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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Me ofrecí a posar desnudo

para que dibujasen de mí

lo que desconozco, la sombra

desde sus no menos críticos

puntos de vista.

 

Ya no era joven ni mi piel

tan tersa, ni mis músculos

sobresalientes, los defectos

más acusados, de existir

un canon que ni falta hace.

 

Pasé las horas sin ceder

a los pensamientos eróticos

para darle a mis pliegues

la aceptación del objeto

contemplado, útil, sedente,

para darles el hombre en paz

y el hombre en guerra

que jamás han hallado

armonía.

 

Luego salí a la lluvia

rotunda y poderosa

que me caló por completo

y me uní a los últimos

manifestantes en pie,

movidos por convicciones

que chocan siempre

contra un muro.

 

Los sueños envolvieron

mi garganta dolorida

y recordé cuando

comíamos las cerezas

subidos al árbol.

 

 

Ilustración: Malika Favre

 

 

 

Ya ha sucedido

otras veces

y me voy

acostumbrando.

 

Me anuncias

que tu agenda

es apretada

y que no sabes

si podremos

encontrarnos.

 

Y así transcurren

noches y días

y aunque recibo

muchos mensajes

de ternura,

apenas se te ve

el pelo.

 

Esa, la conozco

muy bien,

es la medicina

que yo siempre

administraba.

 

 

Fotografía: Yasuzo Nojima

 

 

 

 

 

Nadie quiere acabar

como un juguete roto

cuando ya es

demasiado tarde.

 

Por eso muchos

se retiran

a las primeras

de cambio.

 

Lo sublime

y el amor

siempre empujan

a un abismo

y a la ley

de la gravedad.

 

 

Fotografía: Vika Yasinkaya

 

 

Delegar en los asuntos

fundamentales

es como ponerte una soga

al cuello.

 

Para todo lo demás es mejor

compartir

las tareas agradecidas

no menos que las engorrosas.

 

 

Ilustración: Banksy

 

 

 

 

Te podrías ahorrar

muchas de esas lindas

palabras y planes de futuro.

 

Levantan demasiada polvareda

y luego toca limpiarlo todo

en profundidad.

 

 

 

 

¿Y si en lugar

de tantas supersticiones

dotáramos al amor

tan solo de su poder

para lo extraordinario?

 

 

Fotografía: Oli Sansom

 

 

 

 

¿Pueden soñar

y amar los robots?

 

Depende, claro,

de cómo definas

los verbos

(y hasta el sustantivo

tal como están

nuestros cuerpos

y almas

de hibridados

con tecnología).

 

Lo que sí pueden,

con una básica

programación,

es servirte

de animal

doméstico.

 

El punto de intimidad

se lo otorga cada uno,

mientras no se instale

un virus destructivo

en el sistema.

 

¿Y acaso sabemos

cómo sueñan

el resto de los humanos

si apenas nos relatan

los detalles

menores?

 

¿Y qué son, sino,

esos amores

virtuales

con los que

nos entretenemos?

¿Frutas de un día

que exprime

la máquina?

 

En fin, ya sé

que estas disquisiciones

poco aplacan

los estados pasajeros

de fiebre amatoria

o necesidad carnal,

pero, al menos, ayudan

a que no te salte el corazón

cada vez que alguien

te envía

un mensajito.

 

 

 

 

Me gustas tanto

que prefiero

no preguntarte

si fumas

ni seguir así

con la serie

de impertinencias

que tan bien

se me dan.

 

Ya se romperá

el cascarón

por sí solo.

 

 

Fotografía: Christian Coigny 

 

 

 

 

Lo peor que podías hacer,

en este momento,

era escuchar

esos boleros melosos

y despechados.

 

Como si no tuvieras

ya ración suficiente.

 

 

 

 

 

 

Cuanto más inteligentes

y más chispa tienen,

más arrebato sexual

me provocan.

 

Aunque ellas

suelen inclinarse

por seguir charlando

y haciendo planes

para poner esta vida

del revés.

 

Y yo archivo o aplazo

mi lujuria hasta

que no aguanta más

y revienta

o se aplaca

por otros medios,

todo por amor

a la sintonía

de las ideas.

 

En cambio, qué tristes

resultan aquellos

cuerpos que son solo

libido, consumación

carnal y rehenes

del placer.

 

Después del vicio

queda ese enorme

desierto sin palabras

que me aleja

para siempre

de cualquier posible

reincidencia.

 

 

Fotografía: Christian Coigny

 

 

 

 

Al filo de cumplir 44

ha llegado la hora

de rebautizarme.

