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ateo poeta

 

Ojalá el amor

fuera solo un derecho

a dejarse llevar

plácidamente

hasta simas profundas

y cumbres despejadas.

 

Pero sucede que

del capítulo de los deberes

alguien ha arrancado

todas las páginas.

 

 

Fotografía: Stephane Lepine

 

 

 

 

 

Desde hoy

queda sentenciada

a muerte

la expresión

“el ecuador de la vida”.

 

Qué ganas tienen

algunos

de amargársela

antes de tiempo.

 

 

Diga lo que diga

sobre mi edad

el pasaporte dichoso,

yo cada día me siento

más joven.

 

Un joven entrado

en años, eso sí,

pero años

que no pesan.

 

O un viejo,

también es posible,

con grandes afanes

desiderativos.

 

 

 

En el preciso momento

en que escribo

tengo una edad

determinada.

 

No se puede discutir,

es una aseveración

objetiva.

 

El error consiste

en datar los textos

según esa edad

como un atributo.

 

Hoy es una contingencia

que depende

de cómo he sobrevivido

hasta ahora.

 

Lo que pienso

se ha ido cultivando

en un mar

de lentitud

y balizas.

 

Nada me asegura

que este mensaje

tenga un público hábil

para romper

la botella.

 

Yo mismo

naufrago

a menudo.

 

Mis años y días

respirando aquí

según el registro oficial

poco dicen

del proceso.

 

De las piedras en el camino.

De achicar agua.

 

De las dulces manifestaciones

de la brisa y el amor.

 

Y luego, para colmo,

está el dilema

de si debo celebrar

el próximo martes

mi aniversario.

 

 

Fotografía: Olmo Calvo

 

 

La luz es tenue

y la decoración

menos sórdida

que en otros pisos

semejantes.

 

De fondo, una música

plana, instrumental,

con versiones ñoñas

de éxitos

del pop.

 

Una mujer que a mí

no me parece

thailandesa

me cubre la espalda

con toallas.

 

Sin mediar diálogo

sus manos y codos

van amasándome

en profundidad.

 

Es tan intenso

que no podría

dormirme

pero soy pasivo

y obediente

a las indicaciones.

 

Poco a poco

me inunda una paz

y una especie

de flotación mística

hasta que se oye

una alarma

que pone fin

al contrato.

 

Me visto

a regañadientes

pero con una sonrisa

de oreja a oreja

y prometo regresar

lo más pronto

posible.

 

De vuelta a la cruda

realidad reflexiono

sobre cuán distintas son

las clases de yoga

con no menos virtudes

y cimas espirituales

a las que solo accedes

tras un sufrido

esfuerzo.

 

En cualquier caso

son formas de bienestar

que deberían ser parte

de los servicios

públicos,

mucho más valiosas

que tanta construcción

de la nada.

 

 

Fotografía: Atthina

 

 

 

Yo era de los más enclenques

del colegio

pero eso no me libraba

de meterme en peleas

cada dos por tres.

 

En lo único que no tenía

rival

era en salir corriendo

como un galgo.

 

De cualquier modo,

al día siguiente

los matones

volvían a estar allí.

 

 

Ilustración: Robert Schultz

 

 

 

 

Ojalá que el amor fuera

menos lucha

y más libre.

 

Otro gallo

nos cantaría.

 

 

 

Al escribir

uno deja

muchos flancos

descubiertos.

 

Y yo que creía

que mi refugio

era un remanso

de paz.

 

 

 

Hay mujeres

que no se conforman

con menos

del noventa por cien.

 

Lo quieren (casi) todo

ya mismo

y de la mejor calidad.

 

De no ser así,

si te he visto,

no me acuerdo.

 

Otras ponen el listón

en torno al setenta.

 

Te dan amplios márgenes

por interés propio,

pero apuntan cada desliz

y a la tercera

va la vencida.

 

Con esas que ni fu ni fa

a veces es peor

pues jamás se decantan.

 

Te aman y te abandonan

con idéntica precisión contable

y los gastos

compartidos.

 

Por debajo del cincuenta

no hay necesidad

de que te perdonen la vida

ni del indulto

de gracia.

 

Son bocetos de amor,

inversiones no rentables

y proyectos pasajeros

sin billete

de vuelta.

 

Lo que más me perturba

son los cambios drásticos

de actitud

y la convicción

de que cada una es un mundo

por lo que todas

mis exploraciones

suelen terminar

en agua de borrajas.

 

 

Fotografía: Xyza Cruz

 

 

 

 

Me preguntas si es verdad

todo lo que escribo

y te contesto

que al cien por cien,

aunque se deben

tener en cuenta

ciertas consideraciones.

 

Por una parte, la verdad

se lleva a palos

con las cifras absolutas,

por lo que hemos de repartir

responsabilidades:

un diez por ciento al poeta

y otro tanto a los intérpretes

por sus luchas sin cuartel

frente a las huestes

del relativismo.

