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ateo poeta

Huellas sonoras

Huellas sonoras

El verano pasa rápido o lánguido, según los momentos. Y no quisiera arrumbar en el trastero de la memoria aquellas músicas que me han conmovido (especialmente las degustadas en vivo). Como siempre, con la intención de que os surtan de pistas y tentaciones por si también os apetece acercaros a su vera. Por una parte, el prolífico Santiago Auserón, bajo su heterónimo de Juan Perro, sigue repartiendo sus zumos mestizos por los escenarios peninsulares. Se hace acompañar de tres músicos cubanos, pero no sólo de son e historias de desamor nos alimenta, sino que flirtea con el blues y el jazz y, por supuesto, sigue fiel al rock and roll y a las letras brillantes, incluso cuando traduce (véanse las magníficas versiones de Las Malas Lenguas, junto a su hermano Luis Auserón). Aunque le sobra la fama, bien merecida, no está de más recordar sus espacios virtuales: www.juanperro.net y www.lahuellasonora.com. Por otras latitudes, este año surgió una buena oportunidad para conocer el festival de Paredes de Coura, en Portugal, muy cerca de la frontera gallega. Aunque temo siempre atragantarme con tantos grupos seguidos en este tipo de eventos, la curiosidad por escuchar a Franz Ferdinand (www.franzferdinand.co.uk) y por hacerlo en medio de un frondoso valle –fluvial, fresco y verde a rabiar-, disipó toda duda. El ambiente era muy “popero” y post-adolescente, pero agradable y distendido, como suele ser habitual. El grupo estelar nos entregó abundantes raciones de temas épicos para bailar sin concesiones, con esa fuerte impronta electrónica que tienen ahora sus temas más pop-rock. Y entre los restantes grupos del día y de la noche, destacaría solamente a The Temper Trap (www.thetempertrap.net), unos australianos con melodías contundentes y un excelente vocalista que nos dieron la bienvenida por la tarde, a pesar de que merecían un lugar más elevado en el cartel del festival. En todo caso, quedan ahí los rastros para las mentes inquietas y nómadas que pobláis estos parajes.

 

 

 

Poética, ¿por qué no?

Poética, ¿por qué no?

 

¿Escribir poéticas es una traición a la poesía? ¿Una recaída en las avenidas de la racionalidad en vez de seguir por caminos secundarios, sendas cortadas, curvas y atajos no reglados? Pero, ¿no es igualmente deleznable la inescrutable teorización de quien lo oculta todo tras una tortuosa desconstrucción? ¿Y qué decir de quienes elevan esta bella arte al supremo olimpo de los bardos sin mácula, separándola de otras artes, de la vida, de sus prosaicas subjetividades? Para mí la poesía es una forma más de interrogar al mundo en toda su inabarcable materialidad, a nuestros congéneres informes o concretos, y, por supuesto, a nuestro propio devenir oscilante y mortal. Interrogar e interpelar. Con la conciencia inconformista ante la objetividad gélida y ante la arbitraria individualidad. Empero, atrapados en sus redes, en un ejercicio de éxodo de la insatisfacción. No es tan diferente, pues, de otros relatos de ficción. Sólo es necesario cantar, dejarse deslumbrar por las palabras cargadas de hermosa significatividad, componer versos con la mayor libertad sintáctica y gramatical de que seamos capaces sin pervertir nuestra voluntad de interrogación e interpelación. Cultivar la belleza del lenguaje incluso por encima, es verdad, de su contenido deíctico y referencial. Cultivar, por lo tanto, la evocación, lo soñado, lo no pensado, las plantas, los animales, las cosas y los seres que albergamos sin querer, o queriendo. Y el amor por la mutualidad, por los sentimientos del límite, aquellos que no se admiten en otros espacios o que se disipan en los divanes de los terapeutas. Poetizar la vida, vivirla con un sentido poético (se escriba o no “poesía”), es una gimnasia de los afectos ávidos por conocer su lugar en ella. ¿Por qué tantos empeños en cribar y categorizar a quienes se decantan por el “conocimiento” vis a vis con quienes, supuestamente, sólo se decantan por el lirismo, el formalismo, o el solipsismo? La poesía, a mi modesto entender, gana sus lides cuando combina todas las armas de ser, sentir y saber en diálogo implacable con otros cantos, con otras artes y con la fascinación de vivir. ¿O será, simplemente, que hoy he dejado a un lado de la cama vacía el nihilismo siempre acechante? No sugiero tanto que se divague en torno a la originalidad y autenticidad radicales como en formol de cada obra -pues todas están impregnadas de múltiples barnices adquiridos en lecturas, miradas y contemplaciones miméticas-, sino que se valore el vigor de esas combinaciones, de esas moradas reconstruidas en los umbrales de lo inexplicable. ¡Allá cada jurado sumarísimo con sus sentencias inapelables! Por último, ¿qué pensar ya sobre su poder cargado de futuro, sobre su inercia performativa, pragmática, incitante a la acción? Es muy sencillo: a muchos jamás les ha conmovido un pelo de su calvicie, a otros les ha atormentado hasta la indigencia; a mí me han maravillado algunos himnos de quienes se sublevaban frente a las opresiones pero no otros, ni todos los intentos solemnes que eximen a sus cantores. De nuevo, cada frontera trazada parece dejar tras de sí un rastro de muertos. ¡Subviertan las fronteras y el lenguaje dictados por los ebrios de poder y abundancia! ¡Sembrad flores, sed impredecibles, proliferad! ¡Regalen tiempo dichoso, manantiales de luz! ¿Qué más le podemos pedir a nuestras musas?

