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ateo poeta

 

No necesitaba fumar

ni emborracharme

ni deambular contra

el sueño por calles

desiertas hasta que

cerraban los bares,

no intenté suicidarme

ni tener broncas

o peleas de estúpida

virilidad, no mandé

a la mierda a mis jefes

tantas veces como se

lo merecieron,

no me vengué jamás

de mis ex, ni siquiera

en justa correspondencia,

no dilapidé la fortuna

que, además, no tuve.

 

Y, sin embargo, por

muchas otras razones,

permanezco en el mismo

lado salvaje.

 

 

 

Anotas disciplinado

las citas en la agenda,

pero haces caso omiso

a las alarmas. En realidad,

siempre has odiado

madrugar.

 

Colocas en el escritorio

los documentos y carpetas

más urgentes como si eso

bastara para conducir

tus prioridades. Y no,

ni aunque parpadeasen

con luces de neón.

 

Al correo electrónico

le atribuyes etiquetas

de colores y estrellas

radiantes, archivas

el que ha caducado,

a veces por abandono

o desnutrición,

como un perro

huérfano, porque,

en el fondo, sabes

que da igual, que no

le prestarás la más

mínima atención.

 

Es extraño este orden

compulsivo, la efímera

tranquilidad que da

y la traición constante

que le infliges, como

si otras obsesiones

más inclasificables

guiaran de verdad

tu conducta.

 

 

Fotografía: Gloria Rodríguez

 

 

 

 

Imagino que todos mis compañeros

de trabajo estarán buscando la página

en donde les pongo a caldo, critico

sus ambiciones ridículas y me pinto

a mí mismo como a un ser superior

que nunca ha puesto una zancadilla

a nadie y que se deja la piel en la

inmaculada misión de aunar

ciencia y compromiso social.

 

Ojalá las cosas fueran tan simples.

 

 

Un día me regalaste aquel libro

de Casariego con su poesía completa

-"poemas encuadernados"- y creo que

se me saltaron las lágrimas, o se

colocaron un poco al borde, como

si hubieras descubierto en mis

elogios de aquel inventor de poemas

alucinatorios y sarcásticos, algunas

de mis taras infantiles, mi escondida

fragilidad y los ojos como platos

ante el mundo que no existe y,

sin embargo, está para comérselo.

 

Sabías mi rechazo a los volúmenes

gruesos porque no caben en los bolsillos

cuando vas al parque, a la playa

o a los bares, pero con ese y otros amigos

platónicos merece la pena

hacer una excepción.

 

 

Ilustración: Pedro Casariego Córdoba

 

 

 

Si yo escribo, mi amor:

 

"Mientras le pedía un kilo de aguacates,

medio de mangos y cuarto de champiñones,

las curvas de aquella mujer

hacían temblar vigas y columnas

de dos tercios del mercado de abastos.

 

Me descolocaba tanto su sonrisa generosa

como una doble limosna a un mendigo

que acabé por seguirle el juego

e invitarla a probar en mi casa

una ensalada de frutas

y un pescado al horno,

por eso de las proteínas

y para que no se aburriese demasiado

de mí a las primeras de cambio..."

 

No te creas ni una palabra

del cuento, por favor.

Tú ya sabes cuáles son

las reglas de este oficio.

 

Aunque, hay que reconocerlo,

la frutera estaba muy buena.

 

 

cuatro poemas de Karmelo C. Iribarren

cuatro poemas de Karmelo C. Iribarren

 

LA FÓRMULA

 

Hay que estar preparados para lo peor

y disfrutar de lo bueno.

Esa es la fórmula.

Saber que nada es duradero;

que la palabra siempre

es engañosa, falsa, equívoca;

que lo que hoy nos une eternamente,

mañana será polvo, odio quizás, historia de la mala;

que la vida se venga en la felicidad.

Saber que será así, o podrá serlo.

Y vivir como si el tiempo nos debiese algo,

como si fuese nuestro,

exigiéndole al contado lo que nos pertenece.

 

 

EL DÍA DE MAÑANA

 

Acabaremos cansándonos del amor,

o él se cansará de nosotros,

es simple ley de vida.

Por eso te digo

que sería conveniente

que empezáramos a aficionarnos

a los puzzles, o que aprendieses

a jugar con el ordenador.

La vejez dura mucho últimamente,

y además empieza antes.

No quiero que el día de mañana

me responsabilices

del páramo que nos espera.

 

 

PARA EL ODIO Y LA GUERRA SIEMPRE HAY TIEMPO

 

Es falso,

entre un hombre

y una mujer

no cabe perdón alguno.

Por más

que sigan juntos,

y que las cosas les vayan bien

-mucho mejor incluso

de como suelen irnos

las cosas normalmente-,

la pequeña fisura seguirá abierta

en su memoria, esperando

a que los días duros lleguen,

para partirlos en dos.

