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devocionario psicodélico

devocionario psicodélico

In the greatest sessions

One does not know that there is a guide

 

In the next best sessions

One praises the guide

 

It is worse when

One fears the guide

Or when one pays him

 

If the guide lacks trust in the people

The trust of the people will be lacking

 

The wise guide guards his words

And sits serenely

 

When the greatest session is over

The people will say:

“It all happened naturally”

“It was so simple, we did it ourselves”

 

 

                .....

 

 

When the harmony is lost

Then come clever discussions and

“Wise men” appear

 

When the unity is lost

Then come “friends”

 

When the session is plunged

Into disorder

Then there are “doctors”

 

 

Timothy Leary. Psychedelic Prayers & Other Meditations

 

 

 

 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay una

luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, luz de agonías.

Adiós a las mutuas manos y las sienes

que acercaba el amor. Hoy sólo tienes

la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene y no ha tenido

nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

 

J.L. Borges

 

 

Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza.

 

(Antonio Gamoneda, Libro del frío)

 

 

1

Febrero nunca acaba.

 

Largas jornadas sin dueño y sin resuello,

ya consumidas antes de mediodía,

que me acaparan sin tenerme en cuenta.

 

Por encima

de la superficie:

le sobran entre tres y cinco millones de personas

a nuestro sistema productivo

y nuestro sistema productivo le sobra al mercado mundial.

 

Un buen adiestramiento, incluso uno mediano

puede hacer de cualquiera un asesino

profesionalmente eficiente

y ya no queda nadie que lo ignore.

 

Leviatán es idealista y hedónico, se muscula

en gimnasio, invierte en Bolsa, babea

su liturgia grasienta, su hierro de exterminio:

mientras que de momento el confort no disminuye

más que uno o dos grados sobre el nivel del mar

en las ensangrentadas capitales del Imperio.

 

Por debajo

de la superficie:

estás herida de muerte

y herida de la vida impredecible

 

mientras febrero

no acaba nunca.

 

2

La piel persiste intacta; mas bajo ella

el tajo es muy profundo.

¿Qué ojos, dedos, labios

escrutarán ese abismo de qué cuerpo?

 

 

Jorge Riechmann, Febrero interminable

 

tramas

tramas

 

En los estertores de la noche, algunos domingos fríos por la mañana, arrebujado entre las sábanas, en los tiempos muertos de los viajes en tren, voy quemando los ojos con novelas y poemas sin orden. Según caen en mis manos por mor de un capricho, una ilusión o una vaga expectativa. Al acabarlos, muchos pasan a los almacenes subterráneos, a las estanterías más plebeyas. Otros te dejan un fuerte sabor en la boca, como una guindilla, la imaginación oscilando como un péndulo. “El dios de las pequeñas cosas”, escrito por Arundhati Roy (1997), me exasperaba al principio. Un exceso de descripciones minuciosas. Saltos en el tiempo: más que sorprendentes, acrobáticos. Repeticiones alrededor de un mismo tótem, desvelado desde el principio. Fragmentos posmodernos. No había ya nada que esperar y, sin embargo, poco a poco me dejé envolver (los libros sustitutos, los libros como mantas, los libros como arquitectura). Siento una empatía tierna y empalagosa con quien disfruta presentándote el mundo como un conjunto de infinitos detalles fijados en la memoria de forma singular, con sus metáforas y combinaciones irrepetibles, con la coherencia dubitativa de quien no ha dejado de preguntarse por la coherencia de las cosas. La levedad del tiempo y el peso de la historia. Los sentimientos como duros surcos en la tierra y la sombra asesina de las jerarquías sociales. Aunque la necesidad literaria del crimen, del amor materno-filial o de las transgresiones sexuales de las convenciones sociales, no me dicen nada nuevo, esta novela parece más bien un sistema de venas, arterias y vasos comunicantes. Empresarios comunistas que dicen creer en la sociedad sin clases pero que no saben qué hacer con las castas de intocables, creyentes religiosas que transmutan su amor carnal por sacerdotes en odio hacia su propia sangre, niños ricos y privilegiados que también sufren las violencias de la cruda realidad, el repudio y el silencio. Es en Kerala, la India. La mejor guía de viajes. Una invocación a recrear los dioses de las pequeñas cosas que llevamos dentro, a no dejarse engullir por las pirañas del río ni por las corrientes traicioneras del monzón.