 

El nombre artístico

no puede ser

pretencioso

pero sí una ruptura

con las convenciones

molestas.

 

Acudo al linaje

materno

y a la tierra natal

por si acaso

hay reminiscencias

y simientes

encarnando

lo invisible.

 

Y encuentro cerros,

rápidos caudales,

riberas exquisitas

para la mansa

ganadería,

manantiales

que descienden

con ímpetu,

troncos

centenarios,

piezas de sostén

y el vigor

necesario

para resistir

sin claudicar.

 

No es mucho

pero mis ambiciones

son ya una íntima

materia.

 

No es poco

y promete.

 

 

Fotografía: Bill Brandt

 

 

 

 

 

 

Me volvía loco

tu actitud

pizpireta

y esa pasión

irrefrenable

por las pequeñas

cosas.

 

Eso sí, me lo pusiste

bien difícil

para seguir

el ritmo.

 

 

Ilustración: Malika Favre

 

 

 

 

Hay tres maneras

de estar desnudo:

 

a tu lado,

 

tiritando de frío

porque estás lejos,

 

sudando la gota gorda

porque hace un calor

de mil demonios

(y vuelvo a estar solo).

 

 

Ilustración: Malika Favre

 

 

 

 

 

 


 

Te quiero más

cuanto más libre

eres.

 

 

Fotografía: Bill Brandt

 

 

 

Cada uno tiene sus fetichismos

políticamente

incorrectos.

 

Los míos pretenden celebrar

las potencias deseantes

y la rebeldía.

 

Pero hay límites

que no alcanzo por más

que insisto hasta bien entrada

la noche.

 

 

Fotografía: Ed Ros

 

 

 

 

Ojalá el amor

fuera solo un derecho

a dejarse llevar

plácidamente

hasta simas profundas

y cumbres despejadas.

 

Pero sucede que

del capítulo de los deberes

alguien ha arrancado

todas las páginas.

 

 

Fotografía: Stephane Lepine

 

 

 

 

 

Desde hoy

queda sentenciada

a muerte

la expresión

“el ecuador de la vida”.

 

Qué ganas tienen

algunos

de amargársela

antes de tiempo.

 

 

Diga lo que diga

sobre mi edad

el pasaporte dichoso,

yo cada día me siento

más joven.

 

Un joven entrado

en años, eso sí,

pero años

que no pesan.

 

O un viejo,

también es posible,

con grandes afanes

desiderativos.

 

 

 

En el preciso momento

en que escribo

tengo una edad

determinada.

 

No se puede discutir,

es una aseveración

objetiva.

 

El error consiste

en datar los textos

según esa edad

como un atributo.

 

Hoy es una contingencia

que depende

de cómo he sobrevivido

hasta ahora.

 

Lo que pienso

se ha ido cultivando

en un mar

de lentitud

y balizas.

 

Nada me asegura

que este mensaje

tenga un público hábil

para romper

la botella.

 

Yo mismo

naufrago

a menudo.

 

Mis años y días

respirando aquí

según el registro oficial

poco dicen

del proceso.

 

De las piedras en el camino.

De achicar agua.

 

De las dulces manifestaciones

de la brisa y el amor.

 

Y luego, para colmo,

está el dilema

de si debo celebrar

el próximo martes

mi aniversario.

 

 

Fotografía: Olmo Calvo

 

 

La luz es tenue

y la decoración

menos sórdida

que en otros pisos

semejantes.

 

De fondo, una música

plana, instrumental,

con versiones ñoñas

de éxitos

del pop.

 

Una mujer que a mí

no me parece

thailandesa

me cubre la espalda

con toallas.

 

Sin mediar diálogo

sus manos y codos

van amasándome

en profundidad.

 

Es tan intenso

que no podría

dormirme

pero soy pasivo

y obediente

a las indicaciones.

 

Poco a poco

me inunda una paz

y una especie

de flotación mística

hasta que se oye

una alarma

que pone fin

al contrato.

 

Me visto

a regañadientes

pero con una sonrisa

de oreja a oreja

y prometo regresar

lo más pronto

posible.

 

De vuelta a la cruda

realidad reflexiono

sobre cuán distintas son

las clases de yoga

con no menos virtudes

y cimas espirituales

a las que solo accedes

tras un sufrido

esfuerzo.

 

En cualquier caso

son formas de bienestar

que deberían ser parte

de los servicios

públicos,

mucho más valiosas

que tanta construcción

de la nada.

 

 

Fotografía: Atthina