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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.

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Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay una

luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, luz de agonías.

Adiós a las mutuas manos y las sienes

que acercaba el amor. Hoy sólo tienes

la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene y no ha tenido

nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

 

J.L. Borges

 

03/04/2007 20:20. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

utopías

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Los últimos libros que he leído no son literatura al estilo clásico. Pero me permiten jugar a deslizarme desde la realidad a la ficción y viceversa, como si resbalara por una banda de Moebius. Por una parte he rescatado de la marginación “Walden Dos” de Benjamin F. Skinner (1948). Marginación en mis estanterías, pues los psicoanalistas y freudomarxistas lo asediaban implacables y lo mantenían en el ostracismo desde el día en que lo encontré en alguna librería de viejo. Skinner era un psicólogo conductista que, sin embargo, creía firmemente en la perfectibilidad humana y en un mundo futuro armonioso, cooperativo y guiado por simples principios científicos. Y así escribió “Walden Dos” que, todo hay que decirlo, no es ningún prodigio literario, al revés que ocurre, por ejemplo, con dos de las contrautopías que sí figuran entre las narraciones imprescindibles del siglo pasado: “1984” (de George Orwell) y “Un mundo feliz” (de Aldoux Huxley). Alguna otra utopía que a mí también me asombró fue “Ecotopía”, de Ernest Callenbach, quizás por su crudeza realista ante las cuestiones ecológicas y bélicas. Walden Dos es menos desalentador de lo que suponía y comparte muchos elementos con las distintas versiones de comunismos igualitaristas, aunque deja muchas lagunas de ambigüedad en manos de supuestas ingenierías de la conducta, de la cultura, del gobierno, etc. El segundo libro que, sin embargo, me ha dejado mejor sabor de boca es el relato de las aventuras y desventuras de una comuna que intentó seguir al pie de la letra las especulaciones de Walden Dos. Se trata de “Un experimento Walden Dos. Los cinco primeros años de la comunidad Twin Oaks” (Kathleen Kinkade, 1973). En este caso la historia se presenta como una crónica verdadera y la prosa es mucho más fluida. No pude evitar sonreír con frecuencia, quizás debido a que me acordaba de muchos otros libros semejantes que leía con fruición hace años (los de Pepe Riba y Keith Melville, por ejemplo) y de tantas experiencias urbanas y rurales que siempre me han apasionado. El pasado fin de semana visité, precisamente, a unos amigos que llevan unos años iniciando un nuevo intento de vida en común en las cumbres de la sierra del Suído (Pontevedra). Y en unos meses iré a un congreso sobre utopías en Plymouth (Inglaterra). Así que no debo estar tan inmunizado como pensaba. Lo que me sigue fascinando es el poder performativo de algunas palabras, de algunas historias de ficción y hasta de sociedades completamente inventadas. ¿Por qué son tan persuasivos esos “cuentos” que impelen a actuar, a creerlos y a hacerlos realidad? ¿O por qué hay gente que se deja persuadir? ¿O por qué vemos una persuasión donde sólo hay experimentos vitales que cogen algo de unos libros, algo de sus propias vidas y algo de muchas otras vidas a su alrededor? La realidad, no obstante, es más tozuda y 40 años más tarde Twin Oaks no parece haberse atenido mucho al espíritu y letra de Walden Two (http://www.twinoaks.org/clubs/walden-two/bastard.html).

