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ateo poeta

cachivaches, deseos, derivas y garabatos con los que darle un masaje a la vida, para que ésta nos recompense con creces // autodesplanifica [arroba] gmail [punto] com

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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.

new songs

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El viernes, ración doble en La Fábrica de Chocolate. Me sorprende la constante y variada programación de conciertos de este local vigués, enhorabuena. Hay unos cuantos más en la ciudad, pero en éste he recalado con cierta asiduidad en los últimos meses. Por el módico precio de cuatro euros tocaron dos grupos franceses: Buough! y Blindsight. No tengo ni idea de cómo clasificarlos. Los primeros tocaron sin pausa un único tema de casi tres cuartos de hora en una especie de punk psicodélico a machete, sólo con bajo, guitarra y batería, y letras ininteligibles. Los segundos practicaban una especie de punk-glam-rock que incitaba a un verdadero trance desarticulador de complejos. Tal vez sea más la simpatía con esas actitudes transgresoras que la delectación por melodías sólo ocasionalmente insinuadas, lo que me atrae de los conciertos filopunk. Después, no era extraño encontrar a aquellos jóvenes del público (mis años y los de algún otro marciano, seguramente, incrementarían ligeramente su edad media post-adolescente) por otros locales de la zona, como el Candela y O Koxo, con el telón de fondo de clásicos de los Ramones, La Polla Record o Kortatu.

 

Los dos días siguientes los dediqué a revisar la discografía completa de Nick Cave & the Bad Seeds -el trabajo solo, sin música, me resulta muy aburrido. Un amigo me la había pirateado recientemente, a petición, y ahí la tenía aparcada. Pero aquellos conciertos de principiantes me habían despertado el interés por ese más experimentado mago surrealista que ha ido evolucionando hasta parecer un auténtico oráculo de sensualidades. También el punk, el rock (algunos lo han adjetivado como gótico) y el glamour asoman irruptivamente en algunos de sus discos, pero las baladas misteriosas –algunas bien mórbidas- y toda una sugerente poética en las letras que alcanzo a entender, hacen que Cave rebose una suerte de vanguardismo bastante original e inclasificable. Así hasta que una canción de más de 14 minutos me deja estupefacto, ido, enamorado. Se titula “Babe, I’m on fire” y está incluida en la obra “Nocturama”, de 2003. Nada más que añadir. Sólo bailar, gritar, dejarse mecer.

 

02/01/2007 11:48. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

20070105172855-genoves-pursuit.jpg

 

quienes han escarbado perseverantes en el humus de los litigios

primordiales hasta limar las asperezas de su propia piel

 

abrasan las venas de la especie insurgente

ante las sodomías del diluvio de mercancías

 

quienes han cruzado charcos y aduanas y epistemologías

con la ingenuidad invulnerable de los invertebrados

 

multiplican nuestras zancadas por una constante

universal que yace en el lecho de la razón onírica

 

quienes no entregan los niños a las policías del pensamiento

porque los saben montañas preñadas de arquitectura y melodía

 

inventan el astrolabio y el timonel de nuestros besos

entre arrecifes y campos minados y asientos contables

 

quienes pergeñan el pálpito y la ternura bajo las avalanchas

y las lenguas bífidas hasta la impugnación del sacrificio

 

nos ilustran acerca de la soberanía de lo que dignifica

y da esplendor y primaveras y gestos prolíficos

 

-nadie en exclusiva puede repartir esa dicha ni los cuidados

paliativos ni la rebeldía que la auspicia en su equilibrio-

 

05/01/2007 17:23. ateopoeta #. mis poemas y otros textos (provisionales) No hay comentarios. Comentar.

crítica a los test...

20070113121245-fractalsylvie1.jpgCrítica a los test de parejas por internet: si alguna vez has tenido la tentación de asomarte a esas páginas web que auguran contactos sentimentales para los ávidos por encontrar su media naranja, habrás percibido, a poco que te asole una mínima intranquilidad poética, que hay muchas ausencias, fallas y simas volcánicas, en los llamados “perfiles personales” (un interrogatorio policial más, una simplificación más, papel de lija, erosión de lo que deviene); aquí va una lista incompleta de algunas de ellas:

 

-forma de colocar el cepillo de dientes

-modo de usarlo, ¿salpica?

