Aunque veas
los escaparates llenos
de libros
de autoayuda,
tú ni caso.
Es conveniente
seguir y explorar
las virtudes
de la ayuda
mutua.
Ilustración: Kerry James Marshall
Aunque veas
los escaparates llenos
de libros
de autoayuda,
tú ni caso.
Es conveniente
seguir y explorar
las virtudes
de la ayuda
mutua.
Ilustración: Kerry James Marshall
El amor hace aguas, se oxida, trastabillea
con las fechas olvidadas y las cumbres
de tanto por ciento. Se muere
en la ducha, es un panteón de insignes
caídos por un imposible, el barbecho,
la reconfortante ausencia de madre.
Vaga y solicita auspicio forense o es que
acaso podría hacer virtud de una necesidad
imperiosa y siempre traicionada.
Dice la palabra seca y en cualquier
momento purifica.
No hay mejor boceto de la santa
locura de cada día.
Fotografía: Sofía Santaclara
Son los primeros días de septiembre
y se nota en las caras.
Aunque las temperaturas rondan
los treinta y cinco grados,
quién puede apagar
un escalofrío de enajenación.
Si he huido a una imposible
existencia clandestina
por qué esa luz y esos labios.
En lo remoto, en la pulpa almibarada
caducando: la intermitencia,
la opacidad, nuestros caminos
que se cruzan.
Ilustración: Pedro Peinado
Hay países ricos
porque se escribe
mucha poesía.
Hay países pobres
porque se lee
poca poesía.
Hay algunos
perplejos
donde coinciden
los dos
anteriores.
Fotografía: Daniel Arsham
Escribo a solas
pero la belleza
se crea en común.
Fotografía: Serge Marshennikov
Después de tantos viajes,
¿has vislumbrado un lugar
donde se respire la mesura
y se cultive para la flor
de todas las especies?
¿Acaso un recóndito y humilde
conjunto de almas que sepan
sobrevivir cuando se quiebren
las ambiciones y sea nada
la carísima aventura
de la destrucción?
¿Optarás por el resguardo al pie
de los últimos árboles
y los olvidados, o por reparar
el territorio de los verbos
hundidos en el fango?
Fotografía: Agustín Hurtado
Siempre nos vamos lejos, a los glaciares,
a los puños cerrados, a una palabra que suena
exótica porque es embrión y justicia
horaria donde escampa un aguacero
estival.
Los nativos exponen su filosofía
de las cosas menudas y los dientes intactos
que atesoran la previsión
de lo irremediable, ante lo cual debemos
plegarnos con humildad y reconocer
cómo crepita la luz salada.
Me amarías si fuese otro animal
con alas y mitológico, la nuez
de las respuestas que yacen sin
preguntarse, pero apenas atisbo
las costuras del dolor.
Fotografía: Nat Farbman
Se acostumbró tanto
a decir
lo que el jurado esperaba
de él,
las frases oportunas
para ganarse
el favor del público,
a callar
todas las afrentas
delante
de los superiores,
que se acabó olvidando
de la utilidad
de su palabra.
Ilustración: Guillermo Martín Bermejo
El mar acercó su albedrío
a tu cuerpo que no cesaba
de brillar.
Regreso al pez del tamaño
de tus deseos, por si muere
el azul.
Eres dichosa e influyes
en la brisa que peina.
Ilustración: Pedro Peinado
Vuelves a cerrar
todas las puertas
y ventanas.
Ya tienes
lo que querías.
Un amor
que se pliegue
bien,
sin arrugas,
dócil.
Al alcance
de la mano,
junto a los otros
alimentos
de la alacena.
Me lo dices
por mensaje
de texto,
en previsión
de futuras
aproximaciones.
Me alegro
por ti,
pero no me pidas
que deje
de aullar
como siempre.
Ilustración: Guillermo Martín Bermejo
No tengo ni idea
de bailar
como bien sabes,
pero doy
los mejores pasos
y la música
me impele
a insólitas
acrobacias
sólo para seguir
tu ritmo
infernal.
Ilustración: Malika Favre
En tus manos soy
ese juguete
siempre sometido
a la rotura
o al abandono
en un futuro
próximo.
Es simpática
tu dulce manera
de conseguir
que lo acepte
de forma
natural.
Cuantos más
deseos y planes
se te ocurren,
más cerca sé
que estamos
de firmar el acta
de defunción.
Es tozuda
la interrogación
y no admite
una respuesta
fácil:
¿Por qué sigo
enamorándome
de las causas
perdidas?
Y lo confirmo,
para evitar
suspicacias:
sí me parecen
imprescindibles
los vínculos
profundos
y duraderos.
Fotografía: Vika Yasinkaya
Vuelves a casa tarde,
poco antes del último
metro.
No puedes esquivar
todos los charcos
que ha dejado
el chaparrón.
Las luces,
el tráfico,
el fondo negro
del cielo,
la gente caminando
deprisa
como si tuvieran
un compromiso
ineludible.
No hay un relato
en tu garganta.
Mascullas
cuánto tiempo
podrás vivir
así.
Por qué esta
suerte,
buena o mala,
qué más da,
a la que me aferro
con los puños.
Los ojos de la muerte
ardiendo,
satisfechos.
Y el coro de compinches
que aplauden
el solemne discurso
oficial.
¿Y no es mucho más
sensato esperar
a que las cosas
caigan por su propio
peso?
No digo que vayan
a aterrizar
con suave elegancia,
que casi nunca
es el caso.
Pero tampoco
hay por qué
acelerar la inercia
de la caída
y regocijarse
con lo lejos
que rebotan
los añicos.
Todavía me quedo
estupefacto
con esas mujeres
que cambian,
a la velocidad
de la luz,
de parecer.
Donde hace
unos segundos
afirmaban
"te quiero tanto"
ahora cuelgan
el cartel de
"ciao,
no me convienes."
Quizá sea
comprensible,
pero a mí
me provocan
numerosos
cortocircuitos.
Fotografía: Sofía Santaclara
No os hagáis
ilusiones.
Lo del poliamor
no sale gratis.
Cuesta sus buenos
dolores
de cabeza.
Y es sabido
que la época
de rebajas
es un engañabobos
para liquidar
el género
sobrante.
Fotografía: Sofía Santaclara
Hacen un frente común. Gozan
de la libertad renegada por enésimo
número.
Se acoplan a las aristas
de un espejo distorsionado.
Nuestras nociones
que residen en varios puntos
de la línea de metro.
Fotografía: Eduardo Momenhe
Hoy me quedo en casa
interrogando al aire púrpura,
al metal, a la composición del verbo
extraído de la raíz.
El libro me lee y me reseña
con una nota al margen.
Ilustración: Paula Bonet