 

 

 

11/04/2007 11:40. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

listas hiperrealistas

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cosas que me ponen contento:

 

olvidarme del día de la semana que es hoy

porque no dejo de pensar en sus labios

lujuriosos

 

sentarme en la playa a contemplar mujeres

joviales y esplendorosas mientras leo un libro

de epistemología

 

salir a correr con Luis hacia esos crepúsculos rosados

de primavera y que Luis me diga que repito

mucho la palabra ‘paradojas’

 

aquellas manifestaciones donde se coreaban

canciones embriagadoras y por las que mamá

temía una peligrosa revolución

 

hacer planes, improvisar, deshacer los planes,

provocar, convocar y revocar los desconchones

del alma

 

ver películas líricas, tener sueños eróticos,

escribir listas

Silvia

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Es muy tarde. Tarde en la noche. Tarde en mi vida. A los cuarenta y cinco ya sabes cómo digerirlo todo. Tragas y expulsas. Conclusión: conoces a la perfección tu vacío interior. Y aquella niña me maravillaba por eso. Por crearte la ilusión de que aún no sabes muchas cosas. Pero ella tenía veintidós. Era mi alumna, aunque a la mayoría de futuras ingenieras informáticas esto de las matemáticas les suele parecer un simple divertimento. A mí me daba igual. Lo que no soportaba era aquella corriente eléctrica. No, no era la del aula de ordenadores. Era el chispazo, el calambre que me aturdía cada vez que me encontraba con aquella niña a menos de un metro de distancia. Incluso más lejos. Cada vez que cerraba los ojos y la veía. La erección era inmediata y vergonzante. La quería evitar a toda costa. Mis principios éticos me obligaban a no traspasar esos límites. Es cierto que somos adultos. Es cierto que otros profesores no tienen escrúpulos de ningún tipo. Es cierto que no perdía nada por insinuarle algo. Pero debía ser al finalizar el curso, sin notas ni posibles chantajes emocionales por medio. Justo cuando todas se olvidan de que existes. Cuando ingresas en la categoría de los viejos profesores. Con un pesado cargamento a cuestas, tal vez invisible, pero más que evidente para esas tiernas criaturas. No hay más que ver sus elecciones de juventud: todo está por hacer, se juntan con quien no es nada, pero tampoco pierden nada si se desjuntan. Es mejor así. No me hago ilusiones. Nunca me las hice, de todos modos. Y casi nunca, pues, se daban las oportunidades para las insinuaciones. Tras la revisión de exámenes borraba todas las huellas. En el caso de Silvia, sin embargo, me pasé una larga hora contemplando fijamente su ficha antes de destruirla. Su teléfono y su correo electrónico. Podría proponerle ayuda para alguna investigación. Pero sería un burdo engaño. Todas mis investigaciones son teóricas y esotéricas. Rehuyo todo trabajo en equipo. No sirve más que para aparentar y entorpecer. Me basto a mí mismo. Pensé que en la universidad me dejarían en paz con mis especulaciones. A duras penas, no obstante, conservo mis oasis para leer y pensar. Lo que no puedo controlar de ninguna manera son las explosiones de magnetismo como las que me asolaban con Silvia. Nunca sabré si ella experimentaba algo semejante. Y eso me duele. Más por curiosidad científica que otra cosa. La verdad es que no tengo ni idea de qué es eso de enamorarse, aunque sospecho que no es nada de lo que me ocurría con Silvia. El atractivo que irradiaba no era enfermizo, estoy seguro. Podía haber cometido alguna torpeza si la hubiese llamado o invitado a tomar algo, pero poco más. Lo único que deseaba era seguir ahí electrocutado, a su lado, eternamente. Lo más probable es que de forma asintótica, para qué engañarnos. Hasta que el aburrimiento, el desgaste, el aumento de la entropía, la vida misma nos volviese a separar. Lo que ocurre es que a mi edad y en mi decadente estado, una simple reciprocidad como aquella me hubiese parecido el regalo más milagroso de la naturaleza. No me importa la soledad, no me hace daño, hay cosas peores. Ahora ya es tarde. Ahora me doy pena a mí mismo. Soy tan inepto. Al desaparecer Silvia es como si me hubieran extirpado una vértebra. Tal vez me lo merezca.