 

 

 

Más clásicos: Gerardo Diego

Más clásicos: Gerardo Diego

 

Las campanas en flor no se han hecho para los senos de oficina
ni el tallo esbelto de los lápices remata en cáliz de condescendencia.
La presencia de la muerte
se hace cristal de roca discreta
para no estorbar el intenso olor a envidia joven
que exhalan los impermeables.

 

Y yo quiero romper a hablar a hablar
en palabras de nobles agujeros dominó del destino.
Yo quiero hacer del eterno futuro
un limpio solo de clarinete con opción al aplauso
que salga y entre libremente por mis intersticios de amor y de odio
que se prolongue en el aire y más allá del aire
con intenso reflejo en jaspe de conciencias.

 

Ahora que van a caer oblicuamente
las últimas escamas de los llantos errantes
ahora que puedo descorrer la lluvia
y sorprender el beso tiernísimo de las hojas y el buen tiempo
ahora que las miradas de hembra y macho
chocan sonoramente y se hacen trizas
mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo
dejadme salir en busca de mis guantes
perdidos en un desmayo de cielo acostumbrado a mudar de pechera.

 

La vida es favorable al viento
y el viento propicio al claro ascendiente de los frascos de esencia
y a la iluminación transversal de mis dedos.
Un álbum de palomas rumoroso a efemérides
me persuade al empleo selecto de las uñas bruñidas.
Transparencia o reflejo
el amor diafaniza y viaja sin billete
de alma a alma o de cuerpo a cuerpo
según todas las reglas que la mecánica canta.

 

Ciertamente las campanas maduras no saben que se cierran como los senos de oficina
cuando cae el relente
ni el tallo erguido de los lápices comprende que ha llegado el momento de coronarse de gloria.
Pero yo sí lo sé y porque lo sé lo canto ardientemente.
Los dioses los dioses miradlos han vuelto sin una sola cicatriz en la frente.

 

Gerardo Diego, Continuidad

 

 

Otro clásico: soneto del sanatorio

Otro clásico: soneto del sanatorio

 

 

Bajo la sensación del cloroformo
me hacen temblar con alarido interno,
la luz de acuario de un jardín moderno
y el amarillo olor del yodoformo.

 

Cubista, futurista y estridente,
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación, que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente.

 

Pasa mis nervios, con gozoso frío,
el arco de lunático violín;
de un si bemol el transparente pío

 

tiembla en la luz acuaria del jardín,
y va mi barca por el ancho río
que divide un confín de otro confín.

 

Ramón María del Valle-Inclán, Rosa de Sanatorio

 

 

JRJ: extractos esenciales

JRJ: extractos esenciales

 

Te deshojé, como una rosa,

para verte tu alma,

y no la vi.

Mas todo en torno

-horizontes de tierras y de mares-,

todo, hasta el infinito,

se colmó de una esencia

inmensa y viva.

 

**

 

Tú me has dado tu alma

con tus ojos abiertos

-¡oh jardín estrellado!-

a tu cuerpo.

 

**

 

¡Qué dulce esta tierna trama!

Tu cuerpo con mi alma, amor,

y mi cuerpo con tu alma.

 

**

 

¡Qué débil el latido

de tu corazón leve

y qué hondo y qué fuerte su secreto!

¡Qué breve el cuerpo delicado

que lo envuelve de rosas,

y qué lejos, desde cualquiera parte tuya

-y qué no hecho-

el centro de tu alma!

 

 

Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta casado

 

 

 

astros

astros

 

Moriría consumido por tus llamas,

por tu navío en llamas, por tus muslos incandescentes

si no nos concediésemos el asueto sabático

que se merecen nuestros frágiles

                                                          engranajes.

                                                          En tu lago de ósculos,

en el umbral de dejar de ser

                                                 (entrar y salir como en un abracadabra)

en el umbral de ser a la par

                                                 y perecer por el fulgor

que desprenden nuestras vísceras existenciales

expuestas: ahí levantamos nuestros andamios.

 

Amo tus senos, desvestirlos,

                                                  tu lamer mis vuelos

                                                  tu navegar en mi risa

                                                  cuando erecto me lames

                                                  sonrosado el ocaso.

 

Ornamentas cada instante humeante donde amasas

el marfil

la paz

el orgasmo postergado

el orgasmo precoz

tu piel luminosa

las cianobacterias primigenias

que hicieron posible este y cualquier amor

(insólitos, disipativos)

esta turgencia

este futuro granado

el lado oscuro

el lado salvaje

el lado cósmico y el telúrico lado

lo que nos hace sudar

hasta el éxtasis del boogie boogie.

 

                                            Ahora estoy embarazado

                                            de tu progenie virtual,

de tus pupilas enfocando el piano y el contrabajo

recorriendo tu columna vertebradora y tu coxis,

un son en tus caderas, una rosa embriagadora.

 

Amo tu luna astronómica, ornamentas cada amanecer ajazminado.

¿Son los labios carnosos -de la boca, del pubis- el tercer ojo?

¿Soy un sueño para ti: una escafandra de astronauta o de submarinista?