 

 

DE COPAS CON CIORÁN

 

Con los días contados,

chaval, así vivimos

todos. Esperando

a que nos tachen

de la lista. Distrayendo

la espera con tragos

y canciones. No hay más.

Puedes llorar o morirte

de risa. Como prefieras.

 

 

Karmelo C. Iribarren, Serie B (1998)

 

 

Fotografía: Peter Hapak

 

 

 

Has dicho tantas mentiras

mezcladas con verdades

que te cuesta discernir

cuál era el diente postizo.

 

La persecución de la belleza

nunca sale gratis.

 

 

Fotografía: Cintia Massafra

 

 


 

En alguna ocasión leí que Pessoa

-como tantos otros delirantes-

ni dormía ni comía apenas

a lo largo de varias jornadas

de compulsiva escritura, a modo

de vómito, frenesí, alucinación.

Un estado mental a todas luces

inducido de forma premeditada,

al menos en su fase detonante

por mucho que perdiese el control

durante tamaña sobredosis de vigilia,

lo que conozco muy bien después

de haberme acercado tiritando

hasta esos mares embravecidos

y sedientos de una nueva

víctima para los peces,

que comen de todo.

 

 

Ilustración: Alyssa Monks

 

 

 

Primero me decías que aquellos versos

rezumaban pasión, juegos florales y no sé

qué otros logrados artificios

que nos conducían rápidamente

a desnudarnos y a follar como si se acabase

el mundo unas horas más tarde.

 

Después me decías que muchas figuras

estilísticas y demasiados conceptos

obtusos invadían los presuntos poemas

y que debía hacer un esfuerzo

por salir más y divertirnos

y que el tiempo ya haría

su trabajo sucio.

 

Ahora que me desvelo

por escribir mensajes más transparentes

y directos, hace mucho

que has cambiado

de género literario.

 

 

Fotografía: Wolfgang Tillmans

 

 

 

Lo más difícil es la sinceridad.

 

Para comunicarla exquisitamente

antes hay que haber ahondado

mucho dentro de uno

y haberse arrancado

muchas malas hierbas.

 

Cuánto hubiéramos ganado

si en lugar de tanta verdad

nos hubiéramos contado

más secretos al oído.

 

 

Fotografía: Anita Leisz



Puedes llegar a este poema

porque sufres un serio ataque

de desolación

o por todo lo contrario, porque

te inunda un fervor vital o amoroso,

como sucede con tan poca frecuencia.

 

Y aquí únicamente hallarás

las mismas preguntas

pero con otras palabras.

 

 

 

Para nada en particular,

pensaba, quizá tan solo

para acompañarte,

abriendo un poco

mis ventanas, aireando

algunas intimidades

pero sin mayores

pretensiones por mi

parte. Esto no va

de convencer y si

te sonrojo o turbo

posiblemente será

porque algo oscuro

me ha sobrecogido

a mí antes.

 

Esto pensaba mientras

escuchaba primero

"my favourite things"

y luego el disco entero

de "blue train" porque

Coltrane nunca pasa

de moda y hace juego

con las cortinas

y es viernes y al final

me he quedado en casa

y hay mucho vacío

alrededor así que

la música nunca

estorba, y, además,

requiere mucha

menos concentración

que la lectura de poemas

enigmáticos,

por no hablar de esas

poéticas en las que

te topas con las más

insólitas respuestas

al porqué de tanta

verborrea.

 

 

Fotografía: Elia Costa

 

 

 

un poema de Antón Castro

un poema de Antón Castro

 

Ilustración: Josema Carrasco

 

Del ayer sólo se escucha un enjambre

de habladurías.

 

No menos que las esforzadas

por interpretar el presente.

 

Hacia adelante el mundo está lleno

de simpáticos ilusionistas

y no pocos,

sobradamente peligrosos,

profetas.

 

 

Fotografía: Robert Lebecks

 

 

Cuando bajo la cuesta

de la Casa de Campo

-ahí por las seis

de la tarde, en pleno

mes de diciembre-,

serpenteando hasta

los llanos de ese estanque

grande con piraguas,

barcas de recreo y

visitantes a propósito

-porque esto queda

un poco en la periferia-,

veo cómo se refleja

el sol poniente sobre

el perfil desigual y

bronceado de los edificios

con orientación oeste,

con sus miradores

hacia esta masa arbolada

y hacia el fresco espontáneo

de nubes morosas

y pintonas que conforman

las llamadas vistas

privilegiadas y

que dotan de precio

inmobiliario

a las susodichas

propiedades.

 

Entonces pienso

en Oslo y

en Estocolmo,

en esas pocas horas

de luz nórdica,

por muy boreal

que se tiñan a veces

sus auroras,

y en cómo será

vivir en el exilio

de veras,

sin impostura

literaria que valga,

acorralado

por una nieve

persistente,

empujado por

la inercia del frío

y de las ventajas

del Estado

de Bienestar

a mis refugios

solitarios,

aún más,

si cabe.

