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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Tu belleza estaba esculpida

en los filamentos dorados

de las tardes y las playas

lánguidas al margen

del tiempo robado.

 

A tus palabras les precedía

un mar cristalino y verde,

aquel oráculo débil

donde sumergías

tu escéptico afán

de sentido.

 

Después del baño y del beso

y de ceñirme a tu piel

temblorosa, si la nieve

de hoy no divierte

mi memoria,

yacíamos exhaustos

sobre las piedras.

 

 

Fotografía: Stefan Radev

 

Cuán lejos no se hallarán

todos esos especímenes

de la más putrefacta

política dominante

con respecto a aquel viejo

antepasado:

el Tyrannosaurus Rex.

 

 

Ilustración: Rosalie Gascoigne

 

 

Persiguiendo

ese equilibrio frágil

y leve,

la comprensión

de la arena y la dicha

reversibles,

el destello insólito

y ajeno

a toda posesión,

lo que únicamente

se puede admirar.

 

 



 

Primero eran semanas

sin saber uno del otro,

después meses,

alguna llamada

al margen de cualquier

convención,

sabías de mi tendencia

a recluirme

en mis laberintos,

a huir de la fría

distancia

y a aceptarla

sin abalorios,

luego el polvo

de los años

y la escritura

ocultando, en fin,

la indolente

naturaleza

del silencio.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

¿Por qué

esos gestos

obstinados

en ir y volver atrás

sobre las huellas

delebles,

superponiendo

figuras,

acopiando

memoria?

 

 

Fotografía: John Ciamillo

 

 

Después de todo

un domingo

en la cama

y de alimentarnos

hasta la saciedad

con manjares

sencillos

y de inundar

nuestros ojos

con la oscura luz

del deseo,

descubrimos

lo fácil que es

dejar los cuchillos

en la cocina.

 

 

Fotografía: Damon Loble

 

 

 

La habría invitado a casa

para seguir conversando

o consultar algún libro

o retratarla

ligera de ropa,

pero no tuve palabras,

como siempre,

y, además,

era muy joven.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

Me ibas desnudando

poco a poco,

con cada ataque

de tu sonrisa.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

Ahí llega

una muerte más.

A deshora,

injusta,

lenta,

sin antídoto

posible.

 

Es inútil

extraer una lección.

Siempre

ha rondado,

bien lo sabes,

y no por ello

has dejado

de vivir.

 

 

Fotografía: Enrique Maté

 

 

 

No trabajo para después

desahogarme.

 

No trabajo para después

evadirme

y desaparecer.

 

No trabajo para poder

justificar luego

mis frustraciones.

 

Lo que ocurre

es que me cuesta controlar

todos esos excesos,

en uno y otro

tiempo.

 

 

Fotografía: Steve McCurry

 

 

 

Juegan a las adulaciones.

Adulan para que les adulen.

 

Aplauden, transigen, asienten

para recibir cumplidos

equiparables.

 

Lejos queda ya el tiempo,

aquella vez, en que osaron

disentir con todo el dolor

de su conciencia.

 

 

Ilustración: Rosalie Gascoigne

 

 

Los marxistas me llaman anarquista.

Los anarquistas me llaman marxista.

 

Y no se equivocan:

siempre escogí el mejor color

de cada casa.

 

Los conservadores me llaman delincuente.

Los delincuentes me llaman conservador.

 

Y me persiguen por turnos:

quienes nadan en la impunidad

de sus crímenes de guante blanco

y quienes se ufanan de transgredir

toda prescripción ética.

 

Los liberales me llaman ecologista.

Los ecologistas me llaman liberal.

 

Y a mí sólo me preocupa

la política de la vida

en su dulce

finitud.

 

Ni siquiera el eclecticismo nos libra

de tales malentendidos.

 

 

 

 

Cuando llegas así

a mis brazos,

fresca y resplandeciente

como un esqueje de luz

y una promesa

que ha sobrevivido

otro invierno,

leve y dicharachera

sin el peso del día laborable

a tus espaldas,

vertiendo sobre mi sed

tu belleza destilada

y tu propia sed

de inmanencia,

 

compruebo, entonces,

lo equivocado

que estaba al cultivar

tanto escepticismo.

 

 

 

Y no llegas al hueso,

a la pregunta crucial

que empañaría

todo este vivir

frenético.

 

 

Fotografía: Martine Franck

 

 

 

Sólo permanecerás en la retina

de unos pocos seres,

y no por mucho tiempo.

 

El resto, la mayoría, olvidará

tu existencia, incluso pronto,

ayer mismo.

 

Nada que objetar.

Es ley de vida.

Para las flores igual

que para los animales

más vanidosos.

 

 

Fotografía: Gloria Rodríguez

 

 

 

 

 

Diré que doblegarse cual bufón

puede ser un ejercicio saludable

para la columna y que, a la vez,

permite mantener a buen recaudo

el puñal que todavía no.

 

 

 

No hay ningún dilema.

 

Dejo de leer y de escribir

en cuanto asoma imprevista

tu lujuria.

 

 

 

Quizá también se halle

en bucólicos

paisajes

donde la quietud

y la brisa

te embargan,

 

pero no está menos

la belleza

en esos instantes

de la ciudad

en crepúsculo,

cuando paseas

entre los cuerpos

y las palabras perdidas,

pretendiendo siempre

ir de camino

a tu refugio.

 

 

 

Me gustaría mucho

verte desnuda

 

aunque, debo reconocerlo,

no hay mayor placer

que imaginarlo.

 

 

 

Amarse,

incluso de la forma

más salvaje,

no es suficiente.

 

Nos exigimos, además,

una sublime

representación

de las más perversas

fantasías.

 

 

Fotografía: Martine Franck