 

Amor, amo el champú de tu pelo, tu lengua viva preñada

de buganvillas y una ley vetusta con la que parlamentamos

                                              muy diplomática y vorazmente.

 

En el día de tu cumpleaños araño los arañazos de la vida:

soy la succión de las caricias analgésicas, robo todas las frutas

de los vergeles en aras de la persistencia, me persigo

y te encuentro.

                          (Y según ordenan nuestros engranajes

                          nos damos el descanso imprescindible.)

                          (¿Qué significará echarse de menos?)

 

 

 

En los labios del agua

En los labios del agua

 

“La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable.

 

Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas con las manos, tocándome. Dibujas tu nombre en mi vientre, como un tatuaje, con letras por ti inventadas, que son caricias. Voy hacia ti, con infinita paciencia, como si un inmenso mar entero fuera la medida de este viaje. Voy de la orilla de mi cuerpo al tuyo. Tu sonrisa es mi viento favorable.

 

La noche en el hueco de tus manos canta como el mar, con furia. Llenas mi espalda con las huellas de un oleaje que entra suave y arañando se retira.”

 

Alberto Ruy Sánchez, En los labios del agua

 

 

Así comienza esta evocadora novela que da vueltas, una y otra vez, sobre el lenguaje del deseo. Con un estilo poético y erótico. Con unos personajes a los que sólo los sueños y la ficción dan sentido. Más allá del viaje apasionado de su narrador, el relato interroga al lector: ¿podrías tú también pertenecer a la casta de Los Sonámbulos, a esa estirpe secreta de quienes se reconocen en la fuerza de su mirada, en su pasión vital? Inténtalo, explora a tus semejantes, ama con delicadeza las complicidades. Confía en las historias amorosas de quienes cultivan la caligrafía árabe. Sumérgete en los oasis que sólo albergan a los animales pacientes. “El amor es un pájaro rebelde.”

 

“Soñé que me acercaba lentamente a tu boca, venía probándote desde la nuca. Mis labios iban rozando apenas tu piel, los vellos más delgados del cuello, los lóbulos, las mejillas. Y cuando girabas de golpe para atrapar mi boca con la tuya, mordías sólo mi labio de arriba mientras el otro llegaba hasta tu mandíbula. Me ofrecías todos los ángulos pronunciados de tu cara. Me dabas a comer tus pómulos, luego tu barbilla. Entonces decidías mojarme la cara, poco a poco, con la lengua. Mojabas y secabas con la piel de tus mejillas; una y otra vez hacías lo mismo. Luego te apoderaste también de los párpados. Me hacías mirar la humedad de tu boca sobre mis ojos cerrados. Cuando menos me daba cuenta habías pasado de acariciar con tu lengua en círculos mis ojos a hacer lo mismo con mis testículos. Dibujabas de nuevo con la punta de la lengua, a través de la piel, todos mis círculos. Y otra vez me hacías mirar y admirar de placer la humedad sin verla. Todo mi cuerpo era un eco de círculos concéntricos alrededor de tu boca. Yo era una espiral movida por tu lengua.”

 

Aziz Al Gazali, El sueño de los cuatro círculos

 

 

 

Patada en el estómago

Patada en el estómago

 

La 6ª Muestra de Cine de Lavapiés, completamente autogestionada por gentes muy voluntariosas y que ofrece interesantes proyecciones gratis para cualquiera que se acerque por El Solar okupado o por algunos de los otros locales colaboradores del barrio, nos ha regalado este año, entre otras, una cinta que a mí me había pasado desapercibida: Linha de Passe (Walter Salles y Daniela Thomas, 2008). Por un lado, me maravilló todo el lirismo de las imágenes de una ciudad al alba o al crepúsculo, o planeando por las indefinidas favelas acumuladas en las colinas de São Paulo (por cierto, en este pasado curso una alumna brasileña nos mostró en clase una imagen de uno de esos barrios y nos solicitó nuestro análisis crítico... nadie observó nada raro hasta que ella nos señaló que la imagen estaba al revés...). Por otro lado, la interpretación de los cinco personajes centrales es verídica, realista y dramática desde el primer segundo. Cada uno de los cuatro hijos de una madre soltera y pobre que limpia en casa de una familia adinerada, va trazando sus complicadas vicisitudes por sobrevivir en una ciudad donde parten de cero o, como en el caso del dotado aspirante a futbolista, donde la competencia es feroz y siempre hay mediadores aprovechados de las miserias ajenas. El más pequeño de los chavales emprenderá la temeridad de conducir un autobús, quizás buscando la quimera de su padre desconocido. Uno de los hermanos estará tentado de pasar la línea entre su trabajo como mensajero en una moto que nunca acaba de pagar, y el robo de bolsos en los coches aparcados en los semáforos. Y otro se debate continuamente entre las parábolas evangélicas siempre fallidas y su diletante conciencia y tentaciones. Lo mejor de la película es que no es un simple retrato de la pobreza ni un discurso moralista con un final preconcebido: se trata, más bien, de una minuciosa indagación sobre los terribles momentos de bifurcación a los que se enfrentan personas que viven en la pobreza urbana, sumergidos en la invisibilidad y en una violencia económica que les trufa de obstáculos todas sus acciones. El final queda muy abierto, pero no impide sumirte en una angustiosa tristeza y en la rabia indignada. Lo peor de todo ello es la convicción que te arroba desde el primer momento: millones de personas más en decenas de megalópolis se hallan en esas tesituras cada día. Una auténtica patada en el estómago.