 

far from me

far from me

For you dear, I was born
For you I was raised up
For you I've lived and for you I will die
For you I am dying now
You were my mad little lover
In a world where everybody fucks everybody else over
You who are so far from me
Far from me
So far from me

Way across some cold neurotic sea
Far from me

I would talk to you of all matter of things
With a smile you would reply
Then the sun would leave your pretty face
And you'd retreat from the front of your eyes
I keep hearing that you're doing best
I hope your heart beats happy in your infant breast
You are so far from me
Far from me

Far from me

There is no knowledge but i know it
There's nothing to learn from that vacant voice
That sails to me across the line
From the ridiculous to the sublime
It's good to hear you're doing so well
But really can't you find somebody else that you can ring and tell
Did you ever
Care for me?
Were you ever
There for me?

So far from me

You told me you'd stick by me
Through the thick and through the thin
Those were your very words
My fair-weather friend
You were my brave-hearted lover
At the first taste of trouble went running back to mother
So far from me
Far from me
Suspended in your bleak and fishless sea
Far from me
Far from me

 

Nick Cave & The Bad Seeds, The Boatman's call

 

new songs

new songs

 

El viernes, ración doble en La Fábrica de Chocolate. Me sorprende la constante y variada programación de conciertos de este local vigués, enhorabuena. Hay unos cuantos más en la ciudad, pero en éste he recalado con cierta asiduidad en los últimos meses. Por el módico precio de cuatro euros tocaron dos grupos franceses: Buough! y Blindsight. No tengo ni idea de cómo clasificarlos. Los primeros tocaron sin pausa un único tema de casi tres cuartos de hora en una especie de punk psicodélico a machete, sólo con bajo, guitarra y batería, y letras ininteligibles. Los segundos practicaban una especie de punk-glam-rock que incitaba a un verdadero trance desarticulador de complejos. Tal vez sea más la simpatía con esas actitudes transgresoras que la delectación por melodías sólo ocasionalmente insinuadas, lo que me atrae de los conciertos filopunk. Después, no era extraño encontrar a aquellos jóvenes del público (mis años y los de algún otro marciano, seguramente, incrementarían ligeramente su edad media post-adolescente) por otros locales de la zona, como el Candela y O Koxo, con el telón de fondo de clásicos de los Ramones, La Polla Record o Kortatu.

 

Los dos días siguientes los dediqué a revisar la discografía completa de Nick Cave & the Bad Seeds -el trabajo solo, sin música, me resulta muy aburrido. Un amigo me la había pirateado recientemente, a petición, y ahí la tenía aparcada. Pero aquellos conciertos de principiantes me habían despertado el interés por ese más experimentado mago surrealista que ha ido evolucionando hasta parecer un auténtico oráculo de sensualidades. También el punk, el rock (algunos lo han adjetivado como gótico) y el glamour asoman irruptivamente en algunos de sus discos, pero las baladas misteriosas –algunas bien mórbidas- y toda una sugerente poética en las letras que alcanzo a entender, hacen que Cave rebose una suerte de vanguardismo bastante original e inclasificable. Así hasta que una canción de más de 14 minutos me deja estupefacto, ido, enamorado. Se titula “Babe, I’m on fire” y está incluida en la obra “Nocturama”, de 2003. Nada más que añadir. Sólo bailar, gritar, dejarse mecer.

 

old songs

old songs

When you dance, do your senses tingle?
Then take a chance?
In a trance, while the lonely mingle
with circumstance?

I've got something to tell you
you make it show.
Let me come over, I know you know
When you dance I can really love.

I can love, I can really love, I can really love
Like a mountain that's growing
a river that rolls.
Let me come over, I know you know

 

When you dance I can really love.

 

 

Neil Young, When You Dance I Can Really Love


los amantes

los amantes

 

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

 

Julio Cortázar, Los amantes

 

cortazarianos

cortazarianos

 

en Madrid, hace años, conocí a unos cuantos cortazarianos a quienes he perdido el rastro, era de esperar, ya nos reencontraremos en el momento más inesperado

 

en Radio-3 nos han embelesado a menudo con las pocas palabras grabadas de aquel ilusionista del lenguaje apasionado y perplejo,

 

en mi última trashumancia obelixar, otro cómplice recreador de sentidos, me prestó un disco donde resonaban frescos y atemporales los recitados del argentino


monalissa

monalissa

 

