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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

 

Este es solo un método.

 

Quien lo prefiera puede asomarse

al abismo. Calcular parámetros

con las bellas fórmulas de la aritmética.

La pesca submarina.

 

Detesto, empero, la sangre fácil

y el humor despiadado.

 

Esta cápsula, esta quietud:

horadada por una antigua

aspiración.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

Y qué hacemos sino extravagancias,

filtrar la luz, crear sentido

y materialidad aunque lo atroz

supere todo lo imaginable.

 

Tienes un bosquejo de plan

y una galaxia en el puño.

Mañana hidrataremos esta suerte

de exilio, panacea

de las bifurcaciones. Y no consta

una versión más esclarecida

de los reglamentos.

 

Madre que resides en la superficie

construida y las paredes de papel:

sé que hablamos poco.

Esta onda expansiva aún

no ha cesado. Y hasta las estrellas

más dóciles se me escapan

entre los dedos.

 

 

Fotografía: Albarrán Cabrera

 

 

 

 

 

Me alimento del rubor que inflige

la pálida desnudez, un vacío, la carcasa,

desolación contraria a escribir

un fragmento del mundo.

 

Torso coronado de azul que arma

la denuncia del dogal al cuello.

 

Evocan tus labios la serenidad

y construyen un relato con músculo,

habitable, en permanente giro

y trenzado.

 

 

Fotografía: Albarrán Cabrera

 

 

 

 

 

Las máquinas, puntuales, proseguían

con la demolición.

A la misma hora. Me han despertado

violentamente. Porque anoche

leí hasta tarde.

Y porque me tocaba dormir solo,

con la única compañía

de esos seres imaginarios

que pueblan

mis efímeras posesiones.

 

En mi centro de trabajo

no ha ocurrido un ataque terrorista

masivo.

Los elefantes repostaban agua

turbia pero el orín es más insoportable

en las instalaciones

deportivas del gobierno.

Mis hijos deben pensar

que la poesía no hace justicia.

Tampoco los periódicos

nos dan de comer.

Y sin embargo hay paraísos

frágiles y amenazados

en los confines

de la economía.

 

¿Por qué esa obsesión

con la tez blanca y paliducha

si el índice de Gini oscila

a velocidad galopante?

 

Por causa de la madurez

regreso al párrafo primero

para retomar los ejes

del discurso, a saber:

un blanco inmóvil, la nostalgia,

la retórica

de los cumpleaños.

 

 

Fotografía: Albarrán Cabrera

 

 

 

Han pasado muchas horas

desde la última vez.

No puedo rasgar el silencio

a lo bruto, dónde caerán las astillas

y el fuego incipiente.

 

La película tiene uñas, fusiles, ojos

sin rencor pero nadie incinerará

los cadáveres en su núcleo.

No hay paz.

Ni refugios sin humillación.

Volvemos a casa caminando

junto al tráfico en retirada

y persianas que clausuran

el día.

 

¿Qué fragancias y en qué exacto

lugar estarán ahora en su culmen?

 

A las ocho de la mañana inician

las perforaciones en el solar

adyacente. Van a demoler otro edificio,

deconstruir, sin mayor interés

filosófico.

Nadie quiere ir a trabajar. Esa es

toda la interpretación

que deduzco de tu cuerpo nevado.

 

Repararé los hiatos, la inercia

en la medida de lo posible.

Es el día más frío de los tropicales.

Y sonrío eufórico al salir

como si ya supiera qué hacer

con tantas contradicciones.

 

Todo lo pensé antes en forma

de relato corto y acabó

en manos de las muy tercas líneas

fragmentadas.

 

 

Fotografía: Albarrán Cabrera

 

 

 

El teatro de máscaras

inevitable.

 

Cada personaje interpreta

un guión añejo

y el coro ríe las gracias.

La historia

se repite como farsa

o lo peor.

 

¿Me inmolo cada vez

que señalo

al rey desnudo?

 

¿Qué agudeza de los sentidos

nos permite

atravesar lo obvio?

 

Ni siquiera

en los templos del saber

disimulan

la partida amañada.

 

¿Qué esconden

bajo el felpudo?

 

Ideologías. Niños muertos.

 

Escribir me subleva.

 

 

Fotografía: Albarrán Cabrera

 

 

 

Cada día se rompe una fibra,

un tejido, un diente. Me desgasto,

declino.

 

¿Qué pensarán las aves

acerca de las leyes

de la termodinámica?

 

Si yo pudiera.

Ese tiempo perdido

en el placer de las acrobacias.

 

Hay toda una tabla periódica

de moléculas para este territorio

del universo. Piedras

y gases por doquier.

Mutaciones.

 

Reemplazos. Lo oscuro

llama y envuelve para la unión

con el orden mineral.

 

Si fuera previsible, indoloro.

 

En otras regiones

mueren más y nacen más

y ningún ser pretende

pompas ni boato.

 

Pero no puedo evitar sentir.

Prótesis. Labios.