 

 

 

Siempre fiesta

Siempre fiesta

 

Y a veces toca ir al teatro. En este caso gracias a Diagonal y a la sala Cuarta Pared, por su generosa invitación y complicidad. La obra: Siempre fiesta (Javier Yagüe, 2009). Como dice el prospecto de presentación, “Siempre fiesta habla de cosas engorrosas, inconvenientes, antipáticas e incorrectas”. Y su mejor aliciente es que no te deja indiferente, te provoca y, además, te hace reír con ganas y motivo. La representación arranca con un narrador que narra con gracia y que se va metiendo continuamente en las escenas, como quien no quiere la cosa. El resto de actores lo van integrando con naturalidad en sus diatribas, como si no estuviera allí, o como si estuviera y les fuera útil en ciertas ocasiones. De hecho, el narrador se presenta como actor en potencia, es decir, como actor en los ratos libres que le deja su ocupación habitual de camarero, esa que desearía únicamente transitoria, como tantos otros dedicados a la farándula. Las escenas son una permutación con ligeras variaciones en torno a una cena de navidad en familia. Lo curioso es que después de la segunda o tercera repetición todavía siguen sorprendiéndote las caricaturas que hace cada personaje de sí mismo, las pintaditas que van haciendo en los muros o la desidia de fondo que la propia redundancia acentúa. La familia es, para más añadidura, una pintoresca empresa familiar de fabricación de puertas que cena tras cena va asistiendo a los repartos de dividendos, a los despidos de sus trabajadores, a la conversión en empresa comercializadora de puertas chinas y a un continuo murmullo de revueltas en la calle. Pero no la voy a destripar más pues tan sólo pretendo recomendar esta esta estupenda y ácida comedia, por si aún está vigente en Madrid o en algún otro lugar.

 

 

Delirios de Arrabal

Delirios de Arrabal

 

 

Estábamos los dos en el cine. En vez de mirar la película la miraba a ella. Le tocaba los cabellos y le alisaba las pestañas. Luego le besé las rodillas y le puse sobre el pubis una pajarita de papel que había hecho con las entradas.

 

Ella miraba la película y reía. Entonces le acaricié los pechos y cada vez que apretaba su seno salía un pez azul.

 

***

 

-Te quiero.

Ella rió.

-Te quiero.

Ella rió.

-Te quiero.

Ella rió a carcajadas.

El tiempo de las muchachas en flor revelaba las 1.000 camas infinitamente mediums.

 

-Te quiero.

Ella lloró.

-Te quiero.

Ella lloró.

-Te quiero.

Ella lloró y sollozó.

El tiempo de las muchachas en flor revelaba las 1.000 camas infinitamente mediums. Sí.

 

***

 

Lunes:

 

Me duele mucho la cabeza -la nuca-. He observado que la gente, por la calle, habla una lengua que no comprendo. Todas las emisoras de radio que he podido sintonizar hablan en esta lengua desconocida.

 

Martes:

 

Un niño de unos diez años, con un molinillo de papel en la mano, me ha hablado en la lengua desconocida y yo le he respondido en la misma lengua. A pesar de que no comprendía sus preguntas, hemos estado conversando unos minutos.

 

Miércoles:

 

En cuanto puse los pies en la calle me puse a hablar la lengua incomprensible.

 

Jueves:

 

La cabeza -la nuca- me duele más que nunca y me he dado cuenta de que, a lo largo del día, he recitado frases (?) en esa lengua, incluso ya en casa.

 

Molkerte’’

 

Vadonserve ent llica mossoreglas teiner milu artem tersijilomen gualen sarpe sy yo on prencomder.’’

 

***

 

Carta a los sabios del mundo entero.

 

Muy señores míos:

 

Antes de morir quiero a hacerles a Vds. una revelación importante para que tomen las medidas que se imponen.

 

Durante los fortísimos dolores que he padecido por causa de la operación que he sufrido, he logrado identificar en los momentos de “sublimación del dolor” a unos “seres espirituales”. Estos seres, pude darme cuenta de que se “alimentan de mi dolor”.

 

He llegado pues, tras múltiples experimentos, a esta conclusión: en nuestro ambiente viven unos seres que, por simple instinto de conservación, tienden a fomentar el dolor entre los humanos. Para ello intentan incrementar tanto las desgracias llamadas espirituales como los sufrimientos físicos.

 

A veces, cuando, encerrado en mi habitación, logro ver mi miedo (es una masa de agua que flota), mi esperanza (es una mano cortada) y mi imaginación (es una caja pequeña de cuero de la que sale humo) también veo a estos seres espirituales que son como unos pañuelos de papel que vuelan.

 

Espero que, gracias a mis datos, puedan luchar contra esta terrible plaga de la humanidad.

 

Les saluda muy cordialmente...

