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ateo poeta

 

Puedes volar muy alto,

pero allí arriba

hace frío,

por no hablar

de tu vértigo

indomable.

 

La caída, en consecuencia,

posee suficientes ventajas:

un aumento de la temperatura

y la seguridad de que los pies

van a moverse

tocando suelo.

 

 

Tienes todo para ser feliz.

La naturaleza te ha premiado

con ese don.

 

El reto está en sacarle brillo

a su intrínseca

fragilidad.

 

 

Fotografía: James D. Kelly

 

 

 

Ya sé que en tu barrio

solicitar las cosas por favor

y pedir perdón

eran signos de servilismo

y objeto de escarnio,

sobre todo para quienes

soñabais con algún tipo

de emancipación.

 

El problema

es que en el amor

se gana siempre

que se rebaja el orgullo.

 

 

Me tranquiliza un poco pensar

que tus sabotajes

nunca son intencionados.

 

Fotografía: Sussan Jenkins

 

He intentado practicar la paciencia

y la quietud que brotan de la rama,

confraternizar con los seres alados

y con el fuego de los metales.

 

Me he dispersado por los bazares

con sus cuerpos de espejismo

y góndolas que conducen

a cualquier sombra e intemperie.

 

He sido distante e ingenuo al creer

en la huida del ojo de la tormenta,

en el renacimiento de los órganos

a través de la palabra roja y alveolada.

 

He invocado el amanecer turgente,

la ebriedad de las insurrecciones,

la luz que hiere a pesar del hambre

y de los baldíos artificiales.

 

Todo ha sido en vano

pero aún queda tiempo

para seguir insistiendo.

 

 

Fotografía: Robert Mapplethorpe

 

 

Ya te perdí

una vez.

 

Una cuestión

de distancia,

tan solo.

 

Poseer, poseer,

lo que se dice

poseer

nunca lo sabremos

con exactitud.

 

 

Fotografía: Robert Mapplethorpe

 

 

 

Bésame más.

 

No tengo miedo

a perderte.

 

 

Fotografía: Anders Petersen

 

 

El beso lento y urgente,

el beso sin fin, orgánico,

cremoso, imprevisto,

el beso que trastorna

el orden y lo vertical,

el beso etílico, el beso

como olas envolventes,

tersas y sucesivas,

la ebria luz del beso

ajeno, díscolo, fiel,

el beso en picado

por si nunca más

vuelve a repetirse.

 

 

Y forjamos los andamios

para remozar la fachada

de la ciudad decadente.

 

Nos reunimos, somos jardín

y agua subterránea, imposible

medida del enjambre promiscuo,

luces de la nocturnidad.

 

Nos habían dicho: dejadnos

a nosotros las contingencias.

Y entonces: ¿qué constituiría

nuestro afán en lo menudo?

¿dónde nuestra ambición por

circular libres y dotar de sentido

a la levedad que nos envuelve?

 

Hasta lo más arraigado, cualquier

señal apuntando a los cimientos,

obliga a un estado de alerta.

A reconocer cómo emerge

de las barricadas el color

del viento que nutre al olvido.

 

Hasta los árboles son palabras,

hasta el amor escaso parece

denso y abundante como la fruta

dulce en el vergel. Venid,

venid a sembrar, a guareceros,

a las filas de la desilusión.

 

También el pan y los brazos

y la memoria de los ríos

construirán.

 

 

Fotografçía: Jason Eskenazi

 


 

Que el deseo, por tratar un asunto

de interés general, solo existe

lúdico y especulativo,

en una maraña

de relámpagos necesarios,

sin objeto definido

-que conste allí donde

sea pertinente-,

reacio a lo único

y asombrado,

en fuga de la ley vil

y del odio, a

contracorriente

como los peces voladores,

fiel a lo que subyace,

en crisis y al borde

del abismo, alegórico

en tanto que amapola

carnívora, por ejemplo,

también de sí mismo depredador,

en revolución permanente

y, por ello, siempre

infructuoso

y, al fin y cabo,

extenuante

y sin el cual, empero,

apenas sabríamos

qué significa vivir.

 

 

Fotografía: Julia Zuri

 


 

¿Por qué acarrear con todos los libros

hasta las antípodas?

 

¿Qué temor a mi propia memoria

da pie a esa procesión funeraria?

 

¿Es que respiro mejor

al lado de todas esas palabras luminosas

aunque reposen en papeles mustios?

 

¿Por qué si todos los grandes

pensamientos ya se han pulverizado

en ese cosmos descarnado y eléctrico?

 

¿Es mejor seguir con el delirio

expresivo de uno o cuidar el diálogo

interminable con los espectros y ruinas

de los clásicos?

