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ateo poeta

mis poemas y otros textos (provisionales)

 

Para nada en particular,

pensaba, quizá tan solo

para acompañarte,

abriendo un poco

mis ventanas, aireando

algunas intimidades

pero sin mayores

pretensiones por mi

parte. Esto no va

de convencer y si

te sonrojo o turbo

posiblemente será

porque algo oscuro

me ha sobrecogido

a mí antes.

 

Esto pensaba mientras

escuchaba primero

"my favourite things"

y luego el disco entero

de "blue train" porque

Coltrane nunca pasa

de moda y hace juego

con las cortinas

y es viernes y al final

me he quedado en casa

y hay mucho vacío

alrededor así que

la música nunca

estorba, y, además,

requiere mucha

menos concentración

que la lectura de poemas

enigmáticos,

por no hablar de esas

poéticas en las que

te topas con las más

insólitas respuestas

al porqué de tanta

verborrea.

 

 

Fotografía: Elia Costa

 

 

 

 

Del ayer sólo se escucha un enjambre

de habladurías.

 

No menos que las esforzadas

por interpretar el presente.

 

Hacia adelante el mundo está lleno

de simpáticos ilusionistas

y no pocos,

sobradamente peligrosos,

profetas.

 

 

Fotografía: Robert Lebecks

 

 

Cuando bajo la cuesta

de la Casa de Campo

-ahí por las seis

de la tarde, en pleno

mes de diciembre-,

serpenteando hasta

los llanos de ese estanque

grande con piraguas,

barcas de recreo y

visitantes a propósito

-porque esto queda

un poco en la periferia-,

veo cómo se refleja

el sol poniente sobre

el perfil desigual y

bronceado de los edificios

con orientación oeste,

con sus miradores

hacia esta masa arbolada

y hacia el fresco espontáneo

de nubes morosas

y pintonas que conforman

las llamadas vistas

privilegiadas y

que dotan de precio

inmobiliario

a las susodichas

propiedades.

 

Entonces pienso

en Oslo y

en Estocolmo,

en esas pocas horas

de luz nórdica,

por muy boreal

que se tiñan a veces

sus auroras,

y en cómo será

vivir en el exilio

de veras,

sin impostura

literaria que valga,

acorralado

por una nieve

persistente,

empujado por

la inercia del frío

y de las ventajas

del Estado

de Bienestar

a mis refugios

solitarios,

aún más,

si cabe.

 

Entonces ya no

hay día en que

no observe el lago,

los piragüistas

y los paseantes

atribulados,

con una especie

de nostalgia

injustificada,

como si hubieran

desaparecido ya,

como un tesoro

que me había tocado

en suerte

y que ahora está

a punto

de enterrarse otra

vez en el viejo mapa

porque alguien

con quien no quiero

identificarme

ha comprado

ya el billete

de ida.

 

 

Fotografía: Elio Ciol

 

 

 

¿Pero qué tipo de mundo

estamos dejando como legado

a quienes van incorporándose

-irreverentes-

sin pedir permiso para nacer

ni -inocentes-

portar responsabilidad alguna

en su alumbramiento

y no digamos ya

considerando

que -en tanto sujetos pasivos-

ni siquiera han gozado

de acceso previo

a informes rigurosos y solventes

acerca de lo que aquí

les aguardaba?

 

¿Alguien se ha acordado

de que queden árboles

y semillas suficientes

mientras se habilita

el puente aéreo

para importar

la fotosíntesis

y el agua pura

del edén

de algún otro

planeta?

 

¿Y, por cierto, cómo

tenemos la reserva

de camas, techos,

medicinas y personal

auxiliar de cuidados

intensivos para los más

de siete mil millones

que no podrán irse

de vacaciones

a contemplar uno

de esos paradisiacos

agujeros negros

del espacio?

 

Sin ánimo

de exhaustividad:

¿seremos capaces

de recuperar alguna

dignidad inteligible,

algún derecho

o guía de conducta

a partir de las cenizas

y añicos

en que acabaron

convertidas

aquellas páginas

de papel centenario

donde se inscribían

hermosas

palabras de libertad,

igualdad, etc.?

 

 

Fotografía: Gloria Rodríguez

 

 

 

Escribo tu nombre

varias veces al día.