 

 

Fernando Arrabal, La piedra de la locura

 

 

 

Rock a raudales

Rock a raudales

 

Estamos al borde del solsticio vernal, quedan muy pocos días para la noche más corta en nuestro hemisferio. La Ría de Vigo te golpea las pupilas con una placidez anaranjada brutalmente hermosa, con esas grúas y torres perfilándose en primer plano sobre el horizonte. Son casi las once de la noche pero el crepúsculo se demora tan lánguidamente que hipnotiza, dan ganas de quedarse ahí petrificado. Me imagino cómo deben ser esos días eternos en el ártico boreal. Pero me apresuro a la Fábrica de Chocolate porque esta noche tienen vez Vindaloo Rockets (www.myspace.com/vindaloorockets) y The Soul Jacket (www.myspace.com/thesouljacket). El crisol local de gentes inquietas con la música sigue dando frutos sorprendentes. Los primeros no dieron ni un segundo de respiro entre canción y canción. Temas de una intensidad acelerada que arrobaba el pasmo. Letras melancólicas en inglés que se sumergían desapercibidas en esos acordes punk-rock que no dejaban títere con cabeza. Suele ocurrir que al primer grupo, al supuesto telonero, el público lo observa con afán de entomólogo, sin atreverse a declarar su amor por el baile y el trance. Suele ser para calentar los huesos, la noche es larga, cuesta ir sacándose la camisa de fuerza de una semana de costumbres. Cuando subieron a escena los protagonistas, The Soul Jacket, ya tenían a su disposición una audiencia feliz y entregada. Toño, el cantante, regalaba el portento de su voz negra y todo su cuerpo vibrando en cada estrofa. Sus letras, también en inglés, proclamaban un optimismo amoroso y un ardor emocional que combinaba armoniosamente con la fuerza prodigiosa de los instrumentos. Saltos desde evocaciones de Led Zeppelin y Janis Joplin al funk de James Brown, todo sonaba deliciosamente. En el descanso me preguntaba qué habría sido de otras decenas de grupos vigueses cuya vida fue tan efímera (Canon, entre los que recuerdo de este estilo) y cómo es posible que siga floreciendo esta cantera tan prolífica año tras año. Quizás porque en esta ciudad ocurren cosas insólitas como esas recientes nueve jornadas de huelga del sector del metal tomando las calles, sublevando el inconformismo, cercando a la policía. O porque este mar apresado y su puerto a resguardo proporcionan un espacio vitelino de proximidad y universalidad donde no es difícil tejer las complicidades. En todo caso, unas buenas dosis de rock’n’roll como éstas acercan tu cuerpo a tu espíritu y viajas dulcemente por el tiempo y por la noche que apenas te inunda.

 

 

 

cirugía cardiovascular

cirugía cardiovascular

 

Abrir el corazón

es una operación de alto riesgo

pero, también, con benignas propiedades.

La palabra sincera,

la que vincula y entrega,

es suficiente para exponer el pálpito.

 

                                  (No hay prisas

                                  ni una rutina.)

 

Ese músculo milagroso, esa vida única

vale todo por sí misma.

Sabrá cuándo ha llegado el momento justo.

 

Nos abriremos el corazón

y una mano exquisita recogerá

                                                     las verdades

                                                     en su cuenco.

                                                     Escuchará

la corriente fluvial

de la alteración de la conciencia.

 

Se trata de una comprensión

filosófica.

La séptima maravilla de la sanación.

Operemos, pues, con discreta delicadeza

como si estuviese en juego

el mecanismo rotatorio de la tierra.

 

Meditando

                  desde la baliza donde equidistan

                  nuestra vejez y nuestra infancia.

Abrir

         nuestra carta de navegación

         y nuestras ilusiones necesarias.

        (Ese tesoro.)

 

Y sentirnos unidos y enraizados,

ligeros y floridos

                             (materia transcendente).

                             Una estirpe híbrida

fruto de tantas transfusiones.

 

Esperando pacientes

el momento justo.

La palabra fiel

como la sangre que mueve

nuestras fuerzas prodigiosas.

 

En cualquier espacio

donde nos dispongamos

                                           al edén.

 

 

Barnízate

Barnízate

 

 

 

Barnízate

te quiero

genio del can-can

docena de flores.

 

Eres toda la tierra

docena de flores

música ciega,

eres todos los templos

todos los tigres

todos los días,

eres el número de teléfono de Dios.

 

Tus ojos azules azor de los ojos

tus manos cerradas y el campo abierto y amarillo,

sólo te echo de menos

cuando estás conmigo

 

cuando estás conmigo

cuando buscas agua en el desierto de mi boca

 

sólo te echo de menos

cuando estás conmigo,

entonces trago más humo

tengo más miedo

veo más luces.

 

Van Gogh quiere pintarte los labios antes de morir.

 

Eres un bosque de un solo árbol,

cuando me miras

estoy quieto y soy quietud

pero cuando no me miras

bailo tan salvajemente

clavo tantas navajas

pienso tan poco en ti

 

te echo de menos cuando estás conmigo

no existo cuando no estás,

te vas y me convierto en baile

te vas y me convierto en ala.

 

Si quemas mi tristeza con tu risa

te enamorarás de mí

y dejaré de subir

tantos montes de amargura.

 

 

Te escribo para decirte

que eres un almendro de fuego

 

te escribo para decirte

que no quiero decirte nada

que sólo quiero abrazarte

buscar el calor de tu vida.

 

 

Pedro Casariego

 

 

 

A Benedetti, in memoriam (una escueta antología)

A Benedetti, in memoriam (una escueta antología)

 

 

INTERVIEW

 

No es ninguna molestia

explicarle qué pienso

del infinito

el infinito es

sencillamente

un agrio viento frío

que eriza las mucosas

la piel

y las metáforas

le pone a uno en los ojos

lágrimas de rutina

y en la garganta un nudo

de sortilegio

seguramente usted ya se dio cuenta

en el fondo no creo

que exista el infinito.