 

¿Como gimnasia del alma o

a modo de las esporas de vanidad

que quizá prendan en algún desierto?

 

¿Por qué me quita el sueño

todo lo que quiero leer, acaso

hay edad para su guía simultánea?

 

¿En qué lugar del atlas se enterrarán

estos murmullos de ahora?

 

 

Ilustración: Jason Eskenazi

 

 

 

 

Lo que yo te doy es poco,

su masa es relativa y tal vez todo

sea demasiado fugaz, como un paisaje

a través de la ventanilla.

 

"Poco" y "todo" son todavía palabras

excesivamente deudoras de un cálculo

de las emociones y de la confianza

que siempre he considerado a la deriva,

naufragando en algún líquido sustancial.

 

Por eso yo prefiero olvidarme de cuánto

azul, de cuánto aroma de pétalos,

si perdurarán dichas y alas, el enigma

que acompaña nuestra inspiración.

 

Lo que nos damos no tiene mesura.

Es más: nos desborda como alud

impredecible y como las vetas de oro

que emergen y devolvemos con otra

forma a su preñada naturaleza.

 

Tienes razón: en lo minúsculo

percibimos el más leve parpadeo

de una gramática, el sueño estriado.

 

Pero yo tan sólo puedo pretender

que se impregnen de ternura

las omisiones, que un fulgor incluso

invisible mantenga viva la llama.

 

 

Fotografía: Rebeca Mateos

 

 

Nuestros sueños

devorarán vuestra

insoportable

realidad.

 

 

Fotografía: Vivian Maier

 

 

Una belleza infinita

es la octava quimera

que nos anima a seguir

y a extender las raíces

que germinan en añejos

laboratorios.

 

 

Ilustración: Félix Valloton

 

 

un poema de Chantal Maillard

un poema de Chantal Maillard

Mi piel es doble como la luz del mundo,
mi sangre, múltiple como la hierba,
mis ojos son el triple destello de algún faro,
mis huesos son tan frágiles como piedra de arena
y tan frío mi aliento
que el sol se quiebra entre mis labios.

¡Si alguna vez lograras conocerme!
Hay noches tan extrañas y tan largas
en mis manos
que a veces las estrellas se olvidan de brillar
para dormir en ellas.

Para ser tú la más extraña y larga noche
te bastaría ser un barco
de nieve y naufragar en mí.


Chantal Maillard, Poemas tempranos

 

Fotografía: Man Ray

 

 


un poema de Yves Bonnefoy

un poema de Yves Bonnefoy

 

Sí, para escuchar, sí, para hacer mía
Esa fuente, el grito de alegría, que borboteante
Surge de entre las piedras de la vida
Temprano, y tan fuerte, y luego se atenúa y calla.

Pero escribir no es tener, no es ser,
Porque el estremecimiento de la dicha no es allí
Más que una sombra, por diáfana que fuera,
En palabras que aún se recuerdan

De tantas y tantas cosas que el tiempo
Ha surcado duramente con sus garras,
-Y no puedo hacer más que decirte
Lo que no soy, salvo en deseo.

Una manera de tomar, que fuera
Dejar de ser sí mismo en el acto de tomar,
Una manera de decir, que hiciera
Que uno dejara de estar solo en el lenguaje.

Yves Bonnefoy

 

Serán los ojos dulces y marinos

que te atraviesan sin compasión,

o las lenguas vespertinas e incansables

que no dicen sino con rodeos, serán

o no serán quienes puntualizan

al deseo que no sucumbe, dúctil

y estratificado, presente como suelo

y roca permeable, será esa herencia

poco material y ubicua, pero de amplio

calado, la que nos impide una mayor

aproximación no obstante el clima

propicio que se respira estos días.

 

 

Fotografía: Rebeca Mateos

 

 

 

El poema más soberbio

que persiste en mi memoria

es el que declamaron

las yemas de tus dedos

sobre mi piel, en la noche.

 

 

Fotografía: Matt Blum

 

Dejamos las bicicletas

aparcadas en la playa

y sin ninguna prenda

interfiriendo la luz

que alegraba nuestros

cuerpos, el mito

del paraíso escribió

un nuevo episodio.

 

 

Fotografía: Herbert List

 

 

 

Se besaban salvajes,

a golpes, con ansiedad,

también con una dilatada

ternura, degustaban

su piel estremecida,

acoplaban sus torsos

como el agua al lecho

de su cauce, de pie,

con urgencia, en la plaza

de la estación.

 

El chaval que observaba

aquella escena milagrosa

se relamía maravillado,

intuyendo que eso debía ser

lo más apetecible

de este mundo.