-olor corporal, en las zonas más erógenas y en las menos

-sensibilidad en la comisura de los labios

-hora del día en la que prefiere fornicar

-espacio de la cama empleado para dormir

-apego físico, o desapego, durante las horas de sueño

-número de veces que puede soportar la cama deshecha

-irritación con las formas y aspectos de otros enseres domésticos

aunque cada cual pague su hipoteca o alquiler respectivos

-tasa de tolerancia, adaptación y sacrificio

ante las preferencias invariables del otro

-grado de autocrítica y, a la inversa, de autocomplacencia

-coincidencia léxica básica en torno a conceptos como ‘amor’,

‘sexo’, ‘amistad’, ‘in-fidelidad’ y otros más escabrosos

-número de horas de soledad, y tipo,

que no está dispuesto a compartir con nadie

-ídem que sólo compartiría con terceros

-secretos sólo confesables bajo coacción

-deseos y fantasías que no comportarían ruptura marital

-partidos políticos por los que nunca tomaría partido

-formas de mirar a amigos y demás miembros del mismo

o diferente sexo en cada escenario de interacción

-pasión, o vicio, por el maquillaje, el deporte,

las compras, el trabajo, el dinero, etcétera

-grado actual de desintoxicación y tendencias emergentes

-gusto por hablar durante los prolegómenos orgásmicos

-traumatizaciones y dramatizaciones infantiles

-incredulidad acerca de las estadísticas de separaciones

y divorcios

-confianza ciega en que el amor, o como se llame, no es imposible.

 

Nota anexa importante: Los creyentes impenitentes alegarán, por supuesto, que todo es subsanable, antes o después, lo importante es contactar. Los escépticos nihilistas sospechan que esa nueva simulación también está abocada al fracaso: tales rasgos ni se pueden poner por escrito, ni decidir unilateralmente de antemano. De ahí la gracia por descubrir en vivo y en directo al sujeto de deseo. Lo otro, el negocio del emparejamiento cibernáutico, es sólo una zarandaja.

 

13/01/2007 12:06. ateopoeta #. otras inspiraciones artísticas No hay comentarios. Comentar.

poema trash

20070115103605-west-sesion-continua-.jpg

 

cuál será la obsesión de la próxima semana:

las uñas rotas, los codos secos, el medicamento

para regenerar el sistema inmunológico, aunque eso

es imposible desde fuera, sólo siento -sólo escucho-

rage against the machine, la novela de más de

cuatrocientas páginas interminable, la amnesia

de la televisión al volver exhausto del trabajo, boxeadores,

el mundo hecho una mierda, un veinte por ciento más

de países donde se violan los derechos humanos,

esto sólo es un refugio nuclear, estás al borde,

down, depressed, stressed, ella no te quiere, y tú para qué

quieres que te quieran, búscate otra obsesión,

obras de arte, gastar dinero, sushi, cada vez hay más

como tú, al borde de los cuarenta, de la crisis

de inmortalidad, justo ahora cuando empezabas

a creer en Parménides, en la repetición de cada gesto,

en el amor a la rutina, la forma de cerrarse la puerta,

el tiempo de encenderse la lámpara, los personajes

que te cruzas a la misma hora cada día, la asquerosa

fiebre de poder de todos esos zorros sin escrúpulos,

el camino de espinas, el opio de las religiones, los racistas,

todo tan natural, como el alba lacerante, como esa lluvia

milagrosa que no acaba de llenar los pantanos ocres,

como el pelo que crece y que te cortas, el mismo

ciclo de repeticiones, el pánico al vacío,

a las facturas, a las parejas, a la policía, al crimen,

pero es que no se dan cuenta de que la cárcel

está aquí fuera, incinerando las ilusiones,

esas miradas pálidas, arrugadas, sin chispa,

cómo pueden conformarse con esas migajas,

yo quiero ser un DJ, quiero ser un pinchadiscos

y susurrarte al oído que la libertad te dará

verdades, no aquellos lemas de muertos

 

inmovilidad

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Al subirse al vagón, contoneándose con los gestos de torpeza que se esperan de quien acarrea algunas bolsas de equipaje e intenta conservar el equilibrio frente al traqueteo y la inercia del movimiento, le preguntó con una voz tímida y educada:

 

-Perdona, ¿sabes si es necesario ocupar el asiento que está numerado en el billete? Es que habiendo tantas plazas vacías…

 

Y dejó la frase a medias, indecisa, frugal, como si albergase la esperanza de que esa nube en el aire fuera rellenada con algo más que con una respuesta tajante y funcional. Acabaron sentándose juntos. Al principio, eran las frases de ida y vuelta las que parecían torpes, tambaleadas por el ajetreo del tren y por el movimiento fugaz, inquieto, explorador, de los ojos. Después, comenzaron a lanzarse envites de silencios, muecas, insinuaciones. Él se remangaba mostrando sus antebrazos desnudos, como si le abrasara el calor artificial del escenario. Ella bajó la cremallera de su chaqueta como el presentador de un circo que va mostrando con repiques de tambor, poco a poco, el cuello de una jirafa, descendiendo hasta el umbral de unos senos dulces y discretos. Ninguno quería dar una señal inequívoca, el banderín de salida, ruido de motores. Tan sólo un pensamiento difuso se percibía flotando entre sus dos cavidades imaginarias: cerrar los ojos, acariciar lo prohibido, apagar la voz superflua.

 

Fue ella quien comenzó a auscultar los pechos de él, rozando suavemente con las yemas de sus dedos cada pliegue, cada fibra y ligamento, justo por debajo del jersey fino, algo ajustado y de cuello alto, que vestía. No los territorios más fáciles, las piernas, el pelo, las manos, no la sonrisa codificada, repetida. Desde la última palabra que había cortado el tiempo, había sido necesario un esfuerzo de concentración por mantener la densidad de los hilos de cristal que habían tejido. A la vez que sentía los cambios de temperatura a lo largo y ancho del abdomen y de su mullido humus pectoral, se iba encontrando con matojos de minúsculos pelos erizados como por una brisa de otoño, esos días grises al lado del río, y él le ayudaba tragando saliva, repartiendo su aliento sin brusquedad para evitar que se alejasen los pájaros de su corazón. Pero la música celestial que les aisló automáticamente del entorno se convertía en arena cada vez que sus abrazos explotaban con el temor añadido a desgastar la frágil superficie de sus labios, a anudar demasiado fuerte las velas, a encallar. Enseguida recordaban ese juramento hipocrático llevado a sus últimas consecuencias, al regalo del placer, a insuflar vida como un fuelle a un brasero, ese juramento redactado en la complicidad de su efímera soberanía. Y las arenas volvían a erguirse en fortalezas, juegos de manos, armisticios, erecciones, acoplamientos como arabescos, el resto del tren a lo suyo. Los aceros al rojo vivo y la velocidad aliñaban con su máscara de algodón.

 

Cuando regresaron de aquel retrete aún no maltratado por demasiados viajeros y olores, y en donde encontraron cobijo los diamantes de su éxtasis y las frutas que mordieron en el clímax, todo se había paralizado. No había tripulación, ni usuarios del transporte público, ni maletas ni maletines, nada, ni tan siquiera movimiento. Podía ser un efecto óptico, que sus pupilas aún estuviesen impregnadas de rosas, canela, secreciones corporales y lujuria. Pero un golpe fresco de luz salada les anunció que hacía bastantes minutos que el tren había llegado a su destino y que alguien lo había abandonado con más pertenencias que las portadas al embarcar. Naufragaron en aquel robo de identidades, de tarjetas de crédito, de ropa interior y de cepillos de dientes. No sabían qué sentir. Aunque eso nunca se sabe, por eso se sentían bien y mal, de nieve y congelados, salvajes y elegantes, dignos como el desahuciado que vaga con la mirada acusadora y con la bondad del ido. Tampoco necesitaron mirarse mutuamente, ya se habían bebido todas las preguntas, uno las del otro, y viceversa, y su mezcla yacía plácida entre los jazmines de sus órganos digestivos. Acabaron abrigándose junto a ese niño emanado de su jardín inmóvil en un banco de la estación, cayendo en la somnolencia profunda del almíbar aún residente en sus paladares, hasta que llegó un guardia rudo y corpulento que les amenazó con el lenguaje de su porra: “aquí no se puede dormir, sólo podéis permanecer sentados”.

