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ateo poeta


me encarno en cada pliegue

de jubilosas células brincando

a resguardo de tu piel


me hospedas con el adagio

de las sombras y el incienso

como esas aves albas

levitando y musitando lo inefable


recolectamos sobrios el placton

de una vida abundante en brillos

y umbrales vaporosos


te reintegro el optimismo tropical

el gobierno del agua

somos esa galaxia en expansión

humus eslabón ternura


a tenor de tantos augurios

procede arrojarse en el abrazo




Ayer fuimos a comprar los Reyes

porque ya habían comenzado las Rebajas,

aunque, antes y después,

siento el mismo escalofrío de fracaso

cada vez que me sumerjo entre las masas

de eufóricos acólitos del mercado.

Mario expresó su maravillosa sorpresa

al comprobar cómo se coordinan,

tan espontáneamente, todas esas avalanchas

de eufóricos y fervientes acólitos

sin apenas tropezar, ni insultarse,

ni, mucho menos, cruzar sus navajas.

Para no aburrirle con zarandajas especulativas

sólo pude manifestarle idéntica y maravillosa perplejidad

y así pasar el día con un ápice menos de aturdimiento.

Después, ensimismado, como cuando suenan

esas notas de piano con una cadencia lenta

y enigmática, me pareció simpático contemplar

la coreografía de esas filas de coches retorcidas,

con urgente torpeza, para hacerle paso a una ambulancia.

Es la misma ingenuidad infantil

que me desborda cuando llueve

y me pregunto cómo se inclinarán los paraguas

de dos transeúntes enfrentados,

como si de una justa incruenta se tratara,

en cualquier acera estrecha.

Entonces vuelvo a sentir

la más hiriente derrota,

pues estos versos, desde que patean en mi vientre,

me parecen en exceso pop,

banales, prosaicos, como si huyeran solos

de los absolutos y de las academias.

Pero ya no tiene remedio

y recapacito por unos instantes:

cuántos hombres se habrán parado hoy a recapacitar,

cuántos habrán conversado sobre sus sentimientos,

cuántos se habrán hecho una docena de firmes propósitos

para el año ya estrenado, sin el menor atisbo

de que, otra vez, los astros y la lotería jueguen a su favor.

Como si siempre quedaran indemnes

los verdaderos artífices del crimen.

Hoy no he abierto la prensa

y, además, sigo fervientemente enamorado.

Por eso no me explico el porqué

de estas inútiles divagaciones.



para empezar el año con amorosos versos

para empezar el año con amorosos versos



No es verdad.

Del otro lado del silencio

llega una espiga

oferente del grano más puro.

Amar es ser y ser

es esa entrega desnuda.

Del otro lado, aquí

deposita el consuelo

en mi boca

su palabra

tatuada en el oro del aire

y en la roca.

Y recobra su identidad la blancura

en la levedad inicial.



Guarda este árbol para mi vejez.

Pasa por sus raíces

tu fe constante.

Una hoja encierra el viático.

Yo estoy aquí,

todavía en el aire,

pero el camino secreto de la savia

es mi alegría

y la proximidad de tu luz

cierra mis ojos

en avance de eternidad.



Y cuando la marea de la sombra

cubre el crepúsculo,

la ecuación nocturna de los astros

rechaza la silente quietud del cero

y dibuja con dedos inquietos

el espectro de la posibilidad.



Clara Janés, Paralajes





Nos reencontramos

al filo

del solsticio hiemal,

dejando atrás las flores adolescentes.

Amarse es un bálsamo

y una eterna gratitud,

esparciéndose, polinizando.

Solfeamos venturosos.

Se yerguen los cimientos

de una flamante vitalidad.



En el mundo a cada rato

En el mundo a cada rato


No sé si es por causa de las fechas navideñas o porque Cayetana Guillén Cuervo, la presentadora de Versión Española, no pierde oportunidad para aportar su granito de arena en pos de causas perdidas, pero la noche del viernes pasado (21 de diciembre) nos dio una auténtica bofetada moral con las cinco historias que forman la magnífica película “En el mundo a cada rato” (2004). No sé si de verdad estos esfuerzos de UNICEF, la instigadora de estas filmaciones, llegan a remover algo de este mundo tan demente: consumo desenfrenado, niños-soldado, masacres religiosas, esclavitud legal, penas de muerte, compra-venta de armas, locos en la carretera... Lo que sí logran es conmocionarte, arrancarte un grito de rabia, enfurecerte de impotencia. O no. ¿Por qué escribo, si no? ¿Por qué trabajo, educo, comparto, quiero, pienso, valoro... si no? No sé.