 

Ni con esas consigo

aplacar el significado

de la distancia.

 

 

expulsar el desorden

expulsar el desorden

 

Dice que escribir

es una forma

de expulsar el desorden

insoportable

que se acumula

en su interior.

 

Lo que me maravilla

es que tanto desorden

se pueda transformar

luego en bellas

expresiones engarzadas

entre cada uno

de los oídos

que llega a estremecer.

 

Es tan evidente

ese salto mortal

-y el milagro

de salir airoso

del mismo-

que me pregunto:

 

¿a quién se le habrá

ocurrido pensar

que este oficio

consistía en buscar

las pepitas de oro

en alguna lejana

frontera?

 

 

Fotografía: Mariko Okada

 

 

 

Todo el amor

es el amor de ahora.

 

El de ayer, sujeto a la traducción

infinita de lenguas sedientas.

 

Del amor por venir mejor será ocuparse

cuando aterrice y se encarne.

 

 

Fotografía: Jil Sander

 

 

 

Elogio del caminar

entre lo borroso,

a tientas,

mediante croquis,

esbozos,

augurios

y nociones

que prefiguran,

y elogio de las ciencias

que pretenden

la exactitud

y la gloria

de tocar el cielo

a través de sus

humildes

certezas.

 

 

 

Elogio de la donación

de sangre, órganos,

alimentos, abrazos,

palabras de consuelo,

palabras de aliento,

palabras sabias,

palabras inútiles

y otras básicas

necesidades

sustraídas

al imperio

del vil metal.

 

 

 

Me adviertes de lo pernicioso

que es encerrarse en casa sin

cultivar una mínima vida social.

 

Temes que desarrolle un nuevo

caparazón por encima de la piel,

de la ropa y de otros intangibles

emocionales por culpa del laberinto

lúgubre -mas lleno de palabras floridas-

en el que incurro con cierta

atracción masoquista.

 

Sabes que detesto la adicción

al trabajo, la disciplina impuesta

y toda autoridad, pero desconfías

de verme conectado a la máquina

hasta altas horas de la madrugada.

 

Yo también me burlo de mí mismo

y preconizo una vida más disoluta,

por lo que sospecho que la diligencia

laboral y el oscurantismo de mi

espíritu no son cualidades innatas

sino fruto de muchos golpes

y de presentir que, en el fondo,

desde que te fuiste,

todo está perdido.

 

 

Fotografía: Lewis Hine

 

 

 

A media mañana

toda la tercera edad

y yo nos ponemos

a remojo en la piscina

municipal.

 

Practicamos el nado

con constancia

y, sobre todo ella,

sin prisa alguna

por alcanzar

el extremo opuesto

de cada largo.

 

No tengo más remedio

que adaptarme

a su velocidad

y parsimonia,

o acelerar en los huecos

que van quedando

en cada calle.

 

Se conversa poco,

se trata de un deporte

muy introspectivo

y casi sin hablar

cedes el espacio

o descansas hasta

que se aminore

la congestión.

 

Por mucho que difieran

nuestros cuerpos,

con estos rituales

me someto a una gran

cura de humildad:

todos somos

sucedáneos

de los peces

y qué pasajera es

nuestra arrogante

juventud.

 

 

Fotografía: Tina Barney

 

 

El mundo está muy dividido.

 

Uno se asoma ahí fuera

y no encuentra más que ultrajes,

la administración sádica y tortuosa

de un sufrimiento inconcluso,

una historia sangrienta

abanderada por quienes ostentan

los cetros del mando.

 

Después uno le toma el pulso

a sus sueños y no halla

más que cuerpos voluptuosos,

manos delicadas y tiernas

apaciguando todo temor y vacío,

una lengua sabia e irónica

que mantiene a tu inteligencia

en constante estado

de turbación.

 

Hay que denunciar esa brecha

y esclarecer, por fin, el lado

de la barricada por el que tomamos

partido.

 

 

Fotografía: Gloria Rodríguez

 

 

 

Puedo afirmar con total exactitud

y sin miedo a equivocarme

que me nutrías tanto de cometas

en el estómago cuando ocupabas

la ubicuidad de mis operaciones

cotidianas,

 

como ahora que sólo puedo aspirar

a la tersura de tus extremidades

y a tus globos aerostáticos

en las fechas concertadas

con la suficiente

antelación.

