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ateo poeta

 

Por fin se ha despejado

el cielo, la piel disfruta

de la cálida piel

y la felicidad

se agolpa

en unas pocas

y concurridas plazas.

 

En las calles adyacentes

persisten las sombras

solitarias,

los cuerpos se evitan

y la noche se cierne

implacable.

 

 

 

Guárdate ya

esos dientes afilados,

que estamos

a doce de abril.

 

Ya está bien

de presumir de nubes,

frío y austeridad:

damos brincos

por salir

del letargo.

 

De todos modos,

esta larga temporada

a mí me ha pillado

en un momento

muy dulce.

 

 

Fotografía: Indiana Caba

 

 

 

Uno de los motivos

principales de mi exilio

es para entender,

de una vez por todas,

ese fino sentido del humor

inglés.

 

Es desesperante:

siempre me pierdo

la gracia

en el momento álgido

de las conversaciones,

y en tantas películas.

 

La crisis económica

y otras miserias

nunca me empujarían

con tanto ímpetu.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 

 

 

 

 

Te cruzas

con cientos

de mujeres hermosas

en apariencia.

Algunas, incluso,

te arrebatan

a primera vista.

(Los estragos

de la primavera,

qué le vamos

a hacer.)

 

Entonces

aceptas que no,

que no hay tiempo

para comprobar

cuál es la belleza

que más

te conviene.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

Salgo del examen

médico más feliz

que unas castañuelas.

Según los parámetros

de cálculo y los avatares

de mis años vencidos,

soy un hombre normal.

 

Ya me había hecho

a la idea

de que nadie era normal

y menos yo,

sobre todo a los ojos

tuertos

de los ficheros policiales

y según los cánones

esgrimidos

por las autoridades

al mando.

 

Y mira tú por dónde

me guardo risueño

la copia del análisis

en el bolsillo,

harto ya del ajado

documento

nacional

de identidad.

 

 

Fotografía: Inge Morath

 

 

 

Semanas después

de la fecha oficial

de inauguración

aún no acaba

de enseñorearse

esbelta y rumbosa

la primavera.

 

Está fría la térmica

sensación y el viento

se revuelve como

enamorado

de latitudes más

septentrionales.

El invierno

no da su brazo

a torcer,

pero nada evitará

que cada vez

nos calienten

más y más

horas de sol.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 

 

 

 

Como herramientas

que sirven

para arreglar desperfectos,

pero aquí, ¿dónde

si ubicuos?

si escabulléndose

desde primera hora

de la mañana hasta

bien entrada la noche.

 

Más bien como prótesis

con color, sin ánimo

de transparencia,

que se note que incordian

aunque reparen

y den fulgor.

 

No manual de instrucciones

ni reloj o monotonía,

mejor bálsamo

y proverbio,

ramillete,

ladrido solícito

por una mano amorosa

y un bocado tierno.

 

Esos poemas

que busco.

 

 

 

Me apeteces

mucho,

hoy también.

 

Eres más que mi

predilección:

una golosina

alcanzable.

 

Pero no hay prisa.

Tienes más peligro

así: dejando

la mecha

encendida.

 

 

Fotografía: Davide Bellemere

 

Un día le recordarán:

“y también hizo sus pinitos

escribiendo poemas

y relatos breves.”

 

Él hubiera preferido

un epitafio más preciso:

“cautivo fiel

de sus obsesiones.”

 

 

Fotografía: Elkie Vanstiphout

 

Para que un instante

nos deslumbre,

 

¡cuántos otros

habremos tenido

que arrojar

a las fosas

del tiempo!

 

 

Fotografía: Magdalena Lawniczak

 

Si te revelara

el secreto,

 

¿dónde estaría

la gracia?

 

 

Fotografía: Indiana Caba

 

 

Acuérdate de besar

con hambre

y desparpajo,

feliz,

queriendo.

 

Ni caso

a las arteras

distracciones.

 

 

Fotografía: Carl Westergren

 

 

Es muy poca cosa

lo que necesito:

 

un abismo,

la pérdida

y unas alas nuevas

sin fecha

de caducidad.

 

 

Fotografía: Robert Adams

 


 

En un poema puedo

 

desnudarte en público, o un poco,

y yo a la vez, quitarme la ropa, o alguna,

no hay peligro, es solo

un poema

 

succionarte la piel, lamer las partes secas

y las húmedas, darte sorbos, jugos

de toda índole, saciar

la intención

 

deslizar mis manos hacia arriba,

piernas arriba, medias abajo y arriba,

hasta los pies, estremecerte, aún

a medio desvestir

 

es solo un poema, solo pueden leernos

mientras yo palpo cada golpe de aire,

donde nace el aire, donde palabras

engendran el oxígeno que engendra

 

puedo morder la fuente de tu poema

a punto de milagro, morder hasta tus

encías y labios gramaticales, pensar

que me piensas, que eres tuya hasta

derramarte.

 

Poco importa que,

en esta sala de espera,

sigamos siendo unos completos

desconocidos.

 

 

Ilustración: Aleka

 

 

 

Lo erótico

es exótico.

 

 

Fotografía: Indiana Caba

 

 

 

El deseo es nómada

y perverso.

 

Lo cual no impide

un territorio, una ley,

la falta

y todo lo opuesto

a la acumulación.

 

 

Fotografía: Jesús Llaría

 

 

En breve seré objeto

de otra anotación

estadística.

 

Alguien habrá dado

las instrucciones, la máquina

me digerirá, seré otra

ilusión más

de la máquina.

 

Ni lágrimas, ni sangre, ni

potencia exhausta

en las estrías

del devenir.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

Le cortaría

un brazo y una pierna

al tipo del asiento contiguo

que invade chulesco

mi espacio vital.

 

Y le haría un favor:

mis reproches serían

mucho más violentos.

 

 

Fotografía: Guillermo Asian

 

 

 

Ahora es esta

obsesión:

 

unirme al hueco,

que mi peso no ceda

al vacío,

ni al número.

 

Mañana ya veremos

qué es capaz

de aplacarla.

 

 

Fotografía: Tatsuo Suzuki

 

 

 

 

Postergar

esos asuntos

que reclaman

la máxima preeminencia

 

como si lo mejor

ya hubiese acontecido,

 

como si las huellas,

resistentes,

molestaran.

 

Desbrozar posibles.

 

Signos

de exclamación, sí,

tan necesarios.