En “El secreto mejor guardado”, Patricia Ferreira puso a algunos actores de la India a contar el denodado empeño de Ravi por conseguir un uniforme con el que ir a la escuela, aunque siga con los pies descalzos, vendiendo comida en la calle, viviendo con su abuela como todo parentesco... y padeciendo las secuelas del SIDA que, probablemente, le legaron sus padres desaparecidos. “La vida efímera”, de Pere Joan Ventura, llega aun más lejos: varios niños mueren de malaria delante de las cámaras en un hospital de Malabo (Guinea Ecuatorial) donde la luz se corta en medio de las operaciones quirúrgicas y nadie ha visto jamás un “banco de sangre”. “Las siete alcantarillas”, dirigida por Chus Gutiérrez, no ahorra tampoco en fallecimientos y carencias de lo más básico, a los que se suman malos tratos a una madre, delincuencia de un chaval adolescente, “coleccionismo” de basura por parte de un padre y un paisaje sin asfaltar en una villa-miseria de Córdoba (Argentina). Javier Corcuera (el magnífico director de otra película que también me estremeció hace años, “La espalda del mundo”) presenta aquí “Hijas de Belén”, donde el trabajo duro en la economía informal de Iquitos (Perú) puede ser la única vía para que unas niñas, tenazmemente protegidas por sus madres y abuelas, vayan a la escuela y escapen de la prostitución. Finalmente, el optimismo y la risa por doquier estallan en la soberbia grabación de Javier Fesser, “Binta y la gran idea”. En la extrema región de Casamance, en Senegal, los prejuicios de la tradición patriarcal y una simpática anécdota en torno a una carta, se conjugan con sesiones escolares variopintas y, en particular, con una representación teatral de “concienciación” (al estilo del “teatro del oprimido”) acerca de los padres que no permiten a sus hijas ir a la escuela. Un enjambre de niños, colores y griteríos, al fin, dejan una estela de emociones y razones encontradas en el espectador.


¿Por qué persiste este mundo con millones de niños y niñas sin los más elementales derechos humanos? ¿Qué puede hacer una película por ellos? ¿Qué hacemos los que la vemos? ¿Es incluso el “arte realista” una evasión más para ciudadanos con “mala conciencia” por su propio bienestar en abundancia? No sé. Sólo puedo decir que estas obras (documentales al pleno, por lo menos las tres últimas, y gran parte de las dos primeras) merecen muchas más palabras, atención y acción que cualquiera de las decenas de películas comerciales, más o menos vacías e intrascendentes, que estrenan todas las semanas en los cines.


 

ciclo_ascenso

ciclo_ascenso


Desde ahora mismo y aquí
hacia donde quiera que estés,
parte de mi alma
parte a tu encuentro.
Sabes que te llevo dentro mío
igual que yo sé que tú me llevas dentro.

Se trata de un leve pulsar
que se abre camino hacia ti
cruzando las estaciones, constelaciones,
los momentos.
Digo que esta vida es llevadera
sólo porque sientes tú
lo que yo siento.

Donde tú estás
yo tengo el Norte,
y no hay nada como tu amor
como medio de transporte.

En este instante,
precisamente,
más canto y más te tengo yo
presente
,
más te tengo yo presente.


Jorge Drexler, Transporte

 

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ciclo_descenso

ciclo_descenso


Te echo de menos, le digo al aire
te busco, te pienso, te siento y siento
que como tú no habrá nadie
y aquí te espero, con mi cajita de la vida
cansada, a oscuras, con miedo
y este frío, nadie me lo quita.

Tengo razones, para buscarte
tengo necesidad de verte, de oírte, de hablarte
porque no creo que haya en el mundo nadie más a quien ame
tengo razones, razones de sobra
para pedirle al viento que vuelvas
aunque sea como una sombra
tengo razones, para no quererte olvidar
porque el trocito de felicidad fuiste tú quien me lo dio a probar.