 

 

Fotografía: Miroslav Tichỳ

 

 

Hoy no he leído ninguna noticia

de suicidios, violaciones u otros

actos de terror cotidiano y de

dimensiones tan planetarias que

uno hasta se compadece de

quienes simplemente cultivan

el mal en sus negras cavilaciones.

 

Seguro que no han dejado de

perpetrarse por muchos esfuerzos

que yo haya hecho por pasar

página, por mirar a otro lado

o por desear que una brisa tibia

me acariciase el rostro que sí,

quiere mostrarse más positivo

cada día.

 

 

Fotografía: Anton Corbijn

 

 

 

 

Es difícil ilusionarse, se dice.

 

Muchos prefieren la risa floja y las frivolidades

en lugar de mofarse con violencia

de las fuentes del dolor

 

y de sus responsables de infames rostros.

 

¿Cómo revelar la arquitectura invisible

del poder y de la sumisión ramificada?

 

Que nada paralice tu voluntad

aunque cabalgues a lomos de una conciencia

paradójica y quebrada,

en el filo cortante de la navaja y del concepto.

 

Hay tareas ingratas

y hay transitorios emplazamientos, ambulantes.

 

Propicia tu celebración -aunque clandestina-

de las escaramuzas ganadas

en la nebulosa infinitud, muerde esa pulpa

merecida

 

en el afán de un nuevo y obsequioso jardín.

 

 

Fotografía: Sybille Bergeman

 

 

Otro diciembre, el tercero, en Copenhague

Otro diciembre, el tercero, en Copenhague

 

 

Era la nieve inmensa,

el manto de nieve

que cubría las llanuras,

la nieve basta y excesiva,

la esperada, la que acontece

como imperio del paisaje,

era la nieve apilada

en los márgenes de las vías,

la pura y la mancillada,

la envejecida, la ennegrecida,

la crasa nieve, la hermana

de las placas de hielo

traicioneras, era ese paisaje

dulce, tendiendo a lo inmóvil

y al mutismo, la nieve

blanquísima y la dádiva

para que no haya sed,

eran el calzado y el atuendo

apropiados a esta frialdad,

las pieles pálidas y también

las pieles oscuras y todo

abrigo de esa inhóspita

intemperie, de esa luz

que quema las pupilas,

eran millones de metros

cúbicos de nieve

despejados

por las máquinas

de los lugares

con más tránsito y eran

las bicicletas que seguían

circulando, con esa alegre

falta de pasión, incluso

en las circunstancias

más adversas.

 

 

Fotografía: Gordon Parks

 

 

 

 

¿En qué consiste

su misterio,

su indescifrable

enigma,

su frágil

secreto

y su aliento

casual,

su pugna

permanente,

su no,

su tal vez,

su prótesis

y su bálsamo,

su talismán

o su verdad

científicamente

comprobada,

su osadía,

el escote

de su promesa,

su valor

sin precio,

su capacidad

imperturbable

de retar a todos

y de ponerlo todo

patas arriba?

 

 

Fotografía: Kurt Hutton

 

 

Me maravillan esas mujeres

que después de finalizar

un arduo crucigrama

o de completar con éxito

una sopa de letras,

jeroglífico o autodefinido,

arrugan el papel y lo lanzan

satisfechas a la basura.

 

Metáforas y comparaciones

a este respecto son odiosas,

como bien se sabe.

 

 

 

El amor es el arte de la lentitud.

 

Te enteras (algo) de qué va

cuando ya se ha acabado.

 

 

Cada vez que recuerdo

tus orgasmos cósmicos

expandiéndose

por todos los rincones,

penetrando su clamor

sin atributos

-quintaesencia del verso-

por todos los puntos

de mi cuerpo abierto

de par en par,

receptivo a tu aliciente

como un neonato,

abatido por el poder

de tu verbo infinitivo

y por el temblor

de lo incontable,

me troncho de risa

con todas esas

ridículas leyendas

y épicas acerca

de la masculinidad.

 

 

Fotografía: Cintia Massafra