas móviles

y la estupefacción de los cactus.

 

Me desarma y desabriga. Las noches

son frías donde el líquido elemento escasea.

 

El fuego está en el aire y en el corazón

que no es un astro de millonaria

longevidad.

 

Aquí toda estrategia apenas alcanza

a los pies de la noción de espejismo.

 

Tomo decisiones como quien repta.

Conciliar el sueño. Nacer.

Vínculos inorgánicos.

 

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

En la segunda estrofa hallarás

mi cuerpo inerte aunque palpitando,

sin atisbo de rima

o redundancia.

 

En el género épico detesto

mi derrota, la pérdida de los signos

de puntuación, recordar tu calor

en mi costado,

huir.

 

Existo en una trama de nudos

y personajes. Me lacera

tu ausencia pero hay niños,

ficus como rascacielos,

aves del paraíso y una infernal

agenda de eventos

surtidos.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

¿Dónde el umbral?

Cumplir a rajatabla la predicción

subterránea.

 

El movimiento de mercancías.

Mi fe muerta, cenagosa.

 

Extiendo diques. Que solo el océano

furioso se erija.

 

Debo apuntalar esta rutina.

 

Que no se marchiten las flores

de lo real.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

El caro equilibrio que huye.

Pensarte.

 

Concentrar todos los átomos

de la melancolía

en la imagen de tu cuello,

la ternura, el agua.

 

Que la sombra de un elefante

me recuerde lo frágil.

Agazapado.

 

Real.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

La enfermedad del amor contingente.

Lo que dicen sin rencor

de lo volátil

y de las obstinadas afinidades.

 

Me dirijo a una arteria, al fenecer

de la luz del día. Hay espigas,

 

racimos, una nube de polvo

y hechos a descifrar. Mutismos.

Involuntario quemar del tiempo.

 

Escindir, arar.

 

Que tu rostro no soslaye

esta canción.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 


 

 

Duermes en la palma de mi sueño.

Suscitas minerales. En los gramos de luz

que escalan hay transición, almíbar,

columnas ajadas.

 

Presiento dádivas. La suerte te sonreirá.

Ascender a lo arraigado. Solo así.

 

Turbulencias. Cuerpo a remolque. Ya no

cuenta el calendario. Será dulce y único

mas quién desea lo eterno.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 


Duermes en la palma de mi sueño.
Suscitas minerales. En los gramos de luz
que escalan hay transición, almíbar,
columnas ajadas.

Presiento dádivas. La suerte te sonreirá.
Ascender a lo arraigado. Solo así.

Turbulencias. Cuerpo a remolque. Ya no
cuenta el calendario. Será dulce y único
mas quién desea lo eterno.

 

 

Tus pechos mitigan las ruinas heladas.

 

Con la sal viene un estrato de amor

sin pulir.

 

Ala azul que rompe las cadenas del sábado.

 

El afán de sostener un rumor

nutritivo que empuja dos metros

esenciales.

 

Nadie llora por los adultos

sin juguetes. Sonrisa torcida. Bambú.

 

En la extracción con las yemas

de los dedos reside la música.

 

Ballenas de marfil acuden.

 

Cierto que todavía no.

 

Dices que mis ojos continúan

disconformes.

 

Cuánta belleza y jazmín deberían

asignarse a la hora del té.

 

Tus pechos, a ras de las olas.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

 

Es suficiente con que me escribas

unas líneas.

 

Déjame leer entre sus sombras

y a contraluz.

 

La vida naufraga inane, moribunda,

desahuciada si no alcanzo

a vislumbrarte.

 

Y recapitular.

 

Septiembre. Más de treinta

grados.

 

Anhelo la retirada de esta atmósfera

sofocante.

 

Que suceda lo extraordinario.

 

La cola de una ballena

en su dicha. La cabeza

de un alfiler.

 

La palabra paraíso.

El tiempo que cede.

 

Una razón, cualquiera, espuria,

inefable, ahí, no importa,

y no claudicar.

 

A las primeras de cambio.

 

Anticiparme a leer lo que instigas

y adviene.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

¿Qué haré hoy

para inventar mi vida?

 

Y que parezca insólita,

fulgurante,

abrupta como un glaciar

que muere,

colmillo de marfil,

pecho

horizontal,

justificable,

enfática,

atlas.

 

Llena de ti,

por decirlo

en tres palabras.

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

 

 

Mejor esperar. Que el deseo

señale las líneas de fuga,

incontenible.

 

Pretendemos que los labios

tomen el control. Seguridad

en el abismo.

 

Dulzura estrábica, manca, alud.

 

Pero no existo fuera ni ayer.

El tenue hilo clarea,

a seguir.

 

Nieve alrededor.

 

 

Fotorafía: Sebastiao Salgado

 

 

 

 

 

Auguro el frío.

 

El azote

de un dios de piedra

empuñando la oscuridad.

 

Huimos siempre excepto

la espiga y el amor.

 

¿En qué camino?

 

Alambradas. Mamíferos.

Saben los animales

qué perece.

 

Replantar.

 

¿Qué me dirás mañana?

 

 

Fotografía: Sebastiao Salgado