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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Si te revelara

el secreto,

 

¿dónde estaría

la gracia?

 

 

Fotografía: Indiana Caba

 

 

Acuérdate de besar

con hambre

y desparpajo,

feliz,

queriendo.

 

Ni caso

a las arteras

distracciones.

 

 

Fotografía: Carl Westergren

 

 

Es muy poca cosa

lo que necesito:

 

un abismo,

la pérdida

y unas alas nuevas

sin fecha

de caducidad.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 


 

En un poema puedo

 

desnudarte en público, o un poco,

y yo a la vez, quitarme la ropa, o alguna,

no hay peligro, es solo

un poema

 

succionarte la piel, lamer las partes secas

y las húmedas, darte sorbos, jugos

de toda índole, saciar

la intención

 

deslizar mis manos hacia arriba,

piernas arriba, medias abajo y arriba,

hasta los pies, estremecerte, aún

a medio desvestir

 

es solo un poema, solo pueden leernos

mientras yo palpo cada golpe de aire,

donde nace el aire, donde palabras

engendran el oxígeno que engendra

 

puedo morder la fuente de tu poema

a punto de milagro, morder hasta tus

encías y labios gramaticales, pensar

que me piensas, que eres tuya hasta

derramarte.

 

Poco importa que,

en esta sala de espera,

sigamos siendo unos completos

desconocidos.

 

 

Ilustración: Aleka

 

 

 

Lo erótico

es exótico.

 

 

Fotografía: Indiana Caba

 

 

 

El deseo es nómada

y perverso.

 

Lo cual no impide

un territorio, una ley,

la falta

y todo lo opuesto

a la acumulación.

 

 

Fotografía: Jesús Llaría

 

 

En breve seré objeto

de otra anotación

estadística.

 

Alguien habrá dado

las instrucciones, la máquina

me digerirá, seré otra

ilusión más

de la máquina.

 

Ni lágrimas, ni sangre, ni

potencia exhausta

en las estrías

del devenir.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

Le cortaría

un brazo y una pierna

al tipo del asiento contiguo

que invade chulesco

mi espacio vital.

 

Y le haría un favor:

mis reproches serían

mucho más violentos.

 

 

Fotografía: Guillermo Asian

 

 

 

Ahora es esta

obsesión:

 

unirme al hueco,

que mi peso no ceda

al vacío,

ni al número.

 

Mañana ya veremos

qué es capaz

de aplacarla.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

 

Postergar

esos asuntos

que reclaman

la máxima preeminencia

 

como si lo mejor

ya hubiese acontecido,

 

como si las huellas,

resistentes,

molestaran.

 

Desbrozar posibles.

 

Signos

de exclamación, sí,

tan necesarios.

 

 

Esas páginas del cuaderno

han perdido su tersura

a cambio de nuevas olas,

más tinta y la fundación

de una mirada

contingente.

 

 

Fotografía: poema de Karmelo Iribarren

 

 

Quizá allí también

me falten las horas, el niño,

los pájaros.

 

¿Se habrá esfumado

para siempre el tiempo

muerto?

 

 

Quiero que me comprendáis:

yo no soy mejor.

 

He odiado como la piedra inerte.

He desatado cabezas de tormentas

y me he suicidado

sin éxito

en incontables ocasiones.

 

Cuántas veces no

he mirado abajo y me tragué

la compasión.

 

Pero no os equivoquéis:

mucho más ruines

esos que cerraron los candados

de vuestras bocas.

 

 

 

Cualquiera lleva en su seno

al niño salvaje, la contradicción

del árbol sin corteza,

el repudio del principio de realidad

aplastante, moléculas expulsadas

a su ciclo involuntario,

ajada gramática del orden,

manifestación irreductible

de la raíz, de la química de fluidos,

de la piel lúcida y porosa.

 

 

Fotografía: Albert Londe

 

 

 

Yo no estoy aquí, yo no estoy muerto,

no estoy presenciando la muerte de la noche estrellada.

 

Yo no bebí la copa de sangre ni desenterré el hacha

de guerra con la motorización del crepúsculo y los legajos

infames.

 

Yo no les arranqué la piel roja porque yo no estoy aquí

ni soy menos paria.

 

Yo nunca he estampado mi firma para que las cucarachas

reinen sobre el azufre y éste hiele las pupilas apenas

nacidas al asombro.

 

Yo no regateo con las migajas de oro que valen el sudor joven

y la belleza prematura como si toda la masa del océano

fuese a la deriva.

 

Yo no doy fe, no comulgo, no soy nuevo en el resplandor

de los pensamientos de marzo varados en la floristería.

 

Yo no enjaezo la crin ni oculto los colmillos de piedra.

 

Yo no estoy arrojando ahora la bola de nieve

ni un desierto de limosna y de agua potable.

 

Yo aquí soy cómplice por omisión, una rabia sin estribos,

un dolor sabático, una función sin máquina, otra verdad

obsolescente.

 

Yo viajé a la historia rancia de las manos cansadas

y de las aves depredadoras surcando el infinito.

 

Yo no poseo, por suerte, ninguna melodía de la resignación.

 

 

 

Con el amor pasional

uno tiene la sensación

de estar dándose de cabeza

contra un muro,

una y otra vez,

olvidando el dolor

al minuto siguiente

y reconociendo

que la edad no es un grado.

 

Con el amor romántico,

más bien, parece

que no dejas de dar vueltas

en una noria

de esos acartonados

parques de atracciones

con sus empalagosas

chucherías.

 

A este respecto

algún dios sin escrúpulos

debió de proscribir

toda categoría

intermedia.

 

 

Fotografía: Julia Margaret Simon

 


 

Estoy harto

de los números

de cristal.

 

Harto, mucho,

de los planos

sobre papel

de estraza

o papel

cebolla.

Sólo.

 

Hoy la ciudad

supura.

 

La luz

no luce.

 

Y yo tengo

sed.

 

 

Ayer nuestra carne

era atravesada

por otra lucha.

 

De los privilegios

apenas arrancamos

unas gotas

de sangre.

 

Quién preconiza

multiplicar

los frentes,

y la adhesión.

 

Es en plural

y en las galerías

bajo tierra

donde se sustenta.

 

Un derecho

intermitente.

 

Estar allí, a tientas,

junto a los seres

que refulgen.

 

 

Fotografía: Paola Fernández

 

 

 

Coloco a un lado

los sueños inservibles.

 

Abro las ventanas.

 

Me lavo la cara y los ojos

con el agua fría,

a ver qué claridad

se presenta.

 

Continúo con la misma rutina

de siempre.

 

En algún momento

han de llegar las sorpresas

-me digo sin demasiada convicción.

 

 

Fotografía: Irving Penn

 

 

Abrazabas a los delfines

y qué lluvias torrenciales

en tus líneas

de la vida

 

si la luz a ráfagas

puede y este arrendamiento

de oxígeno y atmósfera

como destello

 

en el borde del precipicio

me siento

a invocar la navegación

o el cuerpo

invisible

 

amas a las abejas veloces

y germina

un aviso antiguo

de diamante y niñez

 

otros animales cantarían

no hay otro gozo

como si

inmiscuidos

como si

a florecer

 

vulnerable todo aquello

que pretendimos

asir.

 

 

Fotografía: Carl Westergren