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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Círculos inacabados.

Grieta como de boca

y pausa.

 

La traducción no nos hace

justicia -sangre más bien.

 

Sustraerme

del filo insensible,

de la navaja azul

y escamas.

 

Con tenacidad

de donde vienes.

 

Grúas y cables de acero.

 

Lo nuevo en tu corazón

y lo que ya nunca

vacío.

 

Aguardo la hora

del transporte.

 

 

 

 

 

Que ames como si no hubiera mañana.

Con ternura, con dolor. Voraz o, acaso,

sin las agujetas del pensamiento.

Que no descanse tu sed ni la caridad

de tus manos de nieve. Nada significa nada

excepto este huir de la monotonía. Que soy

tu cuerpo, que me entierras y me resucitas.

Escribir sobre lo interrumpido, antes de,

lo que se estanca y engendra. Soy tu imagen

rota. Que ames tu finitud y tu imposible.

Sabes a café. Entras en la ducha. Que las

malas hierbas de la tristeza no se apoderen

de nuevo de lo fértil, de los nombres.

 

 

Fotografía: Henry Leutwyler

 

 

 

 

El mundo se concentra en las yemas de tus dedos

sobre mí, en las líneas sin propósito que trazan,

suturando la ausencia y la melancolía.

 

Vértices del cuerpo que asisten al amor por mucho

que todo transcurra detrás de los ojos inmortales,

en la claridad que instigas, confines, desnudez,

articulación.

 

 

Fotografía: Sofía Santaclara

 

 

 

 

 

Fragilidad es un concepto poderoso y carne

y huella y circunstancia siempre preñada

de ser. No suprime, no constituye. Pone a

resguardo. Es de la intemperie, endurece

y vuelve a buscar quietud.

 

Cuando hemos recompuesto lo quebrado

con el mejor arte posible y todas las cicatrices

hablan de esas líneas irregulares, de esa unión

hasta ahí. Mientras no azote de nuevo

lo irremediable.

 

Frágil el vacío. El umbral próximo. Quienes

me atraviesan y habitan, sus voces y su

ausencia. Cómo cambian de estado. ¿Es acaso

el amor más robusto? Lo que se desvanece,

¿adónde fluirá?

 

 

Fotografía: Sanghyeok Bang

 

 

 

 

De alguna manera

siempre estoy preparado

a que encuentres a alguien

con menos defectos.

 

A partir de ahí

no tengo más planes.

Será doloroso, es lo habitual,

me las apañaré,

es la única ley de vida.

 

 

Fotografía: Aaron Nagel

 

 

 

 

 

 

Para desayunar, unos segundos

de tu mirada que recién llega

de lo remoto

y beber de tus pechos claros

y abundantes.

 

El sol, la fruta y los cereales

no son menos necesarios

en la dieta del alma.

 

 

Fotografía: Amilcar Moretti

 

 

 

 

 

 

 

 

El aire está limpio y el cielo despejado.

Ocurre después de la lluvia. Tu mirada

no menos resplandece.

 

 

Fotografía: Ed Ross

 

 

 

 

En tu idioma, en tu silencio, en las grietas

que no hemos elegido.

 

Rescatar lo lúcido que se filtra sin concesiones

en las horas ásperas, rendidas a la belleza.

 

Lo entrañable y corpóreo. Movimiento, aire

tejiéndose en ti, acariciar la nada, que su peso

se distribuya.

 

Lo uniforme cede.

 

 

Fotografía: Ed Ross

 

 

 

 

 

El tiempo sin ti. Necesario.

Recordando tus intentos de hablar

en mi idioma. No voy a

acostumbrarme. Era todo tu cuerpo

el júbilo, el código, la galaxia.

Tampoco hacías promesas.

Si vuelves seguiremos jugando,

impacientes, con el deseo a flor

de piel, sin más ataduras.

Si vuelves.

 

 

Fotografia: Gian Lorenzo Bernini

 

 

 

He visto cómo liquidaba

su matrimonio

de un plumazo.

 

Y no espero más contemplaciones

cuando decida fulminarme

como amante.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

Estoy dispuesto a admitir

una zona de oscuridad,

accidentes,

anomalías.

 

Es el medio

que mejor transito,

en el que me muevo

como pez

en el agua.

 

Por fortuna, no se trata

de mi única

convicción.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

Te propuse volar

y me citaste en el noveno piso

de Júpiter -un hotel

cercano a las estrellas.

 

¿Cuánto de azul e intermitencia

posee el origen desde aquí?

 

En esa atmósfera: ¿cómo

mutarán los cuerpos dulces

y en expansión?

 

Tu piel en el bálsamo

de un mar de gases.

Recién bañada

en la infinitud.

 

Del servicio

de habitaciones:

pétalos cósmicos

en salmuera y oxígeno

a punto de nieve.

 

Al amanecer toca

bajar a tierra. Ascensor,

metro, reuniones.

Las secuelas

de la ebriedad.

El futuro, siempre

en el aire.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Con 20 años leía apasionado, con fruición y desasosiego, los enigmas que Varela y Maturana desgranaban en su biología del conocimiento. Era como excavar en un pozo sin fondo, hasta el magma abrasador, hasta el núcleo de nuestro existir.

 

Hoy, más de 20 años después, Maturana sigue tocando las raíces con sus manos sabias, sin privarlas del sustento, del humus y las fuentes que nos dotan de un mimetismo esencial.

