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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Cada mudanza alberga

el telúrico proyecto

de la fertilidad.

 

Irnos

para dejar ir

y nacer.

 

Cambiar de lugar

y de aires:

sedimentación,

extrañamiento.

 

Que nos inspiren

otros ángulos y equilibrios

de fuerzas.

 

De ultramar: simbiosis,

urdimbres, adjetivaciones.

 

Que la piel

se regale la piel, ungida

por el afán de luz.

 

Voluntad de amar

la brisa dulce y salada,

los contrarios

virtuosos.

 

Rehuir, al fin,

toda decepción

genérica.

 

 

Ilustración: Cristobal Toral

 

 

 

Apartamos exequias

y cenizas

 

porque un rumor

de aves

sube por tu espalda

 

cuando amas

la ciudad

en bicicleta.

 

 

Fotografía: Herbert List

 

 

Los días suceden

rápidos

y a mí me urge

la lentitud.

 

Las lluvias copiosas

y el deshielo

han nutrido toda

esta presente

luminosidad.

 

Al lado

de las leyes

hacen las trampas

y nuestro afán,

en cambio,

es de instantes

sublimes.

 

 

Fotografía: Britanny Markert

 

 


 

Nuestras agendas

estaban desajustadas.

 

Cuando yo te busqué

desde mi vacío,

tú sonreías distante

cimbreando

toda esperanza.

 

Cuando regresó

súbita

tu presencia

desde el olvido,

mi deseo pertenecía

a otra vegetación.

 

O bien esa fuerza

se repliega por siempre

en su mundo

de posibles,

o bien estalla sola

el día que nos reúna

desprevenidos.

 

 

Fotografía: Britanny Markert

 

Después de apartar

todos los velos

alcanzarás, al fin,

la epidérmica

superficie.

 

El acceso

a lo más profundo

requiere la inevitable

incisión

quirúrgica.

 

Con o sin anestesia.

 

 

Ilustración: Aleka

 

 

Son los asiduos.

Les delatan sus rostros

impacientes, sumidos

en la evasión.

Hacen tiempo,

matan el tiempo

antes de volver a entrar

en la sala de los sueños.

Planifican minuciosamente

cada próxima película

en función de su parca

sinopsis.

Merodean alrededor

de la taquilla

y en los aledaños

de ese hipnótico edificio.

 

Los reconozco al instante

porque a mí también

me han atraído siempre

esas mismas fuerzas

oscuras.

 

 

Fotografía: Carl Westergren

 

 

Puede que sea un ejercicio

desesperado por quebrar las líneas

divisorias, por saciar el norte boreal

e ingerir el licor que disuelve

la única vanidad.

 

Tu sexo incandescente y alucinógeno:

una cometa revoloteando

entre el perfume de este mes

de abril.

 

 

Fotografía: Jerónimo Laborde

 

 

 

Herida por una luz

abrasadora, por un seísmo

y la negación de las apariencias

tan caras

y fecundas.

 

Hay visos de que maduren

las rosas del prójimo

en mi boca.

Inexorable, la señal.

 

Te cercioras

de la justa ternura,

no obstante el silencio

más bien tardío.

¿Siempre en su niebla

de pálpito? ¿Aún lo dudas?

 

Comprendo el albor,

la lascivia diáfana. Sabes

que necesito esta levedad,

días crípticos

para regresar a otra forma

de armonía.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 

 

Que siga su cauce.

Que bucee

en su devenir compulsivo

y que toque fondo, piedras,

la serenidad del remolino

interior.

Que la fragilidad solitaria

ceda al auxilio

de la espuma,

de la floración inminente.

Que las grietas

como resplandores y que

la sustancia del secreto

peor guardado

resista la violencia

de la ola, despunte, lamine

hasta el párpado.

