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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

En la cama vimos una película

sobre nanis, maids, domestic helpers

trabajadoras indonesias y filipinas

con horarios extenuantes, limbo legal

manipulaciones, régimen

de semi-esclavitud, sustracción

de un suelo de ciudadanía

 

al director, Fredie, lo conocí

adrede, profesor joven

colegio periférico, entusiasta

agitador

 

¿alguien les paga más del salario

mínimo? le pregunté a Rose

más de una década, su estirpe allá

con parientes, otras nanis por menos

reencontrarse una semana

al año

 

agentes que recaudan su mordida

el día libre a la semana

a regañadientes, si acaso

identidad requisada

hacinamientos, invisibles

porteadoras

fatiga

vínculos extremos

 

normalidad, paisaje

remesas

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

Había trabajado en una multinacional

en Londres

durante dos años, suficientes, no muchos

el vientre, los entresijos, el control

a distancia de la producción

el estilo profesional, ropa cara, hoteles

 

y regresó para estudiar el doctorado

con una perspectiva marxista

feminista, postcolonial

la revancha, despellejar al enemigo

de clase

extraer capa tras capa de la ideología

interpretación, sí

pero sin abalorios, retóricas de hípster

embarrando

 

la deseé con incredulidad

al principio

con una fe agonística más tarde

 

extraer oro de cada silencio sutil

lamer la sangre

de cada disputa, simetrías, cocinar

juntos, algo de Malasia, por su padre

zambullirnos

en textos

 

antes de venir a patearse los Pirineos

se acercó a algunos clásicos

del anarquismo, híbridos, puentes

intercontinentales

 

encarnar la plenitud, fulgor

 

volver

al escepticismo

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

Los canguros, grisáceos y altísimos

como jugadores de baloncesto

merodeaban tan panchos alrededor

de la casa, acristalada, donde nos hospedamos

en Margaret River

 

las playas pedregosas lucían

esa hipnótica amalgama

fruto de millones de olas asestando

sus golpes

 

los surfistas, con su devoción

en aquella latitud meridional

 

el invierno era suave

 

quizá se estaba fraguando ya

otro combate

al que acudí con vendas en los ojos

 

una copia de toda su discografía indie

reside ahora como inquilina

de mi ordenador

 

creo que en Guantánamo

ese estado de excepción permanente

cloacas de la ley y el orden, paradigma

utilizaban canciones mainstream para torturar

a su población condicional

 

después del amor

la memoria inflige su correctivo

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

Polikárpov es el único superviviente

nadie más

hace comentarios en mi blog porque los blogs

fueron enterrados en el cementerio

de la historia, los diarios, las cámaras analógicas

los juegos de mesa, leer las estrellas

 

antes de irse a Palestina Ka-lok me seducía

con sus acertijos: ¿Cómo le alecciona el zorro

al Principito? ¿Y éste a la rosa?

¿Cómo determinamos lo que nos determina?

¿Hasta qué punto somos algo más

que animales paradójicos, dubitativos

y qué puede regular tanta violencia

intrínseca a la especie?

 

hoy me duele el labio inferior, me ha mordido

a lo bestia, no solo ahí, después

de eyacular me ha pedido permiso

para fotografiarme, creo que desea

observarme detenidamente a solas

las ingles, el vello púbico

las cicatrices de la fimosis

 

evidencias circunstanciales

de que el terror no ha podido con nosotros

 

la cabeza sumergida en una pecera

mientras alguien dibuja tu cuerpo desnudo

los órganos genitales, el tabú

su articulación efímera, esqueleto:

ayer Philippe nos explicó su obra

representar el mutismo y la necesidad

del modelo

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

En el capítulo tercero, si la estructura

se ajustase a esa convención

se desvelarían los misterios que definen

al personaje principal, si ellos

pudieran arrojar cierta luz

sobre el susodicho

 

en vez de divagaciones mediante frases lapidarias

 

que si libra una guerra consigo mismo

que si salió escaldado muy a menudo

 

que afronta los conflictos interpersonales

con un ojo en aquellos teoremas de psicología

asertiva en los que le instruyeron unos pacifistas

radicales en Madrid, cuando el sofoco

estival, la canícula, aún no se había cernido

aplastante sobre la ciudad

 

y eso le recordó que huir no conduce

a ningún sitio, que no se puede pasar la vida

huyendo, qué será la buena vida

 

más allá de unos dulcificantes consejos

de clase media para mitigar la conciencia

depredadora, el abuso

la extenuación

arengas a una naturaleza preñada

de artificios

juegos de manos, birlibirloque

 

si el narrador no se distrajese con nociones

metafísicas

cazaría al vuelo la libre asociación

de ideas:

 

ha avistado un jabalí solitario mientras

corría junto al pantano de Kowloon

después de seis meses de convalecencia

porque la edad, los cartílagos

los tendones, la rótula, el mismo día

que ella preparaba su declaración

y despedida

ya no están para esos trotes

 

pensó: siempre fue un deporte de pobres

las primeras carreras populares

a las que asistió en Carabanchel, Canillejas

Vallecas

y si se pone de moda entre los pijos

les dura dos telediarios, demasiado

ácido láctico, rostros demacrados

fatiga, esos negros etíopes o keniatas

que alzan su vuelo supersónico

desde más abajo de los más pobres

de los países ricos

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

 

Carga y descarga

 

Paréntesis, punto y aparte, todo podría

resumirse así

 

logística sacra, esfuerzos inútiles

para el mercado y la acumulación

 

Un día hizo las maletas para irse

más lejos

 

otra locura más, solo el amor las justifica

 

pero ya era tarde, ella se lo pensó dos veces

inexplicable, descorazonador

pesada ley, tanta quietud y ternura

con fecha de caducidad

 

pensó en aquella mujer de un solo beso

que le dijo en la boca del metro de Lavapiés:

cada poema es un tenaz ejercicio

de orfebrería, la condensación

de algo siquiera universal, no es comparable

 

también era fumadora y, sin embargo

su inmensidad las absolvía

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

 

desde un escenario llegas más lejos

amplificación, iconografía

mitos, así que me uní a la banda

 

el estudio de grabación como una caja

de cerillas, en un edificio de Mong Kok

el centro del hormiguero, las escaleras

con más roña que he visto jamás

negritud, antros inimaginables

en cada piso, mandiles y trapos tendidos

tuberías a la vista, moteles de bajo coste

 

aislamiento y explosión

 

los dos guitarras a su bola, psicodélicos

las canciones disipándose, humo

letras concisas para una audiencia

perezosa, consignas

 

solo el batería, un antropólogo de Taiwan

hacía amagos de entendimiento

con mi absoluto

deambular, adrenalina, rabia punk

en un jarrón de porcelana

 

podría haber estudiado algo de solfeo

antes, ensayar en la ducha

 

imitar a Gil Scott-Heron, a las divas del jazz

retejer mi voz

 

reincidí en el crimen

y aún me siento orgulloso, ávido

de afinar algunas estrofas cuando voy

al trabajo, en los momentos de asueto

y euforia

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

Ana me dijo: lee en voz alta, escúchate

juzga sin juzgar, que acaricien

tus oídos

 

honestidad brutal, cuánto oficio, fragua

yunque y martillo, ebanista

 

también estas son armas para el pueblo

 

qué música les aplacará ahora

si solo pudiera ser aliento, animal

manada, aullido

 

otra Ana: olvida tu jerga académica

proporciona llaves que abran candados

llaves inglesas, inspiración

 

traduce, sé exigente con tu conciencia

crítica, construyamos aquí

 

la madre de mis hijos, una extensa brecha

ya

 

Una fotoperiodista franco-marroquí

entre las víctimas de la matanza

en Burkina Faso -Leila

 

ella también ordenaba la luz, generosa

 

en medio de las brumas del desierto

retener

memoria

pálpito

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

Leo: la felicidad, por escasa, breve

meteórica, agua bendita, debería ser

imperativo moral

 

lo que no leo: los refugios y sirenas

y explosiones indiscriminadas

 

el sabotaje de todo derecho, atómico

 

devastación, extremidades mutiladas

 

pingües beneficios, diplomacia de pacotilla

infinidad de la pérdida

grama, oasis, ni hospitales ni escuelas

se sustraen de los objetivos

 

otra más, hambre

 

en otra latitud: metamorfosis del dolor

 

hasta dónde corroe la complicidad

perforación

si solo fuera el cambio climático, el poder

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿A quién han asesinado las vanguardias

y la realidad virtual?

 

el autor deja sus huellas

en la tundra bajo cero, exiliado, peste

 

eslabones, quiebran

 

en la medida en que latían los afectos

los únicos capaces de amortiguar

la desazón, pulsaciones débiles

 

a quién llamó hermano

 

desmadejar, recomposición

narrativas en un idioma

sin domesticar o en el silencio

del sábado

 

y el vértigo

 

Podría echar anclas en el frío polar

en las antípodas, en el cogollo de la compraventa

despiadada

 

bifurcarse

 

trabar amistad con otros anónimos

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

 

De las catacumbas

 

rescato a un yo que se asemeja

a quien era yo antes, cuánto

interrogué

 

para ser y dejar de ser porque

la raíz, en su búsqueda autómata

 

sucumbe, cómo le llega la luz

 