La vida es real y surrealista a la vez. Lo real y lo irreal están comunicados sutilmente. El sábado por la noche Monalissa Rarajazz revivieron en La Galería de Vigo. A Mónica de Nut, su cantante, la había conocido en una de las “repichokas” hace años. Enseguida compartimos discos de Maria João y Mário Laginha, esos dos eclécticos del jazz afro-portugués. Días antes, yo acababa de ver a la João junto a Joe Zawinul en Oporto y aún no me había recuperado del trance. El sábado, nada más leer en el periódico la agenda de conciertos de la noche, en el disco de mp3 que llevaba en el coche sonó, por mor de la función de reproducción aleatoria, una canción de Maria João. Mónica hacía las mismas piruetas guturales, todas las diosas se reproducen. Por la noche, al acabar el concierto descubrí a Manolo Pipas entre las sombras y a otro viejo amigo insumiso. Salió este blog a relucir, un ejemplar físico del “viaxe ao país das nubes”, nuestros pasados comunes y nuestros presentes tangentes. Mónica había dejado en el aire todos sus juegos de voz, sus boleros free-style y sus “few favourite things”. Aspiramos ese humo de diamantes hasta que el sueño nos devolvió a nuestras guaridas flotando sobre los mapas.

 

 

dos advertencias y una súplica

dos advertencias y una súplica

 

Las pocas veces

que he sido feliz

he tenido un profundo miedo

¿cómo iba a pagar la factura?

 

Sólo los insensatos

-o los no nacidos-

son felices sin temor.

 

 

 

Tú querías que el placer fuera una casa

y vivir eternamente en su morada.
Pero el placer era un cuarto de alquiler.

 

Tú querías que el placer fuera un castillo

con anchos muros como ancas de mujer.

Pero el placer era agua

no era piedra

iba y venía

se secaba

como los cauces de los ríos antiguos.

 

 

 

Se busca musa. Abstenerse flacas

resentidas travestidos y envidiosas.

Sueldo escaso

noches de amor intenso

y libros como hijos.

 

 

 

Cristina Peri Rossi. Estrategias del deseo

 

 

viaxe ao país das nubes

viaxe ao país das nubes

 

os muros da finca

do consejo indigena

recibenme co mural

da comunitaria radio guetza

pero eses micros estan pechados

pola pinche represion

 

seis meses despois

a emisora subiu as comunidades

e segue livre no seu rincon

 

 

 

lembro

os chiquitos versos

de ángel gonzález

na voz de pedro guerra

 

como llevaba trenza

la llamabamos trencita

como llevaba trensa

la llamabamos trensita

 

 

 

güero güero

así me chamaban os presos

dende detras das reixas

cando ia polos pasillos

a visitar a jose

os güeros

somos de pel clara

e sempre levamos cartos

 

 

 

na foto

todas estamos

mais ou menos como somos

ocupando o noso lugar

nese tempo nese espacio

entre tantas culturas

e mestizos movimentos

pero agora

ollando a estampa

penso nos corpos que faltan

e penso en ti que non saes

porque estas detras da camara

 

 

 

de pura arcilla os camiños

el color de la madre tierra

puros soños dos meniños

 

mil estrelas sobre o planton

mil petates mil cobijas

mil abertos corazons

 

 

 

Manolo Pipas, viaxe ao país das nubes

 

el país de las nubes

el país de las nubes

 

 

si algo aborrezco de las críticas literarias sobre poesía es que no citen poemas enteros, que el comentario se convierta en una letanía ornamental y vacía, que no emerja ni una huella de las subjetividades biográficas de quien escribe, de quien lee, y de sus relaciones, por muy virtuales que sean,

 

viaxe ao país das nubes” (editorial Chilacayote, Vigo –supongo-, 2006) es más que un libro de poemas: un relato de viajes en verso y en imágenes sobre la experiencia de su autor colaborando con el CIPO (Consejo Indígena Popular de Oaxaca) y con La Otra Campaña que ha circulado por México animada por el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional),

 

Manolo Pipas es el autor, un nombre artístico que comenzó como un apodo debido a su afición por cultivar calabazas y llevar habitualmente sus frutos en el bolsillo, que siempre ha defendido hablar y escribir en gallego, y con quien he compartido muchas vivencias en el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia) desde que llegué a Vigo en 1993, y después en otros espacios comunes como aquellos recitales iniciáticos -para mí, al menos- (“a repichoka”) que acontecían tan clandestina y cómplicemente en A Cova dos Ratos,

 

una persona para mí, pues, entrañable,

 

en blanco y negro (a excepción de las ilustraciones coloridas y mágicas de Pedro, otro libertario en las mismas redes de afinidad y solidaridad) acompaña un buen puñado de fotografías tiernas y melancólicas que él mismo fue atesorando,