 

Lo que nunca debí hacer fue confesarle a Pierre mi debilidad. Lo supo tres meses después de que comenzásemos a encontrarnos regularmente en su casa. Él es también profesor. De historia de la música, aunque eso es lo de menos. Joven, ambicioso, seguro de sí mismo, el que desprecia los abismos interiores. Pero también sensible y enigmático. Conocía a Silvia desde el instituto. Fue ella misma quien me lo presentó. Venían juntos a preguntar alguna minucia burocrática. A Silvia le brillaron los ojos pícaros y sus labios carnosos de vampiresa se movieron juguetones y cadenciosos mientras me decía el nombre de su amigo. Debió sospechar que yo era homosexual. De igual modo que, al parecer, estaba segura de que esa era la condición de Pierre. Salí con él durante cuatro meses. Una relación iniciática, simplemente. Me lo puso fácil, me lo ofreció todo. Y no perdía nada por probar. Apariencias y prejuicios me importan un rábano. Y, por otro lado, ligar o, más bien, intentarlo desesperadamente, me resulta una pérdida absurda de tiempo. Si con el sexo opuesto no puede ser, por qué no con el mismo sexo. Pierre era experto y atractivo, pero me sedujo con su compañía y su conversación provocadora. Retando siempre mi lógica y mis absurdas preocupaciones algorítmicas. Tenía algo de artista y de erudito a la vez. Lo que ocurrió fue lo habitual. No me enamoré, no sentí nada nuevo y decidí dejarlo. Cerrar el círculo. Volver a mi reclusión. A la espera de milagros. El de Silvia ya lo daba por perdido. Y más cuando la vi de nuevo con Pierre. Pero esta vez no se mostraban sólo como amigos. Para Pierre debía ser la primera vez que se emparejaba con una chica, aunque esta aventura parecía más un alarde de despecho que una verdadera inquietud emocional. Pero era hábil y seductor. Eran jóvenes, con muchas incertidumbres en los intestinos. Lo comprendía perfectamente, pelillos a la mar. Lo que me ha destrozado por dentro es la noticia de la muerte de Silvia. No llevaban ni quince días juntos. Nadie sospecha que pudieran reñir, tan amigos y fraternales desde hacía años. Nadie sabe que Silvia era uno de mis deseos de infinitud. Nadie percibió mi intimidad con Pierre. Todo discurrió de forma muy discreta. Los periódicos sólo dijeron que una escaladora había sufrido un accidente mortal en compañía de su novio. Un deporte arriesgado. Los que buscan su interior en las alturas de las montañas. Pierre, consternado. Aparentemente. No lo quise aceptar, no soy tan crédulo. Algunos accidentes tienen causas si se sabe buscarlas. Y yo era el culpable último de que se apagasen los latidos de aquella dulce incógnita. No puedo dormir. Es muy tarde. Nada ahí fuera tiene las respuestas.

 

13/04/2007 10:09. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

lo que se esfuma

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Puede ser que no me entiendan.

 

Ya estoy acostumbrado. Esas palabras tan raras.

 

Pero no puedo evitarlo: esas ferias tan kitsch,

esos razonamientos tan naïve.

 

A un loco sólo le entiende otro loco.

 

Por eso la mímesis, el camaleón. Aun

antropomórfica.

 

Y el chucrut, el esperanto, Kandinsky, el tantra, los sms,

el trip-hop. Esos códigos.

 

En fin: sólo quería reparar esta cremallera, que se atasca.

 

(¿Amor a los silogismos? Podría ser un título.)

