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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.

la buena vida

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Llegar a la playa a última hora de la tarde. Las aguas mansas, el cielo despejado, cediendo a la explosión lenta de colores en el horizonte. En este caso, la playa de A Fontaíña, en Vigo. Jugar con mis niños a las raquetas, hacer el tonto, aspavientos, sumergirnos, correr. Dejar que el tiempo pase y que caiga la noche. Olvidarse de todo, hasta de comer. Como si se pudiese sobrevivir, vivir y hasta gozar con muy poco. En lo más profundo, liberado de todos los lastres. Como la mañana paseando por el monte Aloia, es otro ejemplo. Alzándonos hasta coger las brevas violetas y las manzanas con coloretes, escudriñando las últimas moras estivales. Sudar entre árboles centenarios, recostarnos al lado de una poza y de viejos molinos, en el lecho de las libélulas, los tritones, las ranas, los zapateros. Pan de maíz en casa, tierno y oloroso, como si las manos de quien lo amasó aún estuvieran acariciándolo. Cerrar los ojos y pensar en todos los lugares del mundo donde has estado, y parecerte un milagro que sigas aquí, que estés vivo. Como si estuvieses viviendo en todos esos lugares a la vez, como si nunca hubieses estado allí, como si tampoco estuvieses aquí. Pero sólo ver el rostro de personas con las que alguna vez has hablado, su sonrisa, su presencia, parece que te explica el milagro. Cuanto más tiempo hace que las conociste, mayor es la celebración del encuentro, aunque no intercambies ni una palabra. Aunque nunca hayas hablado con nadie. Ellos están vivos, yo también, todos tenemos muchas vidas dentro. Muchas lenguas. La buena vida es también alimentar nuestro pensamiento y nuestra sensibilidad. Con ideas de libertad. Con ideas que se bailen. Como “Dios ke te krew” el viernes, como “Che Sudaka” el jueves, como “Galegoz” y “Kogito” hace una semana. Poesías rebeldes. Discurriendo sin prisa, la noche es larga, la noche estrellada y cálida y dulce. La buena vida es sólo cada uno de esos instantes de felicidad y paz interior. Son sólo ejemplos. La buena vida es un secreto a voces, aunque hay tantos empeñados en el negocio de fabricar, envolver y regalar tristeza, vidas plastificadas y amargadas.

04/09/2006 03:50. ateopoeta #. Hay 1 comentario.

madres

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el cortometraje “Madres” (Mario Iglesias, 2005) ganó el “Festival de Cans” en su edición de 2006, no sé si merecidamente pues no pude asistir, pero de lo que no cabe duda es de que la historia estremece, emociona, hace pensar, ¿y qué más le podemos pedir a la ficción?

 

el festival de Cans se ha celebrado ya tres años en la localidad de Cans, en el ayuntamiento de O Porriño (Pontevedra) de forma paralela al de Cannes, y gracias al mismo, los premios otorgados allí sirvieron para que se proyectasen de nuevo las películas ganadoras en el “Festival da Poesía” de Salvaterra de Miño,

 

“Madres” presenta a una pintora artística que regenta una escuela de pintura en una localidad costera gallega, tiene una niña de unos tres o cuatro años todo el día pegada a ella, y también está embarazada de un nuevo retoño, sin que se haga ninguna mención en la narración a padre alguno, como si no fuese necesario ni importante para la crianza, pero sugiriendo una cierta tensión entre la autosuficiencia de la protagonista (Isabel Rey) y su extrema y solitaria sensibilidad,

 

un día se presenta una señora en el estudio solicitándole un retrato de un hijo de ocho años que murió junto a su padre en un accidente de tráfico, sin embargo, la señora no dispone de ninguna foto del hijo, sólo de una del marido a la edad de 38 años y le pide a la pintora que “le quite 30 años a esta foto”… el encargo no le deja dormir durante semanas tras todo tipo de intentos fallidos y de preguntas acerca de la evolución de alguien que no pudo llegar a ser, y de la vuelta atrás de alguien que ya fue…

 

no hay mucho más que decir sin desvelar lo que va sucediendo, todo parece una melodía de la naturaleza, de la forma en que la complicamos los humanos, de los cruces de caminos que nos plantea la vida y de cómo, al final, cuando no le damos la espalda, damos a luz algo que realmente merece la pena, también para nosotros

 

04/09/2006 19:30. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

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hoy, que no existes, que sólo eres la primera lluvia

de septiembre, que ni te imagino, con quien he sentido

el júbilo de encontrarnos por azar y el peso ligero de mis huesos

y mis movimientos cuando nos hemos despedido, hoy,

a años luz del día en que me dí de baja de la cola de mendigos,

no dejo de interrogarme: ¿qué puedo aprender de ti, mi zafiro?

¿qué puedo aprender de nuestra tierra en común?

¿en qué facetas podría crecer junto a ti antes de morirme en vida?

