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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Era demasiado perfecta

y transparente.

 

Un pedazo de pan.

 

Lista como el hambre

y la revolución

verde.

 

Sus ojos demolían

las murallas

de lo absurdo.

 

Ningún otro ser

más admirable:

dueña

de su equilibrio.

 

Me temo

que a una diosa así

poco le iluminará

un satélite

a la deriva.

 

 

Fotografía: Paco Cuenca

 

 

 

El mejor

y quizá el único

remedio

contra el amor

de tu vida

 

es otro amor

de tu vida.

 

Lo demás son

imitaciones

baratas.

 

 

Ilustración: Derek Gores

 

 

Ahora, en la distancia,

es más fácil entender

 

nuestra atracción desbocada

e indomable,

 

la voracidad turbulenta

y obscena

a la que dimos luz verde,

 

la cómplice soldadura

de los cuerpos

y su devenir.

 

Ahora, cuando ya no

nos dirigimos la palabra,

 

no hay dios que pueda

deshacer

ese nudo.

 

 

Ilustración: Derek Gores

 

 

 

El amor de tu vida

suele manifestarse

bajo una de estas tres

apariencias:

 

como insatisfecha

e inaceptable omisión,

 

en tanto que corto

verano de la anarquía,

 

o a modo de pareja eterna

donde se incumple

cotidianamente

todo lo prometido.

 

 

Fotografía: Tim Barber

 

 

 

 

Algunos no olvidan jamás

al amor de su vida.

 

No me extraña.

 

Tales arrebatos pertenecen

a la categoría

de las drogas más duras

y las ilusiones más

pertinaces.

 

 

Fotografía: Tim Barber

 

 

 

 

Ante tus masajes,

mi rendición.

 

Lo de menos es

el final feliz.

 

 

Fotografía: Noell Oszvald

 

 

 

 

Me imagino a la psicoanalista

recomendándole:

al enemigo, ni agua; o

amores pasados no mueven molinos.

 

A continuación le cursará

la factura correspondiente.

Y hasta el próximo lunes.

 

 

Fotografía: David Peat

 

 

 

Cierro los ojos

y veo

toda la belleza

que expide

la fricción

de tus manos.

 

 

Fotografía: Tim Barber

 

 

 

Puedo comprender

que te perturbe

mi adicción

a tu piel

y a tu mirada.

 

Pero no sufras.

Por fortuna,

tengo muchos otros

vicios.

 

 

Fotografía: Guillermo Asián

 

 

 

Bajas de las nieves

y yo acepto tu don

y tu fuerza

como agua

de mayo.

 

Mi caballo de carreras

ciego y torpe

conoce el umbral

de lo prohibido.

 

Tu boca está hoy

más desnuda.

 

En un silencio

cósmico solo

conviene preguntar

por lo que nace

del fracaso.

 

He amado sin amor

y con uñas y dientes

y sin esperar nada

a cambio.

 

Es más injusto

entregarse

a esas pasiones

de vuelta y media.

 

Abrázame.

 

Los números primos

ya son combustión

y música milagrosa.

 

 

Fotografía: Bob Carlos Clarke

 

 

 

 

 

Viven bajo los puentes

donde llueve menos

o sólo en diagonal.

 

Duermen sobre bancos duros

o colchones que todavía huelen

a amor y a trabajo.

 

Con cuatro tablas o cartones

arman una habitación

con vistas.

 

Por la mañana recogen

sus pertenencias

y colocan las bolsas

en los armarios del parque

que todos los pájaros

respetan.

 

Sus dentaduras melladas

sonríen con sarcasmo.

 

Nunca tienen prisa,

siempre hay donde

rebuscar algo

de provecho.

 

Les fotografían

y registran

si es que hay suerte

y no les barren

sin la menor

delicadeza.

 

Cuando llegan

esos jóvenes voluntariosos

a repartir una cena

aguardan con estoica

impostura.

 

Después se gastan todos

los ahorros

en unas cervezas

porque algo deben

celebrar.

 

 

Fotografía: Guillermo Asián

 

 

 

 

Ya sé quiénes son

los culpables.

 

Ahora sólo tengo

que salir

de su círculo.

 

 

Ilustración: Walt Kelly

 

 

 

Lo tienes todo

para saciar

mis fantasías.

 

Excepto

que éstas son

insaciables.

 

 

 

 

El cepillo de dientes

es lo único

que dejaste atrás

al recoger tus cosas.

 

Sospecho que fue

a propósito.

 

Pero lo he tirado

a la basura sin más

contemplaciones.

 

En absoluto

me perturba el apego

sentimental

a lo tangible.

 

Para la limpieza

de los espacios vacíos

siempre hay fines de semana

a la vista.

 

 

Fotografía: Mauricio Nannucci

 

 

 


 

Recuerdo aquella infancia

atormentada por ser distinto,

original, por alejarme

de todo lo zafio y previsible,

la monotonía,

el género humano tan cruel

que laceraba

los anhelos,

el amor,

el futuro.

