Aquellos relatos
destilaban tristeza
y cansancio
ante un mundo
estridente, opaco,
dispar.
Siempre hallo
concomitancias
y simpatía
con esa actitud,
por más rabia
que me desate
el mismo entorno.
Ilustración: Fred Deltor
Aquellos relatos
destilaban tristeza
y cansancio
ante un mundo
estridente, opaco,
dispar.
Siempre hallo
concomitancias
y simpatía
con esa actitud,
por más rabia
que me desate
el mismo entorno.
Ilustración: Fred Deltor
Poco importa
mi vértigo
al vacío,
a lo distante
en el borde
de la luz.
Vencerá
esa amapola
entrando
en el mar.
Ilustración: Ran Ortner
Hay besos
que matan.
Dejar de leer
para seguir
escribiendo.
Y a la inversa:
vuelta a la lectura
en cuanto finalizo
de escribir.
Sin solución
de continuidad:
por poco sociable
que pueda parecer.
Sólo cabe indicar
que el resto
de distracciones
han sido plenamente
elegidas.
Ilustración: Casilda García Archilla
¿Por qué
ese deambular
de un lado
para otro?
¿Es por la nieve
acaso,
por la luz perdida,
por el eterno
vacío
del lenguaje?
Fotografïa: Joao Canziani
Porque apareces
como un capricho,
cada día mejora
al anterior.
Una porción de luz
atraviesa el perfil
de la indiferencia
a la velocidad
del sonido.
Como el perfume
de la rosa.
Y tú resides ahí.
Sin inquina
de ningún tipo,
en serio.
Mis retiros
espirituales
son tan necesarios
como la respiración
asistida.
Fotografía: Enrique Maté
La mejor lección
que uno puede aprender
de aquellos taxidermistas
de la burocracia ciega
y los sumisos protocolos,
de las montañas inútiles
de legajos y sellos estampados,
del ir de puerta en puerta
como ahora se bucea
tirando de uno y otro hilo
hasta la extenuación,
es que resulta infinitamente
más saludable
abrazar unas pocas
y sólidas premisas
existenciales.
Aunque las sometamos,
ellas sabrán por qué,
a continuos
interrogatorios.
Ilustración: Ran Ortner
En cuanto vuelvas a casa
sé que rendiré
todas mis armas
a las primeras de cambio.
Fotografía: Matt Blum
Mi ajuar
no está formado
por demasiadas
pertenencias,
y ninguna
que merezca
heredarse
pues se trata
de bienes
sustraídos
a la mera
contemplación.
En realidad, sé
que todas esas
bicicletas rodando,
la mirada sincera
del deseo,
el pálpito
de los libros
entre mis dedos,
el clamor
de los días
transparentes,
las ciudades
demorándose,
la sed
de justicia
y los añorados
sabores
como un milagro,
permanecerán
aquí,
poco importa
cuándo o adónde
me vaya.
Conservar
su memoria viva
es el único presente
que acepto
sin objeciones.
Fotografía: Max Cardelli
Ahora no estás aquí, es verdad,
pero se trata de una simple
vicisitud, una circunstancia
temporal a la que podemos
poner remedio en cuanto
se nos antoje.
Fotografía: Matt Blum
Yo que casi soy un emigrante, que casi voy a dejar de existir aquí para no saber cómo voy a ser allí. Yo no sé qué palabras merecen la pena ya, si se vendrán conmigo o se plantarán aquí como cardos, borrajas, inexplicables amapolas. ¿Cómo se pronunciarán en idiomas exóticos? Antes de tomar esta decisión me hubiera gustado cerrarles la boca, coserles las palabras, exprimirles todas sus naderías. Sacarles los colores a quienes se molestaban, en voz baja o cínica, por quienes fueron casi inmigrantes aquí, a quienes nos arengan a los casi emigrantes allí, no sé dónde. Otro no lugar como todos estos no lugares que han esparcido por aquí, sin dejar rastro de sus números de cuenta corriente. Quién soy yo. Necesito preguntármelo cada día que pienso en desplazarme, nunca tuve patria, en eso me adelanté. Cómo pasa el tiempo, al menos necesito preguntármelo. Saber que sí, que hay un aliento ahí, una indignación aquí, miles de kilómetros que nos unen o nos separan, según el punto de vista. El archipiélago como destino. Recuerdo aquellos horizontes de secano de mi infancia, trigo, cebada, cuervos. Esos pueblos despoblados y, ahora, estas ciudades en armas, llenas de cadáveres que casi se quedan, que no acaban de expirar. Hay indicios de inventores entre tanto fragor, a su manera, elevándose a su cielo no trascendental. Haciendo a un lado la devastación. Lo que me llevo, inevitable, es mi definición de la guerra que, en verdad, vale la pena librar.
Fotografía: Olmo Calvo
¿Cómo salir
de un círculo
cuyo perímetro
se desplaza
a la misma velocidad
que el fugitivo?
¿Trazando otros
círculos interiores
que disipen
la atracción
de la frontera?
¿Cortando las vías
de suministro
del pensamiento
de la huida, librando
la batalla frente
a la necesidad
de una geometría
habitable?
¿Entregando las armas
a la inmovilidad
o al desplazamiento
reversible
que se agazapa
en la excepción
de un proyecto?
Esta ontología
tan frágil y precaria,
¿sirve para arrojar
piedras y ladrillos
a los escaparates
de la reproducción?
Aunque están subiendo
las temperaturas,
lo más que consiguen
es que me desprenda
del abrigo ceñido.
Al final, no queda
más alternativa
que enfrentarse
a la misma intemperie.
Fotografía: Margot Mifflin
Los besos también
pueden ser de martes,
invencibles y salados,
albaceas,
solo lo que ellos digan
cuando descansen las palabras,
un sí en contorsión,
la elipsis por mudanza
o cese de negocio,
reptiles
eternos
-hasta la próxima
estación-,
cuencas mineras,
un tercer ojo y acceso
o sala de estar,
metáfora de muchos caramelos
de eucalipto,
atlas de blanda textura,
narración
de un porvenir convulso,
umbral
acaso franqueable,
que me lleve la muerte
si no,
como raíz
que absorbe la forma líquida
del sentido a través del ser,
que murmulla
y desconfía hasta que no,
híbridos
y nada ascéticos,
lechosos,
contingentes,
ucrónicos de solemnidad,
o labios que aspiran a
la verdadera magnitud
de su don.
Fotografía: Angela Lindvall y Mikael Jansson
Las abstracciones
grandilocuentes
sobre el amor
suelen hacer agua.
En cambio,
si nos reímos
al conversar,
y si escuchamos música
y la brisa cálida
de nuestros gestos,
es fácil que asome
alguna certeza.
Por ejemplo, así
al albur: que eres
una línea de horizonte
tangible.
Fotografía: Ralph Gibson
De los almendros
floridos, aspirar
su juventud.
Canela y miel
de tomillo sobre
las naranjas
desnudas.
Que el día
conserve húmedos
tus labios.
La primavera es nuestra.
Que no cunda el pánico:
no la queremos en exclusiva.
Fotografía: Humans of New York
En cuanto limas las asperezas,
haces abstracción de lo superfluo
y echas por la borda todo el peso
accesorio,
emergen en su plenitud
esos simples
y bellos trazos
primitivos.