 

“El acto de la reflexión -la ciencia, por ejemplo- requiere amar. Requiere este acto de moverse en las circunstancias, sin prejuicios, expectativas o exigencias. El otro tiene presencia cuando se legitima su presencia, no se tiene que disculpar por ser. Si yo no respeto, nunca lo voy a comprender.”

 

Afinidades electivas. Conjunción del mundo. No desarraigar mis emociones de la luminosidad.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Un hombre desnudo, bailarín, con la piel tostada

y una suave musculatura, posa en el medio

del salón. Medita. Bandadas de pájaros negros

surcan la viscosidad de sus ideas y un mar apacible

al que huye los días de asueto. Dieciséis pares

de ojos observan esa superficie y eluden cualquier

gesto de sexualidad. Carboncillos, acuarelas, tintas

y trazos en el aire. Apenas unos mensajes lacónicos

en los labios del instructor. El modelo se esculpe

a sí mismo. Nadie mira a nadie pues hay que arañar

en la oscuridad propia. Todos se miran mutuamente

pues la soledad de lo nuevo es un huracán que agita

las amapolas de lo absurdo. A mi inquisición

responden: es una atmósfera. Un velo. Rituales.

Llega la hora del fin del contrato. Envainan sus

pinceles. Tiempo de humo y de alcohol y de

satisfacer los instintos del estómago. La espuma

de los violines en la orquesta determina que el

centro de atención se vista con sus ropas y

que el resto del grupo se descubra.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Tus ojos luchan contra el infinito mayúsculo,

la alineación de los planetas depende de otra

edad y luz. Cómo aventará sus élitros

la naturaleza ciega si no hay exceso

de manos tendidas. Incardíname. Deja tu

huella sobre este barro de mañana.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Tanto abuso de los medios,

tanta perversión estratégica

puede acabar

con el sustrato

y la sensibilidad.

 

Que el cinismo no se apodere

de quienes se entregaron

a causas justas.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se puede decir “cosa”

y no llegar a tocarla nunca.

 

Podemos sentirla con el tacto

o el paladar, olerla, contemplarla,

escuchar su ser o su silencio

y, sin embargo, ser incapaces

de balbucear su nombre.

 

Del mismo modo, sé que estás

lejos y que la invocación

y las promesas son meros

entretenimientos.

 

Mientras que al encontrarnos

y adherirnos es muy probable

que las palabras se entumezcan,

se enreden o se confundan.

 

Otra hipótesis muy apreciada

establece que es en el recorrido

que va desde la idea

hasta el cuerpo, o a la inversa,

donde acontece la virtud

de la comunión.

 

Pero también me consta

la posibilidad de que nos pasemos

de largo.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Ando a vueltas con las memorias

de Althusser. Nunca fue santo de mi devoción

pero es un texto que conmueve.

 

Dice que “un comunista nunca está solo”

pero que él, el filósofo, se empeña en construir

su soledad, y desde ella.

 

También que “la filosofía representa la lucha de clases

en la teoría” y que la transformación del mundo

comienza por esos baluartes, no por deshacerse

de ellos.

 

Se nota que era un hombre que pensaba

en la práctica y que se tomaba en serio

la materia, la historia y la dialéctica

aunque le internasen a menudo en hospitales

psiquiátricos y acabase estrangulando

a su mujer.

 

Esa tragedia y sus lúcidas meditaciones me

perturban, incluso con ansiedad.

 

¿Qué papel juegan, qué efectos producen

nuestras palabras en la navegación,

las derivas y las batallas infinitas?

 

El francés enunció otro dardo de carácter

más geológico: sondear los estratos

del pensamiento antes del análisis

minucioso, antes de la extracción

de una perspectiva global.

 

Prudencia, pues, sin caer en los brazos

amorosos de lo contingente.

 

Nada es baladí. No corromper

los anhelos de libertad y democracia,

ni su matriz subjetiva.

 

Ni mucho menos

en períodos post-revolucionarios.

 

Me agrada esta lectura fuera de modas

y, a un tiempo, extenuante, incisiva.

Desenmascarando el riesgo

de escribir.

 

Aunque no hable de todos los temas

que me apasionan y atormentan,

toca hueso

y no se deja encasillar.

 

Es sincero y verosímil, fresco,

turbulento.

 

Y, sobre todo, destruye convenciones

bien arraigadas en los círculos

intelectuales.

 

Con estas ideas,

más piedras en el camino.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

La ardua tarea: proporcionar alas

efectivas, cuya cera no caduque

y sistemas de emergencia

que se desplieguen diligentes

para amortiguar la caída

cuando ésta deba suceder.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

Dos niñas con una notable diferencia

de altura, un perro asido a la muñeca

de una de ellas y enlazado imaginariamente

a la otra, pasan al trote. Al fondo,

una parcela vacante, tierra húmeda,

no hay vallas cercándola en dos de sus

flancos. En los restantes se erigen grises

medianeras con algún ventanuco

asomando. Sin prisas, no parecen

ajustarse al horario escolar. El cielo

está encapotado. Dudo si elegiría

el color, por sus vestidos y la animación

de los demás transeúntes. Suceden

en la inmediatez, apenas he podido

vislumbrar mi sueño. Rozamos el

grado cero, mis manos están cálidas

dentro de sus guantes. No tengo

tiempo de sacar la cámara. Durante

días y años recuerdo esa imagen

que no pude fotografiar.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez