¿Y qué culpa tengo yo
de que inefables
aberraciones
se apoderen
de mi pensamiento
en el culmen
de la excitación?
Ojalá volviese aquella
mística de juventud
y paraísos naturales
que una vez
nos inundó.
Fotografía: María Sánchez
¿Y qué culpa tengo yo
de que inefables
aberraciones
se apoderen
de mi pensamiento
en el culmen
de la excitación?
Ojalá volviese aquella
mística de juventud
y paraísos naturales
que una vez
nos inundó.
Fotografía: María Sánchez
Nunca pensé
que tendría agujetas
en los dedos
después de tanto
masturbarte.
Fotografía: Bob Carlos Clarke
La mentira duele.
La verdad duele.
El silencio duele.
En un mundo
donde hay tanto
dolor
apenas hay refugios
para escapar
de la violencia
simbólica.
Las palabras,
en su mayoría,
incluso las ausentes,
también nacen,
sufren y mueren.
Me esfuerzo
todo lo posible
en atender
las conversaciones,
en fijarme
por donde piso,
en cumplir
las tareas
con diligencia.
Pero el poema
continúa
rumiando
por detrás,
como raíz
sedienta
y urgente,
reclamando
su ración
de luz.
Cuando llueve a cántaros
uno espera que cambie
el régimen político
o, al menos, las parcelas
grises de la vida
cotidiana.
Así lo sugerían entre líneas
aquellas canciones
de hace décadas,
pero la crueldad presente
tampoco da tregua.
Por lo único que nos afligimos
cuando llueve a cántaros
es por la estrechez
de las aceras
y los paraguas enredando
la circulación.
Fotografía: Michael Blann
Era demasiado perfecta
y transparente.
Un pedazo de pan.
Lista como el hambre
y la revolución
verde.
Sus ojos demolían
las murallas
de lo absurdo.
Ningún otro ser
más admirable:
dueña
de su equilibrio.
Me temo
que a una diosa así
poco le iluminará
un satélite
a la deriva.
Fotografía: Paco Cuenca
El mejor
y quizá el único
remedio
contra el amor
de tu vida
es otro amor
de tu vida.
Lo demás son
imitaciones
baratas.
Ilustración: Derek Gores
Ahora, en la distancia,
es más fácil entender
nuestra atracción desbocada
e indomable,
la voracidad turbulenta
y obscena
a la que dimos luz verde,
la cómplice soldadura
de los cuerpos
y su devenir.
Ahora, cuando ya no
nos dirigimos la palabra,
no hay dios que pueda
deshacer
ese nudo.
Ilustración: Derek Gores
El amor de tu vida
suele manifestarse
bajo una de estas tres
apariencias:
como insatisfecha
e inaceptable omisión,
en tanto que corto
verano de la anarquía,
o a modo de pareja eterna
donde se incumple
cotidianamente
todo lo prometido.
Fotografía: Tim Barber
Algunos no olvidan jamás
al amor de su vida.
No me extraña.
Tales arrebatos pertenecen
a la categoría
de las drogas más duras
y las ilusiones más
pertinaces.
Fotografía: Tim Barber
Ante tus masajes,
mi rendición.
Lo de menos es
el final feliz.
Fotografía: Noell Oszvald
Me imagino a la psicoanalista
recomendándole:
al enemigo, ni agua; o
amores pasados no mueven molinos.
A continuación le cursará
la factura correspondiente.
Y hasta el próximo lunes.
Fotografía: David Peat
Cierro los ojos
y veo
toda la belleza
que expide
la fricción
de tus manos.
Fotografía: Tim Barber
Puedo comprender
que te perturbe
mi adicción
a tu piel
y a tu mirada.
Pero no sufras.
Por fortuna,
tengo muchos otros
vicios.
Fotografía: Guillermo Asián
Bajas de las nieves
y yo acepto tu don
y tu fuerza
como agua
de mayo.
Mi caballo de carreras
ciego y torpe
conoce el umbral
de lo prohibido.
Tu boca está hoy
más desnuda.
En un silencio
cósmico solo
conviene preguntar
por lo que nace
del fracaso.
He amado sin amor
y con uñas y dientes
y sin esperar nada
a cambio.
Es más injusto
entregarse
a esas pasiones
de vuelta y media.
Abrázame.
Los números primos
ya son combustión
y música milagrosa.
Fotografía: Bob Carlos Clarke
Viven bajo los puentes
donde llueve menos
o sólo en diagonal.
Duermen sobre bancos duros
o colchones que todavía huelen
a amor y a trabajo.
Con cuatro tablas o cartones
arman una habitación
con vistas.
Por la mañana recogen
sus pertenencias
y colocan las bolsas
en los armarios del parque
que todos los pájaros
respetan.
Sus dentaduras melladas
sonríen con sarcasmo.
Nunca tienen prisa,
siempre hay donde
rebuscar algo
de provecho.
Les fotografían
y registran
si es que hay suerte
y no les barren
sin la menor
delicadeza.
Cuando llegan
esos jóvenes voluntariosos
a repartir una cena
aguardan con estoica
impostura.
Después se gastan todos
los ahorros
en unas cervezas
porque algo deben
celebrar.
Fotografía: Guillermo Asián
Ya sé quiénes son
los culpables.
Ahora sólo tengo
que salir
de su círculo.
Ilustración: Walt Kelly
Lo tienes todo
para saciar
mis fantasías.
Excepto
que éstas son
insaciables.
El cepillo de dientes
es lo único
que dejaste atrás
al recoger tus cosas.
Sospecho que fue
a propósito.
Pero lo he tirado
a la basura sin más
contemplaciones.
En absoluto
me perturba el apego
sentimental
a lo tangible.
Para la limpieza
de los espacios vacíos
siempre hay fines de semana
a la vista.
Fotografía: Mauricio Nannucci
Recuerdo aquella infancia
atormentada por ser distinto,
original, por alejarme
de todo lo zafio y previsible,
la monotonía,
el género humano tan cruel
que laceraba
los anhelos,
el amor,
el futuro.
Aquellas premisas sirvieron
como antídoto para
las frustraciones
y la desilusión,
pusieron cerco a las jaulas
y a las cacofonías,
desafiaron la ignorancia
o el sadismo
en boga.
Ahora que sé
que ya está todo dicho
y que a un revés
le suceden otros mayores,
no logro explicarme por qué
continúo dándole vueltas
a los mismos tópicos
recurrentes.
Ilustración: Eduardo Fraile