 

Bueno sobre política

jesús

sobre política

mi bisabuelo era liberal

espiaba a las criadas en el baño

mi abuelo el reaccionario

extraviaba las llaves de sus deudas

mi padre el comunista

compraba hectáreas con un gesto de asco

yo soy poeta

señor

y usted debe saber que los poetas

vivimos a la vuelta de este mundo

claro que usted quizá no tenga tiempo

para tener paciencia

pero debe conocer que en el fondo

yo no creo en la política.

 

Por supuesto el estilo

qué pienso del estilo

una cosa espontánea que se va haciendo sola

siempre escribí en la cama

mucho mejor que en los ferrocarriles

qué más puedo agregar

ah domino el sinónimo

módico exiguo corto insuficiente

siempre escribo pensando en el futuro

pero el futuro

se quedó sin magia

me olvidaba que usted

ya sabe que en el fondo

yo no creo en el estilo.

 

El amor el amor

ah caramba

el amor

por lo pronto me gusta

la mujer

bueno fuera

el alma

el corazón

sobre todo las piernas

poder alzar la mano

y encontrarla a la izquierda

tranquila

o intranquila

sonriendo desde el pozo

de su última modorra

o mirando mirando

como a veces se mira

un rato antes del beso

después de todo

usted y yo sabemos

que en el fondo

el amor

el amor

es una cosa seria.

 

Por favor

esto último

no vaya a publicarlo.

 

(De Poemas del hoyporhoy 1958-1961)

 

 

SUBURBIA

 

En el centro de mi vida

en el núcleo capital de mi vida

hay una fuente luminosa un surtidor

que alza convicciones de colores

y es lindo contemplarlas y seguirlas

 

en el centro de mi vida

en el núcleo capital de mi vida

hay un dolor que palmo a palmo

va ganando su tiempo

y es útil aprender su huella firme

 

en el centro de mi vida

en el núcleo capital de mi vida

la muerte queda lejos

la calma tiene olor a lluvia

la lluvia tiene olor a tierra

 

esto me lo contaron porque yo

nunca estoy en el centro de mi vida.

 

(De Cotidianas 1978-1979)

 

 

DE ÁRBOL A ÁRBOL

 

Los árboles

¿serán acaso solidarios?

 

¿digamos el castaño de los campos elíseos

con el quebracho de entre ríos

o los olivos de jaén

con los sauces de tacuarembó?

 

¿le avisará la encina de westfalia

al flaco arce del tirol

que administre mejor su trementina?

 

y el caucho de pará

o el baobab en las márgenes del cuanza

¿provocarán al fin la verde angustia

de aquel ciprés de la mission dolores

que cabeceaba en frisco

california?

 

¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío

casi un hermano de la ceiba antillana?

 

los de este parque o aquella floresta

¿se dirán copa a copa que el muérdago

otrora tan sagrado entre los galos

ahora es apenas un parásito

con chupadores corticales?

 

¿sabrán los cedros del líbano

y los caobos de corinto

que sus voraces enemigos

no son la palma de camagüey

ni el eucalipto de tasmania

sino el hacha tenza del leñador

las sierra de las grandes madereras

el rayo como látigo en la noche?

 

(De Cotidianas 1978-1979)

 

 

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

 

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

 

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría

 

(De Cotidianas 1978-1979)

 

 

TODAVÍA

 

No lo creo todavía

estás llegando a mi lado

y la noche es un puñado

de estrellas y de alegría

 

palpo gusto escucho y veo

tu rostro tu paso largo

tus manos y sin embargo

todavía no lo creo

 

tu regreso tiene tanto

que ver contigo y conmigo

que por cábala lo digo

y por las dudas lo canto

 

nadie nunca te reemplaza

y las cosas más triviales

se vuelven fundamentales

porque estás llegando a casa

 

sin embargo todavía

dudo de esta buena suerte

porque el cielo de tenerte

me parece fantasía

 

pero venís y es seguro

y venís con tu mirada

y por eso tu llegada

hace mágico el futuro

 

y aunque no siempre he entendido

mis culpas y mis fracasos

en cambio sé que en tus brazos

el mundo tiene sentido

 

y si beso la osadía

y el misterio de tus labios

no habrá dudas ni resabios

te querré más

todavía.

 

(De Poemas de otros 1973-1974)

 

 

 

Una cierta verdad

Una cierta verdad

 

 