 

me sorprende de Manolo su progresiva aceptación de los aparatos fotográficos, telefónicos, informáticos, aerotransportadores, él que nunca se olvidaba de portar lápiz y papel, y de mostrarlos con el alarde del hombre primitivo que ha alcanzado las más altas cumbres de la trascendencia, me sorprende que haya llegado a mezclar ese castellano mexicano con su gallego de siempre, militante, con indigenismos crujientes como el maíz, deslumbrantes y enigmáticos, como si fuera uno de esos poetas de la época beat que tan lejos le quedan, me sorprende que siga reacio a las normas ortográficas, a la acentuación, insumiso a las letras mayúsculas y capitales, algunas veces,

 

y debo decir que me gustan las personas que me sorprenden, y que este libro de viajes o de poemas, o de poemas y de viajes, consigue hacerte, poco a poco, uña y carne con todas esas vidas que lo nutren

 

 

 

 

Panero

Suave como el peligro atravesaste un día

con tu mano imposible la frágil medianoche

y tu mano valía mi vida, y muchas vidas

y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.

Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida

porque eras suave como el peligro,

como el peligro de vivir de nuevo.

 

 

Vosotros, todos vosotros, toda

esa carne que en la calle

se apila, sois

para mí alimento,

todos esos ojos

cubiertos de legañas, como de quien no acaba

jamás de despertar, como

mirando sin ver o bien sólo por sed

de la absurda sanción de otra mirada,

todos vosotros

sois para mí alimento, y el espanto

profundo de tener como espejo

único esos ojos de vidrio, esa niebla

en que se cruzan los muertos, ese

es el precio que pago por mis alimentos.

 

 

Digo yo si este espejo vale para que tú seas

frente a mi imagen arruinada, si este espejo

vale para los dos y si este cuerpo

canta en tu sexo y brilla

algo la cúpula bajo la cúpula del techo,

digo yo si tú quieres que mi vida sea,

ahora que mi alma se quiebra entre los dos,

como por un abrazo.

 

 

Te ofrezco en mi mano

los sauces que no he visto.

 

 

Leopoldo María Panero, Last River Together

Piazza d'Italia

 

El día anterior había visto “Bombón, el perro”, una película tierna y emocionante de Carlos Sorín, con actores no profesionales. Gente con muchas historias que contar, un director que les da palabras e historias, historias que necesitan personas para enriquecer nuestras vidas. Pero, sobre todo, poesía: un ritmo, unos gestos, unos trazos de color que abren en flor nuestros sentidos. Y parecía una película. Volví a la vida prosaica. Carretera, metro, un avión a una ciudad donde nunca he estado, otro avión a una ciudad más al norte, más trenes, frío polar. Los momentos perfectos para leer y dormir a plazos, sin acabar nunca de descansar. Escogí “Piazza d’Italia”, de Antonio Tabucci. Uno de esos libros viejos que nunca pasan de moda porque, tal vez, nunca lo estuvieron. Y volvió la poesía envuelta en guerras espeluznantes en las que siempre mueren los pobres, en rebeldes que dejan huellas y también llenan los cementerios, en dramas que parecen mágicos e inexplicables cuando la cosecha y la primavera han sido fructíferas. Las metáforas y símiles que usa Tabucci son deslumbrantes y simples, como si las hubiéramos pensado ya alguna vez en nuestra vida. Los saltos en el tiempo son juguetones como nuestra memoria, como los cachorros que se mordisquean. La Historia, con mayúsculas, es envuelta en historias de esperanzas y perdedores, en poesía. Y parecía una novela. En fin, ya he tomado la ración semanal que me exige mi dieta, en cualquier latitud del mundo. A ver qué sorpresas me reserva para el viaje de vuelta ese libro de Panero que parece poesía.