El aire huele a ti, mi casa se cae porque no estás aquí
mis sábanas, mi pelo, mi ropa te buscan a ti
mis pies son como de cartón
que voy arrastrando por cada rincón
mi cama se hace fría y gigante
y en ella me pierdo yo
Mi casa se vuelve a caer
mis flores se mueren de pena
mis lágrimas son charquitos
que caen a mis pies.


Te mando besos de agua
que hagan un hueco en tu calma
te mando besos de agua
pa que bañen tu cuerpo y tu alma
te mando besos de agua
para que curen tus heridas
te mando besos de agua
de esos con los que tanto te reías.


Bebe, Razones

 

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libertad que me exalta

libertad que me exalta


Si el hombre pudiera decir lo que ama,

si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo

como una nube en la luz;

si como muros que se derrumban,

para saludar la verdad erguida en medio,

pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,

la verdad de sí mismo,

que no se llama gloria, fortuna o ambición,

sino amor o deseo,

yo sería al fin aquel que imaginaba;

aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos

proclama ante los hombres la verdad ignorada,

la verdad de su amor verdadero.


Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;

alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,

por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,

y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu,

como leños perdidos que el mar anega o levanta,

libremente, con la libertad del amor,

la única libertad que me exalta,

la única libertad por que muero.


Tú justificas mi existencia.

Si no te conozco, no he vivido;

si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.


Luis Cernuda, Los placeres prohibidos



cuerpos sucesivos

cuerpos sucesivos


El libro de Manuel Vicent, Cuerpos sucesivos (2003), es uno más de los varios que he leído de este autor a lo largo de los años (Balada de Caín, Tranvía a la Malvarrosa, etc.). Uno más que no me ha dado grandes sorpresas ni emociones (¡excepto la de citar algunos poemas de Salinas o de Cernuda con quienes, precisamente, me estaba deleitando en estos últimos meses!), pero que se deja leer plácidamente gracias a esa lírica aplastante que le imprime a cada frase y a su ritmo entusiasta, ávido por contagiarte la inquietud de la historia que te cuenta. Para algunos, tanto lirismo puede parecer engolado, un abalorio prescindible. A mí sólo me disgusta cuando te hace naufragar ante la profundidad de los personajes y del mundo en el que viven, pasando como sobre ascuas por ella (a mí, personalmente, no me atraen de buenas a primeras la vida de un convencional profesor de literatura y de una violoncelista masoquista). Esta es una historia, pues, concisa y, a la vez, evocadora, pero no busquéis en ella una completa disección del alma humana. Además, el alma de los protagonistas del libro que pueblan el trío amoroso central contiene muchas sombras y tinieblas que no dejan vislumbrar más que una trágica combinación de líbido y dolor. Como parábola erótica, en consecuencia, mil veces más recomendable y sugerente que otras obras ostentosamente “pornográficas”. Como parábola ética, nos muestra que la libertad sentimental y sexual, por desgracia, es un camino espinoso y al que la madurez puede llegar demasiado tarde.



La boda de Tuya

La boda de Tuya

Algunas de las últimas películas chinas que he visto no son fáciles de explicar a vuelapluma. Me ocurrió eso, de nuevo, cuando traté de contarle a otra persona la historia de La boda de Tuya (Wang Quan'An, 2006). Se me mezclaban duros paisajes de montaña, anécdotas inverosímiles para un occidental (imagino que también para muchos chinos) y reflexiones inacabables sobre la virtual universalidad de los sentimientos y la aplastante fuerza que ejercen las condiciones de vida sobre ellos. Los avatares de Tuya y su familia (un marido inválido de una pierna, un hijo de unos ocho años y una hija de unos dos) transcurren en una zona árida y despoblada de la parte de Mongolia, la llamada “Interior”, que está dentro de la República Popular China. La de Tuya es una familia que sigue pastoreando ovejas, cabalgando caballos y camellos, y soportando penosos trayectos diarios para obtener agua potable. Se alimentan básicamente de carne que riegan con frecuentes tés y aguardiente. Viviendo en tan duras condiciones, las cosas empeoran cuando la vigorosa Tuya, sobre quien recaía el peso de todas las tareas domésticas y ganaderas, sufre los primeros achaques y decide divorciarse y buscar un nuevo esposo con recursos suficientes para mantener a toda la familia: incluido su anterior esposo convaleciente, al que no quiere abandonar... Los pretendientes son pintorescos y el envite se muestra cada vez más insostenible. Aunque todo parece abocado al fracaso y a que se derrumbe esa frágil economía de subsistencia, nadie se dará plenamente por vencido.