Ajenidad.

 

 

Fotografía: Albarrán Cabrera

 

 

 

 

 

¿Es que acaso necesitamos

una revolución estética,

otro canon y club

de directores

de orquesta?

 

Hoy me despierto

y sucumbo

a lo que irradian

los libros esparcidos

a montones,

a la disposición caprichosa

de las palabras y los objetos

imposibles.

A los cuerpos en plenitud

de facultades

-o exultando su dicha.

La ciudad, la amalgama,

los maestros

de los equilibrismos.

 

No pido más. Solo alojarme

en ese presente continuo.

Persistir.

Conjugar.

Realimento.

 

 

Fotografía: Alizz Vichchou

 

 

 

 

 

Nadie querrá predecir la duración

de este viaje en múltiples

direcciones.

 

He sorteado la muerte felina

y encorbatada.

La ignorancia del clero

y de la realeza

apenas me ha causado

rasguños.

Las peores tormentas

no las padecí en aviones

porque hay un dolor

infinito

al que asediar.

 

Es uno de los trayectos

el que te encarna plena

de lo nuevo

y de mí.

 

De las otras tentativas

y cabotajes

aún hay mucho que aprender.

 

 

Fotografía: Alizz Vichchou

 

 

 

Desconexión.

 

Por la necesidad de un gramo,

una ráfaga, un corpúsculo

de belleza creíble.

 

Cámara de luz, anatomía.

 

Intuyo un movimiento perpetuo

que repara el vacío.

 

 

Fotografía: Alizz Vichchou

 

 

 

 

Me llama una piedra

incandescente. Que el teléfono

no puede imitar

 

ya lo sabe la cacofonía.

Te duele el corazón

porque nadie sabe, nadie dice,

con signos de esta galaxia

 

te quiero, es simple pan,

agua de beber, y tan

insólito.

 

Somos tigres de papel,

almas a remojo. Dónde

está escrito

 

que nadie sabe, nadie dice

pizarra, léxico, té,

menstruación.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

 

 

Cuando era joven

salía a la calle despeinado,

sin raíces. Esa actitud

de comerse el mundo

y dejadme

en paz.

 

Ahora que ya no pierdo

el tiempo

en dar una imagen

de rebelde sin causa,

eres tú

quien me desmelena.

 

Y así nunca se caen

las hojas

del calendario.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

 

La jauría de perros

me ciega.

 

¿Qué representan

su abandono y el santuario?

 

Las aves excitadas

tiñen de presencia

el ramaje.

 

Soy otro animal

que interroga.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

 

 

Está inscrita en el pliegue

la cicatriz, la señal,

la continua.

 

Prometemos tupir el pasado.

Que nada entorpezca.

 

¿Y cómo auspiciaré?

¿Qué anuncio?

 

Descifrar la malla.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

 

Los viajes ciertos, lo excepcional,

las pasiones desbocadas

no pueden ser rutina,

 

sino manjares exquisitos.

 

La felicidad, de contrabando.

La música en el corazón.

Descifrar esta endemoniada

relojería del mundo

 

y en trance,

hasta que rompa el alba.

 

Leer en tus ojos mi flor

tatuada y que el silencio

sea relámpago

y premio

por este persistir,

 

savia de toda materia.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

Superficie de barro, madera

preñada de añil,

que la bruma durmiente

en el valle

nos dé cobijo y solaz.

 

El corazón roto nació

de la última simetría,

cansado.

 

En la austera cumbre,

la gratitud.

Planicies, semillas

ensimismadas por el frío,

descender.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

Me abandono

a mis pensamientos

en cualquier idioma.

 

Pérdidas, ternura, conocer.

 

Eras mi núcleo

más memorable y ya somos

naturaleza, dispersos.

 

Aristas de unos ojos níveos

y constantes. Inquietud

frondosa ante lo que rodea

y el sustrato.

 

Cómo reproducir

tan insólito placer.

 

Traducción, que solo resta.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

Veo en tu mirar el conjunto

de fragancias que han sido

sostén, sedimento,

vértebra.

 

Anillando lo intangible.

 

Preferimos seguir.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

 

Las disyuntivas perecen

o se ramifican más

en virtud del gesto

de aproximación.

 

Restituir la memoria

sombría que nada universal

justifica.

 

Amar a un elefante.

Que las hierbas sagradas

depositen su enunciado.

Duermen los niños

con su mochila de lobos

a los pies desnudos

de la efigie.

 

Quiero habitar

un bosque tallado

de inmanencias, un cuerpo

tácito que absorbe.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss

 

 

 

 

El sujeto sospechoso,

el individuo acérrimo,

el ser concreto:

 

Infatigables

al llevar su música

a otra parte.

 

Desdeñan los aeroplanos

y los cinturones de seguridad.

 

No hay exactitud

que les complazca. Por ello,

apenas escatiman

a la hora de la contemplación

o por un bocado

de infinito.

 

 

Ilustración: Robert Kipniss