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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Qué manzanas prometían las ramas desnudas

y resistentes al hielo, al mutismo.

Las veíamos ahí bruñidas y jugosas igual

que cuando probamos nuestra saliva y los rescoldos

de los cuerpos insulares, a resguardo de

los ladridos. Destilaban su sidra imaginaria

sobre nuestro vértigo acuciante de cielo.

 

Armados contra la nada pisábamos un suelo

mullido, un mar ancestral de lajas, cada huella

desdibujada. La tarde, en la pulpa del regazo,

crepitaba en la hoguera esparciendo el aroma

duradero de las encinas. Nos entreteníamos

retirando la cáscara de los nombres y te agarré

la cintura leñosa. Eras siempre tú, germinal hueso

del olivo, quien me dabas a beber.

 

 

 

Invernando los escaramujos a nuestro

paso, por dorados caminos de légamo

y horizontes de púrpura meditación.

 

Venían las cigüeñas coronando las

aspiraciones a planear ligeros de lastres,

a seguir los cursos desbordados del

agua.

 

Al ágata profunda de todo ese verdor

reflejado le musité como un niño libre:

fíjate qué estrellado silencio, cuán lejos

se proyecta esta armonía de ahora.

 

Nací para que perduraran las ascuas.

 

 

 

Enajenación transitoria y reincidente.

 

 

 

Sólo del pesimismo, del reconocimiento crudo

del absurdo que organiza la vida y las pasiones

de mis muy animales congéneres racionales,

 

puedo extraer fuerzas para el inconformismo

radical y fosforescente,

sin apenas ademanes suicidas, lo cual es muy

de agradecer.

 

 

 

¡La independencia es tan cansada!

Y la dependencia, ¡tan frustrante!

 

 

 

Están tan lejos. Como las estrellas y dioses

que fascinaban a los antiguos: el bien, la verdad,

la virtud, la justicia, lo bello. Categorías

flamígeras que hemos recortado de la deriva

torrencial de la luz y la materia. Singularidades

no obstante nuestro punto de vista promiscuo,

proliferante.

 

Por mor de esta lente propia, de este mirar al hecho

y a la forma de mirar, sé de su pluralidad

oceánica, mineral, taxonómica. No es posible

dejar de mirarlas contemplativamente como

nos adhiere el beso al trabajo

de desbrozar y de la reparación. Somos cuerpos en

donde anida la única música celestial,

la brutal adrenalina que es la que inventa

y engaña por esas migajas de placer. Somos

el desasosiego porque sabemos que cuenta

lo intangible, que añade líneas de agua y aire

a la carencia de fundamentos.

 

Si la dérmica insensibilidad nos dominase las

paredes del estómago, a qué cruel corolario

nos conduciría la ciencia de los artefactos

con fulgor. La rotación inane

avejenta antes de tiempo y yo practiqué la

metamorfosis sólo por amor al arte.

Dónde el frescor de las hierbas cebará al yo

que naufraga en compañía.

 

Permanente descifrar y discernir refugios.

Cánticos, humores. Aletear en la espesura.

Comprender cuál es el valor, el origen y qué

nombre los liga a los sentidos.

Antes de que amanezca el olvido tibio

y vacío, cuando ya no se estremezcan

ni las amapolas.

 

 

 

Últimamente notaba una serpiente insidiosa

ahí en el pecho, como carcomiendo los

valladares del corazón. Ese corazón amasijo

de fibras y plasma por el que todo pasa.

Todo, sin excepción, todo lo que permite pensar

en algo y subirse a las olas heridas y

desconectar los aparatos eléctricos y las alarmas

sordas y hasta proclamar: los aerolitos trazan

parábolas sobrehumanas, mientras que no hay

idealista que viva cien años sin trigonometría.

Por eso he aplazado la prestación de servicios

en cadena y los indescriptibles delirios de

grandeza. Cumple el artesanal esculpir de la

bóveda originaria como el ave blancuzca tiembla

y garabatea. Que amaine lo expedito y se

restrieguen las sienes con bálsamo de tigre.

Salvo las urgencias que demanden cuidados

intensivos, sólo responderé al embriagante

capricho de las flores carnívoras.

 

 

 

En el parque atravieso

la cortina caprichosa

de vapor de agua

como un retoño

plácido

en su nido verde.

 

 

 

Si una vez más te escindes, se quiebra el

sentido, se esfuma nublado,

 

mata a ese yo bastardo, excrecente. No te

daré nunca sólo un esqueje.