Durante la proyección, me pregunté todo el tiempo si es posible quererse profundamente y cultivar el amor en los límites de esa miseria; por qué una mujer tan fuerte y autosuficiente aceptaba la humillante venta de su cuerpo y su vida al mejor postor como nuevo marido; lo dramático de esa China rural en desaparición y del no menos terrible futuro de explotación y discriminación que les espera a muchos de esos habitantes rurales y de etnias minoritarias cuando emigran a las superpobladas ciudades. La película, no cabe duda, es excelente a la hora de plantear esos y otros desafíos, tiñéndolos de toscos y hermosos parajes esteparios, casi desérticos. El ritmo, a veces, puede parecer lento, aunque sospecho cada vez más que esta es una valoración culturalmente muy relativa. Además, es digno de mencionar que, excepto la protagonista, el resto de intérpretes no son actores profesionales lo cual le confiere aun mucho más realismo, si cabe, al relato. Al final te queda la sensación de que la tristeza, como si se tratase de una fina niebla que aparece por sorpresa y lo impregna todo con su humedad, campa a sus anchas por esa estampa tradicional y aleccionadora.



Moondance

Moondance



Well, it’s a marvelous night for a Moondance
With the stars up above in your eyes
A fantabulous night to make romance
’Neath the cover of October skies
And all the leaves on the trees are falling
To the sound of the breezes that blow
And I’m trying to please to the calling
Of your heart-strings that play soft and low
And all the nights magic seems to whisper and hush

Can I just have one a’ more Moondance with you, my love
Can I just make some more romance with a-you, my love

Well, I wanna make love to you to-night
I can ’t wait til the morning has come
And I know now the time is just right
And straight into my arms you will run
And when you come my heart will be waiting
To make sure that you’re never alone
There and then all my dreams will come true, dear
There and then I will make you my own
And every time I touch you, you just tremble inside
And I know how much you want me that you can’t hide

One more Moondance with you in the moonlight
On a magic night
La, la, la, la in the moonlight
On a magic night
Can’t I just have one more dance with you my love


Van Morrison, Moondance


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documentales sobre anarquismo III

documentales sobre anarquismo III

“El honor de las injurias”, de Carlos García-Alix, recorre la vida de otro personaje que abrazó el anarquismo en su vertiente más violenta: Felipe Sandoval. Éste llegó a ser uno de los principales ejecutores de “quintacolumnistas” en el Madrid asediado despiadadamente por las tropas de Franco durante la Guerra Civil. Antes se había iniciado en estafas, atracos, secuestros y asesinatos selectivos de pistoleros derechistas que, a su vez, se dedicaban a aniquilar a sindicalistas revolucionarios. La voz en off del narrador y la abundancia de imágenes en blanco y negro extraídas de múltiples archivos, ofrecen una visión trágica, sangrante, abrumadora y apocalíptica. El narrador y director, aunque no deja de guiarnos de forma explícita, se coloca en una tierra de nadie, existencialmente distante tanto del fascismo rampante que asoló el país, como de los utópicos anarquistas que quisieron hacer la revolución “aquí y ahora” en uno de los momentos más convulsos del siglo XX. Ni siquiera por omisión se pueden deducir sus preferencias: su descripción de los acontecimientos (más bien, de carácter contextualizador, demasiado puntuales y salpicados) no se retrae de comentarios que denotan un profundo escepticismo ante la política. Pero la elección de Sandoval como hilo conductor no parece fortuita: quien nace en los arrabales de la miseria tiene derecho a la revancha, a dejar de servir. El problema, más bien, parece residir en los medios que se emplean para esa emancipación y en lo que hacen los demás actores -amigos, enemigos y terceros. Si algo consigue esta cinta, por lo tanto, es bañarnos en una estética sucesión de postales de época a la vez que suscitarnos dudas de todo tipo ante aquellos revolucionarios abocados a la acción pistola en ristre. ¡Qué lejos de aquellos magníficos cinco minutos de “colectivización” representados en Tierra y Libertad, de Ken Loach!