 

 

17/04/2007 10:02. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

parece cine

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Cuando en su momento vi la magnífica “Dogville” (Lars von Trier, 2003) ya dejé huérfano a este blog de mis impresiones. Ahora, después de ver la última película del mismo director, “El jefe de todo esto” (2006), no puedo prolongar más la indiferencia. Y, ante todo, lo que me gustaría resaltar es que las dos son narraciones perturbadoras y brillantes. Reconstruyen de forma verosímil varios conflictos morales en torno a la ayuda, el abuso, la venganza, la manipulación… Y son brillantes, además, porque discurren al modo clásico de “presentación, nudo y desenlace”, pero con originales e inesperados detalles en cada escena y escenario. Ahora bien, parecen cine; pero parecen, mucho más, teatro. El mismo director ha declarado hace poco que cada vez es menos dogmático con respecto a los principios del movimiento cinematográfico Dogma que contribuyó a abanderar hace más de una década. Pero en ambas películas todo se concentra en los personajes y los diálogos. A su alrededor, el paisaje crudo. Para el consumidor masivo de productos audiovisuales, la ausencia de abalorios en estas películas -de música, de movilidad geográfica y de peripecias artificiosas con la cámara- genera inquietud, pero también concentración en el relato. Puro teatro. Lo mejor de “El jefe de todo esto” es el humor que destilan los absurdos acontecimientos que le van sucediendo al insólito protagonista: un fracasado actor que es utilizado por el dueño de una empresa de informática para representar el papel de director de la empresa. Puro metateatro. El dueño ha pasado años oculto entre el resto de empleados para así ejercer mejor su dominio sobre ellos: inmiscuyéndose impunemente en sus sentimientos más íntimos (y manipulables). Ahora quiere vender la empresa a una firma islandesa y en la transacción será despedido todo el personal sin ninguna compensación. Los daneses representan el papel de los “sentimentales” habitantes del “sur” nostálgicos de su imperio colonial sobre los islandeses, ahora bajo el prototipo de más disciplinados, productivos y con mayor racionalidad empresarial. Otro metarrelato. El actor descubre un público inesperado para sus dotes interpretativas, pero también una oportunidad para ser fiel a su ética. Fiel hasta la suma contradicción. Como todos los demás. Y las consecuencias finales, inesperadas y dramáticas, ya no parecen responder a la voluntad de ninguno de los personajes en particular. Pura sociología.

 

23/04/2007 13:09. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

ejercicio de eternidad

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No importa lo que creas.

Tan sólo actúa dentro de ti.

Con la lentitud del manantial en la cumbre.

Reconoce la paz cristalina que te habita ahora.

No importa mañana.

Desanuda las trabas que te impiden caminar.

Deja a un lado las culpas que obturan tu hálito.

Tu aurora es ahora.

Puedes asir las manos cálidas.

Las que te acarician la conciencia de infinitud.

Disipan el ocaso.

Liman las aristas.

Puedes nutrirte de la belleza del horizonte.

El universo entero es abundante y generoso.

Todo lo que vive, morirá.

Todo lo que vive nace de lo que feneció.

Todo lo que muere, se regala.

No necesitas forzar esas mutaciones.

Sólo goza en tu austeridad.

Hasta olvidar lo que duele y se debilita.

Estos instantes son los que importan.

Cuando reúnes la virtud de traducir.

Y te hermanas con lo imprevisto.

Te deslizas suavemente.

Tu luz da.

Compartes el banquete de dicha.

En el silencio oyes el crujir de las hojas.

Y el vientre del cosmos que te engendró.

Sólo así sientes tu libre albedrío.

Es un sueño hilvanado con el tiempo.

Coraje solar.

Semillas de voluntad.

Deseos de ser.

 

devocionario psicodélico

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In the greatest sessions

One does not know that there is a guide

 

In the next best sessions

One praises the guide

 

It is worse when

One fears the guide

Or when one pays him

 

If the guide lacks trust in the people

The trust of the people will be lacking

 

The wise guide guards his words

And sits serenely

 

When the greatest session is over

The people will say:

“It all happened naturally”

“It was so simple, we did it ourselves”

 

 

                .....

 

 

When the harmony is lost

Then come clever discussions and

“Wise men” appear

 

When the unity is lost

Then come “friends”

 

When the session is plunged

Into disorder

Then there are “doctors”

 

 

Timothy Leary. Psychedelic Prayers & Other Meditations

 

 

 

30/04/2007 11:15. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

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