 

Hay, todavía, demasiado júbilo en latencia,

un cargamento de frutos maduros,

voces virtuosas que

inhalar.

 

Es irremediable. No te puedes esconder de ti

ni de tu descendencia.

 

 

Instancia compulsada

Instancia compulsada

 

Dejadme que admire lo bello, lo sublime, lo que me deleita e hipnotiza porque

quiebra todos los sobreentendidos y las idioteces con unas simples acuarelas o

con la arquitectura de lo imposible.

 

Dejadme tiempo para lo bello.

Tiempo.

Mucho tiempo.

Dejadme en paz.

Y que no tenga que preocuparme de vuestros desarreglos y cacharrerías.

 

Dejad de molestarme con las hojas de reclutamiento, con las facturas del expolio, no soy un banco, dejad de salpicarme con esos malos rollos.

 

Dejad de mataros, por favor, ya sé que las hormigas o los mosquitos no os parten el corazón, pero el sadismo acabará carcomiendo lo que os resta de tuétanos. Seréis más parodia, más careta, más bala cargada de vacío atómico.

 

¿Por qué habría de sufragar yo toda esa inquina y los encefalogramas planos? ¿Por qué he de trabajar hasta la extenuación para que vuestra lengua de lava aborte a tanto inocente por dar a luz?

 

Dejad que me equivoque si me incumbe y que

pierda el tiempo,

mucho tiempo,

buscando lo propicio, las palabras hermosas, las acuarelas, ya lo he dicho, y las formas imposibles del espacio o de los asentamientos humanos, que es como lo codifican las naciones unidas.

 

No es un capricho de niño bien, ojo, por mucho niño incruento, o no tanto, que nos pueda dar ejemplo de canicas y correrías y conmoción ante todo lo nuevo y terrorífico. No.

Tampoco es que la belleza resida en la clase obrera -esa aporía, esa propaganda-,

ni en los carros llenos de banalidades acopiadas por si acaso llueven piedras,

ni en la política de recursos humanos, de materias primas y de bienes inmuebles.

No es eso, qué va.

Lo que está claro es que

es que a los niños bien que se dedican a la contemplación

que cantan y escriben y pintan y salen en las pantallas a todas horas, a esos sí que no,

que la clase obrera y el punk y las columnas del Ebro y los negros pobres o los de cualquier color mucho más pobres o los continentes que sobrevuelan,

se adquieren y visten y molestan, pero no son carne de belleza (para los niños bien).

 

Dejadme de una vez, en paz.

Con mis palabras, ya lo he dicho.

En los resquicios de todas esas prisas por perecer.

 

Dejad de darme la lata

con que si podría ser esto o lo otro, como si tuviera quince años, ahora que nos lo quitáis todo

y sabemos cuánto añorabais el potro de tortura.

¡Cuán flácidas vuestras eyaculaciones!

 

Hoy no puedo ser más generoso.

Prefiero quedarme abrazado a las imágenes superlativas, a tus brazos esdrújulos

hasta que me tiemblen las lágrimas, hasta que los pueblos derroquen las tiranías -muriendo o matando, lo sé, no es lo más glorioso- y zozobren

los contrabandistas del tiempo.

Ese es el único precio que estoy dispuesto a pagar

por mi viaje.

 

 

Puede ser que la felicidad sea eso

Puede ser que la felicidad sea eso

 

Traspasar la superficie, los espejismos

de la rasante, y auscultar los regalos de la

naturaleza, la vida ingrávita y coralina que

inunda nuestra percepción, los corpúsculos

tamizados del mediodía. De acuerdo al fluir

de las densidades, al gemido de las ballenas:

entregarnos una porción de tiempo como

dueños de nuestra deriva, de finísimas arenas

y nada, el lecho de nuestra procreación,

respirar, sorber el oxígeno frugal mientras se

ensortijan nuestras lenguas y cabellos.

Al cabo de las simas y de las chimeneas

tectónicas, arrastrados zalameros por los

sueños de agua, sin gobierno posible de esta

efímera inmortalidad, la emergencia a los

cerezos en flor, al incienso de nuestra piel

que atesora preciosos minerales y néctar,

coordenadas imprevistas, la espuma salada,

la dilecta navegación.

 

 

Inmanencias históricas

Inmanencias históricas

 

Constancia del ser por resurgir después de cada

nueva constelación de espadas, después -irredento,

sabiendo amar lo orgánico, lo no fosilizable todavía-

de cada inflexión.