documentales sobre anarquismo II

documentales sobre anarquismo II

“Lucio”, escrito y dirigido por José María Goenaga y Aitor Arregi, posee un extraño magnetismo desde el primer momento, fruto tanto de lo insólito de las hazañas de su protagonista, como del acertado dinamismo que agita toda la narración. Su cercanía en el tiempo y el hecho de que Lucio Urtubia siga vivo actualmente (nació en 1931) excita aún más las cábalas del público. Además, los arreglos artísticos e infográficos le dan a la cinta, intermitentemente, un agradable aire simpático y cómplice con las “fechorías” narradas. La biografía de este albañil navarro está fraguada de un constante inconformismo ante las injusticias que le rodeaban desde que tuvo uso de razón: en la mili, por ejemplo, sustraía todo lo que podía del cuartel para distribuirlo entre sus parientes, hasta que fue descubierto y huyó a Francia. En París trabó relación con Quico Sabaté, el “forajido” anarquista más buscado durante el post-franquismo hasta que fue abatido al atravesar los Pirineos en 1960, y usó sus armas para cometer los primeros atracos, o “expropiaciones”, a bancos. Al poco comenzó a falsificar billetes y “se vio envuelto” en el secuestro de un director de banco de cuya acusación salió absuelto gracias a las piruetas diplomáticas del momento entre Francia y España (finales de la década de 1970). Toda esta trayectoria militante clandestina, paralela a una aparente vida rutinaria como obrero de la construcción, culminó con su golpe más decisivo: la falsificación masiva de cheques de viaje del Citibank. Aunque Lucio fue encarcelado por este delito, los directivos del banco acabaron accediendo a negociar con el reo y éste incluso consiguió, junto a la libertad, unos cuantos millones de dólares más a cambio de devolverle al banco las placas de imprenta, tan pluscuamperfectamente imitadas, y todo el stock de cheques falsos ya impresos. Como él mismo confiesa, nunca se afilió a ninguna organización anarquista, desconfiaba de la inercia autoritaria de toda organización política o sindical y se puede afirmar que su anarquismo era bastante ecléctico y autodidacta. De hecho, grandes sumas del dinero falsificado fueron a parar a todo tipo de organizaciones izquierdistas y terroristas que poco tenían que ver con el anarquismo. Los múltiples admiradores que consiguió, no obstante, destacaban siempre el altruismo y honestidad de sus esfuerzos militantes, así como su innata inteligencia práctica sin haber cursado estudios reglados de ningún tipo. Es una lástima que, al final, se pase rápidamente por el intento fallido de Lucio de crear una empresa cooperativa en el ramo de la construcción y que acabe formando su propia empresa de corte capitalista de la que también desconocemos el número de empleados y sus condiciones de desempeño. Por lo demás, se trata de un excelente ejercicio que pone de relieve algunos de los intersticios del “sistema” dominante.



documentales sobre anarquismo

documentales sobre anarquismo


El pasado miércoles asistí en los cines Golem de Madrid a la proyección de tres documentales sobre el anarquismo gracias a las invitaciones que recibí gentilmente del programa de Radio 3 “El séptimo vicio”. Ante todo, mis más sinceros agradecimientos a Tolentino y a sus compañeros cinéfilos por ese programa que nos dan lo que en materia literaria (y sabrosa teatralidad radiofónica) nos quitaron ya hace años en esa emisora, flor y nata de mi adicción desde la adolescencia.



“Casas Viejas”, de Basilio Martín Patino, reconstruye los sucesos de 1933 en los que más de una veintena de personas fueron brutalmente masacradas por la Guardia Civil después de que en esa aldea de jornaleros andaluces proclamaran el “comunismo libertario”. Aquella valiente e ingénua revuelta acabó en una matanza que escandalizó al país entero cuando se conoció con algún detalle, y hasta una comisión parlamentaria se desplazó al lugar de los hechos para escuchar los testimonios de los supervivientes. No obstante, sus responsables militares y políticos quedaron impunes, igual de ufanos que los señoritos terratenientes a quienes éstos defendían. El documental no escatima en imágenes que ponen el dedo en la llaga y utiliza el original recurso de combinar entrevistas a ancianos y a un cineasta británico que vivieron aquel acontecimiento, reconstrucciones por parte de dos catedráticos de historia (uno, mi ex-profesor Antonio Elorza) y de un histórico líder de la CNT (García Rúa), con amplios recortes del metraje que en su día grabó con fervor propagandista el director soviético Ehrenburg y que Stalin decidió ocultar en algún sótano de la Historia.