 

Aquellas premisas sirvieron

como antídoto para

las frustraciones

y la desilusión,

pusieron cerco a las jaulas

y a las cacofonías,

desafiaron la ignorancia

o el sadismo

en boga.

 

Ahora que sé

que ya está todo dicho

y que a un revés

le suceden otros mayores,

no logro explicarme por qué

continúo dándole vueltas

a los mismos tópicos

recurrentes.

 

 

Ilustración: Eduardo Fraile

 

 

 

 

Todo es posible.

Todo es imposible.

 

Y no comprendes nada.

 

Depende del punto de vista

del hablante.

 

De los círculos de fuego

que le rodean.

 

En la concreción

de su alimento regular

o a salto de mata.

 

De su cuerpo débil,

o vulnerable o convaleciente,

o entrenándose para encarar

los desafíos.

 

Las palabras valen

en la medida

en que guían ahora

y para mí y en el espacio

de intersección.

 

Si el poder se banaliza

cargaremos los muertos

a la espalda.

 

 

Ilustración: Wendy MacNaughton

 

 

Como buen extremista

 

tiendo a combatir

mi claustrofobia

 

con largas marchas

sobre los riscos

 

que no conducen

a ninguna parte

y suscitan quemaduras

de primer grado.

 

No hay edad

que cure tanta

imprudencia.

 

 

Fotografía: Ana Nieto

 

 

 

 

 

Su lengua sabía

a jengibre.

No pude quitarme

de la cabeza

a las hormigas escalando

por mi espalda.

Cualquier aceleración

del movimiento

implicaba un río

de sudoraciones.

¿Cuántas veces podré

decir ’te quiero’

sin morir de sobredosis

de amor?

Alguien me tendía

los brazos al cuello

y no comprendí

su idioma.

Pero todos bailaban

sin preocupaciones

aparentes.

¿Habrán aceptado

su destino?

¿Es esa su religión?

Incluso desnudos

sé que siempre estamos

al borde

de la impotencia.

Las señales de tráfico

son muy absurdas

en las situaciones

aumentativas.

La mujer rubia

y la mujer de ojos

rasgados

ascienden rápido

a la cumbre.

Una antología

de caderas.

Me acordé de ti

al masticar

las onzas de chocolate

que quedaron en la cocina.

Debes estar

en una góndola.

¿Cuántas pedaladas

se necesitan

para tomar impulso?

Todo podría rodar

con menos gasto

energético, con menos

conflictos

lamentables.

Tú me entiendes

porque no riegas

las orquídeas casi.

Yo no prefiero

los cactus sino

alguna perspectiva

visual.

En el mar negro

los peces vuelven

a su trabajo.

Ella sabía a agua

alimonada, a lactante

sin prescripción

médica.

Su boca tibia.

Lo que nunca

pronunció.

Me dijo que todo

su cuerpo sí,

pero que censurase

su rostro.

Las fotografías

eróticas

pueden caer

en manos perniciosas.

Nunca nos besábamos

después del cine.

Fuimos al parque

a beber soja

malteada por diez

dólares.

Con los borrachos

y los solitarios.

Pensé en tus

pezones

sonriendo.

¿En qué manos

yacerán ahora?

Se necesitan reflejos

para mantener

el equilibrio.

Debo dormir

más horas y más

profundamente.

La brusquedad

del barco

me marea.

Hay más mujeres

insólitas que saben

amar y leen

el periódico.

Tú ya no me escribes

con tus dientes

ni me arañas.

Ese triste y antiguo

silencio.

Pero tu azul

sigue en vela

enfrente de mí.

Ningún náufrago

desea la huida.

Solo aplacar

el exceso

de horizonte.

Ni llegar

satura

el sentido.

Mis hermanos

están lejos

y tu luz me abrasa

en la garganta.

Ya he pagado

muchos peajes.

La levedad del ser

no es materia

metafísica.

Ella permanece

volátil y galopa

y apuesto

a que mi hombro

le sirvió a su causa.

¿Por qué emergía

tan violentamente

verdadera?

 

 

Ilustración: Sayaka Maruyama

 

 

 

Mucha gente recuerda

con fetichismo

el primer beso.

 

Yo no puedo olvidar

la primera vez

que follamos

sin preservativo.

 

Fue desolador

alcanzar el éxtasis

en apenas quince

segundos.

 

 

Fotografía: Richard Kern

 

 

 

No sé qué añoras

cuando me besas.

 

Te precipitas hacia mí

o te aseguras

de la proximidad de mi pecho

y de no errar la puntería

al disparar

tus labios.

 

Nadie desea ponerle

término

a tales arrebatos

aunque claudique

la conciencia.

 

Al besar de forma ciega

y reiterada

lo más probable

es que desemboquemos

en otro estadio

de desnudez.

 

Me confunde mucho

toda la ternura

al servicio

del abismo.

 

Desconozco

cuán sutil y precisa es

tu perspectiva temporal

pero me sumerge

en un sueño ebrio

y sin vergüenza.

 

Con pocas palabras

das lugar

a un humor

excelente.

 

 

Fotografía: ateopoeta