Es el segundo intento, a sus espaldas

y hombros, los espectros gigantes

huir o desplazarse u onda expansiva

o pasaporte

 

con los fósiles y sedimentos, botín

de las guerras ancestrales

 

podría caerse muerto en Hong Kong

o en Perth o en Estocolmo o en la arena

granítica, reticular

 

cada paisaje acumula las respiraciones forzosas

 

a la hora señalada

salen de sus oficinas, naves, astilleros, cocinas

 

fugarse de quién, hacia qué interior

carbonizó sus deudas

 

el narrador omnipotente se da el lujo

de prescindir de sí mismo

pero no

 

Vehículos motorizados, hormigueo

de luces rojas inmóviles

como en la parábola, por reducción

al absurdo

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

Fingimos, deseamos

 

las reglas de puntuación no hacen justicia

al discurrir, es hora del porqué

y seleccionar

 

el modo que se adecúa al tráfico, al enjambre

 

onírico, o es que acaso hay otras

aristas, ángulos, bóvedas, contrapuntos sino

secciones melladas

 

bucles, la senda que inicio y abandono, cómo

se desestructura un código

 

que lento y pertinaz, socavando, filtrándose

 

me configuró, reglas, cálculo

obsesiones recurrentes, una estaca clavada en una memoria

arcillosa y a lomos del potro rubio

(apenas quedan animales allí, solo pensionistas

por el régimen especial)

 

capítulo primero, esta gramática

de ensayo y error, ocaso, amanecer, horas

muertas

 

parrilla de colores, almuerzo, expurgar

 

la corrosión, índice, pentagrama

 

 

Fotografía: yama-bato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo esto no es fruto de la ociosidad,

el relámpago, la visita de las musas

en minifalda, el amor platónico

a las letras y la filosofía, un don

innato para contar mentiras,

el logocentrismo, una sublimada

voluntad de poder.

 

Tampoco te creerías que es mi manera

de estar aquí, contigo, en todo

lo que me constituye, con lo ajeno

y, sin embargo, de este mundo.

 

Trazas de la música.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

La hora del día a la que escribo

equivale al año que cumplo

por activa o como saldo

de lo inevitable.

 

El humor, la luz, las palabras

recibidas o burbujeantes

en la marmita

de la conciencia.

 

Sintaxis, realidad, fragua

de una tecnología ecléctica

que invita a tu mano

en mi pecho

aún.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

La geometría de mis emociones

es una repetición, en otra escala,

de los pliegues infinitos

de tu cuerpo que, a su vez,

constituyen idénticos reflejos

de la materia

universal.

 

Me tumbo a ras de suelo

en postración y cálculo

de mi masa para, desde ahí,

venerar esas simétricas

disyuntivas y afinidades,

reconocer los sacrificios,

sumarme

a lo mínimo.

 

Más que una lógica

de organización detrás,

esos vasos comunicantes

anuncian lo frágil y posible,

la inercia capaz de unirnos

o la centrífuga deriva

hacia una de esas tristes

periferias

urbanas.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

Hay quienes sostienen la tesis

del amor sin complicaciones

o, amenazan, más vale

solo.

 

Por otro lado están quienes

opinan que esa madeja

no hay dios

que la desenrede.

 

Y que lo sublime, si se deja ver,

nunca es de este mundo.

 

El tiempo hace mella,

si no burla, en todos

por igual.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

Podríamos salir desnudos

a la nieve. Quién apreciaría

la obra de arte.

Solo elogian las sinfonías

épicas

del deceso por inanición.

 

La intemperie es el resguardo lírico

de los corazones

bien alimentados.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

 

Para mí, la comunión

del cuerpo y de la sangre

es la que no dejamos

de practicar

esos días del mes,

de acuerdo con la luna

u otros designios

inescrutables,

y aunque acontezcan

súbitos cambios

de humor.

 

Acercarnos también,

reverentes

con los ciclos naturales,

porque en los labios

arde el devenir

de nuestro ser

en volátil potencia.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

Puedo caer

en la más absoluta

e inexplicable tristeza

justo después

de haber acariciado

el cielo.

 

Ese instante

reservado tan solo

a los dioses

y a los animales

que sueñan.

 

Pero no hay trauma

ni lamento

que predicar.

El ánimo cíclico,

los pies de barro,

la conciencia

del límite.

 

Esta asociación

febril.

Tu cuerpo

cósmico.

Las heridas al aire.

 

Nacimos

para comprender.

 

 

Fotografía: Mai Oltra

 

 

 

 

 

 

 

Escribir es y no es un pasatiempo.

 

Lujo de los mortales. Indiferencia

ante la ley de la gravedad

y sus espadachines.

 

Única tecnología que me incita

al amor por el circunloquio

y a besarte en tu fe

volcánica.

 

Todo lo esencial es ahora y ahí.

 

Lo común, la memoria, la falta.

A resguardo.

 

 

Fotografía: Mai Oltra