 

zafarrancho

zafarrancho

 

Y qué pueden reflejar las palabras blancas,

los signos con afán de transparencia y de ser mundo,

la mañana sincera y débil y fuerte y extraña

que interroga: ¿cómo constelar cada hora de la vida

que merezca ser digna de vivirse, no a jirones, no

propagando la escarcha, no inmune? si vienen

de la noche, de lo arcano y lo profundo, de lo oscuro

en ebullición, de ese vientre que nos ama y

nos alerta: es necesario el abrigo, la mano tendida

que oye y late y aprende con uno, el tiempo

demorado y el perdido, el tiempo a lo lejos, saberse

ligero de equipaje, ave tenaz, el remanso justo

de las aguas antes de saciar y de colmar, cuidarse

de los depredadores porque el azar no siempre es

tan generoso y más vale, ¿o es que sólo hablamos

para adentro, con ese yo que fuimos o que será, con

ese rostro al que nunca miramos sino de soslayo,

rumoreando, como locos que eludimos las cadenas,

como locos muy cuerdos porque no nos venció

el silencio ni el lenguaje terco y bu-ro-crá-ti-co,

porque no es fácil ser en el umbral?

 

praxis

praxis

 

Mi propósito emerge de mi trayecto.

 

 

solsticio de invierno

solsticio de invierno

 

Ya no soy dueño del tiempo, nunca lo fui,

siempre se alejó invicto con su obra.

 

En su estela el hambriento legisla, coloca

las penumbras por aquí y por allá,

ordena tempestades.

 

Escindidos y animales, en qué plácido letargo.

 

Con esa vehemencia boreal: sólo dando vueltas

elípticas como quien remueve las aguas.

 

¿Cuál será mi resquicio? ¿Habrá pasado ya

el cénit sin darme cuenta?

 

¿Hasta dónde puede fluctuar

la rítmica de las inspiraciones y expiraciones?

 

Agridulce conciencia del límite. Fuego

fatuo para los congéneres: peripecias históricas.

 

No hay nada que detener, nuestras manos

esculpen apenas el silencio.

 

Me quedaría así, contemplativo, en trance,

contigo, sólo con la belleza que crepita.

 

miscelánea

miscelánea

 

La vocación de coleccionista arriba a la

transparencia, andén preparatorio.

 

Compendiar y coexistir. Suturar los vacíos

con nuestras síntesis fantásticas

y la permeabilidad.

 

 

resquicio singular

resquicio singular

 

Cuanto más se difumina la morfología

de los bienes inmuebles, más consistencia

adquiere nuestro bienestar.

 

Se erige en memoria naciente, debuta en cada

nueva vida. Sale al paso de la astronomía.

 

 

soberanía inexcusable

soberanía inexcusable



 

Voto por la cinética que orla los

secretos equidistantes y las proposiciones

subordinadas.

 

Por la bella ondulación de las mareas y los

acordes que nos extasían.

 

Por la heurística y las acrobacias invisibles,

no tan fáciles de eclipsar.

 

 

trabajos verticales

trabajos verticales

 

Pautas, series, bucles iterativos:

¿Apariencias vulgares u osadas revelaciones

del sueño?

 

Automóviles mal aparcados cuyo claxon suena

irritante. Teléfonos descolgados no menos

monocordes.

Oyes sin oír las peroratas de los locutores.

Sólo la música, a veces, amansa a tu fiera.

 

¿Qué orden se puede imprimir a una realidad

críptica, en la que todo se desbarata?

Incluso con rachas a favor, siempre nos seduce

el naufragio.

 

Como si todo consistiese, a partir de cierto punto,

en ir desdibujando cada línea, trazo, código,

mancha, pena, hálito,

hasta el principio del fin.

 

No voy a añorar nada. Lo fugaz y lo único, el guiño

y lo imprevisto, por definición, se desvanecen.

¿Cómo preservar una unidad en lo intangible

y etéreo, empero fértil?

 

Si no fuera por el camuflaje, por la desnuda sinceridad

con cada uno de esos interrogantes,

sucumbiría al abrazo mórbido

de quienes torturan sonrientes, en sigilo, cómplices.

 

Ruido y silencio. Caballos alados y producción en

cadena. Te di la rosa que sigo llevando

dentro.

 

 

Variaciones

Variaciones

 

Cuando la niebla se disipó, no quedaba ninguna construcción en pie.