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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Dice el vacío:

¿por qué piensas

que quiero ser llenado?

 

Es más: ¿qué legitimidad

te arrogas para considerarme

entre tus posesiones?

 

En su discurso evoca:

conozco otros vacíos

de mayor y menor medida.

 

Algunos sobrevivieron

perfectamente incrustados

en sus contenedores

durante toda la vida útil

de los mismos.

 

A otros los anegaron

con una materia

extraña.

 

No es fácil la vida

de un vacío.

 

Ni siquiera recibe

subsidio de desempleo

una vez que dejan

de hablar de él.

 

Se oyen vítores, incluso,

cuando se erosionan

y desintegran porciones

relevantes de su naturaleza

enigmática.

 

Cuánta ingenuidad.

Como si se pudiera concebir

un mundo sin vacíos.

Como si fueran el peligro

número uno.

 

Y amenaza el vacío:

¿qué excusas quedarán

para desbordarse

si se niega nuestra

virtud?

 

 

Fotografía: Edu Bayer

 

 

 

 

No sé cómo se hace

la revolución, ni me creo

la milonga

de que haya un único

prototipo

a emular.

 

Bastantes tragedias

se han sucedido

tras muchos y justísimos

alzamientos

populares.

 

Permanecen, en todo caso,

los panes y las rosas,

y llenarse las manos

de soberanía.

 

Más complejos serán

los algoritmos

que le confieran esplendor

a los oscuros ideales.

 

Lo que sí sospecho

es que no disfrutaremos

de la fiesta

sin antes desbrozar

los tortuosos caminos

que nos quedan

por recorrer.

 

 

 

El tiempo vuela.

El cuerpo se irá despidiendo

a su ritmo

aunque un mal día

la lucidez se cancelará

de repente.

 

Aún no me explico

por qué combatimos

con tamaña violencia

y desenfreno.

 

Dándole coba

a ese espejismo de seguir

anclados a la vida.

 

O dicho de otro modo:

sexo, drogas y rock´n´roll.

 

 

Fotografía: Nobuyoshi Araki

 

 

Hablemos

de lo que sedimenta.

 

Una vez que los libros

se han ido desperdigando

y quedando atrás.

 

Con estas leves

alforjas:

 

¿cabe otro círculo

entre el deseo viejo

y lo incipiente?

 

Hablemos

largo y tendido.

 

Pero en un abrir y cerrar

de ojos: en compensación

de las fallas.

 

¿Por qué rehuir

al espesor de lo oscuro?

 

 

Fotografía: Paolo Fani

 

 

 

 

 

 

Viajar hacia atrás:

 

flaquea la memoria

pero es muy probable

que yo también escribiera

sobre el futuro.

 

No sólo las islas.

 

Somos vulnerables a un mar

de antojos de primera

necesidad.

 

Mis miembros

han permanecido vinculados,

no obstante. A pesar

de la inconstancia.

 

Tu aprobación,

tu castigo cíclico.

 

Granadas y diciembres,

marfil incorruptible,

una voz huérfana

repercutiendo.

 

La inercia lenta

de lo que va a morir:

no admite moralinas.

 

Eras fértil e ibas de excursión.

 

Nos hacemos cargo.

 

Por este tiempo no remunerado,

por esta reproducción

de la dignidad atroz

y deslumbrante.

 

Lo invisible y prolijo

no se relega ni se mancilla.

Y yo estoy conforme.

 

 

De nuevo en la casa quieta, muda,

aireándola con la brisa de la noche

y la luna fría, añadiéndole un poco

de murmullo, los recuerdos fragantes

del viaje, noticias de otro mundo

que no es tan distinto si lo miras

de cerca a los ojos, temblando,

el saldo de sosiego que te mereces,

la zozobra que te rodea, unas pocas

palabras con las que alimentar

el cuerpo insatisfecho y dormir

como si las paredes gozasen

del don de la transparencia.

 

 

De modo tal

que no dudases

en amarme:

anhelaría escribir.

 

En detrimento

del azul. Sabes

a estigma. Lo que

se ahonda,

el nicho que

reconcilia.

 

Hay dulces sobre

la mesa.

 

No perecen. La

edad es

ficticia. En

consecuencia, no es

preciso esperar,

mientras tanto.

 

Musitar: el

amor se observa

y nada equivale al

dogma,

abrir paso a las

lenguas

que trabajan insomnes.

 

En la esfera rota

dormías y la cáscara y

la curvatura

estudiamos. Casi

dentro, gemir, donde

la tez oriental.

 

Qué

incongruencia, la

mañana,

impacientes. El

espejo ebrio, la

sangre que

fosforece.

 

Declinar los

verbos en

suspenso. La

púrpura, que la vida

no sea más una

lucha contra

el tiempo, y

vuelvas. Y a

favor de una

resistencia tras

otra.

 

Sin solución de

continuidad. No

todo es follar, pero

qué bien se

estremecen los

precipicios.

 

Sin rodeos, hermana

nativa: añádele

tú los adjetivos, las

líneas tangentes, los

confines de los ligueros,

la nieve

abrasadora.

 

 

 

 

 

Toda perturbación comienza

cuando el niño tiende

a besar en la boca

y fuerzas de todo signo

se lo impiden.

 

Después ocupamos

nuestra capacidad oral

con todo lujo

de entretenimientos.