 

Entonces ya no

hay día en que

no observe el lago,

los piragüistas

y los paseantes

atribulados,

con una especie

de nostalgia

injustificada,

como si hubieran

desaparecido ya,

como un tesoro

que me había tocado

en suerte

y que ahora está

a punto

de enterrarse otra

vez en el viejo mapa

porque alguien

con quien no quiero

identificarme

ha comprado

ya el billete

de ida.

 

 

Fotografía: Elio Ciol

 

 

 

¿Pero qué tipo de mundo

estamos dejando como legado

a quienes van incorporándose

-irreverentes-

sin pedir permiso para nacer

ni -inocentes-

portar responsabilidad alguna

en su alumbramiento

y no digamos ya

considerando

que -en tanto sujetos pasivos-

ni siquiera han gozado

de acceso previo

a informes rigurosos y solventes

acerca de lo que aquí

les aguardaba?

 

¿Alguien se ha acordado

de que queden árboles

y semillas suficientes

mientras se habilita

el puente aéreo

para importar

la fotosíntesis

y el agua pura

del edén

de algún otro

planeta?

 

¿Y, por cierto, cómo

tenemos la reserva

de camas, techos,

medicinas y personal

auxiliar de cuidados

intensivos para los más

de siete mil millones

que no podrán irse

de vacaciones

a contemplar uno

de esos paradisiacos

agujeros negros

del espacio?

 

Sin ánimo

de exhaustividad:

¿seremos capaces

de recuperar alguna

dignidad inteligible,

algún derecho

o guía de conducta

a partir de las cenizas

y añicos

en que acabaron

convertidas

aquellas páginas

de papel centenario

donde se inscribían

hermosas

palabras de libertad,

igualdad, etc.?

 

 

Fotografía: Gloria Rodríguez

 

 

 

Escribo tu nombre

varias veces al día.

 

Ni con esas consigo

aplacar el significado

de la distancia.

 

 

expulsar el desorden

expulsar el desorden

 

Dice que escribir

es una forma

de expulsar el desorden

insoportable

que se acumula

en su interior.

 

Lo que me maravilla

es que tanto desorden

se pueda transformar

luego en bellas

expresiones engarzadas

entre cada uno

de los oídos

que llega a estremecer.

 

Es tan evidente

ese salto mortal

-y el milagro

de salir airoso

del mismo-

que me pregunto:

 

¿a quién se le habrá

ocurrido pensar

que este oficio

consistía en buscar

las pepitas de oro

en alguna lejana

frontera?

 

 

Fotografía: Mariko Okada

 

 

un poema de Ramón J. Soria

un poema de Ramón J. Soria

 

VENDRÁN TIEMPOS MEJORES PERO NO NOS IMPORTAN,

la vida es el presente, el instante que late,

los minutos de hoy y de mañana.

Quienes nos venden la fábula

de futuros mejores y lejanos,

de aguantar los mordiscos

por un "quizá mañana",

son los de siempre, ellos.

Los que robaron almas, tiempo,

trabajo, besos, vidas y palabras

y nunca saborearon carestías, asperezas,

vacío, pobreza y desamparo.



VENDRÁN TIEMPOS MEJORES PERO SERÁN AHORA,

la vida es estar juntos, el instante en la calle,

los días de encontrarnos y de reconocernos.

Quienes nos venden la trampa

de que sigamos mudos y obedientes,

de aguantar la historia entera

por un "quizá mañana",

son los dueños de todo o casi todo,

Los que mataron a Peter Pan, Corto Maltés, John Silver

y hasta al capitán Ahab y su ballena,

la imaginación de nombrar el porvenir,

la libertad del pan,

el amor a destajo,

la hermandad de los hombres,

las mujeres, los perros, las estrellas.



VENDRÁN TIEMPOS MEJORES PERO HABRÁ QUE LUCHARLOS

como siempre contigo y también con el otro,

la otra, el extranjero, la extraña y el que fuimos,

y brindar con memoria y con buen vino

por el tiempo de hoy, por ti, por mí,

por los que llegan, por la tierra que da,

el aire que regala, el sol que nos conmueve,

y sobre todo por hoy, por no demorar nada,

que la vida es ahora solamente.

Que la vida es ahora, en este año.



Ramón J. Soria [http://gastropitecus-gloton.blogspot.com.es/]



Fotografía: Alex Webb

 

Todo el amor

es el amor de ahora.

 

El de ayer, sujeto a la traducción

infinita de lenguas sedientas.

 

Del amor por venir mejor será ocuparse

cuando aterrice y se encarne.

 

 

Fotografía: Jil Sander