Entre las películas pequeñas, modestas y ocultas en la maraña de cientos de producciones millonarias, a veces se encuentran perlas cultivadas como Una cierta verdad (Abel García Roure, 2008). Es el primer largometraje de un director que fue parte del equipo de En construcción, otro documental sobre personajes invisibles y situaciones cotidianas que asombra de tanto realismo que plasma en la pantalla. En esta ocasión, el objeto del retrato son las vidas de varios enfermos de esquizofrenia y el hospital psiquiátrico en torno al cual gravitan. Tanto pacientes como médicos exponen sus fragilidades y dudas, pero son los primeros los que conmueven con sus angustias repentinas, con los terribles y paliativos efectos de sus medicaciones, con sus sombras e “inmovilizaciones” a la fuerza, amarrados a una cama mecánica. El personaje principal sufre una esquizofrenia especialmente lúcida, consciente de que es una “evolución mental” más entre todas las posibles y que enriquece con fantásticas elaboraciones técnicas tomadas -cual Quijote- de los múltiples libros que lee. Su ternura, simpatía y ética, sin embargo, no están reñidas con esos brotes, crisis o momentos de especial desequilibrio que les arrebatan a él y al resto de idos; ora con frecuencia, ora ocasionalmente. A muchos sólo los observamos de lado o de espaldas, relatando la tristeza inexplicable de su padecer. Las reuniones de los psiquiatras y sus discursos evidencian cuán difícil les resulta componerse mapas fiables de todos esos mundos mentales a los que pretenden aplacar. En cualquier momento el espectador llega a sentir que a todos nos acecha ese abismo, que no es tan difícil deslizarse por él, perder el sentido. Y la soledad de estos congéneres y la frialdad de esa institución médica casi “total” bien podrían categorizar la grabación dentro del cine de terror, aunque su autor se ha cuidado mucho de no incurrir en las típicas denuncias de la “antipsiquiatría” ni en la exaltación artística del sufrimiento mental. Es una invitación a comprender y es de agradecer que dos programas de Radio 3 (El séptimo vicio y Tres en la carretera) y el Pequeño Cine Estudio de Madrid, le hayan hecho un merecido hueco en sus agendas.

 

 

Historia del amor

Historia del amor

 

El libro en el que Dominique Simonet entrevista a distintos historiadores y escritores acerca del amor lleva un título algo pretencioso y que puede dar lugar a demasiadas expectativas: La historia más bella del amor (Courtin et al. 2004). Es una lectura ensayística y divulgativa, no obstante, bastante amena. Deleita como ejemplo de cambio social a la vez que ilustra rigurosamente sobre mitos harto repetidos como el amor libre, la universalidad de las instituciones de “pareja” o el sometimiento de la mujer. En realidad, no se cuestiona sólo la existencia del amor, sino su vínculo con la sexualidad, el matrimonio y las relaciones entre hombres y mujeres. En varios capítulos se sugiere, además, que el arte en todas sus expresiones (plástico, literario, cinematográfico, etc.) no habría reflejado tanto los comportamientos corrientes en cada época acerca de dicha materia; más bien los habría desfigurado dando pie a distintas idealizaciones, sublimaciones y convenciones toleradas sólo en ese registro de la realidad simbólica. Las penurias, represiones y miserias al respecto de la vida amorosa han sido más la regla que la excepción. Sólo algunos grupos sociales en circunstancias favorables (campesinos sustraídos al yugo de la Iglesia, cortesanos proclives a las orgías, viudas de guerra y adúlteras, etc.) y, de forma más generalizada, desde mediados del siglo XX, pudieron experimentar formas más libres de compartir y disfrutar.

 

En todo caso, el conductor de la obra lanza a menudo la siguiente cuestión: ¿son universales, en todo tiempo y lugar, los sentimientos amorosos? La mayoría postulan que sí, pero los detalles y las pruebas son muy escurridizos. Sobre todo, desde el momento en que dichos sentimientos no pueden disociarse de las normas públicas de conducta, de las instituciones dominantes y del control social sobre la procreación biológica. El reciente “conocimiento” (para muchos, sólo invención, discursos e interdictos) sobre la sexualidad y sobre el amor (en su sentido romántico, de apego afectivo duradero) habrían generado un ámbito propio de realidad e interés en constante crecimiento cuya manifestación más destacada fue la llamada “revolución sexual” de la década de 1960. En otro célebre ensayo, Alain Finkielkraut y Pascal Bruckner (El nuevo desorden amoroso, 1977) ya habían diseccionado algunos de los nuevos dogmas de la “dictadura pansexualista” de este último período histórico. El mismo Bruckner y la novelista Alice Ferney, sin embargo, ponen más énfasis ahora en la educación sentimental y en la responsabilidad autónoma (“el amor es eso que existe entre dos individuos capaces de vivir juntos sin matarse”) dentro de un contexto de necesaria incertidumbre y de diversidad de opciones: “no se disfruta del amor sin esfuerzo”, hay que elegir, cuidar, potenciar; “el amor no es una empresa fácil” y “es un error esperarlo todo de él”. Nos han llegado muchos vientos de libertad sexual hasta nuestros días, pero el arte de amar sigue consistiendo en un titánico y complejo reto del que aprendemos torpemente, casi siempre al margen de las escuelas, los progenitores y los modelos mediáticos.

 

Por último, aunque el libro subraya con acierto múltiples elementos relevantes para la reconstrucción histórica que se propone, lo cierto es que ofrece una visión muy eurocéntrica de estas materias. Se echa en falta una atención, cuando menos puntual y respetuosa, a las sabidurías y prácticas orientales (la filosofía tántrica, sobre todo) y del resto del planeta. Pero esa es otra historia que podrán glosar, seguro, lectores más eruditos que este escribiente.

 

 

 

Jardín de las delicias

Jardín de las delicias

 

Para ingresar en el jardín botánico

se requieren credenciales simples:

voluntad de aspirar, euforia y canto.

 

Esparcirás en él tus secretos

a cuentagotas, como el riego preciso.

Y de las taxonomías tropicales

deducirás el ardor de cada día.

 

El jardín botánico es sólo el arte:

tú pones el brillo y los amores rupestres.