¿por qué sólo te deseo como una experiencia artística?

hoy aprecio mi equilibrio ante el movimiento de rotación

de un planeta que está lleno de locos, mis pisoteados conjuntos

de puntos que sustentan ese equilibrio, la dinamo que me imprime

luz y arrojo, combustibles líquidos, sólidos y gaseosos,

todo ese magma que cobra un orden natural cuando lo digieres,

y duermes, y respiras, y tragas, y exhalas sentimientos sublimes,

pensamientos generosos, nuevas líneas de horizonte

 

12/09/2006 16:48. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

vía verde

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En Logroño comenzaron las fiestas de San Mateo el sábado. Toda una orgía de vino y sangre de toro. Me fui a Calahorra, a cuya entrada un cartel la presentaba como “la capital de la verdura”. A los pocos kilómetros de pedalear por la vía verde, comencé a mirar fijamente hacia aquellos montes arcillosos y secos que bordean los ríos. Para los geólogos son conglomerados depositados allí por las aguas hace millones de años, no verdaderos montes, cárcavas sometidas a una intensa erosión. Para mí, eran sólo nichos de buitres leonados, sombras fijas y sombras móviles que te acompañarían todo el trayecto. Cuanto más silencio y majestuosidad me inspiraban, más comenzaban a ronronear los pensamientos. Nunca hago estas rutas demoledoras para huir, sino para encontrarme. Para medir mis fuerzas, tomarle el pulso a la soledad, examinar el curso de mi vida y de sus sedimentos. También para impregnarme del conocimiento local, de los pueblos que aún respiran. La vera del río Cidacos me hizo recordar los nombres de esos botes de conserva que conoces desde la infancia. Al igual que todas esas naves industriales de Autol donde cultivan champiñones. Son palabras y lugares que hasta entonces sólo eran etiquetas abstractas de alimentos. Septiembre está ya muy avanzado. En las higueras muchos frutos han fermentado y su alcohol dulce atrae a los depredadores más tardíos. Me empacho poco a poco de ese regalo salvaje, y de las últimas moras casi decrépitas. Sonrío, tomo velocidad y la mente se me obnubila. Los olivos, los nogales, los manzanos, las matas de lúpulo, los almendros con sus vulvas abiertas, y toda esa milagrosa maleza de ribera van quedando atrás hasta que me adentro en nuevas huertas y no puedo evitar inundar mi paladar con uno de esos tomates hirviendo al sol del mediodía. Entre Arnedo y Arnedillo el río desaparece entre un lecho de guijarros. Y me pregunto si eso es otra metáfora. Crecidas de agua y sequías transitorias, remontar el río hasta sus orígenes a pesar de los espacios vacíos. El paisaje está dentro de uno, sólo hay que leerlo. Junto a las aguas termales busqué un lugar con vistas para comer y a mi lado se sentaron una familia de marroquíes, primero, todo hombres, y de ecuatorianos, después, esta mixta y también de todas las edades. Y furgonetas con música. Subir a la montaña siempre gratifica, pero no son necesarios los sermones. Sólo la contemplación serena del afuera y del adentro, de cada una de las sílabas que le dan sentido. Volví a descender atravesando aquellos tenebrosos túneles por los que circuló el ferrocarril antes de que lo liquidaran. Ahora todos aspiran a su todoterreno y a convertir las huertas en piscinas y los senderos en chiringuitos con parque municipal adyacente. A medio camino la bicicleta se averió. Las horas de gozo nunca duran eternamente, pero el percance lo interpreté tan sólo como una advertencia del destino para correr menos, para dejarme guiar por las oropéndolas y por los silbidos de la brisa.

 

la sangre de los fósiles

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Siempre es difícil encontrar libros de poesía que merezcan la pena. Escuchando el programa de Radio 3 “La estación azul” escuché a José María Micó recitar algunos de sus poemas en su último libro, “La sangre de los fósiles” (editorial Tusquets, 2005), y me gustó su lenguaje prosaico, aforístico y circunspecto. El libro, al final, no me ha entusiasmado del todo ni me parece redondo, pero son recomendables algunos extractos.

 

oigo el mercado,

toco un cuerpo joven,

percibo mi propia juventud,

la que fue y ya no es,

la que estuvo y no está,

paseo sobre cáscaras de frutos,

entre los gases de los coches,

y veo y huelo y gusto y toco y oigo

sólo lo que está fuera de las cosas.

El fruto es siempre ausencia,

placer vaciado.

 

 

yo soy.

Tú eres.

Él es.

Nosotros somos.

Ellos son.

Pero si me creéis, allá vosotros.

 

  

el olor del jazmín es casi tacto.

 

 

algunas noches

las mujeres se suben

a la cabeza.

 

En la taberna,

el mundo vocifera,

tú me sonríes.

 

Esa sonrisa

es una de las formas

de la esperanza.

 

Es el instante,

y no un vodka con hielo,

lo que ahora apuro.

 

Cualquier esquina

en que bese tus pechos

será mi casa.

 

Si te desnudas

verás desanudarse

todas mis dudas.

 

No nos miremos.

Es hora de tocarse

sin miramientos.

 

Estamos solos,

y encima de esta cama

sobran los versos.


23/09/2006 22:32. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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