 

 

Fotografía: Daido Moriyama

 

 

 

 

Fomento de la escritura:

 

sólo leo los libros

que me gustaría

escribir.

 

 

Fotografía: Larry Larsen

 

 

 

Los motores de los aviones

ya no rugen como antaño

lo cual ayuda al éxtasis

de las nubes

y de los ocasos irreales

que se vislumbran

por la ventanilla.

 

Los termómetros informan

de los cuarenta y siete

grados bajo cero

en el exterior

de la cabina presurizada.

 

La velocidad de crucero

asciende, en este mismo

instante, a la friolera

de 899 kilómetros

por hora

y no sé cuántos pájaros

habrán perecido

en su transcurso.

 

Otros indicadores

apenas añadirían nada nuevo:

hemos volado muy alto,

la soledad puede ubicarse

en todos los puntos cardinales

y toda precipitación

augura algún tipo

de batacazo.

 

 

Fotografía: Elo Vázquez

 

 

 

 

Querer comprender.

Esa forma de resistencia

a la muerte,

de entusiasmo moderado.

 

Y preferir

a quienes padecen

la misma obsesión.

 

Desde ese lugar en vilo

donde no se hace pie.

 

Querer comprender incluso

la infamia y, más que nada,

la evitable.

 

Y preferir

a quienes se sobreponen

a la tristeza.

 

 

Fotografía: Niebl Mirella

 

 

 

 

El cielo inmenso y despejado,

absorbiendo la luz y los rostros

de la ciudad que nunca podré

abandonar.

 

Pienso en todo el amor que cabalgó

sus calles,

en todos los hilos que quedaron

pendientes,

en el fin de la tarde hipnotizado

por el estallido de las nubes.

 

Volver y no volver.

He conocido formas de huir

que no se sustentaban en ningún suelo.

Formas de llegar.

Expediciones.

 

Y tú atesorabas una persistencia

en los labios.

 

 

Cambian las modas,

el corte de las faldas,

las transparencias

de las blusas,

la longitud y los ribetes

del peinado,

las holguras y los abalorios.

 

Permanecen las espaldas

secretas

y los pechos gloriosos,

la torácica vibración

y el ardor de los labios,

la juventud sin edad,

las palabras húmedas

y exactas,

el amor a los pies.

 

Aunque nos desconcierten

sus caprichosas

elecciones,

las esencias no suelen

andar desnudas

en la intemperie.

 

 

 

De todos los fracasos

(y de algunos intentos

sin víctimas que mentar)

siempre se aprende,

para qué negarlo.

 

Ahora bien,

no me solicites consejos

pues podrían llegar a ser

simplemente

demoledores.

 

 

Fotografía: Mona Kuhn

 

 

Pensamos

que una pasión

alucinógena

y un cuerpo

voluptuoso

pueden salvarnos

de este infierno.

 

Y, sin embargo,

enseguida nos conducen

a otro callejón

sin salida.

 

 

Fotografía: Mona Kuhn

 

 

El amor,

qué gran tontería

química.

 

(De acuerdo con el boletín

de divulgación.)

 

No el amor mayúsculo

y superlativo,

ese que se dice

por la humanidad

o por los gatos

con modesta

grandilocuencia.

 

Ni el que sirve

de práctico envoltorio

en los meses fríos.

 

Sino el salvaje

e indomable,

el de acepción peligrosa

y droga dura

que quita el sueño

e invita a aullar.

 

Aún no me explico

por qué no se legaliza

y administra

en farmacias

con su adecuado prospecto

de efectos secundarios.

 

 

 

 

 

El filo del cuchillo

está siempre preparado

para la incisión,

para rasgar la superficie.

 

Al menor descuido

penetra

en la carne viva.

 

Todas la alarmas

convocan

a frenar la hemorragia.

 

Las instrucciones

deben ser certeras.

 

La parálisis del tiempo.

 

Por más que las reconozcas

fugaz y dolorosamente,

no es momento éste

para explicaciones.

 

Ni para divertirte

con tus metáforas

favoritas.

 

 

Fotografía: María Sánchez

 

 

 

Limpiar y esclarecer

la herida lenta

y sediciosa,

furtiva.

 

Hermana de un secreto

al que debes gratitud.

 

Acercarme a ese umbral

permite vivir, esparce

sustancias

que dan un amor

de liquen y piedras.

 

Esa raíz

desprende la licencia

para purgar.

 

Intuyo tu dicha

de enjambre e hipnosis,

y me encuentro

con esa respiración.

 

 

 

De alguna manera,

estamos en continuo

desplazamiento.

 

Si conjugo las horas

con el fondo intocable

de tus ojos.

 

Si alguien define

una línea ética

al amanecer.

 

Si mueren los augurios

de pesimismo

y abrazamos días

de paciencia.

 

No afirmo

que sea tarea fácil,

gesto inerte,

disposición corporal.

 

Es algo que nos sucede

a la par y en lo múltiple,

en forma de océano.

 

Ahora sólo me queda

acostumbrarme

a esta anómala

claridad.

 

 

Fotografía: Anna Marcell

 

 

 

 

Me pierdo

en tus piernas atléticas,

en tus piernas frondosas,

en el jugo milagroso

que mana de tus piernas

casi verdaderas.

 

 

Fotografía: Man Ray