 

 

 

Tendría unos ocho años

y recuerdo cómo sometía

a escrutinio, con ansiedad,

cada noticia de una tragedia

bélica, todo el odio que a todo

impregnaba, los accidentes

de tráfico y los consustanciales

al mero impulso de vivir.

 

Signos infalibles

de que jamás habría dios

alguno ni orden

en este naufragio.

 

 

Fotografía: Ana Nieto

 

 

 

Por fin se ha despejado

el cielo, la piel disfruta

de la cálida piel

y la felicidad

se agolpa

en unas pocas

y concurridas plazas.

 

En las calles adyacentes

persisten las sombras

solitarias,

los cuerpos se evitan

y la noche se cierne

implacable.

 

 

 

Guárdate ya

esos dientes afilados,

que estamos

a doce de abril.

 

Ya está bien

de presumir de nubes,

frío y austeridad:

damos brincos

por salir

del letargo.

 

De todos modos,

esta larga temporada

a mí me ha pillado

en un momento

muy dulce.

 

 

Fotografía: Indiana Caba

 

 

 

Uno de los motivos

principales de mi exilio

es para entender,

de una vez por todas,

ese fino sentido del humor

inglés.

 

Es desesperante:

siempre me pierdo

la gracia

en el momento álgido

de las conversaciones,

y en tantas películas.

 

La crisis económica

y otras miserias

nunca me empujarían

con tanto ímpetu.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 

 

 

 

 

Te cruzas

con cientos

de mujeres hermosas

en apariencia.

Algunas, incluso,

te arrebatan

a primera vista.

(Los estragos

de la primavera,

qué le vamos

a hacer.)

 

Entonces

aceptas que no,

que no hay tiempo

para comprobar

cuál es la belleza

que más

te conviene.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

Salgo del examen

médico más feliz

que unas castañuelas.

Según los parámetros

de cálculo y los avatares

de mis años vencidos,

soy un hombre normal.

 

Ya me había hecho

a la idea

de que nadie era normal

y menos yo,

sobre todo a los ojos

tuertos

de los ficheros policiales

y según los cánones

esgrimidos

por las autoridades

al mando.

 

Y mira tú por dónde

me guardo risueño

la copia del análisis

en el bolsillo,

harto ya del ajado

documento

nacional

de identidad.

 

 

Fotografía: Inge Morath

 

 

 

Semanas después

de la fecha oficial

de inauguración

aún no acaba

de enseñorearse

esbelta y rumbosa

la primavera.

 

Está fría la térmica

sensación y el viento

se revuelve como

enamorado

de latitudes más

septentrionales.

El invierno

no da su brazo

a torcer,

pero nada evitará

que cada vez

nos calienten

más y más

horas de sol.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 

 

 

 

Como herramientas

que sirven

para arreglar desperfectos,

pero aquí, ¿dónde

si ubicuos?

si escabulléndose

desde primera hora

de la mañana hasta

bien entrada la noche.

 

Más bien como prótesis

con color, sin ánimo

de transparencia,

que se note que incordian

aunque reparen

y den fulgor.

 

No manual de instrucciones

ni reloj o monotonía,

mejor bálsamo

y proverbio,

ramillete,

ladrido solícito

por una mano amorosa

y un bocado tierno.

 

Esos poemas

que busco.

 

 

 

Me apeteces

mucho,

hoy también.

 

Eres más que mi

predilección:

una golosina

alcanzable.

 

Pero no hay prisa.

Tienes más peligro

así: dejando

la mecha

encendida.

 

 

Fotografía: Davide Bellemere

 

Un día le recordarán:

“y también hizo sus pinitos

escribiendo poemas

y relatos breves.”

 

Él hubiera preferido

un epitafio más preciso:

“cautivo fiel

de sus obsesiones.”

 

 

Fotografía: Elkie Vanstiphout

 

Para que un instante

nos deslumbre,

 

¡cuántos otros

habremos tenido

que arrojar

a las fosas

del tiempo!

 

 

Fotografía: Magdalena Lawniczak