las raudas tecnologías de la comunicación
-las que nos sostienen, acercan y besan al oído-
se me quedan minúsculas, escuetas,
hay tanto innombrable, tanto don y presagio
entre nuestras almas

tus fotografías me dan escalofríos y palpito
agitado de deseo (mi tacto corregido, convulso)
pero también esbozo sonrisas melancólicas,
me acurruco en tu recuerdo,
germino, transpiro, echo de menos
tus metamorfosis
-esa presencia hasta las entrañas-

el calendario se emborrona con quimeras,
equipajes de mano, tierras de nadie, cirugías
domésticas,
en dónde, mi amor, en dónde
nuestro lecho de pétalos armados contra el tiempo,
en dónde
el sosiego de la hierbabuena, las glosas
lentas
de nuestros cuerpos adorándose al sol,
el vigor, el fragor, el candor de los abrazos
inmortales
tanto como esos árboles inmortales

no sufro, no creas, no puedo sufrir (me colman tanto
tu reflejo, tu danza, tus promesas)
sólo es un ejercicio más para discernir la luz,
la que nos llena, lo que caminamos a tientas,
este lado salvaje de la vida, tan vasta



La pasión de Michel Foucault

La pasión de Michel Foucault


El libro que me ha atrapado durante los últimos dos meses es una obra, ante todo, densa, espesa y extensa: La pasión de Michel Foucault (James Miller, 1993). Se trata de una biografía del filósofo francés en la que se alternan exégesis de sus principales ideas y un relato a trompicones de algunos de sus acontecimientos vitales más significativos. Me lancé a esta lectura sin reparar un instante en sus implicaciones. Podía hacerlo simplemente para seguir afinando mi dominio de las teorías que Foucault propuso en sus intrincadas publicaciones (Las palabras y las cosas, Vigilar y castigar, Historia de la sexualidad, etc.) y que tan afanado me tuvieron durante años (desencriptando, primero, y evaluando, después). Pero también podía tomarme la lectura con un distanciamiento literario, dejándome llevar por la curiosidad hacia vidas ajenas, por el carácter sorprendente y novelado de un personaje singular del siglo pasado. Posiblemente fueron ambas cosas las que me motivaron, pero no menos lo hicieron numerosos interrogantes acerca de mí mismo que ese espejo desnudaba desde la primera página.


Del Foucault “activista” frente al sistema carcelario y la homofobia tenía vagas noticias y, más que nada, una simple e ingénua admiración. A este respecto Miller muestra cómo se va gestando tardíamente su politización, los gestos públicos que adopta y su progresivo distanciamiento del izquierdismo más guerrillero. Del Foucault “académico” Miller presenta de forma algo simplificada, pero precisa, las principales tesis de cada una de sus obras. Lo mejor es que las emplaza en una red de complicidades filosóficas y literarias (entre las que destacan las figuras de Nietzsche y de Gilles Deleuze) que el propio Foucault se encargará de destejer con sus habituales ademanes escurridizos. Me resultó curioso, no obstante, comprobar cuán diferente fue en su día mi lectura sociológica de los libros de Foucault y por momentos me resistía a aceptar en la biografía confeccionada por Miller esa ausencia de subrayados en el método y en las proposiciones teóricas que de forma tan brillante aportó, a mi entender y al de muchos, al análisis sociológico.


Pero lo que sin duda constituye la fuerza motriz de este libro es la recomposición “humana” de Foucault como alguien fascinado y siempre al borde de “experiencias-límite”. La muerte, la locura, la violencia y el sadomasoquismo son algunos de los ejes que, al parecer, nutrían cada uno de sus actos solitarios y sociales. Su fallecimiento a causa del SIDA, posiblemente a raíz de sus temerarias prácticas sexuales en el “mundo del cuero”, va hilando la narración hasta culminar con las disquisiones últimas del filósofo -aparentemente contradictorias con todas sus provocaciones anteriores- acerca de los límites éticos de la violencia y del conocimiento de la verdad sobre uno mismo. Este maestro de la desconstrucción crítica de los conceptos convencionales poseía, además, un magnético don para envolver sus escritos artísticamente, con ficciones estéticas y sugerencias líricas, fruto evidente de sus propias convicciones acerca de las lábiles fronteras entre distintas formas de pensamiento. Nunca imaginé, pues, que se tratara de un hombre tan excesivamente serio, tan excesivamente irreverente, tan excesivamente inquieto, y discretamente apasionado. Tan excesivo, en definitiva. Por todo ello (corolario) encuentro conmovedor este relato sobre su vida y su obra, superando con creces a muchas novelas al uso con las que te distraes en el metro y, sobre todo, poniendo de relieve cuestiones espinosas (acerca de la libertad, la ciencia o el placer, por ejemplo) que cualquier persona inconformista y sensible se suele plantear.