 

la huella sonora

 

Alabados sean los pies del viajero

La huella sonora que persigo yo

Que se aleja y vuelve en alas del viento

Pájaro del ánima del pensador

 

A la media luna giró la fortuna

A la noche entera que el viento cambió

Y asoma la luz por la décima espera

Y besa la nube rosal trepador

 

Ay de mí morena que soy un espectro

Somos renegados, cautivos los dos

Y aprueba la luna su filo en el cielo

Oscura cadena, dorado eslabón

 

A la media luna giró la fortuna

A la noche entera que el viento cambió

Y asoma la luz por la décima espera

Y besa la nube rosal trepador

 

Bajo la muralla de Palma del Río

Hermosa cautiva me diste tu amor

Y soñamos hijos psicodélicos

Plaza de los tópicos utópicos

Peleando con los tiempos críticos

Ebrios del aroma de la eterna flor

 

A la media luna giró la fortuna

A la noche entera que el viento cambió

Y asoma la luz por la décima espera

Y besa la nube rosal trepador

 

 

Juan Perro

 

antídoto

 

Ten cuidado, si te descuidas caes en manos de él

Poderoso es el pasado, para perderse en él

Bien lo sabe el vendedor de nostalgia

 

Pasa del vendedor de nostalgia

Sé forjador de sueños vivos

Mirando atrás, mirando al frente

Pisando en el presente, firmemente

Mirando atrás, mirando al frente

Pasando de uno a otro, sin quedarte

 

Ten cuidado, siempre caro es su precio

Pues te revende tus recuerdos a precio de futuro

Pinta sueños muertos el vendedor de nostalgia

 

Pasa del vendedor de nostalgia

Sé forjador de sueños vivos

Mirando atrás, mirando al frente

Pisando en el presente, firmemente

Mirando atrás, mirando al frente

Pasando de uno a otro, sin quedarte

 

El futuro es un veneno

Si no tienes el antídoto del pasado

El pasado es un veneno

Si no vives el presente

Mirando atrás, mirando al frente

Mirando atrás, mirando al frente

Pisando en el presente, firmemente

 

Potato

 

la sangre de los fósiles

la sangre de los fósiles

Siempre es difícil encontrar libros de poesía que merezcan la pena. Escuchando el programa de Radio 3 “La estación azul” escuché a José María Micó recitar algunos de sus poemas en su último libro, “La sangre de los fósiles” (editorial Tusquets, 2005), y me gustó su lenguaje prosaico, aforístico y circunspecto. El libro, al final, no me ha entusiasmado del todo ni me parece redondo, pero son recomendables algunos extractos.

 

oigo el mercado,

toco un cuerpo joven,

percibo mi propia juventud,

la que fue y ya no es,

la que estuvo y no está,

paseo sobre cáscaras de frutos,

entre los gases de los coches,

y veo y huelo y gusto y toco y oigo

sólo lo que está fuera de las cosas.

El fruto es siempre ausencia,

placer vaciado.

 

 

yo soy.

Tú eres.

Él es.

Nosotros somos.

Ellos son.

Pero si me creéis, allá vosotros.

 

  

el olor del jazmín es casi tacto.

 

 

algunas noches

las mujeres se suben

a la cabeza.

 

En la taberna,

el mundo vocifera,

tú me sonríes.

 

Esa sonrisa

es una de las formas

de la esperanza.

 

Es el instante,

y no un vodka con hielo,

lo que ahora apuro.

 

Cualquier esquina

en que bese tus pechos

será mi casa.

 

Si te desnudas

verás desanudarse

todas mis dudas.

 

No nos miremos.

Es hora de tocarse

sin miramientos.

 

Estamos solos,

y encima de esta cama

sobran los versos.


invitación 2

invitación 2

aunque la selección de poemas del libro de Storner es nutrida (Adrienne Rich, Ezra Pound, Jorge Luis Borges, Wallace Stevens, W.H. Auden, etc.), aquí transcribo sólo uno más de los sugerentes hallazgos en esa caja de alegorías espaciales: The Tunnel (de Mark Strand), e invito, de nuevo, a que alguien proponga una traducción para los no anglo-parlantes,

 

 

 

A man has been standing

in front of my house

for days. I peek at him

from the living room

window and at night,

unable to sleep,

I shine my flashlight

down to the lawn.

He is always here.

 

After a while

I open the front door

just a crack and order

him out of my yard.

He narrows his eyes

and moans. I slam

the door and dash back

to the kitchen, then up

to the bedroom, then down.

 

I weep like a schoolgirl

and make obscene gestures

through the window. I

write large suicide notes

and place them so he

can read them easily.

I destroy the living

room furniture to prove

I own nothing of value.

 

When he seems unmoved

I decide to dig a tunnel

to a neighbouring yard.

I seal the basement off

from the upstairs with

a brick wall. I dig hard

and in no time the tunnel

is done. Leaving my pick

and shovel below,

 

I come out in front of a house

and stand there too tired to

move or even speak, hoping

someone will help me.

I feel I’m being watched

and sometimes I hear

a man’s voice,

but nothing is done

and I have been waiting for days.