 

far from me

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For you dear, I was born
For you I was raised up
For you I've lived and for you I will die
For you I am dying now
You were my mad little lover
In a world where everybody fucks everybody else over
You who are so far from me
Far from me
So far from me

Way across some cold neurotic sea
Far from me

I would talk to you of all matter of things
With a smile you would reply
Then the sun would leave your pretty face
And you'd retreat from the front of your eyes
I keep hearing that you're doing best
I hope your heart beats happy in your infant breast
You are so far from me
Far from me

Far from me

There is no knowledge but i know it
There's nothing to learn from that vacant voice
That sails to me across the line
From the ridiculous to the sublime
It's good to hear you're doing so well
But really can't you find somebody else that you can ring and tell
Did you ever
Care for me?
Were you ever
There for me?

So far from me

You told me you'd stick by me
Through the thick and through the thin
Those were your very words
My fair-weather friend
You were my brave-hearted lover
At the first taste of trouble went running back to mother
So far from me
Far from me
Suspended in your bleak and fishless sea
Far from me
Far from me

 

Nick Cave & The Bad Seeds, The Boatman's call

 

23/01/2007 15:41. ateopoeta #. las poesías de otros/as No hay comentarios. Comentar.

tramas

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En los estertores de la noche, algunos domingos fríos por la mañana, arrebujado entre las sábanas, en los tiempos muertos de los viajes en tren, voy quemando los ojos con novelas y poemas sin orden. Según caen en mis manos por mor de un capricho, una ilusión o una vaga expectativa. Al acabarlos, muchos pasan a los almacenes subterráneos, a las estanterías más plebeyas. Otros te dejan un fuerte sabor en la boca, como una guindilla, la imaginación oscilando como un péndulo. “El dios de las pequeñas cosas”, escrito por Arundhati Roy (1997), me exasperaba al principio. Un exceso de descripciones minuciosas. Saltos en el tiempo: más que sorprendentes, acrobáticos. Repeticiones alrededor de un mismo tótem, desvelado desde el principio. Fragmentos posmodernos. No había ya nada que esperar y, sin embargo, poco a poco me dejé envolver (los libros sustitutos, los libros como mantas, los libros como arquitectura). Siento una empatía tierna y empalagosa con quien disfruta presentándote el mundo como un conjunto de infinitos detalles fijados en la memoria de forma singular, con sus metáforas y combinaciones irrepetibles, con la coherencia dubitativa de quien no ha dejado de preguntarse por la coherencia de las cosas. La levedad del tiempo y el peso de la historia. Los sentimientos como duros surcos en la tierra y la sombra asesina de las jerarquías sociales. Aunque la necesidad literaria del crimen, del amor materno-filial o de las transgresiones sexuales de las convenciones sociales, no me dicen nada nuevo, esta novela parece más bien un sistema de venas, arterias y vasos comunicantes. Empresarios comunistas que dicen creer en la sociedad sin clases pero que no saben qué hacer con las castas de intocables, creyentes religiosas que transmutan su amor carnal por sacerdotes en odio hacia su propia sangre, niños ricos y privilegiados que también sufren las violencias de la cruda realidad, el repudio y el silencio. Es en Kerala, la India. La mejor guía de viajes. Una invocación a recrear los dioses de las pequeñas cosas que llevamos dentro, a no dejarse engullir por las pirañas del río ni por las corrientes traicioneras del monzón.

 

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