Música de Agua Fluyendo II

Música de Agua Fluyendo II


 

 

Clara corriente fluyendo

clara corriente fluyendo


Tu agua es luz

en mi boca

Y una luz para mi seco cuerpo


Tu fluir

Música

en mis oídos. Libre,


Fluyendo libre

Contigo

en mí.



Gary Snyder, La mente salvaje



Jay-Jay

Jay-Jay


La primera vez que lees su nombre, Jay-Jay Johanson, te quedas estupefacto. Su rostro, con apariencia de ingénuo, no te deja menos perplejo. La forma de cantar y las bases electrónicas de muchas de sus canciones suenan, cuando menos, originales: llenas de sutilezas y calidez. Las letras, sin embargo, están cargadas de desamor y tristeza. Anoche fuimos a verlo actuar en Barcelona, a dejarnos mecer, casi bailar. Delicado, sensible y concentrado, bebía agua y whiskey, dando a entender que muchas de sus canciones las ha vivido en primera persona. En la sala Salamandra, además, los fumadores debían retirarse para hacer sus necesidades a un recinto aparte. Así que respiramos a fondo cada una de las canciones y nos fuimos a casa recordando la mirada lánguida y las melodías de Jay-Jay. Un placer.








esgrimen bellos mapas anacrónicos

los tahures de la ambigüedad, en los umbrales

zarpar hacia las reservas ascéticas de coraje,

templar las tensas dosis de aliento

que glorifican la sed pletórica de uno mismo,

cómo azuzar esa lumbre, instar la travesía,

persistir en el culto de una ética ubicua,

consagrarme a ti y a tus labios de rocío perenne



Padre nuestro

Padre nuestro


Los relatos fílmicos también deben apasionarte. Como tantas cosas en la vida. Si no, ¿qué nos aportan? ¿con qué presupuestos las vamos a interpretar, a integrar, a darles sentido? El conflicto puede surgir, evidentemente, con valoraciones objetivas. Pero en las obras artísticas el margen para la valoración objetiva parece más estrecho que para la apreciación subjetiva... La película “Padre nuestro” (Christopher Zalla, 2006) posee indudables valores cinematográficos de uno y otro costal: ritmo y acción, diálogos ricos, personajes consistentes, escenas inesperadas... Además, como buen relato realista (recuérdense otras películas recientes de su género como Tsotsi, Pan y Rosas, El Jardinero Fiel, Crash, etc.), plantea dilemas morales meridianos. La sinopsis es orientativa pero puede ser engañosa de los grandes logros de esta filmación: un joven mexicano analfabeto y cuya madre ha fallecido, viaja clandestinamente a New York a la búsqueda de su padre que, supuestamente, ha acumulado una fortuna después de más de una decena de años como inmigrante. La riqueza del padre, en efecto, existe, pero escondida en los fondos de una miserable vivienda de Brooklyn en la que el hombre se intoxica de alcohol, de soledad y de horas extras cosiendo flores de tela. El joven es asaltado y humillado nada más darse de bruces con el suelo neoyorquino. Su identidad, para más colmo, es suplantada por otro joven mexicano con amplias dotes delincuenciales que pondrá al servicio de su taimada relación con su recién adoptado falso padre. La ingenuidad y arrojo de uno, las artimañas e inmerecidos beneficios de otro, la paradójica frustración del inmigrante perpetuamente ilegal e invisible, o el eslabón que representan una prostituta y otros trabajadores inmigrantes, se nos ofrecen no sólo como descripciones dramáticas de un submundo, sino como ejes de unos eventos que van a transformar la vida de cada uno de ellos. Cada imagen y cada escena iluminan esas transformaciones. Las palabras no sobran ni faltan. El corazón te palpita hasta el último momento.