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ateo poeta

 

Hay poemas que adoro

y poemas que aborrezco.

 

No hay lugar

para medias tintas.

 

O pocas veces

(y entonces dudo

de su contribución

al género).

 

Lo peor acontece

cuando mi yo sujeto

y mi yo objeto

se enzarzan

en idénticas

disquisiciones.

 

 

Ilustración: Wendy Macnaughton

 

 

 

 

Me dices palabras

de amor

como quien se entretiene

con una pluma

en mis oídos.

 

Ya sé que solo intentas

sacarme las cosquillas.

 

 

Fotografía: Brain Rains

 

 

 

 

 

Si tuvieras diez años más

seguro que me proponías

dejarnos de cachondeo

y embarcarnos en una

relación seria

y con visos

de futuro.

 

Entonces sería yo

el que pondría pies

en polvorosa.

 

 

 

 

No te comas

todo el chocolate

de golpe.

 

Conviene distribuir

las onzas

entre los distintos

estados

de ansiedad,

que se suceden

con bastante

recurrencia.

 

 

Fotografía: Madame Yevonde

 

 

 

 

Las obsesiones

te llenan la cabeza

de pájaros,

cientos de pájaros

volando.

 

Y arrasan con todo:

con el sueño,

con el hambre,

con la seguridad.

 

Una titánica obra

que reconstruir.

 

 

Ilustración: Suzannah Sinclair

 

 

 

Cuando veo a esos niños de la calle

y de las escombreras,

 

a esos hombres con rifles

y que violan,

 

a las máquinas derribando

casas que eran

hogares y refugios,

 

todos mis principios éticos

se sienten inútiles y pequeños

y solo se preguntan

por qué flanco llegará

el próximo golpe.

 

 

Fotografía: Miguel A. Martínez

 

 

 

 

Yo me alimento

de las musas.

 

Pero ¿de qué

se alimentan ellas?

 

La experiencia

me indica

que la prueba

concluyente

para su selección

es verlas comer

con entusiasmo,

devorar incluso

y nunca descartar

el postre.

 

En el fondo,

creo que nos

gusta llevarnos

a la boca

cosas semejantes.

 

 

 

Sí, confirmado,

las musas

son imprescindibles.

 

Sobre todo, las de carne

y hueso.

 

 

Fotografía: Attilio Dagostino

 

 

 

Hay un tipo pululando

que se llama como yo,

escribe poemas

y me confunde

cada vez que sé

de su presencia.

 

Llevaba unos días

intentando resolver

los hiatos

entre mi yo real

y el que represento,

y ahora llega este doble

para elevar un grado

las dificultades.

 

 

Fotografía: Roger Mayne

 

 

 

Al deseo no conviene

estrangularlo

ni por defecto

ni por exceso.

 

Ni por el punto

medio.

 

 

Fotografía: Stevenson

 

 

 

 

El deseo es una cuestión

de tiempo.

 

Tiempo para madurar.

Tiempo para el escondite.

Tiempo para resurgir

de las cenizas.

 

 

Fotografía: Hans Wolf

 

 

 

 

Las amantes de verdad

son las que me piden

que llame a la oficina

y diga que estoy enfermo

porque los antojos y el vicio

suelen contradecir

los horarios laborales.

 

Las demás

son flores de otro mundo

para los ratos libres

y los fines de semana.

Y eso con suerte,

si no me marchito

antes.

 

 

Fotografía: Debbie Thijs

 

 

Primero me arrancaste
la ropa,
luego la piel
hasta que se mostró
desnudo
el niño
que no fui.

Habiendo llegado
tan lejos
supongo que no
tardarás mucho
en darte
la vuelta.

 

 

Nos hicimos fotografías
con mucho deseo,
poca ropa
y el tiempo
justo.

Por la ventana no sé
si nos llegaron
a observar
los obreros
de la construcción
adyacente.

Nosotros con un té
de arroz japonés
e invocando
lo sublime.

Ellos con su cerveza
en una mano
y el pitillo en la boca
dándole lustre
a las paredes.

Todos concluimos
la jornada
con plena
satisfacción.

 

Fotografía: Carl Von Vechten

 

 

 

Quiere escribir libros

y guiones de películas eróticas,

concebir coreografías,

cantar y observar

cómo hacen el amor

en las habitaciones

de los hoteles.

 

Todavía tiene tiempo

para no arrepentirse

de nada.

 

 

Fotografía: Penny

 

 

 

Me siento culpable

por no acabar

los trabajos pendientes

cuando me pongo

antes a escribir

poemas.

 

Pero solo los poemas

son responsables

de llenar con su júbilo

la pequeña muerte

que acontece

después de concluir

un trabajo.

 

 

Ilustración: Pedro Peinado

 

 

 

 

Me suele dar

mucha pereza

meterme en la cocina

cuando estoy solo.

 

Pero este guacamole

rico y simple

que preparo

y que evoca

tu cuerpo

en trance,

 

podría conseguir

que nos chupásemos

los dedos

hasta altas horas

de la madrugada.

 

 

Fotografía: Edward Ysais

 

 

 

Aquí, donde las sombras

del totalitarismo

aún se agitan

y desprenden

polvo.

 

Aquí, no menos,

la determinación

cotidiana

frente a cualquier

forma

de disciplina.

 

En ausencia

de una nube

de mosquitos,

repeler

la bruma pegajosa

de indiferencia

desde múltiples

puntos

de fuga.

 

 

 

 

Cuando piensas

que ya todo está

perdido,

 

que las epifanías de ayer

se arrumbarán

sin vuelta

en esas cajas precintadas,

 

que nadie te besará

en plena declamación,

entre verso

y verso,

 

y que, encima, nada

de esto se considerará

una cuestión seria

por más savia

que inyecte

en la médula

espinal,

 

es porque no has picado

en suficientes

anzuelos.

 

 

 

 

Me dijo que en su infancia

hacía el amor con un cocodrilo

que, además, le servía

como almohada en la que ahogar

las penas de un mundo adulto

cruel y tedioso.

 

Después inspeccionaba siempre

las escamas de sus amantes

y sus capacidades

natatorias.

 

 

Fotografía: Benny Horne