 

Por otra parte, pecaríamos

de ingenuidad

si no restáramos

otro sustancioso porcentaje

en concepto de fantasía,

a menudo premeditada,

que emana del pozo artesano

del autor

y se bebe como agua bendita

por no pocos lectores.

 

La verdad sufre también el asedio

de la imposible refutación

cuando se mezclan

los tiempos verbales

y participan en los hechos

personajes de toda índole

encarnados en la pluma servil

del escribiente.

 

Y si de la guisa de esos cálculos

se nos antoja un saldo

de exigua mayoría y por los pelos,

señalemos que todavía

hay esperanza de formar

coalición gobernante

si el conjunto de la retórica

es eficaz en remover las tripas

o agitar el corazón

de quienes han caído

en sus redes.

 

 

 

 

 

Lo que me impresiona

de tu vena mística

no es que indagues

en lo invisible

de las cosas,

 

sino el trayecto

supersónico

que recorren

tus pupilas

cuando llegamos

a la cumbre.

 

Por eso dejé

de preguntarte

en qué mundo

vives.

 

 

Fotografía: Jerzy Wardak

 

 

 

 

 

 

El primer día

coqueteamos

(abiertamente,

sin disimulo).

 

El segundo

me pregunta

si vivo solo.

 

El tercero

se lo pregunto

yo (pues no fui

rápido de reflejos).

 

Las respuestas

son difíciles

en ambos casos,

pero la suerte

ya está echada.

 

La próxima vez

que nos veamos

uno de los dos

descubrirá

sus cartas.

 

 

Fotografía: Xyza Cruz

 

 

 

 

 

Sabes que todo es un juego

y cedes

y usas tú también

esa lengua de tópicos.

 

En ocasiones,

solo cuando la creatividad

flaquea -puntualizas.

 

Y ella tampoco se cree nada

pero le gusta jugar

y jugar en serio, a fondo,

con todas las armas, palabras

y silencios

a su disposición.

 

Y con ese arsenal

no hay dios que

la supere.

 

 

 

Por detrás de las grandes palabras

hay rumores, voces, alientos

a los que solemos hacer

bastante caso.

 

Quién les iba a decir

a esos pequeños vicios y placeres

reincidentes

que ganarían esta carrera de fondo.

 

 

Ilustración: Malika Favre

 

 

 

Está todo fatal,

los culpables se van

de rositas

y los dolores más

insidiosos se alojan

en quienes menos

los merecen.

 

Y tú piensas

que esta poesía

frivoliza demasiado

y que hace aguas

en sus intentos

por superar

el vano

romanticismo.

 

Y eso te hace reír

a carcajadas

y yo pienso que

es un logro suficiente

y necesario

dada la extrema

precariedad

de la lírica.

 

 

Fotografía: Xyza Cruz

 

 

 

 

 

Llega el lunes

y saca su arma blanca

intimidando:

¡manos arriba!

¡dame todas

tus especulaciones

y tus amoríos

fantasiosos,

y lárgate de aquí,

a trabajar!

 

Me temo que esa cara

de niño

con su juguete

en la mano

carece

del más mínimo poder

de persuasión.

 

 

Fotografía: Xyza Cruz

 

 

 

 

 

 

Es normal

que te invada

el pánico

cuando estás

conmigo.

 

Yo nunca

lo he superado.

 

 

Fotografía: Héctor Olguín

 

 

 

 

 

Un día te desvanecerás

como esas fotos

borrosas

a propósito.

 

Te llevarás la alegría

a otra parte

para que el volcán

no se quede

dormido.

 

Suele ser así,

no hay por qué

alarmarse.

 

Etapas, puntos

de inflexión

y las consecuencias

irreversibles.

 

Y me repito

el cuento

por adelantado

a ver si logro

aplicármelo

de una vez.

 

 

Fotografía: Héctor Olguín

 

 

 

 

 

Hay quien se entristece

cuando se rompen las alas

de una mariposa

por muerte natural.

 

O cuando se certifica

la extinción de las abejas

porque nuestra especie

va dando palos

de ciego.

 

¿Es que, acaso, un poema

puede poner freno a la mano

del asesino?

 

¿Qué debería señalar un verso

para que el niño comiera

tres veces al día?

 

¿Serán capaces

mis palabras indignadas

de encender la mecha que calcine

los documentos

de dudosa legalidad

y estridente injusticia?

 

No contemples aquí

un espejo de gratificación.

 

Son intolerables

las artes decorativas

si no revelan

una potencia.

 

De pocas rosas

te puedo hablar

sin haber conocido

el dolor

en carne y hueso.

 

 

Fotografía: Panagiotis Bourlessas

 

 

 

 

El amor

es como la lucha

libre.

 

Más que los golpes

duele el quedar

inmovilizado

por la otra parte.

 

Que no te haga ni caso

(o que emplee bellas

y vacías palabras),

es una táctica

eficaz

para echar tu cuerpo

a tierra.

 

 

Fotografía: Sue Ford