Entras en paz con tus vestigios y espadas.

Solidario con los insectos y los estanques,

consciente de lo efímero de tus raíces.

Das. Lates. Embelleces.

 

Para ingresar en la lujuria de las flores

se requiere libar el néctar prohibido:

una breve enajenación, suspender

la gravedad de las cosas, sonreír,

dejarse mecer. El éxtasis es contingente.

No puedes temer su finitud: se irá

y volverá por su propio pie.

 

Y el sol seguirá nutriendo tu ser

cálido y tenaz.

 

 

 

permutaciones

permutaciones

 

 

Casa vacía,

falanges despellejadas

por empaquetar los días.

 

Paredes diáfanas

y tristes como océanos

y ballenas y deudas de amor.

 

Conviene que se ventilen ahora

que nos mudamos.

Otra deriva, otra piel.

 

Reanudaremos

lo que nos acuciaba (¿ya evanescente?).

En nuevas estancias

de luz oriental y cenital, a espuertas.

 

Con reverencia

a la música celestial de cada noche.

Devolvemos las llaves.

 

 

 

dependencias

dependencias

 

 

Mi padre era un alcohólico.

 

Han pasado casi cuarenta años

y todavía me despierto a las cinco de la mañana

enunciando esa frase.

 

¿Un simple desasosiego, una clarividencia, un hecho?

Después de meditar un rato sobre la causa de mi desvelo,

decido masturbarme para volver al descanso.

Al día siguiente se lo relato a mi hermana

(el desasosiego, no las fantasías inducidas para la eyaculación precoz).

Quizás lo que era ya no es, me dice,

o no era igual para ella que para mí, o para mamá, o para otros.

Ahora ya es viejo, no hay nada que temer.

 

Los siguientes días repaso todo lo evocado

por ese cráter en mis sueños.

“Mi padre era” hasta que decidí que dejara de ser.

Sin ceremonias, alejándome con parsimonia.

Y aunque nunca matas esa sombra de una vez por todas

ni la fratria conspiradora puede disolver el tabú,

el olvido es oxidante y corrosivo.

 

Mi hermana dice que ya no es tanto,

pero yo sólo veo a mamá en retrospectiva. Sus armarios

llenos de medicamentos, sus dietas, sus vacíos.

Y nuestras mudanzas precipitadas, la ausencia de raíces

excepto en aquellos largos veranos de sol mesetario y regadío,

sumido en mis cábalas, con todo el tiempo del mundo por delante.

 

“Un alcohólico”, sigo sistematizando como aquel niño aplicado

que acababa los deberes antes de llegar a casa

para luego respirar a pleno pulmón la libertad de las tardes

y el cine de los domingos.

El alcoholismo es una enfermedad. Punto. Y el tabaquismo,

y la mala vida. Allá él si no quiso poner remedio.

Era uno más, una víctima más de su tortuosa filosofía infantil:

no hay nada que hacer, sólo consumirlo todo.

Y de un país de abundancia para tanto funcionario sin rumbo:

qué fácil era llenarse la boca de izquierdismo

y maltratar a su mujer, arruinarla, suicidarse lentamente.

 

Yo no probé el alcohol hasta que empecé a sacudirme

esa memoria mortecina. Siempre construyendo una réplica inversa

a aquel escombro de paternidad, inventando una desde la nada.

El odio puede alimentar la creatividad, puede,

aunque camine y corra sobre un suelo de melancolía.

Mis hijos me lo repiten en el coche: esas canciones, papá, son tristes,

da igual el estilo de música, su olfato es perspicaz y atinado.

Yo, subyugado por mi narcisismo, me niego a reconocerlo:

soy feliz, soy feliz, soy el arquitecto satisfecho de mi vida,

he superado metas, danzo, bebo alcohol con moderación.

Hasta que hace mella la tregua terrible de las obligaciones,

la soledad propiciada y oracular.

Hasta que te das de bruces con el nihilismo:

¿cómo esclarecer el fin de tantas carreras?

¿qué culpa tienen mi padre y su alcoholismo de mi estética nómada?

¿de mi tímido izquierdismo? ¿de mis sentimientos escépticos?

¿de esa obscena voluntad de poder?

 

Han pasado casi cuarenta años

y, afortunadamente, a efectos estadísticos, la mayor parte de las noches

no padezco pesadillas.

 

 

 

Alamedadosoulna

Alamedadosoulna

 

Otro grupo de Madrid, y del mismo barrio que Le Punk, que me encuentro en Vigo, en la misma Fábrica de Chocolate. Otro grupo que derrocha energía y sentimientos a cara descubierta. Alamedadosoulna (http://www.alamedadosoulna.com/) ejercen los ritmos skatalíticos y mestizos más que el soul (sus voces, por desgracia, no alcanzan altas cumbres), pero sus poderosos cinco metales y vientos crean una verdadera fiesta. Diez músicos no caben en cualquier escenario, pero la experiencia y el buen humor del que hacen gala les lleva a no parar de jugar, agacharse, tirarse por el suelo, intercambiar sus lugares, mezclarse, lanzarse el sombrero. O sea, divertirse con armonía coreográfica e inteligencia. Y tratar del mismo modo a su devoto público, reírse con él, haciéndole cómplice de su amor a la danza y al teatro. Sólo una pasión tan generosa con la música puede explicar tantas dádivas.